viernes, 12 de febrero de 2016

DESAPRENDER




¿Cuántos años deseas vivir? Quizá todos los posibles, pero sin mal rollo de salud, sin mal rollo  social, de la manera más fluida que te permita el corazón, tus piernas, tu cuerpo, la bendita mente.

Pero suele ser que  vivas los que sean sin saberlo por más que trates de retener la esencia de cada momento o, por el contrario, te dejes llevar  sin  más que rozar los momentos, porque ellos pasen tan cerca que no lo puedas evitar.

Llueve, llueve en este instante sin cesar, arroya el agua, vibrante y a la vez rendida, las cunetas y las aceras mientras las alcantarillas con ese aspecto de radiadores  sedientos de agua, devoran todo como si el desierto de la vida pasada se abalanzara sobre el presente oscuro y húmedo. Cerrado entre cuatro paredes trato de pensar y me encuentro  con la misma vida que me mostraron padres, profesores, amigos y  novias pasadas.  
 
Reacciones correspondientes a debidas acciones previas, ligadas a compromisos, deudas de dinero, de honor o de pura educación.  Sentidos a tomar en medio de una dirección ya creada, correcta y sensata; en el trabajo, en la forma y el tipo de vida, en lo que es debido por ser adecuado; adecuado, es cierto, porque normalmente te lo demuestra al final de todo lo pasado.

Pero para qué queremos  tomar un sentido que nos lleve al acierto al final de todo. “Al final” suena como de costumbre gris y es algo que  nos deja sin el disfrute o el sufrir del viaje; mejor, normalmente nos deja con el sufrir, a veces agónico del viaje. Por ejemplo, achicando sonrisas para no dejarnos hundir por la vía de agua de una hipoteca que solo alimenta la riqueza de un banco mientras tu mente se consuela creyendo que ese dinero lo pones para disfrutar de tu propio  piso  cuando, en medio de pastillas para la tensión, la diabetes, la artritis, años han pasado cargados a tu espalda en los que has pagado tres veces tu sueño enseñándote unos banqueros sus sonrisas vencedoras por haber vivido de ti.

Qué decir de  la necesidad social, la mala visión de alguien que se cuida solo y comparte lo deseado sin límite. La búsqueda de la máxima ganancia material sobre los tiempos personales vividos escasamente entre los seres que quieres, muchas veces justificados tras el aprendizaje desde atrás en el tiempo en el que todo está justificado por un bienestar material que deberás ampliar siempre con mas material y material y material por el progreso personal, familiar y social. 

Cuantas cosas nos han enseñado, y hemos aprendido con el ejemplo y la docencia sin mal de padres, hermanos, amigos, profesores, medios de comunicación, chamanes de sotana y mitra, (estos últimos con algo de mal); cuántas formas de ver las cosas que poco a poco hacen de tu propio paisaje algo desolado donde solo queda tirar de un carro cargado de  teoremas incuestionables.

 
Dificil es abrir paso a tanto obstaculo, pero no imposible.

Pero todos los días sale ese tranvía  que lleva la línea nº 9. No hay destino, tan solo dice “Desaprendizaje”. Si a él te subes, en pequeños tramos al principio, poco a poco, sin estridencias, sin sustos en el vecindario, mas tarde aumentas la distancia a recorrer, las cosas empiezan a verse de otro modo, comienzas a actuar de otra manera, la gente a tu alrededor se sorprende al principio, luego eso te acabará dando igual.

Es cuando el viento al que recibías de la misma forma siempre, ahora lo engolfas de mil maneras distintas, unas veces contrarias,  otras de popa, de bolina, pero siempre de forma soberana, nunca al modo  marcado por ese sentido común que no es más común que otro sentido común a  diez mil millas en cualquier otra dirección de tu corazón.

Desaprender es la mejor forma de crecer cuando ya has aprendido, crecido, vivido con sus triunfos y sus derrotas. Desaprender te da ese pequeño golpe de viento para ganar barlovento al viento contrario de la vida existente. No te garantiza la felicidad, pero te regalará momentos inesperados que no  se pueden encontrar entre lo socialmente aceptado.

Sigue lloviendo  a cántaros,  los barrotes de las alcantarillas siguen su modo aprendido de devorar el agua mientras esta fluye como lo exigen las pendientes y manda la santa madre Gravedad. Ella no puede desaprender, no piensa, tú si, tú podrías  tratar de  vadear esos barrotes de hierro fundido y encontrar lugares donde  reposar o correr más y ser feliz ese instante en el que descubres que hay otras maneras de vivir en el mismo mundo.



viernes, 27 de noviembre de 2015

¿DONDE ESTA EL ACERO?





Aquella boca vomitaba fuego, deslumbrando a sus servidores en cada cubierta mientras su mensaje de destrucción salía  sin poder distinguirse  sobre la amura de estribor de  ese otro navío, enemigo aparente en ese trance de la vida. En ese momento por circunstancias impuestas por quien  ellos no llegaban a conocer más que por símbolos o razones lejanas y desconocidas, tan solo justificadas por el símbolo mostrado y la gloria de vencer al que le habían impuesto por enemigo; alguien que de la misma forma combatía a sangre y fuego.


Ambas naves, cargadas de violencia estática, en ese momento en pura y mortal acción, flotaban sobre una mar que podría ser nuestro aire por el que respirar. Nuestra vida en la que navegamos cada día sin poder detener un instante la nave, largar el ferro y observar la línea del horizonte para descubrir el
verdadero rumbo de una vida y abocar, orientar   tu velamen y  así aproar el navío hacia el destino que nunca tendrá fin pero si  continuidad.


Errante, como el Holandés, buscando  entre tinieblas la luz que solo se divisa entre tal oscuridad hasta encontrar esa orilla que la mar de cada día esconde. Eterna la  navegación; como único  reino la conciencia en la santabárbara y  el ánimo como viento que engolfe  el  camino y el andar,  a veces ágil y alegre, otras cansino, derrotado y decepcionado por las mismas situaciones por las que otras naves ya pasaron en otros estadios temporales, sin más opción que bregar el aparejo, la jarcia firme bien tensa y capear avante  entero y constante.


Convencida  la brújula, emboscada dentro de la magistral como referencia única y sin  enmienda;  en
mil ocasiones  con viento en contra en el que no hay más que virar sobre el rumbo hasta poder mantener el gobierno de tu nave sin poder ganar millas sobre el rumbo marcado por ella. Sabedor  que no queda otra, conocedor de las limitaciones de tu nave, pero protegiendo tus cuadernas  como la única vía de volver a disponer de  rumbo adecuado algún día sin más fecha que la de tu espera sin más.


Así, errante pero convencido, entra en combate tu navío, la santabárbara vaciando su pólvora sobre la nave que no sabe que es como la tuya y  trata de disparar. Solo te queda pólvora y bronce, garfios y violencia sobre tu cubierta si tienes a bien sojuzgar de la forma enseñada por quien dicen te dirige sin conocerte.


Pero  esta nave sabe que las 140 bocas de bronce, cargadas de recio balerío y pura pólvora nada lograrían en un combate a fuego más que tratar de hundir una nave contraria que en verdad no lo es. Solo es otro navío. Así con sus portas abiertas, que nunca se ha de dejar la guardia, ni la vista al frente, sotaventeando, deja de comprometer a esa nave  ciega que, como tantas por sus reyes momentáneos desea combatir, sin saber que no está dotada de bala  que atraviese las amuras de madera de iroko, teca y buen trabajo  de ajuste hecho por el maestro del tiempo y la experiencia. Queda, al fin, esta  a distancia de  disparo de cañón de caza por su popa mientras observa la sorpresa   de la tripulación de la menor.


Tras tantos pantocazos, golpes de ola, temporales de   sal  sobre heridas de piel abierta,  este navío sabe que no hay  acero, ni pólvora que destruya la razón. No hay nada más que el valor   sobre el miedo, la audacia sobre la temeridad y el tiempo sobre la premura.


Desaparece la humareda de los iniciales disparos provocados por el miedo a los 140 cañónes prestos a  la defensa que podría parecer capaz de destruir lo indestructible que sigue siendo la razón. El navío, de menor porte, sus 31 bocas de bronce a cada banda, ya en silencio solo pueden ver su propia navegación, su situación de calma tensa sin rumbo fijo salvo por la propia brújula  aun si corrección de desvíos ni ajuste sobre reales referencias.


La mar  vestida de tiempo circúndate que sin detenerse marca cada segundo a golpe de ola poco a poco y sin más sentido que su propio ser, va demostrando que no hay amenaza desde el enorme navío que permanece a la espera  más a popa. La niebla parece ocultar la vista de este que ni con el largomira se hace posible distinguir a quién lo maneja y por qué detiene su andar. Sin embargo la vista desde ese navío de mayor porte, sobre sus cuatro puentes es posible avistar sin dificultad la derrota del sorprendido navío de dos puentes. Aprestado al viento de ese momento para mantener un rumbo inconcluso al que  seguir.


Desde  el castillo de popa del gran navío se sabe que no hay  razones de hierro sin hierro, que no hay motivos por los que avanzar sin  derrota trazada, que   en medio del mar vital las decisiones son solo de cada capitán de su navío y que hay muchos grados en tal nombramiento y la experiencia, amiga del tiempo, es la que marca el grado. El  navío a popa espera y se previene para prestar apoyo  al que a proa aún no ve las tormentas,  galernas y vientos  momentáneos, ni las soledades frente a enormes montañas enfurecidas sin poder comprender sus golpes tantas veces sobre los propios costados.


Sabedor que el acero verdadero, el que abre las mentes y las conciencias de cada nave solo está en la voz y la palabra. Que  la valentía esta en el corazón, junto a la audacia y para eso hay que dolerse a sí mismo y enfilar  la oscuridad hasta encontrar la luz que solo así se puede descubrir; sin dobleces con uno mismo, sin culpar a la marea, sin  esconderse tras el cabo más sencillo que casi siempre es de arena y acaba por desmoronarse.



La noche poco a poco va echándose sobre los navíos. Es entonces cuando el gran navío, en silente navegación lentamente va avanteando por su costado de babor, al que parece contrario. Una vez  a proa y a distancia prudente de sus cañones de caza prende su fanal para mostrar  esa luz por la que procurar rumbo y así descubrir al fin la posición  al que sin saberlo, ya lo sigue…




miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA RELATIVIDAD



Todo es relativo, Einstein llegó al punto álgido de la cuestión cuando demostró que no se puede demostrar que un cuerpo  está parado o se mueve con movimiento rectilíneo e uniforme. Como según cada sistema de referencia, las leyes físicas son o pueden ser transformadas y en consecuencia los resultados apariencias y percepciones totalmente distintas ante un mismo objeto.


Todo es relativo,  a pesar de los de la sotana y de tantos viejos  camaradas de tantos bandos como puntos de referencia se dibujen a proa de nuestra vista. Yo me pregunto si todo es relativo, y hasta me atrevo a contestar que sí. De lo que estoy seguro que eso se refiere a nuestras percepciones sobre las cosas, pero también creo que lo relativo  cae en cuanto tomamos como base el  sistema de referencia, nuestro sistema de referencia, nuestros valores. Entonces lo que vemos, los resultados de  las evoluciones en el movimiento, en las acciones con  y contra nuestros semejantes son verdaderos valores absolutos inamovibles y claros desde nuestra perspicaz visión.


Esta versión me parece eficaz para seguir enteros entre tanta confusión de sentidos  e intereses, pero podría ser nuestra perdición si no fuera  este sistema de referencias fácilmente desmontable, que no por ello destructible; cuando la claridad llega desde otra dimensión próxima y sin embargo todo se hace gris y oscuro en la nuestra. Entonces desmontar, reconocer tales  referencias como mejores y adaptar nuestro sistema aunque nos cueste tanto como ganar barlovento  en medio de un vendaval.




Todo es relativo, la percepción del tiempo, el brillo de los ojos frente a distintas pupilas, el sabor de una buena comida ante  distintas noticias. Pero entonces, ¿cómo son en verdad todas esas cosas, acciones, valores, resultados, visiones?  Nadie puede saberlo. No podemos ver en los ojos de  tu  amigo, de tu novia, de tu gato, no podemos sentir las misma caricia en distinta piel, no podemos recibir el mismo viento  entre rociones, y aunque es a veces del mismo soplo y de la misma ola partida, tu compañero de amura seguro que le ha divertido o asustado, pero nunca de la misma forma.


¿Podemos juzgar? Quienes no se atrevan  lo harán en buena lid por ser en verdad muy difícil poder comprender la acción de otro, cuando sus sistemas de referencia son distintos y  lo que es grave para uno no lo es para el otro. Quienes se atrevan deberán saber que tendrán que aceptar ser juzgados  de la misma forma y con la misma rectitud de juicio. Lástima que por la misma acción puede que le castiguen el doble de lo que él mismo lo hubiera hecho.


Quizá lo que a uno le duela por más es ver a algunos  investidos  en sus mallas negras, perdón sotanas, tratando de implantar a la fuerza sus sistemas de referencia como los de la civilización y el orden de los astros buenos. Pugnando a base de presiones sobre la frágil y gastada clase política que bandea entre la mano izquierda y la mano derecha del mismo portal, pero logrando casi siempre que se mantengan estables estas formas de ver la realidad, sin manera alguna de desaprender, no ya para estos cansados hemisferios mentales, pero si para los vibrantes conjuntos  de fósforo  de nuestros descendientes.  No nos engañemos, si no nos dejan desaprender será porque en verdad les interesa, que de otras cosas y sistemas de referencia ya se han hecho cargo de desmantelar. ¿Sera que los de las dos manos del mismo portal les va mal esto de la relatividad? ¿A ver si es que así se les hace también relativo el asiento portador de renombre, poder y caudal?


No creo haber descubierto nada nuevo. La verdad es que es todo tan relativo que la final  se convierte en absoluta la dichosa relatividad sin lugar a más dudas.


Pero hay palabras que me  hacen dudar; Lealtad, Solidaridad, Libertad, Amistad, Amor, Sinceridad, Valor, Audacia, Temeridad. ¿Qué hacer? Parecen tan absolutas que duele cuando ese convencimiento que tú llevas hasta el tuétano de tus entrañas sobra cada una de ellas se queda hecho añicos al ver el significado distinto que le dan tus vecinos de tiempo y lugar. Es aquí  cuando me quedo con mi sistema de referencia, creo que  a esta edad no queda otra que defenderlo a capa y espada, ya no hay tiempo de ganar una playa, y sobre retroceder sobre él, ¡nunca!, resistiendo hasta el final con la propia vida interior. Al menos será lo que a uno le mantenga erguido ante tanto golpe relativo sobre espaldas y pechos despistados, golpes en los que mientras  te desangras te van rodeando sonrisas sin  apariencia de criminalidad, al fin y al cabo todo es relativo.





En el aniversario de la  teoría de la relatividad, un saludo relativo desde el castillo de popa  de esta nave sin más rumbo y mas destino que el propio de avantear.


lunes, 23 de noviembre de 2015

Por falta de pruebas, un ateo. (P.B. Shelley)



La verdad es que si alguien emplea lo simple por directo, la  elección de lo  que habría de ser menos incomprensible, todo queda dentro de una  absoluta  y directa enfilación hacia la humanidad sin más que ella misma a la espera de encontrar otras vidas, otros mundos que, además de estar en este, seguramente lo están  diseminados por el Universo.


Por falta de pruebas personales, un ateo. No me he encontrado con ese dios omnipresente bajo las estrellas del segundo cielo que  se dice en la Biblia. Por encima del primer cielo no parece haber más que hermosas estrellas una vez pasada la franja de basura espacial humana.  A pesar de la fuerte educación judeo cristiana cargada de liturgias, miedos y supersticiones que te llevan a pedir y justificar a un ser superior, una especie de Caudillo que nos lleve al mundo que fue, no he sido capaz de encontrar a ese ser, terrible e impío en unas fases, todo bondad, sabiduría y  comprensión en otras, pero que no acaba de salir de la mente del que lo está viendo sin saber que se quiere ver a sí mismo en la imagen reflejada como Caudillo del tercer cielo.


Ateo, entre los testimonios gráficos más inverosímiles  tras 1.700 años en los que a base de repetirlo, en latín, con el mazo y la hoguera, a fuego vivo entre mosquete y espada ropera, han acabado por parecer tan reales como que 1.000 elefantes vuelen sin mover sus orejas. Y es que en cuanto la liturgia se mira sin reverencia, cuando la sonrisa aparece al socaire del portamitras mientras balbucea sus propios pecados como si  le hirvieran sus miradas, es cuando cae sin más el misterio del que tanto les encanta rodearse entre fumata y fumata.


“La primera teología del hombre le hizo temer y adorar por si mismos a los elementos, los objetos materiales y groseros. Más tarde, rindió sus homenajes a los agentes que presiden esos elementos, a los genios inferiores, a héroes o a hombres dotados de grandes cualidades. A fuerza de reflexionar creyó poder simplificar las cosas sometiendo a toda la naturaleza a un solo agente, a un espíritu, a un alma universal, que ponía a esta  naturaleza y a sus partes en movimiento. Remontándose de causa en causa el hombre ha acabado por no ver nada, y en esa oscuridad ha plantado a Dios…” (D’Holbach)


Perfeccionado y con el poder en sus báculos, minaretes, Menoráh o lo que sea que tenga que ser hemos sucumbido a la sencillez del castigo ahora, por el futuro premio que con claridad solo será la paz de los que se van. Está claro que es dios quien necesita del hombre para existir. Un dios al que le creamos con poderes onmipresentes, onmiscientes, todopoderoso, que  nos  deja hacer… claro, porque puede, pero, ¿no será porque no puede ni siquiera cambiar las reglas de la física o las matemáticas y no le queda otra que dejar que nosotros le dejemos ser lo que nosotros queramos que sea?


1+1 son dos. ¿Hay o no hay para cambiar el resultado, dios?


¿Cuál es el poder de dios? Quizá sea nuestra ignorancia mezclada del deseo de tener una justificación entre tanto desmán, en buena parte generado por el hombre apoyándose en dios. No existe tal poder. Existe la Naturaleza que  nos  permite vivir  de prestado entre sus dominios mientras poco a poco se va enfadando por nuestros atropellos creyéndonos imbatibles, abusando de un poder inexistente mientras nos arrodillamos falsamente ante nuestro creador creado. Pero no  habrá creador que tenga lo que se ha de tener para parar la furia de la Naturaleza cuando nos expulse a toda nuestra especie  de lo  que contábamos como nuestro sin serlo.


Y qué decir del Universo, enorme manta tapizada de estrellas, planetas, meteoros que se rigen por sus leyes, a las que vamos dando caza lenta en el conocimiento. Nuestro gran desconocido, donde seguramente otros habrá que con mayor o menor suerte dispongan de su futuro con la propiedad única del  saberse dueños de él  con la responsabilidad de sus consecuencias sin  sotana o  similar que le recuerde el castigo de un ser superior inexistente. Quizá sea al revés y sea otra especie de similares aspiraciones a ser gobernados por seres inexistentes. Lastima entonces.


Me quedo con Lord Bacon que afirmaba que “el ateísmo ofrece al hombre la razón, la filosofía, la piedra natural, las leyes, la reputación, y todo lo que puede servir para conducirlo a la virtud; pero la superstición destruye todo eso, y se erige en sí misma como tirana sobre el conocimiento de los hombres: de ahí que el ateísmo nunca perturbe al Estado sino que vuelve al hombre más lucido, puesto que ya no ve mas allá de los límites de la existencia presente.”


¿Dónde está el vacío interior? ¿En el corazón que se aferra a un muñeco, o un texto vacio de realidad salvo por la fe, o en el que, sabedor de que somos un especie viva y pensante, de alquiler en este  planeta podemos perderlo todo por nosotros mismos sin dioses intermedios?






domingo, 14 de diciembre de 2014

Al Viejo Audaz, a mi Viejo Navío



Nubes negras avante a vista del Horizonte,
proa avante, firme, dibujando bigotes de espuma
como el sueño nocturno que abate  sobre el silencio
mientras empuja el oculto deseo sempiterno sin  ser visto.



Silentes, tu andar, mis ojos y ese temor eterno e invisible
por lo que viene, por donde vamos entre ignotos mar y viento.
Timón a la vía, abrigado el corazón de chubascos inmorales,
el aire, hecho viento acaricia el rostro vigilante en soledad.

Todo se siente, nada se sabe, entre crestas crecientes de espuma,
a cada banda mares diversos según empujen o huyan errantes
ilusos de su fuerza que mañana a ellos volverá disipada
cambiando el sentido a lo que parecía perdido para ahora ganar.

Será de cierto el paso entre tanta mar vestida de amenaza real
pero todo será un pasar, solo eso, pasar como en la Vida,
navegar bajo la tempestad mientras la luz ruge a la espera
tras las cortinas de agua, los rociones de viento y mar,
tras la maldad humana, la envidia engastada en falsedad…



Navega, mi hermano, hazlo conmigo si tu venia me das. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

S/S Corona



Lejos, casi sin percibir su silueta en la línea del horizonte, con lentitud a la vez que la  tenacidad y firmeza que decidió intercambiar el hombre cuando se quedó con el acero y el vapor frente a la vela engolfada de viento, ganaba millas aquel vapor con el ansia de la recalada al fin entre las puntas del puerto mas bello del mundo.



Cuarenta y dos días de tortuosa travesía desde el lejano Valparaíso en el Pacífico con rumbo a casa, obviando el Canal de Panamá, hace ya algunos años abierto;  doblando el  paso frente al Cabo de Hornos, sin escalas, rompiendo y venciendo a cada golpe de hélice y remache  a los implacables 40 Bramantes hasta ganar el Océano Atlántico desde el Sur.

En su interior las almas hundidas, atrapadas y refugiadas en cada corzaón como infantes temerosos gobernaban el vapor. Corazones repletos de sal y carbón, mezcla antinatural que parecía aullar a cada golpe de ola sobre cada uno de sus remaches. Los cuerpos, inertes al paso lento y cadencioso del calendario cual pena de prisión en la que se marca la teórica llegada  temporal de la liberación. Hecho que no está sino en las mentes de cada quien y no en las opciones que parece darnos un mayor espacio o una mayor cantidad de dinero.

Al fin el Cabo Espartel ya doblado quedaba  lejano por la aleta de estribor y, con pocas horas avante a los 10 nudos escasos que su máquina de tres expansiones, cansada, curtida en miles de millas, dando su orgulloso penacho negro de carbonero a la vista de quien se pusiera a su través, se haría ver seguramente desde la mismísima torre de Tavira.

Sobre esa imagen de brega, de pundonor sobre la sempiterna lucha entre el hombre y la mar, donde la soledad te puede hundir si así la dejas reinar, donde la ilusión tras lo sufrido te hace olvidar lo pasado, cual madre tras el parto al ver el logro imposible, fue cuando ya  el Castillo de San Sebastián se avistaba  a los ojos del serviola y se soñaba el Cádiz del Pópulo, sus gentes y sus lugares innombrables; pero también fué cuando un sonido estridente, repetitivo, machacón como lo es la vulgaridad vestida de rutina comenzó, en cada uno de esos pitidos, a borrar,  como si de una cámara a la inversa, a trazos esa imagen de triunfo y cambiar en cada trazo por la de cuatro paredes tan solo alegradas por algún cuadro con sal en sus mensajes y la luz brumosa que trataba de ganar sobre la madrugada espacio hasta entrar en la ya nombrada vulgar habitación.

Las 6:30 de la mañana. El viejo mundo, el real se había desvanecido mientras la rutina de la vida falsa, la que necesita justificación, volvió como tantos días a la  misma hora. En la semioscuridad, aun con trazos de sal y olor a aceite sucio de las máquinas, el mundo descomunal en su poder destructor se posó en medio sin otra opción que embarcarse  para dejar que  su nave  sin  timón me llevase hacia el Hades de donde huir en la primera oportunidad.

A pesar de la derrota, en pocos minutos mi mente ya sabía que solo había que mantener la calma, todo era cuestión de tiempo, la singladura terminarían con  el Ocaso. Si era capaz de aguantar  como el viejo Ulises frente a la sirenas, saldría con vida un día más y la arribada del Vapor Corona sería un hecho en Cadiz. Resistir, esa es la palabra, obviar las sirenas vestidas de brillos, de ambiciones  que  sin más con su peso al fondo te llevarán en cuanto te aferres a su ser. Resistencia a los malos sentimientos donde el deseo  ennegrecido te oscurezca la vista sin poder distinguir el horizonte donde avistar los que de verdad existe y no es en ese inframundo donde lo encontrarás.

La travesía sin timón, aferrado al palo, amarrado a él como Ulises para no caer en mil y un motivos por los que perderlo todo, va pasando y el sol toca a su fin. Su verdadera hermana, tortuosa y algo mentirosa lo releva dejando que el ocaso nos permita huir de la condena.



La habitación vuelve a su silencio, los ojos se cierran a este universo baldío para abrirse al azul del Atlántico frente a los Baluartes de San Carlos y La Candelaria donde largar el ferro. Una mujer desde el Baluarte de San Carlos agita su pañuelo tratando de hacerse ver, de hacer saber a su sueño que ella está allí deseando fundir sus brazos en la espalda de este sintiendo el corazón hermanado al fin con el de él.

El tifón vomita varias veces vapor retumbando por toda la bahía, mientras, con un bote arriado desde el Corona a boga de combate como si galera del rey se tratase, recogieron a la dama  a la que embarcaron sin demora.

Varios días después, tras el descanso de la tripulación, avituallados de todo lo que sirve para mantener vida y navegación, en un silencio tan sólo alterado por los golpes que cada grillete daba sobre el escobén de babor al virar el ancla, el Corona viró en demanda del sur donde ganar millas y seguir viendo la vida sin más espera que la de la buena mar entre olas de buen compás.

El pitido comenzó como cada 6:30, daba igual, como cada 6:30. la verdadera vida volvería al ocaso

de ese periodo irreal...

"Ilustres que navegáis
desde la cuna de Oriente
a la tumba del Ocaso
Fortuna y Salud dispongáis"



martes, 2 de diciembre de 2014

DECISIONES



Arriban ya las diez  de la noche, un viento fresco constante del este mantiene la proa firme con rumbo norte en una larga navegación al través del viento. Han sido ya casi 16 horas desde que zarpamos con la madrugada moribunda en brazos de un  cielo plomizo que ya se adivinaba nublado y sin promesa de mejora. Zarpamos en ese silencio que une y hace de todo un hecho cómplice para lo malo y sobre todo para lo bueno. El Audaz dejaba lentamente los brazos de piedra que delimitaban en sus extremos las puntas del puerto deportivo. Mientras, ella, apoyada sobre el incómodo compás que trataba de dejarse ver en su pobre luz, fumaba  aspirando suave el que parecía el último cigarro cerca de su terruño, viejo engaño del corazón del que no podemos desprendernos por más que lo intentemos. A cada calada,  un intenso, pero fugaz destello mostraba el arder del tabaco cerca de sus labios.

Las amarras ya largadas, esta vez recogidas y estibadas  en el arcón de popa, pues no habría tornaviaje en mucho tiempo. El motor, viejo en su  ser y en su ronroneo machacón, también dijo adiós junto a nuestras miradas sobre los faros rojo y verde que ya dejaban su silueta a popa de nuestro navío. Sobre la banda de estribor podíamos distinguir  el cerro que protege a la ciudad resaltado por las farolas que lo dibujaban ya en el contraste de la luz naciente.

Un Gregal húmedo, terciado más al este nos obligó a abrir la proa al norte en demanda de millas de agua entre nosotros y el cabo Torres. Al fin y al cabo no teníamos clara la derrota definitiva y ganar esas millas al norte siempre nos daría más viento con el que avanzar y más seguridad frente a un golpe de mala fortuna. Cuál debería ser el rumbo a tomar, ¿este u oeste?

A estas horas seguimos manteniendo este rumbo por no tener clara la partida, por las mil dudas de una decisión.




Dudas sobre la derrota a seguir, pues mientras esta existe en mil opciones, cada una en su forma, el escoger una es la via de anular la febril duda. Asi, en tanto se mantiene firme, invade la razón y bloquea la decisión, la vida sigue pasando, avanzando a nuestro lado sin remisión sin dejarnos vivirla. Sin darnos cuenta creemos que todo se detiene, que nada se mueve, cuando  es ese Destino, oculto forjado por mil batallas perdidas o ganadas, por ese carácter el que en verdad mantiene el rumbo de nuestras esencias. Un destino que puede ser feliz, atroz, tanto como el resultado de nuestra decisión.

¿Qué hacer? ¿Tratar de controlar tu existencia? ¿Dejarte llevar sin esfuerzo? Hagas lo hagas seguirá habiendo mil factores que determinen el fallo final, los que con tu actitud te hundan o te magnifiquen.

¿Retar al Destino? Esa debe de ser la opción, aunque por una rendija te atrevas a sospechar que todo pueda estar ya decidido.

Mientras lo retas, mientras combates contra la indecisión y el hastío, o por el contrario contra las consecuencias de la decisión, te sabes tú, te sientes tú en todos los momentos de esa travesía, en cada singladura de mar llana o maretón de proa.

Buscas en el Horizonte la referencia, el faro con el marcar tu posición en ese mundo solitario, pero solo hay el mismo referente en derredor; sólo dispones de tu propia nave, tu propia Vida con la que dar ese golpe mas o menos violento, que cargue sobre la amura  elegida la mar  y la empuje superandola  hacia ese destino. Será entonces cuando, sonriente desde el corazón hasta la tripas desde donde nace la pura decisión, vueles con el sentido empapado en tu piel y con la Vida prometiendo mas Vida en medio de tu apuesta por seguir avanteando.

Han pasado, como ya he dicho, mas de 16 horas navegando con un rumbo fijo al norte sin tener en el haber de la decisión el rumbo definitivo

En ese tiempo ha habido momentos de conversación y de sueños inconclusos sobre lo que hacer, lo que arriesgar y lo poder asumir como pérdida.  Emociones por el salto valiente sin retorno aparente, pues siempre se vuelve a la raiz  de tu árbol, como las hojas  cuando las arranca el viento de sus ramas y caen.  La noche ya ha entrado hace horas, la visión intermitente del cielo cuando las nubes acierta a liberar un pequeño trozo con semejante manto estrellado mostrando que tras la oscuridad siempre hay un resquicio de luz. Nos miramos a los ojos y al fin entiendo todo lo que dicen.

Aprieto con firmeza la caña del timón. Sonrío y de un golpe sereno la virada esta decidida, 270º, estribor. Ella sin palabras ajusta la mayor y el génova abriendola para recoger ese gregal  que ahora comienza a dar alas hacia un oeste  que no sabemos lo que deparará millas avante, como las decisiones  de cada momento. Acciones humanas que siempre son las mejores de cada instante y serán los demás motivos, factores y deseos los que puedan convertirla en un éxito o un fracaso siempre con el permiso de nuestra tenacidad.

Navegamos a un largo, comenzamos a hacer guardias con la serenidad de la decisión soberana, la propia responsabilidad, la fe en uno mismo. La felicidad revoloteando en la yema de los dedos...




Que esto es un paseo, como los de antes, que no hay mas mostalgia que la de perderse...




domingo, 30 de noviembre de 2014

TIempo




El tiempo que no es dado es el móvil de nuestro destino, la piedra que nos retiene mientras sin saber cómo nos arroja al vacío del ansia por alcanzar las metas antes de que caiga irremisible y se detenga sin otro tiempo que el vacío infinito.  El tiempo que pretendemos retener, sentirnos soberanos en su misma intensidad. Sabernos partícipes de cada instante  como el mejor a cada golpe de segundero.

Ese espacio invisible solo visible con cada amanecer, con cada estrella que, quizá ya sin luz vemos brotar en un rayo fugaz sabedores de que podría haberlo hecho cuando siquiera algún navío del rey arribase inseguro a costas ignotas allende  los mares. Un tiempo vestido como el viento  de apariencia; donde si vuelas con él, feliz a favor, no lo sientes mientras disfrutas de tu recio navegar impulsado por este, donde, si es en tu contra el soplar, todo es un penar en agonía por no avanzar, al igual que  cuando el sufrir, el nervioso esperar por lo que o quien no arriba a ti, hace que el tiempo no pase y se haga sentir duro y sin piedad.

En él vivimos embarcados sobre la aventura vital de nuestra propia nave. Su fuerza, su velocidad, sus entrañas siempre serán fruto del derrotero de nuestros propios designios en los que marcar el rumbo verdadero sobre el que partir sus olas, elevarse sobre ellas  en pugna y sin retorno, combatiendo y sufriendo durante su lento ascenso, para planear sin sentir este al bajar sin esfuerzo la loma  cargada de segundos sin determinar, en los que sin  darse uno cuenta la rueda del reloj imaginario recorre su seguro sentido  sin los frenos conscientes del anterior ascenso.

Tiempo recorrido que si no se disfruta de forma consciente no queda en mas que un recuerdo. Un simple hito al que aferrarse en las escaladas contra sus propios segundos.



Vendaval limitado para cada nave vital en su infinito verdadero para sí mismo. Viejo usurero que deja repartir al arbitrio de razones injustificadas por todos. Solo disfrazadas por falsos profetas de mitra y báculo que pretenden dictaminar este en base a un totem vestido de dios magnífico y todopoderoso al que darle reflejo humano, cuando el verdad ese dios sólo podría ser él mismo, tal que deidad inaccesible e incomprensible para nuestras débiles mentes. Débiles y temerosas como lo fueron los viejos marinos de siglos atrás sobre lona y madera donde la superstición y los rezos para que el Buen Aire  protegiese la nave y sus deudores, igual ahora  y siempre con este verdadero dios que es el tiempo al que le pedimos clemencia y sabiduría para poder disfrutar de cada minúsculo átomo de su grandeza como el mejor, sea este como sea, duela o desfallezca de felicidad nuestro ánimo en su instante.

Es el tiempo el que parece huir cuando somo nosotros los que lo hacemos  del fin que nos tiene concedido en su crédito. Acabamos por olvidar la verdad del verdadero motivo del viaje sobre ese océano que no es otro que la misma acción de hacerlo y disfrutar cada instante.

Lágrimas por no haber vivido lo pasado, suspiros por desear vivir lo que está por llegra mientras la vida vestida de tiempo pasa.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Al Sol y al Viento




Cuando hueles tu propia rendición avante de tu andar,
cuando la tristeza en forma de amenazantes nubarrones de recio temporal
amenazan la nave vital que tratas de gobernar
es cuando me enseñaron a morder el labio superior y capear.



Pero la mar de esta vida puede ser tan cruel como intemporal
y se ha de resistir hasta que las vías de agua se hagan de índole mortal
o la fuerza de tal galerna de grado se diluya sin explicación
brotando un sol al que creías haber tenido ya que olvidar.




Abierto a la mar vital, océana y sin final por la que avantear,
sin esperas, sin otra cosa que esperar que un nuevo temporal
con otra lección aprendida, con otra actitud a tomar.
Con la brújula de los principios sobre  la bitácora
para tener clara siempre la derrota y saber el rumbo a tomar.


Gijón, 25 de Febrero de 2014