viernes, 7 de septiembre de 2012

No habrá montaña mas alta (131)




…Humo suficiente para precisar de serviola y bocina si no se deseaba golpear el cuerpo indeseable de algún hambriento de pelea por semejante accidente, olor  a vino escanciado en busto de rabiza sin mas vista por ella en ciernes que el jergón y su mísera paga, ruido, mucho ruido con el fracasado intento de llegar a cántico. La taberna a esas horas de la madrugada se encontraba en su  apogeo, entremezclando clases sociales sin pudor con el disfraz del alcohol como pantalla, donde al alba cada quien retomaría su destino en la recién estrenada España Borbónica sin remedo en  el resto de la Europa expectante.


En todo aquél tumulto la suerte decidió arrumbarse a la estela del Teniente.

-          ¡Antunez! ¡Te estaba buscando! ¡Tabernero, dos jarras como la de mi amigo!
-          ¡Volando Almirante!

Junto al grueso caldo que ni frío entraba, sendas féminas de arrugada estampa e intermitente dentadura enfilaron la mesa de  ambos marinos como promesa de festejo y buena recaudación. Amazonas que tras cuatro jarras de semejante caldo sería imposible manifestar cuál de las dos fuese de mayor belleza. Afortunadamente el grueso vino aun no había transfigurado los paladares  de los dos hombres, por lo que tras dos andanadas de las nombradas, estas dieron la virada en busca de alguna recalada de mayor provecho. Una vez liberados del tan leve acoso, protegidos por el incesante alboroto continuaron con su conversación.

-          Tu dirás Segisfredo.
-          Creo que debemos  ponernos en marcha para cazar a esas beatas de postal y su  falso noble. ¿Dónde tienes a Peláez?
-          Está en los bares de la Plaza de San Antonio, estos días algo se trae entre manos y no sale de allí.
-          ¡Pues vamos a por él que no queda un segundo que perder!

Sin dar muerte a las jarras de vino dejaron el tugurio humeante y ruidoso para recalar en el café “Mercante” donde, de mejor postín y mas calma, vecinos de los que en “El Tuerto” gritaban aquí se reían y disimulaban bajo encajes, abanicos y  capas que solo disfrazaban parecidas intenciones. Luis Peláez, sentado en una mesa a la izquierda de la puerta de entrada en la terraza del café, mantenía una conversación a primera vista cortés con un caballero  de tez clara que seguramente fuera de tierras   mas al norte del reino de nuestro señor Don Felipe. Al verlos  con dos palmadas y algún gesto que escapaba a nuestros dos  hombres pero de seguro correspondían a código establecido entre ambos lo despidió.

-          ¡Teniente  Cefontes, primo Antúnez! Que gusto encontraros por aquí. Por favor tomad asiento mientras nos sirven mas vino. Lo acaban de descargar desde La Rioja. No se cómo  pero por mis muertos que esto va en Tercio de Frutos a Veracruz en la próxima flota. Pero dejemos los negocios y  hablad que os percibo algo lastrados por la tantas veces inoportuna impaciencia.

Asi fue, y con esa inoportuna impaciencia de quien quiere que todo se ejecute ya, tal que maniobra frente a caprichoso viento que rola sin previo aviso, Segisfredo disparó.

-          Luis no me andaré con rodeos. Ya hemos hablado de esto. Como bien dices ese futuro falso Vizconde de Azcárraga anda liado con las dos britanas o lo que sean en algún trasfondo. Creo que todo  esto hay que desenmascararlo cuanto antes y para ello cuento con vuestro compromiso y “vuestra mano” en esta ciudad. Yo estoy dispuesto a seguir al vizconde pero se me escaparían las dos de mi control con lo que como ya acordamos  vuelvo a aceptar vuestro ofrecimiento…
-          No sigáis, Teniente. No sois hombre para andar engolfado bajo oscura capa en las noches traicioneras de esta ciudad. Dejadme a mí, y como bien decis “mi mano” para establecer el seguimiento. Os prometo que en cuanto surja la primera razón  por la que daros el aviso, lo haré. Mientras, vigilad y controlad a vuestro amigo, a quien creo el más expuesto sin más causa y razón que  Afrodita y Venus en letal conjunción, presentando sus mansos entrantes como dulces de leche al inicio, que sin llegar a la boca ya encienden y desbocan el corazón desarmando sentidos, enloqueciendo brújulas, nortes, trayendo el desvarío para derrotar al fin voluntades como naves  sobre bajíos que sin lástima cristiana atraparán ya la nave humana hasta desarmarla mientras, con algo de suerte, quizá esa nave nunca se haya dado cuenta de su propio desvarío, aunque esto sea caso de rara factura y  cuenta se de, mas ya fuera tarde.
-          Conforme, asi será, vigilaré a mi amigo y quedo a la espera de vuestras noticias. Antúnez, cuento contigo para lo que se presente
-          Mi teniente. Sabéis que  sobre cubierta o en tierra adentro estoy con vos.

Los tres hombres se despidieron, esta vez Antúnez quedó con su primo Peláez mientras Segisfredo  dirigió sus pasos a la pensión donde trataría de alcanzar su habitación zafándose del seguro bloqueo que Doña Ana lo estaría marcando. Su objetivo era encontrar a Daniel antes de que este  se hundiese mas en el fango de la traición, hasta la luz del siguiente día lo esperaría en su habitación y ya comenzaría su búsqueda  por la ciudad entonces…


miércoles, 5 de septiembre de 2012

No habrá montaña mas alta (130)





Viramos el ferro en breve


No se sorprendan vuestras mercedes y permítanme darles las gracias por seguir aquí a pesar de este periodo imperdonable de  vacío cual desarmo de nave en eterna invernada. Cientos de cosas me han sucedido estos meses, las más, dulces, las menos, amargas, pero tanto las unas como las otras me alejaron de este lugar tan  acogedor donde trato de dar rienda suelta a mis sueños en forma de aventuras, personajes, navíos,  amantes y lo que brote de  mi humilde imaginación.

 Como podrán leer quien a bien tenga el hacerlo, retomo la historia  de   Daniel Fueyo, Segisfredo Cefontes y las peripecias al lado de nuestro insigne  y nunca derrotado Don Blas de lezo y Olavarrieta. Mas vale morir una vez se llama la historia como ya lo habrán descubierto, aunque no niego que  entre una y otra entrega algún tema mas  de seguro largaré  sobre este pequeño navío de  travesía infinita.  

Habíamos quedado en el Cádiz  de 1733 al inicio del verano, nuestros personajes  en tierra sin destino y nuestro almirante convaleciente tras las operaciones sobre Orán y el bloqueo a los turcos   en el Mediterráneo. Unos personajes nuevos  surgieron, no al parecer de buena catadura de sentimientos y amores, mas, como todos  tantas veces hemos sabido  y vivido, los unos en carnes propias y otros en carnes ajenas, los males de amores cual brulote ardiente acaban por incediar de forma irreversible vidas  claras sin  otro despecho por su parte que a la  calma de su corazón. Pues esta damas al parecer trataron y alguna debió lograrlo sobre uno de nuestros personajes. Por ello  aquí continua tal peripecia en la que nuestro Teniente Cefontes, en otros momentos librado de males mayores por parte de su amigo Daniel, será ahora el que devuelva lo pasado a su amigo por  peligrar su vida y futuro en medio de una explosión de sentimientos sin freno.

Nada mas, les dejo con la 130 entrega y vuelvo a agradecer vuestra comprensión por la parada y vuestra lectura de estos humildes  párrafos.
  

…el levante necio pero casi siempre triunfante trataba de traspasar arboles, edificios y almas que  a él se atrevieran a enfrentarse con tal de besar  la rada  gaditana. Entre esas almas se encontraban las de Daniel y Dora, que sin tocarse siquiera, parecían sentir sus pieles unidas por ese mismo aire cargado de fuerza y movimiento. Entre sus cuerpos separados por el aire en forma de viento podía  percibirse  el sentimiento puro que se sabe solo cuando se vive aunque  ni siquiera sea en realidad verdadero.  Fue ella, al fin, la que rompió el hechizo

-          Daniel, yo también deseaba veros y volver a teneros cerca aunque sea de esta forma tan fría.  La noche y el día que  vivimos no puedo borrarla. Cada minuto trato de  guardar un poco de la sinrazón de  todo lo real para acabar con ella, pero se incrementa a cada paso. Que Dios nuestro señor me perdone.
-          No, Dora. Dios es amor y nos ha permitido descubrirlo sin apenas saber cómo. Mas es esta situación embarazosa la que os aturde, sobre todo para vos que sois dama. Sin saber apenas de los porqués de los impulsos que no sean de la vida conocida estoy  convencido de que este huracán interno es real y nada mal puede hacernos si lo podemos gobernar, mi señora.
-          ¿Gobernar? ¿y cómo, capitán? No hay vela o timón que  virar como vos podríais  decir, ni siquiera cañón con el  disparar y huir. Solo vos, yo y un mundo por  girar  a nuestro sentir.

Caminaron a paso  corto, sin ganas de avanzar, pues solo se trataba de  permanecer lo que Cronos les bendijese hasta que algo o alguien los descubriese y todo tornara a la triste realidad. Acabó el paseo, el cuartel de aduanas   a punto estaban de doblar, los muelles esperaban mas allá.

-          Daniel, os deseo tener de nuevo en mi propio ser sin trabas, sin  más  separación que el propio halito de nuestras pasiones.  Daría mi  pobre  vida de apacible refugiada en esta ciudad por  escaparme con vos lejos, donde poder sentir sin temer.
-          Mi señora, lo mismo siento yo. Mas permitidme deciros que todo es posible si se cree en ello.  Al otro lado del océano hay un mundo  al que aún podemos llamar nuevo, desde la cálida y a veces sofocante Nueva España hasta el gélido y  tantas veces cruel   cabo de Hornos podemos encontrar nuestro propio mundo sin más trabas que  los dictados de nuestro corazón. Solo hay que proponérselo.

Con las lágrimas  en sus ojos se  abrazó a él sin temor a ser vistos por quienes los rodeaban. Fue un impulso  al que siguió  la imaginaria huida sin   freno hacia el lugar donde rompieron   cada uno con sus propios moldes de las sensaciones ya inventadas pero siempre diferentes. En aquellos instantes entrelazados ambos, mientras los ojos cerrados les permitía sentirse con mayor intensidad, nada les importaba salvo ellos…

El día transcurrió  sin otras  memorables situaciones, Segisfredo con la información obtenida del escribiente de la Casa de Contratación Peláez, regresó a cenar a la Fonda de Doña Ana, donde lo esperaba aquella  mujer a quien el verano hacía tiempo que le había pasado y malvivía en un inaceptable otoño para quien se supo primavera eterna.

-          Buenas noches, teniente. ¿Va a cenar?
-          Si, Doña Ana. Mi compañero, ¿está en su habitación?
-          No, no ha aparecido en todo el día. Estamos solos. Pero siéntese mientras le  caliento la cena y charlamos de  nuestros intereses.

El teniente Cefontes  se avino al zafarrancho  y cercano combate sentándose tratando de derivar precisamente las andanadas  de Doña Ana y centrándose en lo que en verdad le interesaba.

-          Huele bien lo que  trae  en esa cazuela. ¿Qué es?
-          Guiso de carne  de  jabalí.

Le sirvió el plato bien colmado  y tras escanciar dos pintas de vino se sentó a su lado.

-          ¿Consiguió más información?
-          Pues sí, algo más, no demasiada para lo que hubiera deseado. Al parecer estas dos damas  mucho  enredan a la vera de caballeros, mayormente de la Real Armada o de la Casa de Contratación, no me digáis el por qué de semejante querencia, salvo la buena planta de algunos de sus  mandos… No parecen de gran fervor católico, que no se las ve por la iglesia salvo en grandes  ceremonias donde  acuden hasta los hijos de Belcebú. Del hombre nada saben mis conocidos. Pero no os preocupéis que  continuaré indagando. Y de vos, ¿Qué podría acabar por conocer mi humilde ánimo en estos momentos, mi teniente?

Como si de  bala de obús a punto de ser disparado  fuese, Segisfredo apretó los puños imaginarios de su alma devolviendo  beso por palabra y abrazo por el resto de la información mientras Doña Ana sin importar el por qué de semejante efusividad  ni el grado de  engaño abarloado  entre sus brazos se dejó atrapar entre semejante fuego.

Con el jabalí y la casera de la pensión al punto aniquilados, el uno en su materia, la otra en su furor, el teniente Cefontes prisa se dio en buscar a su compañero de armas Antúnez. Había que desenmascarar semejante  entuerto por el bien de su amigo y hermano Daniel. Con la luna en su primer octante y el viento  aflojando por una vez en  ese junio preludio de noches estrelladas, topóse con a su amigo en la taberna  a la que últimamente habían cogido el gusto amargo de acudir de nombre “El Tuerto”. Había que ponerse en marcha antes de que  a su amigo lo  hundieran en el fango de la traición que al mismo tiempo diese con algún daño al Reino a favor de britanos que  bien parecía aquello maniobras de tales… 






lunes, 30 de julio de 2012

Echar de Menos...







A los mares a los que combatir sin tregua
entre rumbos que tomar sin más que tu propio deseo,
cabos que doblar cuando todo lo demás ya no exista
y tu estela se pierda engullida en montañas de agua.

A tantos Destinos sobre mis dos sonrisas expectantes
que permanecen sin tacha ni falsos besos mutantes
cuando la lluvia gris trate de pintarse en tu corazón.
Sinceras sonrisas liberadoras sobre el nácar de sus dientes.



A tu Tinta para unos versos que  se apagan sin ella,
elixir virtual donde una gota es  océano,
mar de certeza donde las dudas de ahogan en una botella
como mensaje  para recordar lo que vale su láudano
sin otro destino que su  ingesta hasta su retorno insobornable
en el que  mi corazón  palpita de nuevo por sentir el aire sin mas huella
que  las siete letras soñadas y pintadas sobre el costado de mi nave.


“Siempre”


 Echar de menos no es querer lo que no se  tiene,
echar de menos no es llorar por lo perdido,
echar de menos es solo recordar lo que deseas
para  cazarlo  como el viento en las alas de tu navío,
para volver a ganar las millas de bien en tu navegar
sin que la noche te despierte gris al alba de su rocío.



viernes, 22 de junio de 2012

Luna Llena





Luna, gata  soberana, viejo brillo cargado de infinitas vidas vividas nos has dejado esta noche. Hace ya  muchos meses que  nos separamos por razones que no son de tu ser ni de tu sentir.  Aun recuerdo cómo llegaste a mi vida, pequeña, asustadiza frente al espejo, guerrera cuando  tú misma te enfrentabas a ti al surgir de este sin explicación. Mimosa por encontrarte sobre mi regazo, rugiendo tu ronroneo en cuanto te hacías con él para despedirte con un suave maullido antes de cerrar tus ojos.

¿Te acuerdas cuando nos fuimos de viaje desde Gijón a Barcelona? 1.000 km tu y yo en el que no pasaron más de dos horas y ya te acurrucaste entre mis piernas mientras conducía  con el miedo a que la poli me pusiera una multa. ¿Y la operadora del peaje de Zaragoza? Te sonrió con la sorpresa al cobrarme mientras le maullaste  algo como si quisieras decirle somos pareja, ¡y qué!.

Los partidos de futbol en el pasillo del piso en el que vivimos en Esparraguera. Tu expectante a un lado y yo lanzándote piedritas pequeñas que al final parabas casi todas. Y qué decir de tus paradas propias de Iker Casillas con las pelotas de papel que te lanzaba.  Lo hemos pasado bien tu y yo, aunque a veces no fue tanto como cuando nos embarcamos en avión de Barcelona a Asturias y tuviste una diarrea instantánea que no supe cómo conseguir que la gente no confundiera el olor en medio del avión con alguna fuga de mal tono de mi mismo.

Algo que nunca olvidare fueron cosas como cuando Hernán con tres días llegó a casa y con suavidad te acerqué a él y le olisqueaste la nariz  con una mirada indefinible de incomprensión, o cuando ya mas mayor te fue a coger y con un susto por mi parte le diste unos cuantos manotazos; parecía que lo ibas a dejar destrozado y solo le pegaste con tus manitas. O cuando cada noche te subías a la cuna de Diego y dormías acurrucada junto a sus pies tan pequeños como los tuyos.

Nos encantaba estar juntos, tu subida sobre mis brazos y  yo sintiendo el palpito de tu pequeño corazón.

Has sido alguien sentido y que he sentido cerca en los quince años que viví contigo. Has vivido feliz y plena como un gato es capaz de vivir y ahora en cada plenilunio te recordaré con ese estar sin más, sin buscar nada más que una manta de lana a la que sacarle las bolas al calor familiar.

Blanca como ella, radiante como ella, solo sé que has sido algo muy especial en esta vida tan ajetreada que nos toco vivir entre viajes y niños.


Luna, sigues ahí, seguirás ahí, con nosotros para siempre.


Gijón,22 de junio de 2012

jueves, 21 de junio de 2012

A lumbre de Agua



Mantenerse firme, tenaz, sereno
ante este sol implacable como ardiente veneno.
Mantener la  vida clara como el ancla al partir
en rumbos sinceros por sentirlos verdaderos.
Así la luz se brindará como viento de libertad
sin aprobaciones de gracia que perfilen los techos
marcando los límites que la tornen en  falsedad.

Navegando a un largo

Creer y sentir, ligero, veloz, a un largo,
partiendo el océano de la duda estéril
rompiendo los muros del agua de la decepción amarga
por la incertidumbre que representa no ver avante
sin poder dar alcance a la invisibles esquinas de la mar
donde  el tesoro de tu sueño siempre se esconde
esperando que vueles mientras sonríes
ante temporales de pálpito y sangre gratuita
que siempre golpea sin dar tiempo a pensar.



Volar a lumbre de agua
como bala rasa decidida a incrustarse en la piel
del navío que navega ya en rumbo y demora
sobre el faro vital que lo saluda inmóvil por él.
Surcar rozando crestas de mar  en su alcance,
en el ansia por reposar en su interior como último trance
navegando ya en la misma derrota soñada
por la que suspiras en la boca de tu propio cañón.

Que no se moje la pura pólvora del rey



martes, 19 de junio de 2012

A la voz de ¡barco viene!...






Con el deseo cumplido ardiente a la voz de ¡barco viene!
los ojos destellan  iluminando el verde vergel inerte
que es la mar  vertida desde ellos por al fin tenerte,
sereno, mayor, esperando recuperar el orgullo que él sabe tiene.

Nada es ya más importante que la lluvia  convertida en violento roción
vestida de mar en mil veces partido  a cada golpe de pantoque
mientras de mi voz ruge el viento compitiendo  sin rival que lo provoque
avanteando  frustraciones que derroten nuestra furia de puro cañón.

Tridente Vencedor

Viejo eres, mas serás nuevo en nuestros sueños que nunca mienten,
los del tridente vencedor que sin miedo a la gloria ya te sienten
como reyes de los mares que  nerviosos  prestos ya estamos a surcar.

Sempiternos mares como  delicadas telas a las que rasgar sus secretos
como esa infinita espalda a la que sin límite besar
recorriendo pliegues, volteando crestas para ya nunca de ellos regresar… 


Buenaventura, con nosotros sin mas...

lunes, 21 de mayo de 2012

Pólvora del Rey






Agua de la Mar, sincera, helada,
sal milenaria en su seno enredada
escurriéndose burlona entre mis dedos
mientras se diluyen sus dibujos
entre cada pálpito sin gobierno
empujando sin frenos ni razones
al viejo músculo yerto de nubarrones
por el que ruge mientras te siente al rozarte.

Pólvora regia sobre el alma de su cañón
aturdido bajo tu violenta pasión
que al grito de fuego, golpea vibrante el cañón
tal que este corazón, mutilado y furioso;
mientras retrocede receloso
sin encontrar en mil años la explicación.



El asedio mantiene sin remedio el infierno
que es el Desengaño hurtando de los muros la risa
ante lo que tú demuestras serena y leve sonrisa
que es tu Viento desplazando las dunas de la pena
por ver lo visto sin vivir lo vivido
para sin tenerte haberte encontrado
bajo una ola de arena esquiva, cobarde,
sin la espuma que arde sobre tu mar,
sobre el alma del cañón que vomita tu pólvora.

Mil deseos  en mesnadas desde mis muros ya cargan
sobre las lumbres vestidas en huestes de añagazas,
destellos de maldades comandadas por el viejo engaño
de su rey el Miedo y su Maestre, el  curtido Desengaño.

A sangre y fuego de tu pura pólvora
barren mis tercios sin piedad al monarca y su maestre
por alcanzar tu estrella
o encontrar en vida mi muerte sin más huella.  

A la pura pólvora del Rey




lunes, 7 de mayo de 2012

De las Dunas y el Desierto



Incluso las dunas del desierto infinito  se desplazan para mantenerlo perenne en su inmensidad, en su agreste belleza y crueldad para quien lo desafía sin dudas ni contemplaciones. Quizá sea así esta sociedad en la que  me he encontrado  por el azar del Destino. Un desierto en el que las estaciones, los cambios en la política, las revoluciones se parecen a esas dunas dando la sensación de cambio, de desplazamiento, para que todo se mantenga como tiempo atrás  lo habías percibido ya.

Si por un poder imposible fueras capaz a vislumbrar el inmenso mar de arena desde alguna almena imaginaria que  rozase el sol que deslumbra, quizá ya uno se hubiera dado cuenta que  todo permanece y los cambios solo son  pequeñas arrugas falsas sobre la eterna juventud de la realidad que  se ríe por nuestro bisoño concepto del poder.



Hace casi treinta años la vida en España comenzaba a abrir sus poros en una sociedad impermeable durante los anteriores cuarenta a cualquier atisbo de libertad que no fuera una concesión, algo que ya la invalidaba como tal. Y  esta sociedad creyéndose como esa duna que todo lo puede a fuerza de la unión de sus granos  empujados por el viento de la libertad creyó darse unas leyes y un sistema que  convirtiera el desierto vivido de oscura ceguera religiosa y moral por algo abierto a lo que viniera sin  más límite que el respeto por el que se cruza en tu viaje.


Pero tras esos treinta años escasos las canciones que escuchaba de imberbe adolescente al volver a escucharlas  me demostraron su vigencia a pesar de  las leyes y los logros  “dados” en teoría por nosotros como pueblo para, por lo que percibo acabar por  llevarlas a la obsolescencia. Letras como “Banqueros, unos ladrones, sin palancas y de día, políticos estafadores, juegan a vivir de ti”, “ellos dicen mierda, y nosotros amén”, “señores diputados, la situación es extremadamente grave, debemos hacer un consenso para meterlo dentro un marco, ¡qué monada!...”, no han perdido su vigencia tras  tres décadas.


Y como bien dice Evaristo, su  voz, tan viva como cuando  rompió  con su “Salve”, la vida sigue su curso y no hay pasado ni futuro, sólo presente que nos permita  vivir sobre la duna y tratar de domarla aunque nunca sea  posible lograrlo. Hoy es el futuro, saltemos sobre toda esta bazofia vestida de  honradez democrática que solo es la tapadera  agónica de sus propios intereses sobre los que incluso ellos se ven  ya medio desnudos por su propia incompetencia y nuestra culpable dejadez.    


Las dunas seguirán desplazándose, algunas veces a nuestro gusto otras nos devorarán  por vientos crueles  e impíos con la sociedad que  incluso acaben ahogándonos, pero si algo debemos de tener claro es que ellos no son nada, no son la justicia aunque se arroguen eso por algún nombramiento de otros como ellos, o te detengan por incumplir con lo que está escrito por sus propias  mentes interesadas en mantener el  “statu quo” que los ha dejado vivir así durante tantas centurias. Unas veces ha sido la cruz o la media luna la que  ha empujado y azuzado por la ignorancia a morir por sus intereses guardados tras ellos, otras la patria como concepto falso de comunidad, tantas veces  la crisis en la que hay que   clavar las rodillas  en la miseria de saberse derrotado sin en realidad estarlo, pues son ellos los que deben  mas por ser lo  que han llevado las riendas.

Lo primero es ser conscientes de que ellos no podrán engañarnos, lo demás llegará después. Solo pretender perpetuar lo que ya no tiene futuro, este desierto ya está sin arena y las dunas no significan nada.   Vivimos en un planeta agónico que ya no permite mas crisis falsas, solo aceptará que reconozcamos la crisis de nuestra impotencia y nuestro propósito de  acabar con las viejas formas.  Los que nos pretender llevar nos son más que marionetas de su propio suicidio, no  les debemos nada, nos lo deben todo incluido el sueldo que ellos mismos se suben cada año.

Nuestro planeta es soberano y acabará por  echarnos si nos  cambiamos nuestro concepto de consumo y eterno crecimiento  a costa de su naturaleza por el mero hecho de ser más. ¿Para cuándo  el fin del   religioso “creced y mutiplicaos”? ¿Para cuándo los ciudadanos por los ciudadanos? Ni patrias ni banderas que solo benefician a unos pocos.


Esta crisis tiene que  ser la mutación verdadera  donde no olvidar las razones por las que  llegó esta y las  anteriores económicas, bélicas, coloniales y tantas más; hechos en los que los mismos con otras caras y trajes a la moda correspondiente   a cada época continuaron beneficiándose mientras nosotros y nuestros  antepasados hundieron sus sueños en el barro de la impotencia.



Hoy es el futuro... para todos

jueves, 26 de abril de 2012

Y regresaron...




Caminando  sobre aceras solitarias
buscando las musas
sin encontrarme con las prisas,
evitando las sempiternas pausas
fue un viejo guante de piel el que me golpeó.

Brillaba volante el rayo de su mirada
mientras borraba las sombras,
inoperantes por ocultar  sonrisas
en el intermedio de la tontuna por una indecisión.



Y allí estaban, no habían zarpado:
barcos escondidos tras las hojas de mil libros,
secos en sus cierres, ocultos pero expectantes,
por ser abiertos, por ser descubiertos de entre sus páginas
donde inundar mi alma desde sus amuras
 entonces empapadas frente a mil y una batallas,
donde  espalda con espalda sus camaradas
afrentan duelos, apuntan cañones
vomitando andanadas
por vivir sin trampas
 fuera y dentro de sus renglones.

Feliz reencuentro, enorme el momento
Leñanza, Jack, Churruca, Peral, Suleimán
y tantos más siguen pacientes su espera
por dar  su versión de la pasión sobre la vida imaginada.
Mientras fuera la rutina se diluye anodina
por su propia, insalubre y defensiva sordina,
mi alma ya navega de nuevo entre pólvora y cañón,
renglón a renglón…






miércoles, 4 de abril de 2012

De faros y mares (II)




Ya avistamos la  luz en forma de propia cadencia que nos  dio la razón por la que se parten los mares, por la que se vive sin vivir tantas veces. Alcanzar algo que en breve se habrá de abandonar. Sin embargo la felicidad por el logro alcanzado, la meta, el  roce con la solidez, la estable permanencia de la tierra sobre su lugar sin ambages, sobre la que aún extraño te encontrarás triunfante y siquiera libre un poco tras  tanto tiempo sobre tu propia libertad encadenada al inmenso océano que es la vida sin límites,  esa felicidad de la que ya eres consciente sabes que  será corta y  por  inolvidable  la deseas porque la dejarás para volver a  buscar de nuevo lo mismo sin otra solución humana.

Faro de Torres, Gijón
El faro te avisó, tu corazón palpita ya mientras el olor   que el terral te lleva hace que  los pulmones  no deseen otra cosa mientras la sonrisa entre tus  hermanos  no pide nada más, quizá una cerveza apoyado  sobre la banda que mira la línea de costa al oscurecer libres de guardia.  Las luces de lo que “allí hay” te incitan a pensar en las vidas que  dibujan sus brillos constantes mientras otro destello este  ya de no tanto alcance llama tu atención. Lo ves allí, elevado  sobre el acantilado ocultando el brazo de piedras y hormigón que promete calma y descanso.

Luz que previene de lo bueno que es una rada donde tomar respiro, donde largar el ferro o amarrar firme a los norays  ahítos de cabos con mil dueños. Luz que previene de  su fielato por  lo bueno. Acompañada de sus pequeñas hijas en rojo y verde marcando las normas si así deseas recalar entre sus brazos serenos.  Donde habrás de renunciar a marcar el rumbo  frente a la furia del mar y aceptar su ley  por la calma a ganar. Donde sí  una vez decides  aproar a su  destello sabrás que abandonar desde ese instante el rumbo significa zozobrar.

Mientras, con la cerveza observas como  va virando  tu nave y cada vez de forma mas suave  aproxima su proa   para dejar por estribor el orgulloso faro que, desde su pedestal de roca cortante, nos permite  el paso  cual señor de su castillo nocturno. Tu nave vibra, no es su forma natural, no abre espuma sobre mares sin esquinas, ahora debe de contener su fuerza para  lograr  atravesar el  angosto paso marcado por las hijas de este en colores  rojo y verde y eso lo hace sufrir y temblar  la cubierta de acero sobre tus propios pies. Los deseos, las ganas de ver se  confunden en sonrisas de corta duración. La maniobra se acerca, las maquinillas ya con vapor vivo  esperan  para aferrar el  corazón libre a su prisión temporal consentida.  Dos pequeños esclavos de la tierra, sin más orgullo de falso contenido como es el que  sean los  que empujen tu nave aparecen y tratan de contener el impulso innato de libertad para  encajarte sobre un muelle.

El olor a  hierro, a crudo, a agua dulce manchada de mineral y maltratada por las rodaduras te demuestra que ya  has regresado. El viento sopla más débil que hace seis horas cuando ya avistabas el puerto y la cima donde el faro imponía su  derrota. Huele a tierra y el frescor no es el mismo, pero  deseas tenerlo entre tus pulmones por un tiempo sin compromisos, sin promesas, como una gota de  la mar infinita  sobre la que vives.

Viejo Faro de Cabo Blanco, Nohuadibou
“Listo de máquinas”, “listo de papeles”, toca salir y descubrir si las arenas del desierto que has ido observando son tan finas como parecían a bordo desde la lejanía, si los destellos de los semáforos o el tráfico que se adivinaba  a través de los prismáticos  parecen  lo que te imaginabas, si lo que prometían las imágenes de la televisión  que ya podías ver horas antes  eran tan reales como lo que estabas a punto de sentir al bajar del taxi en el centro. Mientras el faro y sus hijos continuaban  en su cadencia, marcando el paso franco para quien deseara dejar por un momento la libertad del viento y la mar en soledad.

Faros entrada a Delaware.
Y las horas fueron pasando, cabo Blanco era de tal color, pero no daba para más, el centro de la ciudad  no era más distinto del anterior núcleo urbano y sus gentes  al fin y al cabo tan extrañas como las que te encontraste en último lugar, los anuncios  de la televisión  no demostraron nada y siguieron siendo anuncios. La mañana siguiente el faro estaba mudo, los 7.000 metros cúbicos  que vomitaban las turbobombas de crudo a la terminal  poco a poco  elevaban la pared metálica de los costados de tu  nave, su obra viva ganaba en  tamaño frente a la muerta. La hora estaba ya cerca mientras el atardecer llamaba al giro de la candela y los destellos como en los últimos cien años ya  anunciaban el reinado compartido con la luna del faro y sus hijas.

La escala real retirada, maquinas a punto,  vapor vivo en la válvula presto a vapulear la turbina sin  piedad. Los mismos esclavos que lo encajaron ahora sin sonrisa nos desencajan y como el polvo de un viento fantasma nos acompañan hacia el canal marcado  a golpe de luz para  buscar otra meta, otro faro donde recalar para volver a encontrar lo mismo o quizá no, pero eso da igual pues la meta es solo parte de la razón, la vida  consiste en abrirse paso entre la soledad de la mar  convencido y sin mas miedo que el siguiente faro se apague al vernos arribar…



viernes, 30 de marzo de 2012

De faros y mares. (I)




Faro Espartel
Faro como la torre que es, señal verdadera a los navegantes que se aventuran por los mares reales  de agua y sal en los que cualquier atisbo de luz en lontananza nos  devuelve la  seguridad o  al menos retira el olvido  de la inmensidad momentáneamente por ese  golpe de  luz. Un golpe como flechazo que demuestra que hay algo ahí fuera velando por nuestro bien sin pedir, sin exigir reverencia ni  pleitesía. En su soledad enhiesta y segura sobre firme roca las más de las veces desafiante a la mar, esta vez como inmenso remanso líquido de soledad entre tinieblas, y permite marcar el rumbo, la enfilación, la virada si esta se decide desde la propia decisión sobre tu propio gobierno. Pero hay en la mar  real y la vital muchos tipos de faros que merece la pena descubrir y rendir un homenaje desde mi humilde puesto de navegante  aferrado al timón de toda la Vida, mientras lo busco como todos los que son conscientes de que sin éstos minúsculos puntos de la noche nada queda más que abrirse al mar abierto cargado de soledad donde solo queda seguir bregando la mar, capeando, sin poder siquiera arriesgar  aproximando nuestra nave a las costas de vidas ajenas, trabajos de nueva factura, mil sueños y  acciones que  sin su protección humilde, acometerlos pudieran hacernos zozobrar.

Todos hacen  lo mismo con su  secuencia de destellos particular, pero para cada quien son y serán distintos. Hay unos  que siempre me devolverán el recuerdo  maravilloso  que anuncia la proximidad del  objetivo de la próxima recalada tras un largo viaje donde,  el mal tiempo, el calor sofocante, los problemas  en el buque, las  ganas de desembarcar tras mas de cuatro meses perdido hacen que su  primer avistamiento haga golpear con fuerza el corazón y todo lo que has mantenido bajo la piel contenido regrese en forma de olor, de sonrisa, de la grandeza sobre lo más minúsculo para quién lo tiene todos los días.

Faro Finisterre
Para mi siempre serán eso faros como el de Espartel en  Marruecos  tras una travesía larga de sur a norte desde Cabo López en Gabón, Cabinda en Angola, Nohuadibou en Mauritania cargado de crudo o mineral, donde su luz te dice que el Estrecho esta cerca, que ya alcanzas  lo que  deseas; igual, aunque un poco más al norte el de Finisterre  en España; o el de Cabo Palmas entre Costa de Marfil y Liberia, que te confirma al fin donde enfila tu proa  con el millón de barriles de crudo, si hacia la Europa caduca  en su  devenir o al pujante y cargado de consumo de la costa de los Estados unidos; los faros de Antigua y Montserrat que tras 25 días de travesía en  diagonal con rumbo NW desde Angola, al fin te dice que  la puerta del Caribe esta  abriéndose para ti y  podrás pisar la bendita tierra donde se escucha tu propia lengua; los destellos desde Mayyum en las puertas del Mar Rojo tras la sofocante travesía desde la India  sobre un Indico  traidor con su pequeño Mar Arábigo como caldera hirviente y silente al que deseas dejar  para ganar el norte con Suez más cerca y así  los mares que te son cercanos por tu propia vivencia.

Son esos faros que te  dicen sin soberbia, pero con su orgullo silencioso que la recalada esperada tras semanas de travesía en solitario te alcanza, su cadencia, como decía más arriba te lo confirma. La alegría inunda los compartimentos durante la travesía estancos, preparados siempre para lo que pudiera llegar, sin temor pero prevenidos. Siempre buscando, esperando por encontrar la luz que te lo indique para arribar hacia su señal y recalar cuanto antes donde lo que crees estará aguardándote  con las puntas  de hormigón separando las olas de la calma que te parecerán los brazos con los que  llevas soñando en la dura travesía del sentir como de puro abrigo, como la razón por la que has surcado miles de millas   rodeado de la   soledad entre la piel de hierro que has hecho de tu vida como nave en el océano real del día a día.

Pero ese faro en tal océano acaba por aparecer y te muestra su opción, su aviso, su regalo. Sólo has de arribar o continuar en tu derrota    mientras lo dejas  por el través  hasta perderlo  más a popa,  desprecias su luz sospechando que  sea otra falsa señal donde arribar como tantas otras. Si das la virada quizás  otro faro de menor fuerza, pero de mayor cercanía te ilumine el corazón y arriesgues la quilla de tu vida por  largar amarras cerca de su luz. Si no la das será otro faro el que te brinde la oportunidad de cambiar tu derrota más avante, solo estará en tu  gobierno golpear el timón de tu corazón.

Al menos en los faros de la mar todo es sencillo pues están los derroteros, los libros de faros y las propias cartas que nos dicen lo que son, cómo son, lo que dicen, dónde se encuentran y su vista por saber tanto de ellos nos permiten decidir con el pálpito de  estar cerca del deseo por cumplir. En la vida has de confiar en su luz, en tu corazón… y jugártela.

Estambul