jueves, 14 de julio de 2011

La Partida.


Las amarras poco a poco las van cobrando las maquinillas,  retorcidas entre las bitas que exprimen su jugo de mar tras ser devueltas por los remolcadores que deprisa y con ganas de tierra se  despiden del Buque aun enorme frente a sus minúsculos pero potentes asistentes. La escala real sigue   sobre el costado de estribor mientras el práctico del puerto, aún marcando el paso y la velocidad, también desea dejar ese armazón de acero  que ya encamina mar abierta  con el atardecer titilante de las balizas primerizas en dar aviso de “las Amosucas”. La “punta del Príncipe” va quedando a su estela cada vez mas nívea, mientras la mar tendida  comienza a dar el sentido de la  vida a sus tripulantes. El sentimiento de la partida de Conrad, (El espejo del Mar), se percibe a pesar de haber aún “extraños” como el práctico a bordo. La vibración  de su corazón  sereno  se percibe como calmante  a modo  de placebo al que mas de  20 singladuras le restan si la mar consiente en ello para arribar a  Port Harcout (Nigeria). 

Mi primer buque. Lekeitio

Los que ya dejaron la maniobra se aprestan a la llamada de la cena con la luz  durmiente del atardecer sobre  la roda enfilando el oeste,  por la amura de babor ya grita impenitente el brillo de la corona de Cabo de Peñas. La calma llega  inundando  los sentidos de cada corazón, algunos sienten como se apaga su tristeza entre el  cabeceo contra la mar tendida, a otros el primer envite fuera del  regazo materno los induce a desear doblar ya  la Estaca de Bares, los mas deciden discutir del partido y esperar pronto que Morfeo les ayude a conciliar el sueño para el   comienzo de la rutina entre guardias, tormentas, calmas y descansos hasta alcanzar San Vicente, hacer consumo en Santa Cruz, doblar Cabo Palmas y ganar grados  al este hasta la recalada.

Ya te sientes lejos aunque puedes distinguir las luces del otro mundo por babor, luces de pequeños pueblos rodeadas de destellos de sus faros  que te previenen de que ese mundo no es el tuyo, allí las vidas  llevan la rutina  de los silencios frente a un televisor o la pasión del encuentro furtivo con quien amas, las fiestas de algún pueblo cercano donde conocer el futuro en forma de  sonrisa inesperada o el  golpe traidor de algún sueño prometido destrozado por el temporal de la nada.  Mientras desde tu mundo prestado, donde la vida  se vive ordenada, recogida, silente y sin  más estridencias que las que  Poseidón  en su capricho tenga a bien arbitrar los observas en un primer momento con  desdén por sentirte libre de  aquellos,  en un segundo recordando los momentos y prometiendo mejorarlos y en un tercero abandonando los eslabones unidos pues sabes que  el motivo de tu partida es volver y eso justifica  tu  huida camuflada en  trabajo sobre mares y  mercancías.

Escribes porque deseas transmitir deseos y sensaciones a quien esté dispuesto a leer lo que  sientes y deseas, sobre la oxidada cadena que asoma tensa al escobén donde el ancla espera paciente su  zambullido frente a otro lugar formulas tus deseos, a dónde quieres llegar. Pero eso son solo deseos y nunca sabrás  donde llegarás, solo donde quieres hacerlo, pues tras el horizonte no hay nada, solo existe lo que mantiene tu imaginación vivo con la ilusión de la meta. Vuelves a popa donde  entre las maromas bien arranchadas los compañeros libres ya de tarea se hacen  con la botella del Jonhny y  ya preparan todo lo que vamos a hacer en Port Hartcout, será tanto que no dará tiempo a mantener el barco a flote, pero todo sea por deslumbrar a las estrellas  que sigilosas hace rato  guían la nave a pesar de que se empeñe la giroscópica en  decir dónde está el rumbo, iluso aparato  sin vida ni  recuerdo.

La noche se hace perezosa el primer día, pero las 3.45 llegan  correosas y habrá que  entrar en la guardia que  abre la nueva singladura con ganas y  deseos de que el Buque mantenga su estela recta y su  velocidad constante. Mientras abre el día y tú te mantienes de guardia, otros hermanos estarán descansando hasta que   vuelvan  para darte el descanso. En ese momento la costa ya no será más que un  recuerdo y la mar será todo lo que  puedas ver. Hemos partido ya.


Son ya 17 años y al igual que tantas cosas que vuelven, se que esta es imposible que lo haga pues nunca se había ido. Abril de 1994 Singapur, seguramente aquel barco de nombre Sea Dragon  habrá sido pasto de algún enorme desguace asiático pero aun puedo sentir   su  bramido al arrancar con aquellos 27.000 cv, aun recuerdo  su minúsculo gps “pegado” al mamparo de cristal del puente como “gran aparato” que te daba la posición con un error de  dos cables. Los cafés  endulzados de charla  con Carlos Calzadilla sobre el mundo, el demonio y hasta la carne en el puente a oscuras con las estrellas serenas tratando de  ganar en luz al tope de proa  que jugaba con ventaja. No volverá, porque nunca se había ido…

Mi último barco. Sea Dragon


martes, 12 de julio de 2011

La ecuación del Tiempo.


Diferencia entre el tiempo real y el aparente 

Ecuación del tiempo, lugar donde se observa lo que llega, lo que se va, lo que nos deja, lo que creemos que vendrá. Tiempo aparente, tiempo verdadero. Mirada del sol en el cuerpo trazador de su sombra; definidor del momento que visto te dirá si aún tienes tiempo aunque te mostrará el indefinible futuro escrito invisible de tus manos, que cuando ese tiempo aparente case con el real de tu vida por fin te ofrecerá la oportunidad de la partida, donde sabrás siempre el instante en que lo harás porque ya está hecho, nunca antes.



Esa razón que rige tu ecuación será la explicación por la que no llevar a zozobra tu corazón frente a las olas dibujadas e imaginadas en tu pensamiento por el miedo, el amor, la responsabilidad. Rige en la ecuación una diferencia entre el tiempo real  y el aparente en el que viven el Sol y la Tierra como amantes y la Luna y las estrellas como escuchantes. Esa diferencia es la que define el  dolor gratuito que aumentara siempre en su misma  proporción.

No es posible adelantar ni alcanzar los  tiempos reales imaginando su posición, se ha de alcanzarlos con la misma paciencia que su paso te demuestra. Tal deseo imposible en su ansia por alcanzarlo acaba por crear el imaginario mundo que torturando oculta el verdadero tiempo,  que  no es otro que el instante por el que se ha de vivir sin demora para estar preparado ante los infinitos instantes que van sucediéndose y de tal avance acabes alcanzando el antes temido por imaginado y que solo en su real momento será posible saber cómo actuar.

El puente de "El Holandés" aún fondeado.
Mantener el reloj interno, sincronizar su pálpito al externo y real para ser un verdadero humano que viva el instante preparado así para el golpe que siempre llega, pero que siempre se acaba por marchar. Miro, observo desde el puente de mi terrenal barco y puedo conocer a la nube que millas más lejos se desplaza lenta pero inexorable en su   leve vuelo hacia el este. Igual que  para nosotros es el tiempo para ella puede ser el viento quien la marque y la de forma. Serena, sin estridencias, sin pensar en el posible sol de verano que la eleve y diluya como tal en el vacío o en el frio Astro invernal que sin fuerza la abandone y  convierta en agua para olvidarse por un tiempo de su ser. Ella lo sabe, y con ello ya es suficiente, está preparada y orgullosa muestra sus formas redondeadas, grises sintiéndose  por su seguro porte envidiada. Quizá el sol  que llegue mañana le haga pasar un mal día, pero ella es consciente que ese mismo Sol también tendrá su tiempo de retirada, nadie escapa a semejante  ecuación en la que el amor entre el Sol y  la Tierra entrelazados por el Universo como reloj mecánico imperecedero seguirá por siempre marcando el instante, el momento, seguirá dictando el Tiempo.

No dejemos que, además, maneje nuestro soberano imperio de cada instante.

Julio de 2011, 
Golfo de Vizcaya, 
A bordo de “El Holandés”


domingo, 10 de julio de 2011

Veinte años no es nada

(Tan solo un fin de semana)

Guetaria
Travesía  lanzada sobre lugares ya surcados y por un tiempo olvidados. Lugares donde se respira la sal húmeda propia de la mar en  pura vida. Pueblos antaño amurallados por el miedo a lo que la mar, por ellos siempre respetada, tantas veces lanzaba  en forma de piratas o corsarios al servicio de un rey al que tenían por enemigo pues lo era del suyo, lejano pero suyo al fin. Pétreas murallas  de humana factura o  naturales sin más que plantaron cara frente a quienes trataban de urdir el robo y la rapiña, o frente a la furia de esa mar en forma de olas desmesuradas con ansia por el cobro de vidas y haciendas.

Calles por donde los primeros pasos, indecisos e inseguros, el gran Elcano dio hasta topar con la mar calmada  por la caricia del gran bloque de roca con forma de ratón. Mar en la que sus pequeños pasos se convirtieron en  enormes avances como  virtuales “botas de siete leguas” para la Humanidad que, tras mas de tres años en los que lo que todo parecía imposible, se tornó en realidad.
Elcano

Mientras, como vapor en febril ebullición este corazón largaba sin freno posible  recuerdos  a través de caminos recorridos “aquí y allá”, largaba  los sueños cumplidos y los truncados, los momentos brillantes o las oscuras tormentas vividas tras cada curva tomada, cada pueblo recorrido, cada rio recordado. San Sebastián, Motrico, Lekeitio, Ispaster, Natxitua y su enorme repecho, Laga, Laida con aquellos veranos, el cabo Machichaco y San Juan. Parecía que no habían transcurrido veinte años, que ayer es hoy y como bien recitaba Gardel, que “veinte años no es nada”.

Y continuaba la singladura. La Isla de Ízaro se plantaba entre Bermeo y Elantxobe retando a ambas como mujer verdadera por su dominio mientras la Ría de Guernica desparramaba su belleza sobre la mar repleta de olas por las que patinar la propia vida sobre mil tablas distintas que una y otra vez se nos ocurriese inventar. En su margen derecha Laida aún mantenía ese sabor agridulce de la adolescencia con sus sueños vestidos en femeninos trajes  a los que ver a fuerza de los pedales de una bici compañera de ilusiones, con quien juntos hicimos de la independencia una realidad real y por aquella fuerza sin medida las metas de este corazón poco a poco se iban alcanzando a la vista de Mundaca al otro lado de la ría, mientras las estrellas se dejaban mirar entontecidas por mil caricias dadas sobre las arenas de Laida.

Isla de Izaro


Mas al oeste el eterno Machichaco, esculpido a golpes de ola, imperturbable a quienes con el mismo vaivén lo deseen gobernar, así de digno con el sol ya moribundo se plantó sobre mi ánimo. Vieja piedra enorme a su vera guardada por la ermita de San Juan, comienzo del fin de aquel tiempo al que tras lo que parece hoy vuelve a ser  tiempo al que siento regresar.



Frente a esa piedra magistral, junto a dos corazones limpios de tormentas, oculto tras nubes, con la humildad de su silencio, el Sol dio su corto adiós y de nuevo el manto oscuro agujereado de tanto usar  dejaba ver alguna luz estelar mientras dejaba yo  para siempre mis deseos en aquel lugar.  Prometo volver, recalar sobre ese balcón con las almas gemelas que quiero, que tanto me dan y a las que deseo ver disfrutar como yo he hecho sobre la misma mar.

Artagan Mendi
Y qué decir ya el mismo domingo donde mi vida volvió como tantas veces al corazón donde con mimo se guardan las esencias por las que Bilbao es lo que es por haber sido lo que ha sido. Bajar y pisar sobre la grada en la que en los duros años cuarenta mi padre acarreaba remaches “al rojo” por lograr la magia de convertir el plano acero en  metálicas almas de  hierro a flote. 60 años después con Jose Ramón, quien sin conocer a Ignacio en aquello tiempos duros, por allí pasaba llevando  la provisión en carretas a los vapores que con su silueta le hacían brillar los ojos por lo que solo su imaginación sería capaz de relatar. Sentimos los recuerdos del muelle de Uribitarte, el “Monte Sollube”, el “Umbe Mendi”,  el ”Artagan Mendi” y  decenas de buques más a los que de niños y de distintas maneras entregaban su sudor para mantener a flote con éxito lo que  con paz y felicidad  hoy mismo pudimos disfrutar. Miradas de ojos con  más de 7 décadas recordando con orgullo por lo vivido y nosotros por escucharlo, aunque ya lo hubiéramos hecho otra vez.

La ruta de regreso al oeste ha sido tan corta como largos mis pensamientos y las ganas de volver a vivir lo que tan solo estaba guardado, que tan solo había que destaparlo para sentir que fue ayer mismo cuando lo habíamos dejado.


Gracias Amaia y Gari.
Gracias por ser los portadores de este camino, por hacerlo sencillo y por compartirlo con vuestra generosidad. Volveremos a repetirlo, aunque creo que será acompañado.


viernes, 8 de julio de 2011

La Esperanza Debida





La Esperanza debida, viejo billete siempre de ida
bajo las estrellas pintadas por la decisión
en las que dejar la estela oscura del desengaño.

Esperanza,
palabra cargada de razones, plena de motivos
por los que volar a un largo y sin abrigo
frente al negro recuerdo como febril enemigo
sabedor de su derrota cuando lo rodea el olvido
mientras las nubes ya se abren a tu camino
dibujado  por ti  sin apenas saberlo.


Esperanza,
brillo de anaranjado amanecer
donde un hermano Sol decide nacer
por tu alma que respira mientras lo mira,
sin temor, sin ansia.
Con la calma montada en el pálpito de tu corazón
recuperado al mar furioso de las olas y el adiós.


Esperanza,
combatiente furiosa en permanente avance.
Cerrando tus ojos ya no lo verás jamás
en la zozobra del silencio acallado por tu voz
engrandecida por el amor eterno y cercano,
por ti olvidado mas nunca alejado.
Siempre a tu vera como la luz estática del faro,
firme en el espacio
por tus vientos tanto tiempo silentes
y al fin llenado de su hálito alas de vida
tantas veces sentidas por perdidas y ausentes.



...Donde estés te cantaré...





lunes, 4 de julio de 2011

¿Cuál será su destino?



43º 32' 56''N 5º39'29'' W

¿Cuál será su destino?
maldito desatino en la espera.
La nave ya  previene sus máquinas
a la espera de orden de partida.
Mas, ¿Cómo hacer tal salida?
Pleamar en hora, tiempo claro
flete cerrado, tripulación pagada
pero la nave  sin gobierno continua  amarrada.
Vomitan vapor por sus tifones los remolcadores
llamado a los cabos del buque perplejo
para aferrarlos y ya firmes sacarlos de puerto
liberándose al fin lejos del gris reflejo.
Abierta la mar espera su quilla como amante lasciva
de quienes  su libertad desean al arbitrio de mares
donde las razones son puras  y la vidas reales.
  
Puerto de Gijón 1904.

Mercante a la espera de vida en un mundo sombrío plagado de cabos y estachas, maromas de piel y dolor que aturden el hilo y alma por el que al final parecen romper.

Cercano,  dándole la espalda por  creerse señores de mayor escala, descansan viejos navíos a vela, sin peros, sin armas, sin ganas por haberlas ya gastado, regalado entre sudores en el braceo de su vida sobre los vientos del destino. Dignos ya, solo esperan la mano de quienes deseen con ellos sentir el viejo placer del silencio en movimiento.

Continua el mercante vivo, pero de renuente gris a la espera de poder sentir humeante de nuevo su chimenea  embutida en el guardacalor por el carbón como dador del fuego perpetuo ardiendo en su corazón vestido de caldera, agua y vapor.

Mira su altiva proa a la tierra que lo justifica como lugar de donde partir virando el ferro, como destino de diferente  aspecto, clima y  seguro color de suelo al que de nuevo recalar largando el ferro y volviendo de verter su razón sin vida para partir otra vez a través de su propia vida.

A estribor de su propia esencia mas hermanos abarloan sus deseos como plañideras por sentir el dedo de la fortuna vestido de transporte y destino  a cualquier nuevo mundo de incierto nombre y retador camino.

Y llega, por fin, el carbón como aliento de vida sobre dos gabarras aferradas a su padre pequeño que de siempre las mima. En ellas vigilan guardianes, tiznados sus rostros del rico fermento de pétrea energía mientras palean y gritan, con sus manos se agitan observando a sus hermanos de mar sobre la cubierta del buque de parecidos rostros cuyas miradas alientan el sueño en los guardianes por descubrir sus fortunas misteriosas. Los observan a ratos sedientos de su  suerte terrena, otras con el desdén de saberse poderosos sobre su metálica cubierta.

Triste destino apaleando el carbón que otros devoran en pos del Destino. Mientras, el miedo indeciso mantiene aferrada la vieja gabarra al minúsculo sino que se vive viendo pasar el mundo sin serlo. Pronto zarpará el buque repleto ya de energía, cargado de razones en mil mercancías que esperan lejos ser repartidas, Mouanda, Siracusa, Yedah, Colombo, Bilbao, Singapur…

Paciente el mercante aún aguarda mientras de carbón se carga, esperando mas almas y sueños que  con  en él se enrolen sin tarda. Pronto dejará la rada y ya no habrá sido nada…


viernes, 1 de julio de 2011

El mundo en sus manos.



Todo Avante

Acabo de ver   la película  de nuevo, el capitán Clark, el Portugués, la condesa Marina. No he podido y me he lanzado  a buscarla  y he encontrado el trozo  maravilloso donde  se siente correr El mundo en  sus manos. Donde la mar te golpea  por correr sin freno sobre su espalda rebelde azuzada por el viento, mientras los hombres bracean a ceñir al viento siempre caprichoso con el ansia de alcanzar las Islas, viejas islas Escindidas de la rutina como realidad, donde todo puede suceder.

Sensación de grupo en la pura soledad escogida que devuelve el ser a quien lo cree perdido por tantas razones sin cielo que las cuadre en su círculo.

Y el viento sopla, continúa azuzando, maltratando la nave que se deja, dócil por saberse querida mientras clava su proa mostrando al mundo su nombre, su origen sin temor, brillante al sol.

¿Por qué luchar contra los elementos? ¿Cuántas razones residen en trapo largado para cazar el viento del deseo? Cuántas miradas al horizonte plano de la Realidad, necia como la niebla sin viento, donde solo el coraje por atrapar el sueño será lo que guie  la proa hacia este. Como la “Peregrina de Salem” en la caza por la “Santa Isabel” sin siquiera  avistar al otear con ansia, sin perder el ánimo en el desierto  de mar. Coraje que tras la brega y la duda por seguir, al fin avistaremos la punta de sus mástiles, tras ellos las velas como alas tensas y al fin su  sensual cuerpo de  pulida y húmeda madera embreada y bien pintada como sueño a alcanzar.

Será la posibilidad la que soporte la segura calma de la decisión sin fecha, y  serán los nervios junto a la zozobra el momento de brotar cuando ya se ve posible y se ha de hacer por él. De enfrentarse a los vientos a mayor coraje, de incluso correr las millas  en el riesgo de colisión con quien solo deseas avantear al fin sin detener tu andar.

Nervios, zozobra, tensión por la  posible victoria, por lograr lo que siempre amanecía invisible. Nervios por doblar al fin el afilado y pétreo Cabo de Poca Esperanza donde todo surge tras este como incógnita, pero que tras doblado la Vida se muestra ya propia y soberana.

Medio brazo entregaría por regresar y sentir sobre la mar recordada lo que ha tanto tiempo en el corazón  lo acallaba y guardaba. “Santa Isabel”, “La Peregrina de Salem”, “ El Holandés”, qué más da, en cualquiera de ellos todos serán uno y ese uno en su soledad se sentirá uno más de semejante mundo  antiguo, perdido y quizá inalcanzable, pero por el que se debe creer y bracear hasta el límite del hálito del sentimiento, hasta que los vientos cesen y sus monarcas de la Rosa abdiquen, dejando nuestro mundo sin su regio dictamen y, con ello,  sin nuestro decidido deseo de poder su destino contradecir.

A esta Soledad, a ratos escogida, a ratos compartida le rindo mis respetos donde son en sus momentos donde descubro y confirmo tantas veces que la Verdad y la  Decisión está entre Ella y yo mismo, que nadie más que uno mismo podrá verla y  tomarla y siempre, eternamente, será en su compañía.


Para Hernán y Diego,
de su Capitán.
 Viejo Reino de Las Islas Escindidas, a 1 de julio de 2011


miércoles, 29 de junio de 2011

Cómo se pinta una ola




Me pregunto cómo se  puede dibujar una ola. Cómo se puede hacer tal cosa sin ser viento que la empuje y modele, sin ser su madre mar tendida que la mande y ordene partir erguida sobre su propia sangre de sal líquida.

Cómo podemos hacer que estalle en blanca espuma sin ser roca ni piedra de humana factura. Cómo llevar la espuma sobre el aire sin serlo ni pretenderlo. De qué color se pinta su espalda sinuosa perdida sobre el valle que ya va pidiendo otra de la misma sangre que la siga.

Turquesa si el atardecer de junio cargado de sol ve como su madre tendida del noroeste le propone su espalda al eterno astro. Gris metálico cuando su lomo casi  en espuma transformado sea empujado por furioso vendaval empapado de chubasco como ventisca del Ártico.

Tantos colores como sentidos, miradas, fuerzas y honores rindan sobre su mar de la que fecundada, como verdadero parto sin dolor vean la vida en un recorrido sin tregua hasta el final  de leve muerte sobre arena fina o de violento término entre los afilados ramajes de piedra asentados en el eterno odio compartido por ver quién destruye a quién.

Pero aún no se cómo se pinta una ola, tan solo puedo ver  la que bate, la que muere, o sentarme para grabar sobre mis ojos el silencio de una para siempre atrapada, prisionera del silencio y la luz terrible de un par de focos al que el poder humano  harán cumplir su sentencia que diriman cuando existe o cuando ya se funda en la noche artificiosa de un cuarto oscuro. Lugar silente y a menudo vacío en la que aquella masa virtual de agua y espuma vestida sobre lienzo trata  inútilmente de salpicar al corazón curioso que sin saberlo siempre le aturde la mar.

Nunca sabré cómo se pinta, nunca podré plasmar su sal, su furia y su destino. Solo sé que la podré romper plantado frente a su bravo y cegado avanzar, o quizá cuando trate de volar sobre su pecho doliente por saberse de inmediato perecer. Podré sentir sus lágrimas cuando la quilla de “El Holandés”  en mil gotas vestidas de rociones la logre romper.



Todo esto podrá ser posible, pero nunca podré pintarla. Cuando vuelva a su cuarto trataré tan solo de mirarla.



martes, 28 de junio de 2011

Carta desde "El Holandés"




"Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho;
 los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones;
nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos;
la cosa más fácil, equivocarnos;
la más destructiva, la mentira y el egoísmo;
la peor derrota, el desaliento;
los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor;
las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén.” 




Dejando el corazón a su albedrío quien  de buen fondo es, al fin se ve invadido por mesnadas de vividores de la bondad ajena. Y será  por no darles el sufrir a ellos como a su propio vivir se lo enajenará.

Pero si algo se ha de tener claro ese corazón es que  el viento en la popa del propio ánimo no es nada bueno para navegar  libre y con alegre andar. En cualquier momento la  cangreja que cuelga del palo de mesana de nuestro corazón, mal soplado por ese viento traidor que  de popa se ofrece, nos golpeará dejando sin sentido todo el cavilar  y el valor echado por  zarpar del mismo  puerto gastado y contaminado del desperdicio humano que es la  usura del cariño robado con malas artes.

Es como dice el bueno de Don Alonso Quijano que  el obstáculo más fuerte son nuestras propias indecisiones. Dudas y  razones mil veces mantenidas para no dar ese salto quizá por algún miedo infundado que solo existe  como envoltorio de nuestra propia indecisión ante el salto más grande de nuestra vida o el pequeño paso hacia un nuevo lugar donde  descansar de nuestro destino durante un instante fugaz. Viejos fantasmas vestidos de  vistosos trajes de normalidad  se presentan como lo adecuado y lo que  parece en verdad razonable  como preludio falso de que al final todo se pondrá “de cara” y las cosas fluirán como  uno piensa, viejo truco fatal.

Pero si a Don Alonso,  con su eterna razón le seguimos por hacer  caso,  tendremos que la sensación más grata  no es otra que  la buena conciencia además de hacer el bien  y  si también le seguimos como hidalgo caballero  que nuestro Señor Quijano es, será también el combatir la injusticia. Y a eso me apunto yo, que la buena conciencia  si se tiene armada de las ganas del bien  propio  como primer paso para ese bien regalar  a los que a uno le rodean, será tarea fácil combatir la injusticia aliada de la pura indecisión que acaba por hacer triunfantes a los pobres de espíritu y usureros del corazón ávidos del buen corazón de  quienes se lo permitan.
   
No permitas el desaliento como verdadero preludio de la derrota. La Vida como vieja partida de ajedrez en la que  nunca se podrá saborear la victoria, pues esta cuando llegue siempre trae su fin aparejado al de la propia existencia. Es cada paso, cada movimiento el que te demuestra tu ser y  vida y  debe ser el aplomo y la visión avante de él  lo que motive cada movimiento, pues  hay  devoradores de cariño que  no aportan nada y todo lo dañan, minando  la piezas vitales sobre el tablero de tu vida hasta que  desarbolado uno no le queda ya nada más que pedir tablas.



Adelante, como Don Alonso, siempre adelante. 



lunes, 20 de junio de 2011

Plaza, Puebo y Palabra






Hace muy poco que ha caído en mis manos la entrevista hecha por Iñaki Gabilondo a Jose Luis Sampedro, (gracias Neil), y escuchar semejantes razones   simples, claras,   humildes pero resolutivas ya solo en su significado, aglutinantes en  la capacidad de aunar los sentimientos reales que tenemos todos sin excepción, y me atrevo a decir tal cosa porque en nuestro interior sabemos que este sistema que debería  su base a unos principios ya no se sostiene porque esos mismos principios  se han socavado de forma lenta pero progresiva por quienes tenían el legado de nuestro voto y con la responsabilidad terrible de nosotros mismos por  dejar sin ver.

Pero  como dice Jose Luis, nos queda lo que siempre tuvimos aunque a veces lo prohibieran los iluminados de siempre y cualquier lugar, sin más éxito que  un escaso periodo de tiempo en cada sociedad y  momento  vestido de “puerta al mar”. Y lo que nos queda no es otra cosa que Plaza, Pueblo y Palabra.

Plaza, donde  poder vernos  quienes deseamos cambiar esto sin  muchas veces saber cómo, con mil ideas distintas fruto de nuestras propias creencias, culturas, formaciones, pero con algo decididamente claro que no es otra cosa   que la no creencia en vanas y fútiles palabras desgastadas por  quienes en coche oficial, y confundiendo a la política con el fútbol,  nos mantuvieron a muchos en la dinámica ciega de  la confrontación  que a ellos tan bien les viene. Una plaza con árboles o sin ellos donde la sombra la aporten el dialogo  sin restricciones  donde las caras se conozcan por sus intenciones; trabajo extenuante donde nosotros como Pueblo tenemos la obligación, la necesidad de  sacar adelante nuestra sociedad donde los intermediarios sean palpables  y  responsables en el caso que decidiéramos darles alguna responsabilidad, y no  como los que ya se arrogan cometidos por saberse   votados  y tener una mayoría en la que la resignación  por no haber nada mejor o el miedo a que no venga algo peor oculte lo que los receptores de tantos votos  ya saben y usan  últimamente con excesivo desparpajo sin siquiera aportar algún plan, propuesta creativa, incluso conjunta sin que por ello la palabra traición política se convierta en acusación mas propia de tiempos que me atrevo a calificar de remotos.

Es la Palabra el mayor  arma de que se dispone, con la que desarmar a veces con mucha paciencia  argumentos  tan falsos como profesionales que,  tras las coartadas con las que siempre nos hacen callar: crisis, dictado de las elecciones, economía, costumbre y tradición; palabras que son tan reales  para tener en cuenta como para no tenerlas por enemigas sino como el acicate  con el que sacar adelante las soluciones sin 
temor al fracaso, pues esto que tenemos ahora es en verdad un fracaso.

La palabra como verdadera arma de destrucción masiva de la mansedumbre y la desinformación, la palabra sin complejo de quien  comienza a pensar y expresa lo que cree es, o podría ser el verdadero futuro con el que hay que  abrir las puertas de tanto sótano cubierto con la herrumbre de la resignación engrasada de subvención para respirar el aire fresco de lo que espera  fuera. Parece  algo maravilloso pero no lo es y no lo será pues  son estos momentos de verdadera crisis, cuando las cosas son terribles para tantos instantes en los que hay que mantener la calma ante el desánimo frente a la sencillez del no pensar y dejarse llevar; aunque  en la dejadez el destino sea  el semejante desatino de que nos arruinen los de siempre y lo paguemos los de siempre desde  nuestras arcas que bien alimentamos   día a día y mes a mes.

Plaza, Pueblo y Palabra, es la fórmula del secreto a voces  que un hombre como él  plasma tan bien en sus palabras cargadas de la experiencia de vivir el fin de la Restauración, ( en mi opinión a veces tan parecido al régimen actual), la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra   y su legado de cuarenta años  para que no arruinemos lo que parecía prometer y  como el papel  mojado  ya empieza a no sostenerse.

Me ha emocionado escuchar  semejante  alegato  a favor de los sueños que  si los mantenemos despiertos con esfuerzo  podemos llegar a rozarlos. 


Sin Comentarios


sábado, 18 de junio de 2011

Porque los sueños se corrompen


Don Gaspar Melchor de Jovellanos, no fuisteis vos quien estas palabras dijerais, pues destiladas fueron  dos centurias avante la  de vuestra recalada final  como partida eterna  ya sin ancla que haga firme  sueños y voluntad sobre una certera realidad.

Porque sé que los sueños se corrompen,  
he dejado los sueños.  
El mar sigue moviéndose en la orilla.

Mas permitidme que tras  esta tarde  en la que vuestra luz sin  freno penetró de nuevo en mi  como turbonada  del Cantábrico, desahogue y  disfrute escribiendo lo que más deseo decir de vos mezclado entre el deseo de que, esa vieja luz que vos y tantos de vuestro tiempo bautizasteis como Ilustración nos ciegue y nos  devuelva la dignidad perdida entre mares de  consumos y  carreras sin medida por alcanzar el  pico más elevado  entre los picos, devorando  en semejante huida turbulenta  bienes como Solidaridad, Humildad, Lealtad, Naturaleza, Justicia,  Futuro.

Pasan las estaciones como huellas sin rumbo,  
la luz inútil del invierno,  
los veranos inútiles.  
Pasa también mi sombra, se sucede  
por el castillo solitario,  
como la huella negra que los años y el viento  
han dejado en los muros.  
Estaciones, recuerdos de mi vida,  
viene el mar y nos borra.  

Como dice a vos   el poeta, los sueños se corrompen,  dejando sin rumbo la bitácora del alma  regida   por ellos hasta entonces; resignada ya a aceptar lo que uno posee sin mayor espera por venir. Edulcorado quizá con una vida arreglada por un  buen botín de la  vida de corsario con patente otorgada de pabellón  mediocre adocenada en un  mundo vulgar.

Al filo de la luz, cuando amanece,  
busco en el mar  
y el mar es una espada  
y de mis ojos salen  
los barcos que han nacido de mis noches.  
Unos van hacia España,  
reino de las hogueras y las supersticiones,  
pasado sin futuro  
que duele todavía en manos del presente.  

Pero a vos los sueños nunca se os corrompieron, soñador despierto por la enseñanza, la agricultura, la industria y la navegación. Ardiente eráis en vuestra pasión, incluso cuando el fin  vuestro  parecía querer hermanarse con  el que amenazaba a la nación y  asi todavía os negasteis por verdadera convicción  a concesión de pabellón corsario  con buen pesebre y mejor adocenado. Pasión soportada  en los sueños por los que  el alma se siente viva y con ella el sudario de piel que mantiene en orden la baqueteada osamenta.

Como vos en vuestra mirada, como vos en vuestra búsqueda  del tiempo entre olas que os acunen en el valle  y así os lleven ambas crestas escoltándoos hasta nuestro ser como consciente actual,  donde  acariciarnos con vuestro empuje y vuestras ideas  en semejante océano de mansedumbre y  ruina premeditada que promete nuestra sociedad. Promesas lanzadas desde sus más altas dignidades alcanzando a nuestras propias conciencias, mientras virreyes de nuevo cuño se arrogan el papel de vicarios de la libertad subidos sobre arcas abiertas en rendija sin otra razón que  la  lograda bajo  la sangre y el sudor de quienes, si ahora  lo vieran acudirían a vos sin  duda para formar legión contra semejante destrozo en palabra y obra de  los sueños de libertad y democracia y que por ellos murieron como vos en  otro tiempo.




El mar sigue moviéndose en la noche,  
cuando es sólo murmullo repetido,  
una intuición lejana que se encierra en los ojos  
y esconde en el silencio de mi celda  
todas las cosas juntas,  
la cobardía, el sueño, la nostalgia,  
lo que vuelve a la orilla después de los naufragios.

Pero este navío, si vos me permitís, donde navega nuestra sociedad  tantas veces aislada en sus átomos oteando cada uno el horizonte en  mil y un puntos distintos de la rosa de los vientos  como ansias de incierto origen, aun puede cerrar semejante vía de agua sobre el pañol de la Libertad al que una bala rasa  "a lumbre de agua"  trepanó con la pólvora del olvido por lo vivido. Con esfuerzo y   falta de manos  vamos cegando la via  a base de tapabalazos cargados de dignidad recuperada y consciencia de una  sociedad con metas comunes por las que  engrandecer el propio interior engrandeciendo  como vos diríais sin temor a complejo, la nación.

Porque sé que los sueños se corrompen  
he dejado los sueños,  
pero cierro los ojos y el mar sigue moviéndose  
y con él mi deseo  
y puedo imaginarme  
mi libertad, las costas del Cantábrico,  
los pasos que se alargan en la playa  
o la conversación de dos amigos.  

Unos con otros desde nuestras conciencias hemos de demostraros a vos que somos dignos de vuestra merced. Que la luz de  la Ilustración, como vos también decís, más lenta en su avance que la del Sol, ya rayó en nuestro hemisferio y no  ve límite alguno en ningún horizonte por el que deba detener en su  brillar.  Ganemos la consciencia de la verdadera necesidad, la que da alas a una sociedad como la nuestra hoy, como la vuestra hace dos centurias. Una necesidad de valores por lo que  merezca la pena seguir y esos valores están dentro de uno… solo hay que verse por dentro.  

Allí,  
rozadas por el agua,  
escribiré mis huellas en la arena.  
Van a durar muy poco, ya lo sé,  
nada más que un momento.  

El mar nos cubrirá,  
pero han de ser las huellas de un hombre más feliz  
en un país más libre.  



Nota: los versos son de Luis Garcia Montero “El insomnio de Jovellanos”

martes, 7 de junio de 2011

Rumbo y Destino



Cuán largo es  el Destino cuando vos mismo lo fiáis,
me aturde y deja sin tino en este tortuoso andar
entre fino y trabado como corazón sin razón encontrado
donde lascar el cabo que afirme mi proa a su estrella esperada.



Nubarrones tapados por soles como dudas sobre razones
ante  tal o cual derrota que  ganar,
por virar aferrado a las cabillas de mi alma,
pugnando por decidir mientras perdura la calma,
olvidando mientras me recuerda el viejo eco
que no hay lugar sino persona,
con la que ser feliz en su fondo y no en su forma.

Forzado al banco de la vida ya escrita
mientras grillete y rebenque golpean la espalda contrita
de chusma y nobleza unida por la misma desdicha,
amura la galera al viento de la  verdad infinita.

Por lo que sientes   tu alma  emprendes
ese viaje que  perdura hasta siempre en  la huida
sin retorno sobre la misma estela de la vida.

Roda rasgando  mar silente, ardiente por tu  filo
cortante y ciega proa, tozuda, tenaz, rompiente y decidida
tras el dolor que se  aleja, silente, doliente,
 mientras ya vuelve por eterno como pertinaz lamento
amarrado el lazo trazado por mil deseos olvidados
sin solución entre los vientos, hijos de mis vientos,
soplantes del propio corazón que llora sin espera ni demora
a que sea  al fin sueño y dicha,
abriendo futuro  como el ariete de la nueva aurora.