viernes, 30 de marzo de 2012

De faros y mares. (I)




Faro Espartel
Faro como la torre que es, señal verdadera a los navegantes que se aventuran por los mares reales  de agua y sal en los que cualquier atisbo de luz en lontananza nos  devuelve la  seguridad o  al menos retira el olvido  de la inmensidad momentáneamente por ese  golpe de  luz. Un golpe como flechazo que demuestra que hay algo ahí fuera velando por nuestro bien sin pedir, sin exigir reverencia ni  pleitesía. En su soledad enhiesta y segura sobre firme roca las más de las veces desafiante a la mar, esta vez como inmenso remanso líquido de soledad entre tinieblas, y permite marcar el rumbo, la enfilación, la virada si esta se decide desde la propia decisión sobre tu propio gobierno. Pero hay en la mar  real y la vital muchos tipos de faros que merece la pena descubrir y rendir un homenaje desde mi humilde puesto de navegante  aferrado al timón de toda la Vida, mientras lo busco como todos los que son conscientes de que sin éstos minúsculos puntos de la noche nada queda más que abrirse al mar abierto cargado de soledad donde solo queda seguir bregando la mar, capeando, sin poder siquiera arriesgar  aproximando nuestra nave a las costas de vidas ajenas, trabajos de nueva factura, mil sueños y  acciones que  sin su protección humilde, acometerlos pudieran hacernos zozobrar.

Todos hacen  lo mismo con su  secuencia de destellos particular, pero para cada quien son y serán distintos. Hay unos  que siempre me devolverán el recuerdo  maravilloso  que anuncia la proximidad del  objetivo de la próxima recalada tras un largo viaje donde,  el mal tiempo, el calor sofocante, los problemas  en el buque, las  ganas de desembarcar tras mas de cuatro meses perdido hacen que su  primer avistamiento haga golpear con fuerza el corazón y todo lo que has mantenido bajo la piel contenido regrese en forma de olor, de sonrisa, de la grandeza sobre lo más minúsculo para quién lo tiene todos los días.

Faro Finisterre
Para mi siempre serán eso faros como el de Espartel en  Marruecos  tras una travesía larga de sur a norte desde Cabo López en Gabón, Cabinda en Angola, Nohuadibou en Mauritania cargado de crudo o mineral, donde su luz te dice que el Estrecho esta cerca, que ya alcanzas  lo que  deseas; igual, aunque un poco más al norte el de Finisterre  en España; o el de Cabo Palmas entre Costa de Marfil y Liberia, que te confirma al fin donde enfila tu proa  con el millón de barriles de crudo, si hacia la Europa caduca  en su  devenir o al pujante y cargado de consumo de la costa de los Estados unidos; los faros de Antigua y Montserrat que tras 25 días de travesía en  diagonal con rumbo NW desde Angola, al fin te dice que  la puerta del Caribe esta  abriéndose para ti y  podrás pisar la bendita tierra donde se escucha tu propia lengua; los destellos desde Mayyum en las puertas del Mar Rojo tras la sofocante travesía desde la India  sobre un Indico  traidor con su pequeño Mar Arábigo como caldera hirviente y silente al que deseas dejar  para ganar el norte con Suez más cerca y así  los mares que te son cercanos por tu propia vivencia.

Son esos faros que te  dicen sin soberbia, pero con su orgullo silencioso que la recalada esperada tras semanas de travesía en solitario te alcanza, su cadencia, como decía más arriba te lo confirma. La alegría inunda los compartimentos durante la travesía estancos, preparados siempre para lo que pudiera llegar, sin temor pero prevenidos. Siempre buscando, esperando por encontrar la luz que te lo indique para arribar hacia su señal y recalar cuanto antes donde lo que crees estará aguardándote  con las puntas  de hormigón separando las olas de la calma que te parecerán los brazos con los que  llevas soñando en la dura travesía del sentir como de puro abrigo, como la razón por la que has surcado miles de millas   rodeado de la   soledad entre la piel de hierro que has hecho de tu vida como nave en el océano real del día a día.

Pero ese faro en tal océano acaba por aparecer y te muestra su opción, su aviso, su regalo. Sólo has de arribar o continuar en tu derrota    mientras lo dejas  por el través  hasta perderlo  más a popa,  desprecias su luz sospechando que  sea otra falsa señal donde arribar como tantas otras. Si das la virada quizás  otro faro de menor fuerza, pero de mayor cercanía te ilumine el corazón y arriesgues la quilla de tu vida por  largar amarras cerca de su luz. Si no la das será otro faro el que te brinde la oportunidad de cambiar tu derrota más avante, solo estará en tu  gobierno golpear el timón de tu corazón.

Al menos en los faros de la mar todo es sencillo pues están los derroteros, los libros de faros y las propias cartas que nos dicen lo que son, cómo son, lo que dicen, dónde se encuentran y su vista por saber tanto de ellos nos permiten decidir con el pálpito de  estar cerca del deseo por cumplir. En la vida has de confiar en su luz, en tu corazón… y jugártela.

Estambul




lunes, 19 de marzo de 2012

La cima de los vientos. 19/III/1812





Gracias a ellos, y a su ejemplo.

Lejos esta esa cima de los vientos donde la rosa completa se crece y nace para repartir sus esencias por la piel terrestre o marina sin frenos ni ambigüedades. Tan lejos que los que en España, en Cádiz hace ya 200 años como punta de lanza de la libertad, la pujanza y las ganas de progreso liberaron los sueños de españoles aún de ambos hemisferios. Vientos, los unos de rancio real y ultracatólico sermón, los otros de liberal aún sin ese nombre de verdad, algunos desde los más lejanos puntos del imperio hispánico como Morales Duarez del Perú, o Ramos Arizpe de Mexico, Lequerica del Ecuador, Leiva de Chile, todos ellos quienes, mas avanzados los tiempos llevarían a sus futuros países la esencia en forma de viento de libertad. 

Carta magna redactada entre los cañones de un ejército fruto de otra revolución que en su deseo de dominio trató de hacerse con un país en sus horas más bajas, donde una monarquía hija de sus propios vicios y esclava de sus propias decisiones lo había dejado en la más absoluta ignominia, humillación y capacidad de responder ante quienes ya no daba mas de sí. Mientras, la “Grande Armee” arrasaba con lo que encontraba, robando y deshaciendo lo que en el futuro pudiera servir de pilar para poder recuperar el pulso del país. Quizá las ideas que portaban sus pensadores hubieran ganado otro espacio en aquellos años si no hubieran llevado el fusil y la bayoneta tras la pólvora de sus cañones, quizá de otra forma el clero absolutista de la mano de los capellanes de la más rancia furia hispana no hubieran logrado aunar tantos paisanos con ellos para degollar y matar gabachos bajo la bendición del buen dios.

Mientras en ese barco varado frente al océano, amarrado a tierra por el castillo de la Cortadura, la población, de infinitos orígenes se mantenía frente al francés; 20.000 soldados españoles, británicos y portugueses frente a 25.000 soldados franceses. Hoy, hace 200 años en el oratorio de San Felipe Nerí se promulgó nuestra primera constitución regada de festejos y celebraciones en medio de una invasión, asediados, sin otra ayuda que las naves cargadas que arribaban de sus compatriotas del otro hemisferio que acudían llamados por esa en aquél instante cima de los vientos donde poder sentir los soplidos del cuadrante que pudiera ser sin sentir censura, miedo o condena.

Pero la cima de los vientos poco a poco se fue haciendo más inexpugnable. Llegó el Rey prisionero, “El deseado”, alguien que bien podría haber sido pasto del plomo francés para bien de todos. Pero igual que nos trajeron vientos de libertad en cada batalla el francés, también se llevaron tesoros y nos devolvieron la máxima expresión del atraso y la oscuridad. La Carta quedó en la cima sin poder acceder a ella. Este preboste, sin otro destino que hundir aún más a su sociedad, remató su inmerecida estancia en el mundo de los vivos generando junto a su hermano Carlos casi medio siglo de vida de un país sin esperanza; todo por ostentar el poder, viejo motivo que quien lo tiene o lo roza ya no puede dejar.

Y se sucedieron, hijas de la misma madre, algunas más liberales, otras más cerca de la caverna. El siglo se fue ya sin el sueño de los 104 que lo firmaron aquel 19 de marzo. Así, lo que se planteaba como la meta por rozar lo alcanzado por otros países que con ello iban a la vanguardia se hundió en las tinieblas del siglo pasado en el que solo después de una larga travesía en un desierto de sangre y silencio apareció algo que triunfó entre el desengaño de lo pasado, el miedo por lo que pudiera pasar y la esperanza por lo que pasará. Sin grandes celebraciones aún sigue a pesar de que los hijos y nietos de quienes la promulgaron poco a poco la van hundiendo en el valle del desengaño por su propia ambición, falta de respeto por quienes la sustentan y por nuestra propia inacción. 

Fue la Carta de 1812 la cuna de nuestra soberanía como pueblo y a sangre y fuego la apagaron quienes ostentaban el poder. Es la carta de 1978 la que nos devolvió de nuevo la soberanía y somos ahora nosotros mismos quienes la dejamos morir de sed por falta de acción sobre tantos motivos por los que podríamos barrer a quienes con su “marchamo” democrático como coartada se libran de nosotros para beneficiarse desde tantos lugares y despachos sin recato.

 Aunque sea difícil, no renunciemos a nuestros sueños. Sigamos el ejemplo de quienes en medio del mayor desastre de un país supieron sacar lo mejor de cada uno y abrir la espita de lo inimaginable en aquellos momentos, algo como esto. 

“Art. 1. La Nación Española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. 
Art. 2. La Nación Española es libre e independiente, y no es, ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona. 
Art. 3. La Soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales. 
Art. 4. La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad, y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen. 
Art. 8. También está obligado todo Español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado. 
Art. 15. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey. 
Art. 16. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey. 
Art. 17. La potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales reside en los tribunales establecidos por la ley. 
Art. 366. En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles”.



domingo, 11 de marzo de 2012

Gulliver





Gigante  en el país de los enanos, verdadera legión tan gratuita como ingrata  en su  deseo de igualdad. Intención sinuosa por la que mediante la destrucción de  lo bueno lo malo sea igual para todos como único derecho inalienable sobre la faz de la inteligencia. Mientras ellos, unidos siempre ante un simple destello solitario, o ante la diferencia que provoca el placer de serlo sin más se rebelan  recelosos por  tener que ver lo que no desean.

Aferrando su ancla, bien fondeada  en el arenoso  surgidero del tiempo, estos enanos tratan de que nadie los  obligue a cambiar nada de su vida en tantas ocasiones gris sin siquiera tonalidades en tal color. Pues cambiar es reconocer, cambiar es tener que  comenzar, de hacer el esfuerzo cuando tu cuerpo, tu mente, tu forma de mirar ya tiene sus llagas, sus rugosidades, el molde esta ya fundido y bien bruñido entre paños y  tiritas  de realidad. ¿Por qué habrían de lanzarse al complicado mundo en el que para una virada han de comenzar a dar explicaciones? Cuántas veces han criticado a quien lo trató de hacer. Y qué decir del que lo hizo, lo logró y sin querer saberlo  en verdad saben que  sus ojos brillan por sentir  algo desconocido para ellos.

Pasan esos locos como tú, pasados ya de la edad en la que se atraviesan túneles y se combate el tedio por tratar de salir  y no repetir lo que vimos antes de comenzar  a ello. Los observas cuando se  acercan y  desde su altura te miran amables, con sus canas, con sus sonrisas y sus “tonterías”, repletos  de  razones para  seguir. Mientras, los enanos se mantienen en sus trece sin dar el salto pues hace ya tiempo que decidieron cortarse las piernas hasta el punto justo en que los ojos ya no alcancen la vista exterior de su patio enladrillado.

Como viejos notarios designados por la gracia de algún dios menor, como los son todos, se dignan en dictar  juicios sin más juez que ellos mismos como escribientes con firma, para  dejar claro que  al final les llegará la cura de humildad por su fracaso, por tratar de volar desde  los suelos inertes a los cielos omnipresentes que son los sueños de vigilia por los hay que pelear sin prisa  pero con la tenacidad de la ilusión a prueba de incendios. Pero no saben que ese privilegio  es opción abierta y está en la mano de quien lo desea el tomarla y quien así la rechaza no hace más que adelantar su fracaso mientras, marchita, su voluntad dormida va dando paso a la resignación.

Con las llaves  en la mano avanzas, las puertas de tu muralla abiertas para siempre, y crece la altura de tu visión mientras  los enanos tratan como  pueden de atarte al suelo de su propia resignación vestida de experiencia y precaución. Pero tales palabras no han de ser sino parte de las velas del barco que te lleve sin más límites que tus deseos frente a cada situación. Poco a poco, cuando tu altura esté claro que no les dañe y por ello siguen seguros embalsados en sus propias aguas mientras tu nadas rio abajo, es entonces cuando vendrán a ti; aunque sea por alguna cosa que  ellos no sean capaces de  hacer y para ti no sea más que un pequeño empujón en forma de ánimo, de abrazo, de  préstamo a fondo perdido, de techo sin prisa por dejar. Y tú se lo darás, pues no es más que lo que te parece que es de ley. Quizá algún enano  pueda crecer gracias a eso y Gulliver ya no sólo seas tú.

Mientras trataremos de emular tus principios. Tu respeto a unos y a otros. Aunque haya reyes liliputienses que  por una supuesta lealtad te obliguen a hacer daño a ciudadanos inocentes simplemente por ser meros enemigos de él. Como   cuando quiso este esclavizar a los blefuscucianos y por negarte pasaste de héroe a traidor. Ni una cosa ni la otra, tan solo eras tú, Gulliver. Pero eso los enanos en su miopía nunca lo podrían entender…

Para Diego y Hernán, Gigantes presentes y futuros






lunes, 5 de marzo de 2012

Tronos, Juegos y Ambición



¿Dónde está el trono que cada uno estamos tentados de abordar? Quizá sea algo posible de alcanzar o quizá sea esa estrella tímida o rutilante, que orgullosa y hasta algunas veces soberbia  te olvida cuando cerca de ti pasa, pero tú no, pues tú la deseas. Quisieras alcanzar ese trono para ti tan real como invisible para tu vecino de vida y sufrir. Y luchas por él con denuedo y ambición por  sentarte en él  antes que nadie. Pero nunca es fácil llegar a  él. Muchas veces tu capacidad no da para ello, otras esta ya ocupado, otras  te rechaza justo cuando crees tenerlo en tu mano por mil razones inesperadas, porque otro con el mismo ardor  o mejores armas lo ha tomado al asalto dejándote a las puertas con la cara de tonto incomprendido que se le queda a uno cuando ya lo creía en su poder.

Pero, ¿Qué debes de mantener ante tu trono soñado? ¿Qué debes de aplicar para no perderlo todo en un mal paso que todo lo quema,  como el hisopo cargado de brea que  todo lo prende hasta hacerlo desaparecer? ¿De qué has de protegerte en  el combate sea  este el que sea?

Tenacidad y paciencia en la brega por alcanzarlo, no desfallecer, no abandonar mientras navegas  a bordo de la paciencia por los golpes de ola  vestidas de incompetencia, de trabas conscientes sobre tus pasos, del descrédito  malquerido y armado de mentiras sobre los  señores del trono contra tu caminar. Repleto esta el océano de semejantes dudas cuando  tu tenacidad te empuja a dar la bordada y enfilar el objetivo, bajíos vestidos en malos deseos de quienes son incapaces de aportar pero cargan sus  cañones oxidados de mil y un  falsos argumentos como metralla mortal para hundir tu  bordada. No importa, la tenacidad guardada de la paciencia serán buen blindaje aunque duela y apetezca vomitar fuego sobre tales bajíos.


Ambición  y conciencia en la misma brega. Sin la primera solo quedarán las excusas a verter en cada esquina por no haber dado el paso lanzado que te lleve al trono  buscado. Bendita ambición  como roda partiendo la mar a cada golpe, dividiendo en dos ese océano aceitoso  que se espesa con cada indecisión hasta cerrarse  en espera del rompehielos  vestido de fuerza de voluntad y reabra de nuevo el océano, permitiendo de nuevo  a la ambición probar su verdad. Mientras todo esto voltea la realidad sin ambages por seguir adelante, como dualidad complementaria será la Conciencia cabalgando a su vera la que mantenga  los mil y un posibles movimientos del gris al oscuro cerrados al golpe de timón, preservando de los atajos que  como en los sueños de Don Francisco siempre acaban por alcanzar el mismo lugar donde el mal crepita y por corto  solo se disfruta mientras crepita, algo que es nada y tras la nada solo queda la ceniza a volar por el soplo justiciero del viento en el que la Conciencia se transforma para dispersar ese mal gratuito tan difícil de asumir.

Al final de todo no hay nada, tan solo cuenta el combate y la lucha por lograr  alcanzar el trono de cada uno, vestido de un puesto en lo más alto, de una persona que nos ame o que podamos amar, de un  modo de vida que nos devuelva a los sueños de la infancia, de algo que nos convierta en el rey de nuestra propia creación imaginaria donde todo nos rinde la pleitesía del reconocimiento, ese amable sentimiento de sentirse bien por el mismo hecho de reinar en tu propio reino creado a base de Ambición, Lucha, Entrega, Paciencia, Espera, Tenacidad, pero sobre todo Conciencia en cada paso a dar con la frente limpia, el paso claro y la espalda cubierta, si  esto último el trono solo será una codena más en el verdadero reino que es el  valle profundo de tu corazón.

Mil tronos cayeron antes que el vuestro
abatidos por luchas entre ambiciones tenaces
sobre el palenque de la vida sin créditos ni avales
en el que solo queda  uno como  vencedor sin daño
sobre los restos de quienes  trataron  en vano
por alcanzar ese objeto que ya sin duda es vuestro.







miércoles, 8 de febrero de 2012

La Hoguera


Hoguera donde se queman  entre lenguas de fuego mil y un deseos, la mayoría soñados, muchos de ellos disfrutados con la mirada perdida entre sus  destellos al calor de un buen vaso de vino. Fuego vestido de agujas que destilan minutos hacia  el futuro sin ser capaces de alcanzarlo siempre sobre el presente donde  crepita quemando los momentos  con la determinación del combustible eterno, tanto como el sol al que rodeamos sin detenernos.



Giran las agujas  mientras el fuego  se aviva en su propia hoguera, una chispa  salta como gota de su sangre hirviente y  enferma de pasión contagiando  de su fuerza lo que toca, ardiendo, quemando  y propagando su calor sobre la vegetación seca por no haber encontrado el rio que la mantenga verde, flexible, enhiesta  frente a los vientos y tempestades  que cada día sorprenden   sin dar llamada de su presencia. Tallos ya secos ahora pasto del tiempo en forma de fuego devorador  que los convierte en la imagen deprimente de la derrota por el abandono al viento y la rutina del sol sobre sus pieles.

Refulge la hoguera pasto de los deseos  verdaderos y falsos, vividos por logrados  y en la propia combustión recordados, o añorados sin más que el gusto por poder imaginar en ese instante cómo hubieran sido, cómo los hubieras vivido y, cómo no, dándole el aderezo de tus deseos sobre ese cómo hasta  que  el puro resplandecer de las llamas te envuelven y todo parece real, lo puedes tocar.

Pero el fuego si no se  mira acaba por apagarse, acaba por desaparecer huyendo hacia otras miradas donde aún se respire pasión por la vida, por vivir mientras los recuerdos  imperecederos aviven el fuego sin dolor por saberse  eternos, por saberlos ya simples retazos de lo pasado y vivido para tratar de  aprender, aunque quizá sea esto algo difícil cuando la chispa en una pequeña explosión  en el interior de la hoguera prenda  el ánimo anulando la razón.  

Pero llueve, fuerte, con ganas, sin visos de templar, amainar y retirarse. El fuego despide pequeños esputos de ceniza aún hirviente por la rabia de saberse perdedor ante tamaña venganza del arbitrio convertido en poder divino por incuestionable. La hemorragia gris mezcla de agua con la ceniza comienza a  manar de la raíz de la hoguera mientras se debate entre  chisporroteos que  demuestran las ganas por mantenerse viva frente a los motivos más comunes  vestidos de  conveniencia, falso  honor y  verdadera hipocresía. La llama lucha por vivir entre falsos valores de honradez que solo suponen hundir el brillo en el gris ceniza de la mediocridad del fracaso sempiterno en una sociedad acostumbrada  a las costumbres y lo bien visto.

Un rescoldo aun seco por algún motivo sin  verdadera explicación científica palpita con su leve llama moribunda tratando de mantenerse a pesar de  semejante ofensiva. Su fin ya debería haberse dado pero  el deseo  contra la renuncia a la vida  mantenía viva la llama. Y  fuera por ese deseo en combate latente, o porque la buena suerte está ahí cuando menos se la espera, una sombra inundó de penumbra la  ya de por si umbrosa atmósfera que trataba de ahogar al vehemente deseo vestido de débil llama. Y la lluvia cesó, el calor comenzó a crecer y su propia fuerza, la que le mantuvo  latente, ahora comenzaba a secar  su espacio circundante hasta lograr ver un humo que no lo era, sino el vapor de la lluvia hipócrita que marchaba, huía sin  otra solución ante la  claridad de un deseo sin necesidad de explicación.

El espacio poco a poco se hizo mayor hasta que  la misma ceniza como barro húmedo comenzó a brillar con pequeños puntos  en forma de minúsculas brasas y ya todo el conjunto antes cuasi derrotado era de nuevo la orgullosa hoguera  cargada de los sueños cumplidos y por cumplir del cohy vuomienzo. Los ojos que sobre ella  se volvían recuperaban el brillo perdido y de nuevo  todo volvía a su ser mientras la vida  se consumía esta vez sobre el calor de la hoguera en aquellas latitudes. Mientras, la cobarde hipocresía del “bien estar” huidiza se había establecido sobre otras hogueras, estas si apagadas y sin esperanzas  por pura resignación.

Aún no se qué o quién logró con su leve  cobertura  revivir a la llama moribunda que  agonizaba  en verdadero combate  ante semejantes mesnadas de la mediocre realidad. Quizá fuera la pequeña llama y su deseo, quizá la lluvia se dio cuenta de su  poder y  decidió perdonarle la vida, quizá la piel de alguien se interpuso entre esta y su húmedo verdugo. Aún no  lo sé, pero es algo que ya no importa. La hoguera continúa crepitando. 



lunes, 6 de febrero de 2012

Suspirium


 Suspirar. 

Por tantas cosas, con tantos motivos, por tantos desvelos. La congoja oprimiendo  como costillas  suplentes que no cejan de  expulsar el aire en forma de débil voz ahogada por la felicidad reencontrada, o  por el miedo a la tristeza acampada  entre  pensamientos zarandeados de vientos preocupados.



Cuantas veces suspiramos sin saber lo que sucede, simplemente suspirando mientras el beso  aun grabado en tus labios te  reclama hacia los que te dejaron sin más que un  leve destino  cuando  el sol regrese en tu misma piel. Soñando que la realidad de su brazo a torcer y, postrándose a tus pies, te permita sentir de nuevo lo que puede ya no volver. Suspiras entonces por saber que al menos al siguiente  amanecer podrás sentir sus labios en los tuyos sin otra opción. Suspiro de rabia contenida por  esa realidad maldita con la que es imposible combatir. Desde luego  este es el verdadero suspiro,  con el que todos suspiramos como deseo a veces inalcanzable. Pero cuando suspiramos por estos suspiros, entonces ¿cómo son estos suspiros? Pues esta claro que ya no son del tipo de los que acabo de describir.

Son esos suspiros los de la escasez, los de la nostalgia, los del deseo  por lo inalcanzable, por lo perdido sin mapa  de retorno. Donde lo que queda es ir dejando a  esas costillas inventadas que bombeen el aire y lo dejen diluir entre la  atmósfera para que desaparezca el recuerdo mientras el alma  derrotada se libera lentamente de semejante peso en forma de derrota consentida, o de la pérdida sin retorno ni culpa. Suspiros que duelen sin daño mientras  ya nada se espera, sino que solo se desea que pase  lo pasado. Mientras, este lucha y se resiste en tu interior aferrado a tus propias vísceras donde se corrompen los sentidos y la vida se nubla en la fábrica de anónimas flechas tratando inútilmente de alcanzar a dañar lo irreparable sin éxito, para siempre.

Suspirar por lo que vendrá como deseo de lo que vives de forma plena  pero por semejante forma siempre escasa en tiempo.  Suspiros versus intensidad. Cuanta más intensidad mayor será tu forma de suspirar cuando esta desaparezca por añorar tal vehemencia, por desear volver a sentirse  abordado por  la felicidad en su leve tacto. Intensidad de los sentimientos de bien que te harán suspirar por  volver a ellos cuanto antes, sabedor que no  te han dejado, que solo ha  estallado una escala de tiempo hasta que sus cascotes en forma de besos, de abrazos, de  pedaladas mientras ríes a 30 por hora, de historias y cuentos  que te permiten encontrar el santo Grial mientras  el sueño te alcanza entre sábanas, caigan todos ellos formando la carretera que te devuelven a ellos.

Suspiros de  dolor que te ayudarán a  salir del atolladero en el que por un mal rayo, por un olvido continuado hacia quien ahora suspiras, por un error en el momento más inoportuno, por la  derrota sufrida de forma inesperada pero que a todos nos espera sin fecha y que puede clavarse como una daga traidora en el momento más inesperado. Suspiros que  liberarán el dolor y lo dejarán marchar a pequeños golpes de aliento y suave voz mientras el duelo poco a poco va dejando de oscurecer el día a día para devolver la luz a su sentido y tras este lleguen los brillos  con la meta de  alcanzar  a crear la esperanza previa a la felicidad en pequeñas dosis, nunca total pues está claro que semejante explosión  sería letal para nuestras pequeñas almas.

Suspirar es la verdadera  prueba de que  estarás vivo porque estarás sintiendo en cualquier dirección sin tapujos y con tu mochila cada vez más libre de cargas por liberarse sin necesidad de  esconder tu dolor entre  anónimos silencios  cuando el dolor te  aturde y sin necesidad de romper con todo por recobrar tu felicidad cuando sabes que está ahí y solo has de dejar a Cronos y  su aliada  la Realidad que dejen paso a la siguiente escala en tu derecho a la felicidad.

Suspirar, mientras el mundo gira sin detenerse ni  contemplarte por si te duele o si te place. No esperes a que se detenga, a que te abran la puerta o a que la bandera te de la salida, a que te perdonen o a que te bendigan. Solo estas tú con tu propio corazón  y será este el que al fin tenga su última palabra sin remedio.


¡¡¡Suspira!!!
 (3)

domingo, 29 de enero de 2012

This is the end






A veces parece imposible creer que lo que se dice. A veces las palabras que salen de uno parecieran tratar de volver a guardarse, pero salen y se impregnan  de realidad. Quedan en su casilla, se plantan como ese caballo que amenaza el centro del tablero  y tras su salto ya es imposible retornarlo a su antigua posición. Quizá  el movimiento haya sido un suicidio, quizá era eso lo que habría de hacerse precisamente. Pero quizá de esa manera la partida vital se torne  asumible para quien la juega y, gastado, no puede imaginar otras situaciones en el tablero después de bastantes jugadas del pasado en las que como es normal la derrota es la que siempre acaba por mostrarse  amenazante sobre  el propio rey de la conciencia que es el que tratas de defender.

A veces el final es lo que deseas porque es lo más sencillo para poder volver a empezar y  evitar en la nueva partida no cometer los mismos errores, sabedor, porque es así, que en la partida habrá otro jugador enfrente con el planteamiento distinto al anterior y por ello los errores seguramente volverán a surgir. Pero crees que esta vez no  será tan duro, que no te golpeará donde ya te duele sin más porque crees saber de qué va esto. Pero el golpe, aunque sea una caricia te abre la herida y  todo se derrumba sin sentido.

El silencio te agarrota sin poder gritarle, sin saber cómo enmendar lo que se rompe sin más. La asfixia en el ambiente sofocante del fracaso propio se pega a tu piel como una lápida sin nombre que ya no se separará de ti, como la marca del grillete del galeote liberado a quien se señalará en cada lugar a pesar de ser hombre libre, pues el daño ya está hecho. Un daño que solo acaba por provocar dolor en los que le rodean. Por eso lo que queda es alejarse para no  provocar el mal propio entre los demás.

Tumbar tu rey y salir apresurado del combate, tratar de  desaparecer del lugar y buscar un acomodo como espectador de otros combates donde poder  opinar sin riesgo, donde apoyar o no a quien consideres, sin jugar tu el  momento de la verdad. Sabes que no lo hay pues está dentro de ti todo el bien y el mal con el que jugar la partida vital  en la que la derrota es la misma para todos. Solo existen  movimientos y  errores que decantarán  el acierto y la salud de tu conciencia o el desánimo y el temor sobre ella. Pero la partida sigue mientras cada pieza implacable  solo hará lo que uno  le  conmine.

Es el final, siempre es el final, cada segundo en un instante final, aunque a veces  son infinitos segundos los que unidos marcan el final en mayúsculas y todo parece haber terminado sin lugar, sin fecha, sin gloria. Algo que  acaba complicando a almas gemelas,  a las que devolverles su verdad y su  independencia es el deseo y sin embargo parece imposible no arrastrarlos con la partida de forma inmerecida.











miércoles, 4 de enero de 2012

Mar, Pasión y Fe. (3)


Todo lo mejor que arrulle un corazón,
que lo agote sin esperas,
sin lámparas encendidas bajo un sol,
donde la justicia se hunda sin remisión
por no poder controlar la lluvia hirviente
de  mil y un besos sobre tu frente
como la entera piel de la que  soy sirviente.

Teniente, tras lo gris arde la luz.


Lo sabes sin  encontrarte  bajo las nubes de ese pelo
flameante, retador  frente al viento de la desesperación
mientras caminan tus pasos sobre esa orilla
como  frontera, donde  cruzar es no  volver .
Velando dejas correr el tiempo por la espera sin recelo
sin la ira  sobre el que ama en el silencio de tu interna capilla,
donde la lluvia ya no cesa sin  tus brazos
cercando ese alma como toldilla de nave en zozobra
protegiéndola  mientras la risa  abandona todo
por perseguir  decidida tu eterna sonrisa.

Es cierto  todo pues  de un golpe  he varado
sobre esta playa de piedra disuelta en arena
como vieja historia de corrientes sin nombre
donde soplan vientos encadenados por  los golpes de olas
que lanzan mi alma mezclada entre su agua y sal
hacia tus ojos dibujados en  la mar tendida por lo lejano
sin importar su  raíz, la fuente de donde  mana tu ser.
Ojos que  sin miedo  descansan suaves tras su viaje
hasta besar en calma la quilla gastada de  este pequeño esquife
que solo desea paz donde descansar sin más  con el mar y tu pasión como única fe.





viernes, 30 de diciembre de 2011

Recalada antes de volver a Empezar







De recalada entre los tiempos como mares largo el ferro entre los brazos protectores  que dibujan una rada imaginaria. Fondeo  breve para volver a  vibrar en plena cuesta  de enero como vieja condena rutinaria de este mudo reino del consumo. Se acaba el tiempo cíclico  de  periplo  sobre el sol. Un año  en el que del otoño hemos pasado a primavera, de esta al verano y a primavera sin que el  crudo invierno lograra un resquicio de  victoria a pesar de tantas batallas presentadas en sendos frentes de diferentes pelajes, todos librados con mayor o menor gloria, siempre con el presente como moneda de avance.

Doblamos el Cabo de la Esperanza  con la carta  de navegación por dibujar al fin, tras  lanzar por la borda la carta tantas veces garabateada, agujereada por el compás de puntas  sin encontrar el buen rumbo. Carta limpia de derrotas y abatimientos, como si hubiéramos salido de la escuela  en el mismo momento de dejar tan difícil cabo por la aleta de babor. Incertidumbre cargada de esperanza por no saber, por no  tener siquiera idea de lo que   pudiera aparecer a proa. Y poco a poco fueron apareciendo luces con sus sombras, misteriosas unas, ilegibles otras, algunas claras como el agua, otras enrevesadas  con cierto deje de  arteros modos que a cada milla recorrida como día vivido más difusos y faltos de efecto acababan por desparecer a cada golpe de ola.

Grises fueron los tonos al doblar aquel cabo para cambiar gradualmente su color  hasta tomar la fuerza de la pura pasión escondida tanto tiempo entre los pliegues creados bajo este  gastado corazón. Recuperada mi chica de hierro a la que abandonada tuve  y al fin reencontré, con la que la carretera ha vuelto a ser un lugar de  encuentro con el viento cuando no hay mar por avante.  Rueda, pedal y asfalto por el que sentirse libre, alegre y dispuesto a abrazar a quien  antes de salir igual tan solo merecía un “buenos días”.

Y qué decir de quien como mi hermana   siento ya del todo recuperada casi sin esfuerzo alguno, pues quien fue como ella, es, quien es como ella, será y es que ella es de otra pasta.  No olvidaré nunca las escalas de aquellos dos días entre las carreteras recorridas de nuevo como lo fueron durante  la adolescencia entre San Sebastián, Lekeitio y Bilbao donde los amores (no muchos), los  misterios (tantos) se convirtieron en pequeñas historias reencontradas en  familia con Amaia y Gari. Veinte años no son nada y a fe mía que así me pareció tal fin de semana.

 Pero no todo fueron buenos vientos que dieran alas a este corazón expectante por lo que encontrar. Un lingote de platino, de ojos   y mirada limpia,  acicate para quienes  a su lado tuvieran; una mujer en toda la expresión de su palabra, con su sentimiento  puesto en todo lo que de verdad amaba, alguien que unía y daba vida a quien  de tal cosa  muchas veces  le podría faltar. Ese diamante nos dejó como era ella, de forma sencilla, sin molestar, humilde y sin llamar para despedirse, quizá porque  aún no se ha ido, porque  parece que sigue aquí, regalando sus deseos de bien. Sé que por aquí sigues, no te veo pero te siento en muchos lugares y  junto a Alejandro he dado de baja a mis ángeles de la guarda por saberos bien cerca a  vosotros, ya no puedo quereros pero  si que puedo recordaros en tantas cosas por las que me encuentro, algunas cargadas de salitre, otras de sonrisas plenas a punto de estallar  en risa sin freno.



Sueños que han ido formándose en puras realidades alrededor de valores absolutos como mi señora del rayo, que bien sabe ella que lo es, valerosa y con  el espíritu enorme  en generosidad, en lealtad, en verdad, solo falto de un  golpe de  viento que la haga volar como de verdad merece. Estuvo allí, está aquí y sé que siempre estará donde lo necesite. Faro sobre  el que poder tomar referencia de tantas cosas, luz verdadera  sin vuelta encontrada a la que respetar y sentir como un verdadero honor su  amistad hacia  este que orgulloso lo escribe.



Un personaje he de decir aquí, teniente a más señas de la Real Armada en mi mundo paralelo, verdadero también ha sido y lo está siendo aunque en su realidad  sea más bien capitán de un pequeño barco de orgulloso nombre por llevar el de su propia sangre, “Santa Olaya”. Segis, otro  amigo  convertido a mayores si cabe en  este año de duras situaciones en lo personal y a veces en lo laboral para ambos. Situaciones que juntos estamos aprendiendo que se sale si se  mantiene la calma mientras golpea el temporal, ya sea este de  puro desamor o  de gratuito  soportar a mediocres al mando de  lo que cualquiera que lo pretenda tiene claro  que no están preparados. Siempre nos quedarán los vaivenes de la mar tendida del noroeste entre Luarca y Candás y quién sabe si mi Holandés  supera a tu Santa Olaya en un buen vendaval.

Pero este año que tanto me ha dado no parece terminar de tal guisa pues   entre sus broches de oro quizá  logremos encontrar cubierta propia para este aprendiz de capitán y sus dos tenientes, las dos joyas, serenas  en el tiempo sereno, pero cargadas de pasión por lo que   se vive como ilusión. Pintar la patente, reparar las drizas,  restaurar los camarotes, colocar las luces de babor y estribor, juntos, en medio de historias, risas, sonrisas y planes sin fin. Hernán, Diego, este aprendiz y “El Holandés”  como cuarteto letal, verdaderos corsarios sin patente real  con que sembrar el terror por los mares del golfo de Vizcaya mientras buscan  tres princesas que secuestrar y encerrar en  sus respectivos corazones.










Murió el pasado ciclo con la incertidumbre cargada de esperanza, muere este  de la misma forma pues estamos vivos y con ganas de  seguir descubriendo segundos, minutos y horas de nuevas sensaciones cargadas de las mismas historias que no son otras que disfrutar del presente para ganar el futuro, peleando, sufriendo, riendo y perdiendo, que al final es la única forma de ganarle  al tiempo sus dorados hilos, escasos filamentos de felicidad.

 Solo quería compartir esto con muchos de los que aquí están y todos los demás que no he podido  dibujar pero que siento, daros las gracias por ser y estar, por permanecer y por saber que  así  siempre lo harán.

Solo os deseo a todos incertidumbres cargadas de esperanzas por las que batirse el cobre  hasta llegar al límite, donde si logras llegar  esta claro que habrá otro a mas andar.


FELICIDADES y GRACIAS POR TODO


miércoles, 28 de diciembre de 2011

No habrá montaña mas alta... (129)


…la oscuridad del local y  los clientes ruidosos entre mujeres de mil bordos y viradas que fomentaban el bullicioso ambiente permitió a Luis Peláez y al Teniente Cefontes  mantener la conversación con la debida  intimidad  y sin riesgos a malas lenguas que los espiaran.

-          Mi teniente, las dos damas no son de mejor catadura que las que por aquí  ya sentís, aunque estoy seguro que de tal cosas vos estaréis bragado y no he de  descubriros semejante hallazgo.  En los saraos a los que van, siempre van con el Vizconde de Azcárraga, título que he logrado por varios conductos saber que no existe en las cristianas tierras de nuestro rey católico. Hasta aquí nada que no suceda en cuatro de  cada cinco títulos  que con ardorosas ínfulas  alardea tanto petimetre   rodeado de damas  en  caza de  buen partido. Al parecer este hombre es dueño de la compañía  de importación y exportación de paños Marcos & Ferrero. Tiene un pequeño almacén en Chipiona, lugar extraño para esto y un pequeño tinglado en el puerto, muy cerca de aquí con el nombre en su entrada de Textiles Ferrero. No se observa mucho  movimiento en ese almacén por lo que me cuentan. Al parecer tiene  representantes en París y Amberes, pero sus movimientos en la Casa de Contratación son de poca monta para el nivel que  representan con ese  despliegue internacional. Como comprenderéis  tal cosa no me huele bien.
-          ¿Queréis decir que puede que sus intereses quizá vayan por otros derroteros?
-     Pues sí. Supongo que sabéis que desde  que nuestro Rey está reforzando nuestra armada y recobrando el poderío que  habíamos perdido  las posibilidades de comercio de esos britanos en nuestros dominios son cada vez menores, nuestra armada de barlovento cada vez apresa mas  naves  britanas en el  Caribe y  los comerciantes ingleses presionan mas cada día que pasa al gobierno inglés mientras sus beneficios menguan para romper con el tratado que tan solo les permite un navío legal al año con el que comerciar mientras sus contrabandistas lo tienen cada vez más difícil. Malditos sean ellos y sus hipócritas leyes, que bien se nutren por el viejo tratado del comercio de negros a costa de la vida de estos y nuestra riqueza.  Pero como os digo, la tensión poco a poco va incrementándose entre nuestros gobiernos, algo que seguro pone nuestra  villa en su objetivo como núcleo del comercio con  América y con ello la necesidad de información militar y comercial.
-          ¡¿Ese  simple  un espía?! Luis, el cazalla os ha destruido el cerebro.
-      Pues eso,  mi teniente. Los mas indolentes desde fuera son quienes mejor se infiltran. Creo que aunque vuestras razones fueran las de la leal amistad y la protección a un amigo, algo que sin duda os honra como hombre y caballero, creo que ahora esto supera tal  honrosa razón para ser una cuestión de  lealtad a nuestro Rey y salvaguarda de nuestra nación. Sin renunciar a vuestro ofrecimiento de compensación que ya en el futuro os  demandaré, creo que debemos descubrir  lo que  se cuece sin demora. Os propongo que  sin perder de vista  a vuestro amigo por ser tal guardemos esto en el más rotundo secreto y cacemos al vizconde para  triunfo de nuestro rey y regocijo de nuestros bolsillos.

Sin pestañear, el teniente Cefontes no sabía si golpear a ese  abyecto personaje o  estrechar su sudorosa mano. Su amigo y lo que acababa de escuchar le convenció por lo segundo.

-          Estoy con lo que  proponéis aunque me quedo únicamente con la defensa de mi reino y de mi amigo, lo demás es cosa vuestra e incluso  una buena compensación por mi parte llegado el caso.

No gustó esto último al escribiente, pero se contuvo

-          Muy bien, teniente asi será, si así lo deseáis.

Horas antes, Daniel Fueyo con la furia de quien  ama en medio del asedio por la incomprensión, había salido capaz de matar a quien se pudiera delante de su camino.  Quemando las  varas de distancia entre la Alameda y  el baluarte de Santa Catalina cuando la calma acudió en su ayuda poco a poco fue  olvidando lo que no deseaba recordar. Se sentó sobre uno de los bancos en los que dominaba la sombra  y se puso a escribir una nota  de forma apresurada, aunque algo interrumpida por su inseguirdad ante lo que debía decir hacía Dora MacLeod. Al fin,  llamó a un zagal que por allí corría sin más acierto que el de seguir  a los militares que por allí circulaban.

-          Diga señor.
-          ¿Quieres ganarte algo, zagal?
-          ¡¿Qué he de hacer, Señor?!
-          Lleva esta nota y entrégala en la mano de una Dama de cabellos rubios que vive en aquél portal. Solo habrás de entregársela a ella y esperar su respuesta. Cuando regreses te daré el doble de lo que doy. ¿Al punto?
-          ¡Como las balas, señor!

Como bala rasa entró  veloz el niño en el portal seguido  a prudente distancia de la mirada de Daniel Fueyo. La dama estaba en su casa y leyó la nota  arrugada de Daniel.
“Dora, os echo de menos, os deseo ver  cuanto antes. Si tuvierais a bien  os espero en  junto al baluarte de Santa Catalina. Vuestro, Daniel”

El zagal con la contestación salió como  toro de toriles buscando su recompensa con la respuesta de la dama.  Algo que recibió con mil genuflexiones y postreros saltos de alegría por no verse con  tanto dinero  en su corta existencia.

-          ¿Y bien?
-     ¡Señor, la dama  espera encontraros con vuestra merced en media hora escasa donde habéis indicado!

Media hora como medio siglo  de espera. Parecía sentirse observado por todo lo que   tuviera o aparentase vida a su alrededor, ya fuera  la guardia, los paseantes, el mismo sol apretando  el calor de junio. No pasaban los minutos,  todo parecía detenerse, tal que  mar  en calma y sin viento con el enemigo a batir a  la vista y sin alcance. Nada más  enervante que desear algo de lo que uno no tiene el poder ni los resortes para lograr y sólo le quede  esperar.

Al fin el brillo  del sol se reflejó en su silueta al salir de su portal.  Caminaron lo justo para  poder encontrase a la luz del día si  despertar rumores ni sospechas y  comenzar así un paseo al rumor del viento de levante mientras las sombras del paseo de la Alameda  los refrescaban en su ardor escondido…





lunes, 26 de diciembre de 2011

No habrá montaña mas alta... (128)


…Doña Ana  ya lo esperaba abaluartada  tras sus mejores trajes ya algo marchitos como su mirada entre seca y que a duras penas ocultaba  sus tristezas en su fondo. La  gloriosa dama de otros tiempos se había topado sin esperarlo  con una  singladura  de posible pasión artificiada, pero pasión al fin y al cabo, en aquél teniente joven y estaba dispuesta a  dar  la orden de abordaje a todos  los poros de su piel  en la menor oportunidad que sus  anquilosados garfios la dieran razón a ello.

-          Buenas tardes tenga vuestra señoría, Doña Ana. ¿Habrá un jerez para este teniente?
-          Buenas tenga vos, mi teniente. No habrá uno, sino dos que la fonda queda cerrada para parlamento  entre vos y esta dama que  algo os debe  pues   así se había comprometido.

La actitud de Doña Ana por imaginada no  dejó de sorprender a Segisfredo que bien está definido todo  en la frase  sobre el amor y la guerra donde todo está permitido.  El abordaje se planteaba de manera y forma inminente y Cefontes si algo tenía claro  era que a todo estaba dispuesto si lograba  su objetivo  en pos de la  seguridad de su amigo. Mechas retardadas ya prendidas y listas para  aquél combate. Un sorbo de jerez fino y fresco era lo que daba salida

-          ¿Y bien, mi señora? ¿Habéis encontrado algo digno de mención sobre ese trío al que os pedí información?
-          Pues algo tengo y si me permitís os lo relato. Sobre las dos damas en cuestión, deciros que nadie en realidad las conoce mucho. Solo que viven juntas en una casa de dos plantas  muy cerca de la puerta de la Caleta. Tiene su casa alquilada para todo el año a Doña Manuela Ginés, vieja amiga de mi vecina Dolores que  a punto esta de morirse del reuma y…
-          ¡Bueno, vale de reumas y Dolores y al grano… mi reina!
-          Perdón, teniente pero   siempre trato de ser lo más  completa en mis compromisos con quienes  lo merecen como vos. Si me permitís continuaré.

Otro sorbo  lento y sin esfuerzo un poco más cerca de Segisfredo

-          Lo que os digo, Teniente. Las dos  damas parecen irlandesas refugiadas de los britanos, aunque nadie sabe cómo llegaron a Cádiz ya hace más de  un año. Solo se sabe que ese, al parecer hidalgo y futuro Vizconde de Azcárraga, las apadrina en todos los saraos, que como sabéis muchos son en esta villa de tanto comerciante.  Mas aparte de todo eso no  se las conoce de nada.
-          ¿Y del futuro vizconde?
-          ¡Ah! Don Alfonso de Marcos. Otro personaje del que en realidad  tampoco se sabe gran cosa sobre su origen. Al parecer  desde su entorno se dice que procede de una familia de  noble ascendencia en las tierras del norte del reino, pero  como os podréis imaginar en esta ciudad lo que prima en estos tiempos de bonanza  son los caudales y sus beneficios. Pues si alguna villa del reino de nuestro señor, Don Felipe,  valora  el progreso sobre la sangre es esta y a nadie se  le plantean problemas de nobleza si acarrea en sus  tratos riqueza, y este es el caso de Don Alfonso que  dirige su  firma de  comercio e importación de paños europeos.  Volviendo al trío en su unidad, solo puedo deciros que  salvo cuando una de ellas encuentra amorío o cortejo  a la vista, siempre  acuden en coyunda. Dadme alguna razón más para buscar y os prometo mas de lo que ya os dí, mi teniente…

Segisfredo se quedó con todo lo que le fue contando al mismo tiempo que trataba de no romper aquella
fuente de información aún, según su parecer, sin explotar del todo; tenía que dar sin darlo todo  por  no
desear hacerlo y por mantener la cuerda tensa. La miró, encontrando una dama ya entrada en la
cuarentena, flor de pétalos por no caídos ya hirsutos y de artificioso brillo, mujer que  no desmereciera
para quién por algo ese quien sintiera, mas no él. Aún así  tenía más deseo de información que reparos y
sin mediar a la vista de nadie  abrazó a esta  besando de la forma menos intensa posible sus labios.

-          Caramba, te… teniente. No pensé que esta pobre información calase de tal guisa sobre vuestro ánimo.
-          Perdonad mi atrevimiento, señora. Más sería este con vos, pero he de encontrar mas datos y esta noche he concertado cita con alguien que  quizá también me de algo de interés sobre  este trío misterioso
-          Mientras sea hombre os fío en la espera por vuestro ánimo.
-          Lo es, mi señora. Seguid en la búsqueda que volveré a veros.
-          Asi lo espero, mi teniente

Con una sonrisa en  el rostro de Doña Ana, fruto de una fugaz ilusión recobrada de la que seguro no deseaba bajo ningún concepto aferrar sus velas Segisfredo se despidió ágil, no se sabe si por abandonar el campo de batalla o por cumplir con la cita en la Fonda “El tuerto” cerca del puerto, en el barrio de la Merced.

A la hora convenida, con la noche y la hora de cenar en coincidente compás sobre ambos, Luis Peláez y Segisfredo Cefontes se encontraron en  la barra grasienta de “El Tuerto”. Humo de tabaco tratando de disimular los olores humanos que emanaba aquél garito poco ventilado y peor iluminado los permitió sentarse en una  mesa de tosca fábrica que se pegaba a la pared  seguramente mal encalada, aunque en aquella oscuridad poco importaba. Del vino pasaron   al cazalla, más propio de la hora y el lugar.

-          Mi teniente, no ha sido fácil sacar información sobre vuestros intereses, pero sabéis como yo que  los favores dados en momentos verdaderos  y no cobrados con premura alcanzan valores más propios de imperio si se dejan decantar. Eso y el dinero que todo lo hace florecer ha logrado  que alcancemos un mínimo éxito entre  tanto  obstáculo. Pero no me andaré con más rodeos teniente que incluso a mi me han sorprendido estas cosas y  de ello habremos de hablar tras  el relato oportuno…