viernes, 27 de noviembre de 2009

No habrá montaña mas alta... (37)



…de forma lenta los navíos fueron agrupándose  próximos al núcleo del convoy de los mercantes  que se habían puesto al pairo con esa intención. A menos de media milla a barlovento de éstos, el “Estrella del Mar” así mismo se mantenía  observando cómo  la Urca retornaba escoltada  a cada banda por la fragata  y el navío "Catalán" mientras las dos corbetas apresadas  se mantenían  cercanas a la Almiranta. La más dañada,  que fue la del primer combate con la fragata “Pingüe Volante”, había recuperado el palo mayor  y lucía con un aparejo de fortuna que seguramente sería reforzado si la climatología y la mar tendida daban respiro en las siguientes horas. Su nombre cuando corsaria era el de “Rage” al que nuestro comandante la rebautizó con el nombre provisional de ”Furiosa P”  y a la última en ser apresada, además de la P que llevaría hasta ser valorada y admitida en la lista de buques de la Armada, le cambió su nombre de “Thunder” por el de  “Tenaz P”. Esta  era la que  se encontraba en mejor estado por lo que su  alistamiento  como escolta del convoy no tuvo más inconveniente que el reclutamiento de la tripulación de mar y guerra con que marinar la embarcación con seguridad y potencia militar de garantías ante alguna incursión.




Mientras se trasladaban y repartían a la chusma entre el “Catalán” y la almiranta,  Don Carlos Grillo en consejo de guerra con los comandantes y mandos del “Catalán” y la "Pingue Volante" tomó su decisión  tras el oportuno consenso, que nada es mas importante en una buena dirección que asumir el mando  con la claridad en las ideas, la seguridad en las decisiones y el acopio de voluntades compartiendo  responsabilidades entre quienes han de darlo todo por uno en los momentos  donde la verdad es la señora del presente y la acreedora  en el futuro.

-          Bien, caballeros. Debemos  trasladar  hombres a las corbetas apresadas sin dejar nuestros navíos sin brazos que  los manejen.  Vos,  Don Fernando Arrate, trasbordaréis del “Catalán” y asumiréis el mando de la de nombre “Tenaz” y os  mantendréis cercana a nuestro navío hasta que mediante señales  nos indiquéis vuestra total competencia para  proteger el convoy en que deberñeis ganar barlovento en el cuadrante mas a popa de nuestra fragata. Trasbordará con vos el teniente de fragata don Luis Barreñada con el que  se que   funcionaréis como  máquina bien engrasada.  A la corbeta más dañada que nombramos  “Furiosa” iréis vos, Don Miguel Grifol, como comandante  y con vos irá don Juan Artime que os será útil  en las labores de reparación durante la travesía. Se que os entrego el mando de algo que se parece a un  barco pero que   aún le queda mucho trabajo para  recuperar  tal categoría. Confío en vuestras dotes como mando y en  Don Juan Artime estoy seguro que encontraréis el perfecto segundo  conocedor de las labores que precisa su nave. Don Juan,  hijo y nieto de carpinteros de ribera, hidalgo por derecho real es al mismo tiempo  oficial y verdadero maestro constructor. Mantendrá su posición cercana a la capitana avante del convoy y le respetaremos su andar durante  las próximas cuatro singladuras, después de las cuales si no es capaz de ganar  velocidad le dejaremos a su suerte  esperándole en la ensenada de Puerto Cabello. Eso es todo ¿Algo que añadir, caballeros?

Tras esa última orden nada más  se produjo el saludo de rigor y la aceptación de las órdenes comenzando  las actividades de los trasbordos de marinería a las respectivas corbetas, mientras la chusma ya terminaba su “acomodación” en los pañoles mas profundos de los dos navíos. Era intención de Don Carlos dar cumplido gesto en razón y justicia  sobre los mandos de las corbetas corsarias a la llegada a Puerto Cabello y aún restaban  más de 2500 millas  hasta ese momento.

El teniente de fragata Don Miguel Grifol nunca la había visto más clara y brillante en toda la vida  transcurrida desde que despidió a sus padres  con la vista de olivos y  el olor de los restos de  pólvora quemada  entre borbones y austrias en su Cataluña natal. A sus 25  años iba a mandar una corbeta, aunque fuera un mando provisional seguía siendo su mando hasta arribar a Cartagena. Sería  en su corbeta donde  comenzar a sentirse ese dios menor  a quien todos observarán y de su actitud ante sus hombres y ante lo que a proa se presentase así sería parte de la respuesta dada por ese ser vivo con piel de madera  del que sentirse dueño, padre y  protector.  Con orgullo  encaminó sus pasos al pequeño camarote donde tenía sus cosas mientras se mordía su labio superior y una voz desde dentro le susurraba “avante sea lo que sea”. Una vez todo listo, que no era gran cosa lo que abultaba su petate, se acordó de Daniel que se mantenía  en la primera batería pues el zafarrancho  aun era vigente.
-          ¡Don Juan! ¿Ha determinado ya quienes  son los que trasbordan a la “Furiosa”?
-          Sí, mi teniente. Son varios artilleros de la segunda batería, cuatro infantes de marina con mosquetes y pertrechos propios de su oficio,  treinta marineros entre los que van carpinteros y los calafates del navío. Con dificultad, pero si logramos  afianzar el palo mayor y aparejar algún mástil  que admita de  mesana podremos  disponer de al menos una pequeña cangreja a popa. Me dice el segundo, Don Francisco, que de los que van a bordo de la fragata deben reembarcar la mayor parte de los artilleros a la fragata y sólo dejará a los  que sean de los oficios pertinentes para las reparaciones. Creo que lo lograremos… capitán.

Una sonrisa quiso aflorar del rostro del Teniente Grifol ante tal sonido, pero enseguida  el mismo sonido de la palabra lo mantuvo serio
-          Haga llamar al paje de pólvora Daniel Fueyo de la primera batería, lo quiero a bordo conmigo.
-          Si, Capitán.
Así fue como de una voz,  tras recibir la orden pertinente, el cabo de mar de su cañón  le ordenó subir a cubierta. Sorprendido, subió las dos cubiertas que lo separaban del combés donde la luz lo cegó por un momento, mientras una bocanada de aire puro y helado casi lo desmaya. Cuando Miguel Grifol lo vio no pudo reconocerlo. El pañuelo en la cabeza que algún día fuera rojo no se podía distinguir desde su negrura con la de la piel que supuraba un brillante sudor propio de minero  del color del metal de las balas de los cañones que horas antes había embocado en la boca del cañón al que servía.

-          ¡Paje de pólvora, Fueyo! ¡Embarcaréis en la corbeta “Furiosa” a mis órdenes como meritorio de pilotaje! ¡Ahora adecentad vuestra presencia antes de trasbordar a la “Furiosa”¡

Rápido como las balas de cañón cumplió su orden y  se presentó junto al resto de los hombres que serían trasbordados en los esquifes a la “Furiosa”. La mar estaba de buenas, así que era el momento de rematar todas aquellas operaciones antes de que su femenino ánimo, de inestable naturaleza y difícil previsión, estallase en  borrasca o duro temporal, haciendo que lo que pudiera ser   maniobra certera se convirtiese en  seguro desastre entre níveas crestas de agua y sal.

Los alisios continuaban su paciente  resoplar mientras cada  grupo de hombres hacía de su nuevo puesto su hogar y comenzaba a batallar por lograr  la meta encomendada por el Comandante.  Con esfuerzo la corbeta de Daniel  fue ganando la posición indicada por Don Carlos. Con  el aliento de la noche  sobre las nucas de cada  hombre los fanales  trajeron con su titilante luz la calma de la navegación en orden que dos días antes creían haber perdido para siempre. Daniel, al lado del teniente Grifol esperaba alguna razón de aquél cambio mientras  a pesar de la nocturna vela que  pocas opciones daba  a lo que no fuera la pura singladura, parecía en verdad el nombre de la corbeta de puro aciertop pues la  febril actividad casi  sin visión de tal estampa le daban.
 Mientras, el teniente sin  reflejar nada  brillaba de pura satisfacción  al mando de lo que debía de ser  una corbeta y a fe de su ánimo que lo lograría…


2 comentarios:

Menda. dijo...

¿Has cambiado la letra, Blas?. Bueno, no importa, tengo el original, ajajjaja, pero es que se lee un poquito peor por el tamaño. Que tu sábado sea provechoso.

Lúcida dijo...

Disminuyó la tensión...