lunes, 21 de mayo de 2012

Pólvora del Rey






Agua de la Mar, sincera, helada,
sal milenaria en su seno enredada
escurriéndose burlona entre mis dedos
mientras se diluyen sus dibujos
entre cada pálpito sin gobierno
empujando sin frenos ni razones
al viejo músculo yerto de nubarrones
por el que ruge mientras te siente al rozarte.

Pólvora regia sobre el alma de su cañón
aturdido bajo tu violenta pasión
que al grito de fuego, golpea vibrante el cañón
tal que este corazón, mutilado y furioso;
mientras retrocede receloso
sin encontrar en mil años la explicación.



El asedio mantiene sin remedio el infierno
que es el Desengaño hurtando de los muros la risa
ante lo que tú demuestras serena y leve sonrisa
que es tu Viento desplazando las dunas de la pena
por ver lo visto sin vivir lo vivido
para sin tenerte haberte encontrado
bajo una ola de arena esquiva, cobarde,
sin la espuma que arde sobre tu mar,
sobre el alma del cañón que vomita tu pólvora.

Mil deseos  en mesnadas desde mis muros ya cargan
sobre las lumbres vestidas en huestes de añagazas,
destellos de maldades comandadas por el viejo engaño
de su rey el Miedo y su Maestre, el  curtido Desengaño.

A sangre y fuego de tu pura pólvora
barren mis tercios sin piedad al monarca y su maestre
por alcanzar tu estrella
o encontrar en vida mi muerte sin más huella.  

A la pura pólvora del Rey




lunes, 7 de mayo de 2012

De las Dunas y el Desierto



Incluso las dunas del desierto infinito  se desplazan para mantenerlo perenne en su inmensidad, en su agreste belleza y crueldad para quien lo desafía sin dudas ni contemplaciones. Quizá sea así esta sociedad en la que  me he encontrado  por el azar del Destino. Un desierto en el que las estaciones, los cambios en la política, las revoluciones se parecen a esas dunas dando la sensación de cambio, de desplazamiento, para que todo se mantenga como tiempo atrás  lo habías percibido ya.

Si por un poder imposible fueras capaz a vislumbrar el inmenso mar de arena desde alguna almena imaginaria que  rozase el sol que deslumbra, quizá ya uno se hubiera dado cuenta que  todo permanece y los cambios solo son  pequeñas arrugas falsas sobre la eterna juventud de la realidad que  se ríe por nuestro bisoño concepto del poder.



Hace casi treinta años la vida en España comenzaba a abrir sus poros en una sociedad impermeable durante los anteriores cuarenta a cualquier atisbo de libertad que no fuera una concesión, algo que ya la invalidaba como tal. Y  esta sociedad creyéndose como esa duna que todo lo puede a fuerza de la unión de sus granos  empujados por el viento de la libertad creyó darse unas leyes y un sistema que  convirtiera el desierto vivido de oscura ceguera religiosa y moral por algo abierto a lo que viniera sin  más límite que el respeto por el que se cruza en tu viaje.


Pero tras esos treinta años escasos las canciones que escuchaba de imberbe adolescente al volver a escucharlas  me demostraron su vigencia a pesar de  las leyes y los logros  “dados” en teoría por nosotros como pueblo para, por lo que percibo acabar por  llevarlas a la obsolescencia. Letras como “Banqueros, unos ladrones, sin palancas y de día, políticos estafadores, juegan a vivir de ti”, “ellos dicen mierda, y nosotros amén”, “señores diputados, la situación es extremadamente grave, debemos hacer un consenso para meterlo dentro un marco, ¡qué monada!...”, no han perdido su vigencia tras  tres décadas.


Y como bien dice Evaristo, su  voz, tan viva como cuando  rompió  con su “Salve”, la vida sigue su curso y no hay pasado ni futuro, sólo presente que nos permita  vivir sobre la duna y tratar de domarla aunque nunca sea  posible lograrlo. Hoy es el futuro, saltemos sobre toda esta bazofia vestida de  honradez democrática que solo es la tapadera  agónica de sus propios intereses sobre los que incluso ellos se ven  ya medio desnudos por su propia incompetencia y nuestra culpable dejadez.    


Las dunas seguirán desplazándose, algunas veces a nuestro gusto otras nos devorarán  por vientos crueles  e impíos con la sociedad que  incluso acaben ahogándonos, pero si algo debemos de tener claro es que ellos no son nada, no son la justicia aunque se arroguen eso por algún nombramiento de otros como ellos, o te detengan por incumplir con lo que está escrito por sus propias  mentes interesadas en mantener el  “statu quo” que los ha dejado vivir así durante tantas centurias. Unas veces ha sido la cruz o la media luna la que  ha empujado y azuzado por la ignorancia a morir por sus intereses guardados tras ellos, otras la patria como concepto falso de comunidad, tantas veces  la crisis en la que hay que   clavar las rodillas  en la miseria de saberse derrotado sin en realidad estarlo, pues son ellos los que deben  mas por ser lo  que han llevado las riendas.

Lo primero es ser conscientes de que ellos no podrán engañarnos, lo demás llegará después. Solo pretender perpetuar lo que ya no tiene futuro, este desierto ya está sin arena y las dunas no significan nada.   Vivimos en un planeta agónico que ya no permite mas crisis falsas, solo aceptará que reconozcamos la crisis de nuestra impotencia y nuestro propósito de  acabar con las viejas formas.  Los que nos pretender llevar nos son más que marionetas de su propio suicidio, no  les debemos nada, nos lo deben todo incluido el sueldo que ellos mismos se suben cada año.

Nuestro planeta es soberano y acabará por  echarnos si nos  cambiamos nuestro concepto de consumo y eterno crecimiento  a costa de su naturaleza por el mero hecho de ser más. ¿Para cuándo  el fin del   religioso “creced y mutiplicaos”? ¿Para cuándo los ciudadanos por los ciudadanos? Ni patrias ni banderas que solo benefician a unos pocos.


Esta crisis tiene que  ser la mutación verdadera  donde no olvidar las razones por las que  llegó esta y las  anteriores económicas, bélicas, coloniales y tantas más; hechos en los que los mismos con otras caras y trajes a la moda correspondiente   a cada época continuaron beneficiándose mientras nosotros y nuestros  antepasados hundieron sus sueños en el barro de la impotencia.



Hoy es el futuro... para todos

jueves, 26 de abril de 2012

Y regresaron...




Caminando  sobre aceras solitarias
buscando las musas
sin encontrarme con las prisas,
evitando las sempiternas pausas
fue un viejo guante de piel el que me golpeó.

Brillaba volante el rayo de su mirada
mientras borraba las sombras,
inoperantes por ocultar  sonrisas
en el intermedio de la tontuna por una indecisión.



Y allí estaban, no habían zarpado:
barcos escondidos tras las hojas de mil libros,
secos en sus cierres, ocultos pero expectantes,
por ser abiertos, por ser descubiertos de entre sus páginas
donde inundar mi alma desde sus amuras
 entonces empapadas frente a mil y una batallas,
donde  espalda con espalda sus camaradas
afrentan duelos, apuntan cañones
vomitando andanadas
por vivir sin trampas
 fuera y dentro de sus renglones.

Feliz reencuentro, enorme el momento
Leñanza, Jack, Churruca, Peral, Suleimán
y tantos más siguen pacientes su espera
por dar  su versión de la pasión sobre la vida imaginada.
Mientras fuera la rutina se diluye anodina
por su propia, insalubre y defensiva sordina,
mi alma ya navega de nuevo entre pólvora y cañón,
renglón a renglón…






miércoles, 4 de abril de 2012

De faros y mares (II)




Ya avistamos la  luz en forma de propia cadencia que nos  dio la razón por la que se parten los mares, por la que se vive sin vivir tantas veces. Alcanzar algo que en breve se habrá de abandonar. Sin embargo la felicidad por el logro alcanzado, la meta, el  roce con la solidez, la estable permanencia de la tierra sobre su lugar sin ambages, sobre la que aún extraño te encontrarás triunfante y siquiera libre un poco tras  tanto tiempo sobre tu propia libertad encadenada al inmenso océano que es la vida sin límites,  esa felicidad de la que ya eres consciente sabes que  será corta y  por  inolvidable  la deseas porque la dejarás para volver a  buscar de nuevo lo mismo sin otra solución humana.

Faro de Torres, Gijón
El faro te avisó, tu corazón palpita ya mientras el olor   que el terral te lleva hace que  los pulmones  no deseen otra cosa mientras la sonrisa entre tus  hermanos  no pide nada más, quizá una cerveza apoyado  sobre la banda que mira la línea de costa al oscurecer libres de guardia.  Las luces de lo que “allí hay” te incitan a pensar en las vidas que  dibujan sus brillos constantes mientras otro destello este  ya de no tanto alcance llama tu atención. Lo ves allí, elevado  sobre el acantilado ocultando el brazo de piedras y hormigón que promete calma y descanso.

Luz que previene de lo bueno que es una rada donde tomar respiro, donde largar el ferro o amarrar firme a los norays  ahítos de cabos con mil dueños. Luz que previene de  su fielato por  lo bueno. Acompañada de sus pequeñas hijas en rojo y verde marcando las normas si así deseas recalar entre sus brazos serenos.  Donde habrás de renunciar a marcar el rumbo  frente a la furia del mar y aceptar su ley  por la calma a ganar. Donde sí  una vez decides  aproar a su  destello sabrás que abandonar desde ese instante el rumbo significa zozobrar.

Mientras, con la cerveza observas como  va virando  tu nave y cada vez de forma mas suave  aproxima su proa   para dejar por estribor el orgulloso faro que, desde su pedestal de roca cortante, nos permite  el paso  cual señor de su castillo nocturno. Tu nave vibra, no es su forma natural, no abre espuma sobre mares sin esquinas, ahora debe de contener su fuerza para  lograr  atravesar el  angosto paso marcado por las hijas de este en colores  rojo y verde y eso lo hace sufrir y temblar  la cubierta de acero sobre tus propios pies. Los deseos, las ganas de ver se  confunden en sonrisas de corta duración. La maniobra se acerca, las maquinillas ya con vapor vivo  esperan  para aferrar el  corazón libre a su prisión temporal consentida.  Dos pequeños esclavos de la tierra, sin más orgullo de falso contenido como es el que  sean los  que empujen tu nave aparecen y tratan de contener el impulso innato de libertad para  encajarte sobre un muelle.

El olor a  hierro, a crudo, a agua dulce manchada de mineral y maltratada por las rodaduras te demuestra que ya  has regresado. El viento sopla más débil que hace seis horas cuando ya avistabas el puerto y la cima donde el faro imponía su  derrota. Huele a tierra y el frescor no es el mismo, pero  deseas tenerlo entre tus pulmones por un tiempo sin compromisos, sin promesas, como una gota de  la mar infinita  sobre la que vives.

Viejo Faro de Cabo Blanco, Nohuadibou
“Listo de máquinas”, “listo de papeles”, toca salir y descubrir si las arenas del desierto que has ido observando son tan finas como parecían a bordo desde la lejanía, si los destellos de los semáforos o el tráfico que se adivinaba  a través de los prismáticos  parecen  lo que te imaginabas, si lo que prometían las imágenes de la televisión  que ya podías ver horas antes  eran tan reales como lo que estabas a punto de sentir al bajar del taxi en el centro. Mientras el faro y sus hijos continuaban  en su cadencia, marcando el paso franco para quien deseara dejar por un momento la libertad del viento y la mar en soledad.

Faros entrada a Delaware.
Y las horas fueron pasando, cabo Blanco era de tal color, pero no daba para más, el centro de la ciudad  no era más distinto del anterior núcleo urbano y sus gentes  al fin y al cabo tan extrañas como las que te encontraste en último lugar, los anuncios  de la televisión  no demostraron nada y siguieron siendo anuncios. La mañana siguiente el faro estaba mudo, los 7.000 metros cúbicos  que vomitaban las turbobombas de crudo a la terminal  poco a poco  elevaban la pared metálica de los costados de tu  nave, su obra viva ganaba en  tamaño frente a la muerta. La hora estaba ya cerca mientras el atardecer llamaba al giro de la candela y los destellos como en los últimos cien años ya  anunciaban el reinado compartido con la luna del faro y sus hijas.

La escala real retirada, maquinas a punto,  vapor vivo en la válvula presto a vapulear la turbina sin  piedad. Los mismos esclavos que lo encajaron ahora sin sonrisa nos desencajan y como el polvo de un viento fantasma nos acompañan hacia el canal marcado  a golpe de luz para  buscar otra meta, otro faro donde recalar para volver a encontrar lo mismo o quizá no, pero eso da igual pues la meta es solo parte de la razón, la vida  consiste en abrirse paso entre la soledad de la mar  convencido y sin mas miedo que el siguiente faro se apague al vernos arribar…



viernes, 30 de marzo de 2012

De faros y mares. (I)




Faro Espartel
Faro como la torre que es, señal verdadera a los navegantes que se aventuran por los mares reales  de agua y sal en los que cualquier atisbo de luz en lontananza nos  devuelve la  seguridad o  al menos retira el olvido  de la inmensidad momentáneamente por ese  golpe de  luz. Un golpe como flechazo que demuestra que hay algo ahí fuera velando por nuestro bien sin pedir, sin exigir reverencia ni  pleitesía. En su soledad enhiesta y segura sobre firme roca las más de las veces desafiante a la mar, esta vez como inmenso remanso líquido de soledad entre tinieblas, y permite marcar el rumbo, la enfilación, la virada si esta se decide desde la propia decisión sobre tu propio gobierno. Pero hay en la mar  real y la vital muchos tipos de faros que merece la pena descubrir y rendir un homenaje desde mi humilde puesto de navegante  aferrado al timón de toda la Vida, mientras lo busco como todos los que son conscientes de que sin éstos minúsculos puntos de la noche nada queda más que abrirse al mar abierto cargado de soledad donde solo queda seguir bregando la mar, capeando, sin poder siquiera arriesgar  aproximando nuestra nave a las costas de vidas ajenas, trabajos de nueva factura, mil sueños y  acciones que  sin su protección humilde, acometerlos pudieran hacernos zozobrar.

Todos hacen  lo mismo con su  secuencia de destellos particular, pero para cada quien son y serán distintos. Hay unos  que siempre me devolverán el recuerdo  maravilloso  que anuncia la proximidad del  objetivo de la próxima recalada tras un largo viaje donde,  el mal tiempo, el calor sofocante, los problemas  en el buque, las  ganas de desembarcar tras mas de cuatro meses perdido hacen que su  primer avistamiento haga golpear con fuerza el corazón y todo lo que has mantenido bajo la piel contenido regrese en forma de olor, de sonrisa, de la grandeza sobre lo más minúsculo para quién lo tiene todos los días.

Faro Finisterre
Para mi siempre serán eso faros como el de Espartel en  Marruecos  tras una travesía larga de sur a norte desde Cabo López en Gabón, Cabinda en Angola, Nohuadibou en Mauritania cargado de crudo o mineral, donde su luz te dice que el Estrecho esta cerca, que ya alcanzas  lo que  deseas; igual, aunque un poco más al norte el de Finisterre  en España; o el de Cabo Palmas entre Costa de Marfil y Liberia, que te confirma al fin donde enfila tu proa  con el millón de barriles de crudo, si hacia la Europa caduca  en su  devenir o al pujante y cargado de consumo de la costa de los Estados unidos; los faros de Antigua y Montserrat que tras 25 días de travesía en  diagonal con rumbo NW desde Angola, al fin te dice que  la puerta del Caribe esta  abriéndose para ti y  podrás pisar la bendita tierra donde se escucha tu propia lengua; los destellos desde Mayyum en las puertas del Mar Rojo tras la sofocante travesía desde la India  sobre un Indico  traidor con su pequeño Mar Arábigo como caldera hirviente y silente al que deseas dejar  para ganar el norte con Suez más cerca y así  los mares que te son cercanos por tu propia vivencia.

Son esos faros que te  dicen sin soberbia, pero con su orgullo silencioso que la recalada esperada tras semanas de travesía en solitario te alcanza, su cadencia, como decía más arriba te lo confirma. La alegría inunda los compartimentos durante la travesía estancos, preparados siempre para lo que pudiera llegar, sin temor pero prevenidos. Siempre buscando, esperando por encontrar la luz que te lo indique para arribar hacia su señal y recalar cuanto antes donde lo que crees estará aguardándote  con las puntas  de hormigón separando las olas de la calma que te parecerán los brazos con los que  llevas soñando en la dura travesía del sentir como de puro abrigo, como la razón por la que has surcado miles de millas   rodeado de la   soledad entre la piel de hierro que has hecho de tu vida como nave en el océano real del día a día.

Pero ese faro en tal océano acaba por aparecer y te muestra su opción, su aviso, su regalo. Sólo has de arribar o continuar en tu derrota    mientras lo dejas  por el través  hasta perderlo  más a popa,  desprecias su luz sospechando que  sea otra falsa señal donde arribar como tantas otras. Si das la virada quizás  otro faro de menor fuerza, pero de mayor cercanía te ilumine el corazón y arriesgues la quilla de tu vida por  largar amarras cerca de su luz. Si no la das será otro faro el que te brinde la oportunidad de cambiar tu derrota más avante, solo estará en tu  gobierno golpear el timón de tu corazón.

Al menos en los faros de la mar todo es sencillo pues están los derroteros, los libros de faros y las propias cartas que nos dicen lo que son, cómo son, lo que dicen, dónde se encuentran y su vista por saber tanto de ellos nos permiten decidir con el pálpito de  estar cerca del deseo por cumplir. En la vida has de confiar en su luz, en tu corazón… y jugártela.

Estambul




lunes, 19 de marzo de 2012

La cima de los vientos. 19/III/1812





Gracias a ellos, y a su ejemplo.

Lejos esta esa cima de los vientos donde la rosa completa se crece y nace para repartir sus esencias por la piel terrestre o marina sin frenos ni ambigüedades. Tan lejos que los que en España, en Cádiz hace ya 200 años como punta de lanza de la libertad, la pujanza y las ganas de progreso liberaron los sueños de españoles aún de ambos hemisferios. Vientos, los unos de rancio real y ultracatólico sermón, los otros de liberal aún sin ese nombre de verdad, algunos desde los más lejanos puntos del imperio hispánico como Morales Duarez del Perú, o Ramos Arizpe de Mexico, Lequerica del Ecuador, Leiva de Chile, todos ellos quienes, mas avanzados los tiempos llevarían a sus futuros países la esencia en forma de viento de libertad. 

Carta magna redactada entre los cañones de un ejército fruto de otra revolución que en su deseo de dominio trató de hacerse con un país en sus horas más bajas, donde una monarquía hija de sus propios vicios y esclava de sus propias decisiones lo había dejado en la más absoluta ignominia, humillación y capacidad de responder ante quienes ya no daba mas de sí. Mientras, la “Grande Armee” arrasaba con lo que encontraba, robando y deshaciendo lo que en el futuro pudiera servir de pilar para poder recuperar el pulso del país. Quizá las ideas que portaban sus pensadores hubieran ganado otro espacio en aquellos años si no hubieran llevado el fusil y la bayoneta tras la pólvora de sus cañones, quizá de otra forma el clero absolutista de la mano de los capellanes de la más rancia furia hispana no hubieran logrado aunar tantos paisanos con ellos para degollar y matar gabachos bajo la bendición del buen dios.

Mientras en ese barco varado frente al océano, amarrado a tierra por el castillo de la Cortadura, la población, de infinitos orígenes se mantenía frente al francés; 20.000 soldados españoles, británicos y portugueses frente a 25.000 soldados franceses. Hoy, hace 200 años en el oratorio de San Felipe Nerí se promulgó nuestra primera constitución regada de festejos y celebraciones en medio de una invasión, asediados, sin otra ayuda que las naves cargadas que arribaban de sus compatriotas del otro hemisferio que acudían llamados por esa en aquél instante cima de los vientos donde poder sentir los soplidos del cuadrante que pudiera ser sin sentir censura, miedo o condena.

Pero la cima de los vientos poco a poco se fue haciendo más inexpugnable. Llegó el Rey prisionero, “El deseado”, alguien que bien podría haber sido pasto del plomo francés para bien de todos. Pero igual que nos trajeron vientos de libertad en cada batalla el francés, también se llevaron tesoros y nos devolvieron la máxima expresión del atraso y la oscuridad. La Carta quedó en la cima sin poder acceder a ella. Este preboste, sin otro destino que hundir aún más a su sociedad, remató su inmerecida estancia en el mundo de los vivos generando junto a su hermano Carlos casi medio siglo de vida de un país sin esperanza; todo por ostentar el poder, viejo motivo que quien lo tiene o lo roza ya no puede dejar.

Y se sucedieron, hijas de la misma madre, algunas más liberales, otras más cerca de la caverna. El siglo se fue ya sin el sueño de los 104 que lo firmaron aquel 19 de marzo. Así, lo que se planteaba como la meta por rozar lo alcanzado por otros países que con ello iban a la vanguardia se hundió en las tinieblas del siglo pasado en el que solo después de una larga travesía en un desierto de sangre y silencio apareció algo que triunfó entre el desengaño de lo pasado, el miedo por lo que pudiera pasar y la esperanza por lo que pasará. Sin grandes celebraciones aún sigue a pesar de que los hijos y nietos de quienes la promulgaron poco a poco la van hundiendo en el valle del desengaño por su propia ambición, falta de respeto por quienes la sustentan y por nuestra propia inacción. 

Fue la Carta de 1812 la cuna de nuestra soberanía como pueblo y a sangre y fuego la apagaron quienes ostentaban el poder. Es la carta de 1978 la que nos devolvió de nuevo la soberanía y somos ahora nosotros mismos quienes la dejamos morir de sed por falta de acción sobre tantos motivos por los que podríamos barrer a quienes con su “marchamo” democrático como coartada se libran de nosotros para beneficiarse desde tantos lugares y despachos sin recato.

 Aunque sea difícil, no renunciemos a nuestros sueños. Sigamos el ejemplo de quienes en medio del mayor desastre de un país supieron sacar lo mejor de cada uno y abrir la espita de lo inimaginable en aquellos momentos, algo como esto. 

“Art. 1. La Nación Española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. 
Art. 2. La Nación Española es libre e independiente, y no es, ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona. 
Art. 3. La Soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales. 
Art. 4. La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad, y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen. 
Art. 8. También está obligado todo Español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado. 
Art. 15. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey. 
Art. 16. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey. 
Art. 17. La potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales reside en los tribunales establecidos por la ley. 
Art. 366. En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles”.



domingo, 11 de marzo de 2012

Gulliver





Gigante  en el país de los enanos, verdadera legión tan gratuita como ingrata  en su  deseo de igualdad. Intención sinuosa por la que mediante la destrucción de  lo bueno lo malo sea igual para todos como único derecho inalienable sobre la faz de la inteligencia. Mientras ellos, unidos siempre ante un simple destello solitario, o ante la diferencia que provoca el placer de serlo sin más se rebelan  recelosos por  tener que ver lo que no desean.

Aferrando su ancla, bien fondeada  en el arenoso  surgidero del tiempo, estos enanos tratan de que nadie los  obligue a cambiar nada de su vida en tantas ocasiones gris sin siquiera tonalidades en tal color. Pues cambiar es reconocer, cambiar es tener que  comenzar, de hacer el esfuerzo cuando tu cuerpo, tu mente, tu forma de mirar ya tiene sus llagas, sus rugosidades, el molde esta ya fundido y bien bruñido entre paños y  tiritas  de realidad. ¿Por qué habrían de lanzarse al complicado mundo en el que para una virada han de comenzar a dar explicaciones? Cuántas veces han criticado a quien lo trató de hacer. Y qué decir del que lo hizo, lo logró y sin querer saberlo  en verdad saben que  sus ojos brillan por sentir  algo desconocido para ellos.

Pasan esos locos como tú, pasados ya de la edad en la que se atraviesan túneles y se combate el tedio por tratar de salir  y no repetir lo que vimos antes de comenzar  a ello. Los observas cuando se  acercan y  desde su altura te miran amables, con sus canas, con sus sonrisas y sus “tonterías”, repletos  de  razones para  seguir. Mientras, los enanos se mantienen en sus trece sin dar el salto pues hace ya tiempo que decidieron cortarse las piernas hasta el punto justo en que los ojos ya no alcancen la vista exterior de su patio enladrillado.

Como viejos notarios designados por la gracia de algún dios menor, como los son todos, se dignan en dictar  juicios sin más juez que ellos mismos como escribientes con firma, para  dejar claro que  al final les llegará la cura de humildad por su fracaso, por tratar de volar desde  los suelos inertes a los cielos omnipresentes que son los sueños de vigilia por los hay que pelear sin prisa  pero con la tenacidad de la ilusión a prueba de incendios. Pero no saben que ese privilegio  es opción abierta y está en la mano de quien lo desea el tomarla y quien así la rechaza no hace más que adelantar su fracaso mientras, marchita, su voluntad dormida va dando paso a la resignación.

Con las llaves  en la mano avanzas, las puertas de tu muralla abiertas para siempre, y crece la altura de tu visión mientras  los enanos tratan como  pueden de atarte al suelo de su propia resignación vestida de experiencia y precaución. Pero tales palabras no han de ser sino parte de las velas del barco que te lleve sin más límites que tus deseos frente a cada situación. Poco a poco, cuando tu altura esté claro que no les dañe y por ello siguen seguros embalsados en sus propias aguas mientras tu nadas rio abajo, es entonces cuando vendrán a ti; aunque sea por alguna cosa que  ellos no sean capaces de  hacer y para ti no sea más que un pequeño empujón en forma de ánimo, de abrazo, de  préstamo a fondo perdido, de techo sin prisa por dejar. Y tú se lo darás, pues no es más que lo que te parece que es de ley. Quizá algún enano  pueda crecer gracias a eso y Gulliver ya no sólo seas tú.

Mientras trataremos de emular tus principios. Tu respeto a unos y a otros. Aunque haya reyes liliputienses que  por una supuesta lealtad te obliguen a hacer daño a ciudadanos inocentes simplemente por ser meros enemigos de él. Como   cuando quiso este esclavizar a los blefuscucianos y por negarte pasaste de héroe a traidor. Ni una cosa ni la otra, tan solo eras tú, Gulliver. Pero eso los enanos en su miopía nunca lo podrían entender…

Para Diego y Hernán, Gigantes presentes y futuros






lunes, 5 de marzo de 2012

Tronos, Juegos y Ambición



¿Dónde está el trono que cada uno estamos tentados de abordar? Quizá sea algo posible de alcanzar o quizá sea esa estrella tímida o rutilante, que orgullosa y hasta algunas veces soberbia  te olvida cuando cerca de ti pasa, pero tú no, pues tú la deseas. Quisieras alcanzar ese trono para ti tan real como invisible para tu vecino de vida y sufrir. Y luchas por él con denuedo y ambición por  sentarte en él  antes que nadie. Pero nunca es fácil llegar a  él. Muchas veces tu capacidad no da para ello, otras esta ya ocupado, otras  te rechaza justo cuando crees tenerlo en tu mano por mil razones inesperadas, porque otro con el mismo ardor  o mejores armas lo ha tomado al asalto dejándote a las puertas con la cara de tonto incomprendido que se le queda a uno cuando ya lo creía en su poder.

Pero, ¿Qué debes de mantener ante tu trono soñado? ¿Qué debes de aplicar para no perderlo todo en un mal paso que todo lo quema,  como el hisopo cargado de brea que  todo lo prende hasta hacerlo desaparecer? ¿De qué has de protegerte en  el combate sea  este el que sea?

Tenacidad y paciencia en la brega por alcanzarlo, no desfallecer, no abandonar mientras navegas  a bordo de la paciencia por los golpes de ola  vestidas de incompetencia, de trabas conscientes sobre tus pasos, del descrédito  malquerido y armado de mentiras sobre los  señores del trono contra tu caminar. Repleto esta el océano de semejantes dudas cuando  tu tenacidad te empuja a dar la bordada y enfilar el objetivo, bajíos vestidos en malos deseos de quienes son incapaces de aportar pero cargan sus  cañones oxidados de mil y un  falsos argumentos como metralla mortal para hundir tu  bordada. No importa, la tenacidad guardada de la paciencia serán buen blindaje aunque duela y apetezca vomitar fuego sobre tales bajíos.


Ambición  y conciencia en la misma brega. Sin la primera solo quedarán las excusas a verter en cada esquina por no haber dado el paso lanzado que te lleve al trono  buscado. Bendita ambición  como roda partiendo la mar a cada golpe, dividiendo en dos ese océano aceitoso  que se espesa con cada indecisión hasta cerrarse  en espera del rompehielos  vestido de fuerza de voluntad y reabra de nuevo el océano, permitiendo de nuevo  a la ambición probar su verdad. Mientras todo esto voltea la realidad sin ambages por seguir adelante, como dualidad complementaria será la Conciencia cabalgando a su vera la que mantenga  los mil y un posibles movimientos del gris al oscuro cerrados al golpe de timón, preservando de los atajos que  como en los sueños de Don Francisco siempre acaban por alcanzar el mismo lugar donde el mal crepita y por corto  solo se disfruta mientras crepita, algo que es nada y tras la nada solo queda la ceniza a volar por el soplo justiciero del viento en el que la Conciencia se transforma para dispersar ese mal gratuito tan difícil de asumir.

Al final de todo no hay nada, tan solo cuenta el combate y la lucha por lograr  alcanzar el trono de cada uno, vestido de un puesto en lo más alto, de una persona que nos ame o que podamos amar, de un  modo de vida que nos devuelva a los sueños de la infancia, de algo que nos convierta en el rey de nuestra propia creación imaginaria donde todo nos rinde la pleitesía del reconocimiento, ese amable sentimiento de sentirse bien por el mismo hecho de reinar en tu propio reino creado a base de Ambición, Lucha, Entrega, Paciencia, Espera, Tenacidad, pero sobre todo Conciencia en cada paso a dar con la frente limpia, el paso claro y la espalda cubierta, si  esto último el trono solo será una codena más en el verdadero reino que es el  valle profundo de tu corazón.

Mil tronos cayeron antes que el vuestro
abatidos por luchas entre ambiciones tenaces
sobre el palenque de la vida sin créditos ni avales
en el que solo queda  uno como  vencedor sin daño
sobre los restos de quienes  trataron  en vano
por alcanzar ese objeto que ya sin duda es vuestro.







miércoles, 8 de febrero de 2012

La Hoguera


Hoguera donde se queman  entre lenguas de fuego mil y un deseos, la mayoría soñados, muchos de ellos disfrutados con la mirada perdida entre sus  destellos al calor de un buen vaso de vino. Fuego vestido de agujas que destilan minutos hacia  el futuro sin ser capaces de alcanzarlo siempre sobre el presente donde  crepita quemando los momentos  con la determinación del combustible eterno, tanto como el sol al que rodeamos sin detenernos.



Giran las agujas  mientras el fuego  se aviva en su propia hoguera, una chispa  salta como gota de su sangre hirviente y  enferma de pasión contagiando  de su fuerza lo que toca, ardiendo, quemando  y propagando su calor sobre la vegetación seca por no haber encontrado el rio que la mantenga verde, flexible, enhiesta  frente a los vientos y tempestades  que cada día sorprenden   sin dar llamada de su presencia. Tallos ya secos ahora pasto del tiempo en forma de fuego devorador  que los convierte en la imagen deprimente de la derrota por el abandono al viento y la rutina del sol sobre sus pieles.

Refulge la hoguera pasto de los deseos  verdaderos y falsos, vividos por logrados  y en la propia combustión recordados, o añorados sin más que el gusto por poder imaginar en ese instante cómo hubieran sido, cómo los hubieras vivido y, cómo no, dándole el aderezo de tus deseos sobre ese cómo hasta  que  el puro resplandecer de las llamas te envuelven y todo parece real, lo puedes tocar.

Pero el fuego si no se  mira acaba por apagarse, acaba por desaparecer huyendo hacia otras miradas donde aún se respire pasión por la vida, por vivir mientras los recuerdos  imperecederos aviven el fuego sin dolor por saberse  eternos, por saberlos ya simples retazos de lo pasado y vivido para tratar de  aprender, aunque quizá sea esto algo difícil cuando la chispa en una pequeña explosión  en el interior de la hoguera prenda  el ánimo anulando la razón.  

Pero llueve, fuerte, con ganas, sin visos de templar, amainar y retirarse. El fuego despide pequeños esputos de ceniza aún hirviente por la rabia de saberse perdedor ante tamaña venganza del arbitrio convertido en poder divino por incuestionable. La hemorragia gris mezcla de agua con la ceniza comienza a  manar de la raíz de la hoguera mientras se debate entre  chisporroteos que  demuestran las ganas por mantenerse viva frente a los motivos más comunes  vestidos de  conveniencia, falso  honor y  verdadera hipocresía. La llama lucha por vivir entre falsos valores de honradez que solo suponen hundir el brillo en el gris ceniza de la mediocridad del fracaso sempiterno en una sociedad acostumbrada  a las costumbres y lo bien visto.

Un rescoldo aun seco por algún motivo sin  verdadera explicación científica palpita con su leve llama moribunda tratando de mantenerse a pesar de  semejante ofensiva. Su fin ya debería haberse dado pero  el deseo  contra la renuncia a la vida  mantenía viva la llama. Y  fuera por ese deseo en combate latente, o porque la buena suerte está ahí cuando menos se la espera, una sombra inundó de penumbra la  ya de por si umbrosa atmósfera que trataba de ahogar al vehemente deseo vestido de débil llama. Y la lluvia cesó, el calor comenzó a crecer y su propia fuerza, la que le mantuvo  latente, ahora comenzaba a secar  su espacio circundante hasta lograr ver un humo que no lo era, sino el vapor de la lluvia hipócrita que marchaba, huía sin  otra solución ante la  claridad de un deseo sin necesidad de explicación.

El espacio poco a poco se hizo mayor hasta que  la misma ceniza como barro húmedo comenzó a brillar con pequeños puntos  en forma de minúsculas brasas y ya todo el conjunto antes cuasi derrotado era de nuevo la orgullosa hoguera  cargada de los sueños cumplidos y por cumplir del cohy vuomienzo. Los ojos que sobre ella  se volvían recuperaban el brillo perdido y de nuevo  todo volvía a su ser mientras la vida  se consumía esta vez sobre el calor de la hoguera en aquellas latitudes. Mientras, la cobarde hipocresía del “bien estar” huidiza se había establecido sobre otras hogueras, estas si apagadas y sin esperanzas  por pura resignación.

Aún no se qué o quién logró con su leve  cobertura  revivir a la llama moribunda que  agonizaba  en verdadero combate  ante semejantes mesnadas de la mediocre realidad. Quizá fuera la pequeña llama y su deseo, quizá la lluvia se dio cuenta de su  poder y  decidió perdonarle la vida, quizá la piel de alguien se interpuso entre esta y su húmedo verdugo. Aún no  lo sé, pero es algo que ya no importa. La hoguera continúa crepitando. 



lunes, 6 de febrero de 2012

Suspirium


 Suspirar. 

Por tantas cosas, con tantos motivos, por tantos desvelos. La congoja oprimiendo  como costillas  suplentes que no cejan de  expulsar el aire en forma de débil voz ahogada por la felicidad reencontrada, o  por el miedo a la tristeza acampada  entre  pensamientos zarandeados de vientos preocupados.



Cuantas veces suspiramos sin saber lo que sucede, simplemente suspirando mientras el beso  aun grabado en tus labios te  reclama hacia los que te dejaron sin más que un  leve destino  cuando  el sol regrese en tu misma piel. Soñando que la realidad de su brazo a torcer y, postrándose a tus pies, te permita sentir de nuevo lo que puede ya no volver. Suspiras entonces por saber que al menos al siguiente  amanecer podrás sentir sus labios en los tuyos sin otra opción. Suspiro de rabia contenida por  esa realidad maldita con la que es imposible combatir. Desde luego  este es el verdadero suspiro,  con el que todos suspiramos como deseo a veces inalcanzable. Pero cuando suspiramos por estos suspiros, entonces ¿cómo son estos suspiros? Pues esta claro que ya no son del tipo de los que acabo de describir.

Son esos suspiros los de la escasez, los de la nostalgia, los del deseo  por lo inalcanzable, por lo perdido sin mapa  de retorno. Donde lo que queda es ir dejando a  esas costillas inventadas que bombeen el aire y lo dejen diluir entre la  atmósfera para que desaparezca el recuerdo mientras el alma  derrotada se libera lentamente de semejante peso en forma de derrota consentida, o de la pérdida sin retorno ni culpa. Suspiros que duelen sin daño mientras  ya nada se espera, sino que solo se desea que pase  lo pasado. Mientras, este lucha y se resiste en tu interior aferrado a tus propias vísceras donde se corrompen los sentidos y la vida se nubla en la fábrica de anónimas flechas tratando inútilmente de alcanzar a dañar lo irreparable sin éxito, para siempre.

Suspirar por lo que vendrá como deseo de lo que vives de forma plena  pero por semejante forma siempre escasa en tiempo.  Suspiros versus intensidad. Cuanta más intensidad mayor será tu forma de suspirar cuando esta desaparezca por añorar tal vehemencia, por desear volver a sentirse  abordado por  la felicidad en su leve tacto. Intensidad de los sentimientos de bien que te harán suspirar por  volver a ellos cuanto antes, sabedor que no  te han dejado, que solo ha  estallado una escala de tiempo hasta que sus cascotes en forma de besos, de abrazos, de  pedaladas mientras ríes a 30 por hora, de historias y cuentos  que te permiten encontrar el santo Grial mientras  el sueño te alcanza entre sábanas, caigan todos ellos formando la carretera que te devuelven a ellos.

Suspiros de  dolor que te ayudarán a  salir del atolladero en el que por un mal rayo, por un olvido continuado hacia quien ahora suspiras, por un error en el momento más inoportuno, por la  derrota sufrida de forma inesperada pero que a todos nos espera sin fecha y que puede clavarse como una daga traidora en el momento más inesperado. Suspiros que  liberarán el dolor y lo dejarán marchar a pequeños golpes de aliento y suave voz mientras el duelo poco a poco va dejando de oscurecer el día a día para devolver la luz a su sentido y tras este lleguen los brillos  con la meta de  alcanzar  a crear la esperanza previa a la felicidad en pequeñas dosis, nunca total pues está claro que semejante explosión  sería letal para nuestras pequeñas almas.

Suspirar es la verdadera  prueba de que  estarás vivo porque estarás sintiendo en cualquier dirección sin tapujos y con tu mochila cada vez más libre de cargas por liberarse sin necesidad de  esconder tu dolor entre  anónimos silencios  cuando el dolor te  aturde y sin necesidad de romper con todo por recobrar tu felicidad cuando sabes que está ahí y solo has de dejar a Cronos y  su aliada  la Realidad que dejen paso a la siguiente escala en tu derecho a la felicidad.

Suspirar, mientras el mundo gira sin detenerse ni  contemplarte por si te duele o si te place. No esperes a que se detenga, a que te abran la puerta o a que la bandera te de la salida, a que te perdonen o a que te bendigan. Solo estas tú con tu propio corazón  y será este el que al fin tenga su última palabra sin remedio.


¡¡¡Suspira!!!
 (3)

domingo, 29 de enero de 2012

This is the end






A veces parece imposible creer que lo que se dice. A veces las palabras que salen de uno parecieran tratar de volver a guardarse, pero salen y se impregnan  de realidad. Quedan en su casilla, se plantan como ese caballo que amenaza el centro del tablero  y tras su salto ya es imposible retornarlo a su antigua posición. Quizá  el movimiento haya sido un suicidio, quizá era eso lo que habría de hacerse precisamente. Pero quizá de esa manera la partida vital se torne  asumible para quien la juega y, gastado, no puede imaginar otras situaciones en el tablero después de bastantes jugadas del pasado en las que como es normal la derrota es la que siempre acaba por mostrarse  amenazante sobre  el propio rey de la conciencia que es el que tratas de defender.

A veces el final es lo que deseas porque es lo más sencillo para poder volver a empezar y  evitar en la nueva partida no cometer los mismos errores, sabedor, porque es así, que en la partida habrá otro jugador enfrente con el planteamiento distinto al anterior y por ello los errores seguramente volverán a surgir. Pero crees que esta vez no  será tan duro, que no te golpeará donde ya te duele sin más porque crees saber de qué va esto. Pero el golpe, aunque sea una caricia te abre la herida y  todo se derrumba sin sentido.

El silencio te agarrota sin poder gritarle, sin saber cómo enmendar lo que se rompe sin más. La asfixia en el ambiente sofocante del fracaso propio se pega a tu piel como una lápida sin nombre que ya no se separará de ti, como la marca del grillete del galeote liberado a quien se señalará en cada lugar a pesar de ser hombre libre, pues el daño ya está hecho. Un daño que solo acaba por provocar dolor en los que le rodean. Por eso lo que queda es alejarse para no  provocar el mal propio entre los demás.

Tumbar tu rey y salir apresurado del combate, tratar de  desaparecer del lugar y buscar un acomodo como espectador de otros combates donde poder  opinar sin riesgo, donde apoyar o no a quien consideres, sin jugar tu el  momento de la verdad. Sabes que no lo hay pues está dentro de ti todo el bien y el mal con el que jugar la partida vital  en la que la derrota es la misma para todos. Solo existen  movimientos y  errores que decantarán  el acierto y la salud de tu conciencia o el desánimo y el temor sobre ella. Pero la partida sigue mientras cada pieza implacable  solo hará lo que uno  le  conmine.

Es el final, siempre es el final, cada segundo en un instante final, aunque a veces  son infinitos segundos los que unidos marcan el final en mayúsculas y todo parece haber terminado sin lugar, sin fecha, sin gloria. Algo que  acaba complicando a almas gemelas,  a las que devolverles su verdad y su  independencia es el deseo y sin embargo parece imposible no arrastrarlos con la partida de forma inmerecida.











miércoles, 4 de enero de 2012

Mar, Pasión y Fe. (3)


Todo lo mejor que arrulle un corazón,
que lo agote sin esperas,
sin lámparas encendidas bajo un sol,
donde la justicia se hunda sin remisión
por no poder controlar la lluvia hirviente
de  mil y un besos sobre tu frente
como la entera piel de la que  soy sirviente.

Teniente, tras lo gris arde la luz.


Lo sabes sin  encontrarte  bajo las nubes de ese pelo
flameante, retador  frente al viento de la desesperación
mientras caminan tus pasos sobre esa orilla
como  frontera, donde  cruzar es no  volver .
Velando dejas correr el tiempo por la espera sin recelo
sin la ira  sobre el que ama en el silencio de tu interna capilla,
donde la lluvia ya no cesa sin  tus brazos
cercando ese alma como toldilla de nave en zozobra
protegiéndola  mientras la risa  abandona todo
por perseguir  decidida tu eterna sonrisa.

Es cierto  todo pues  de un golpe  he varado
sobre esta playa de piedra disuelta en arena
como vieja historia de corrientes sin nombre
donde soplan vientos encadenados por  los golpes de olas
que lanzan mi alma mezclada entre su agua y sal
hacia tus ojos dibujados en  la mar tendida por lo lejano
sin importar su  raíz, la fuente de donde  mana tu ser.
Ojos que  sin miedo  descansan suaves tras su viaje
hasta besar en calma la quilla gastada de  este pequeño esquife
que solo desea paz donde descansar sin más  con el mar y tu pasión como única fe.