miércoles, 4 de noviembre de 2009

No habrá montaña mas alta... (30)

…la alegría desbordaba los ánimos de Daniel a pesar de golpes, gritos y reprimendas recibidos desde el mando y la marinería; que el puesto lo tenía, pero aún no lo había ganado. Era a fin de cuentas “el criado” El día de “permiso” que el nostromo le concedió fue todo él para mostrarle el agradecimiento de forma velada como así lo exigía su teniente Grifol, para escribir sus sensaciones en su pequeño libro de venturas y desventuras de forma también velada, que no es de infravalorar la propia perspicacia de sus hermanos de travesía y que por tal hecho sospecharan que su origen no era el propio de criado de oficial de la Real Armada. Al principio escribía con la imagen de su madre María como destinataria de sus pensamientos y otras a su padre como confidente virtual de su propia existencia, pero poco a poco las venturas y desventuras vinieron a él por él mismo y se percató que era a sí mismo a quién sus pensamientos debían rendir negro sobre blanco; de aquella forma tales reflexiones serían válidas siempre que las necesitara.



La flota navegaba aturdida por una mar apenas viva y solo era sostenido el andar del convoy por los siempre fieles alisios que, con más o menos intensidad en su soplar, daban vida a los 17 navíos con sus proas en demanda de las Islas Canarias. Llegó el martes y los primeros instantes de la batalla de Daniel por ganarse el respeto de los que con él desempeñarán a partir de aquél día sus labores en la 1º batería de estribor sobre la aleta de popa. Seis cañones de 24 libras esperaban sus cuidados, sus ajustes, que de la misma guisa se comportarán cuando frente a ellos las portas del enemigo planten cara y osen disparar. Las singladuras que restaban hasta la recalada en el puerto de Santa Cruz le permitieron aprender parte del trabajo. Le mostraron la manera de trincar el cañón sobre las portas, la forma de acarrear la pólvora y el balerío más segura en las mil y un situaciones de mal tiempo y de combate que pudieran darse, donde la sangre y las astillas siempre serían su mortal enemigo. La carga del cañón en todas sus fases, sus trincas para el retroceso y la prevención en el momento del disparo.


Aún con su esfuerzo demostrado ante sus reales jueces, en las tablas que estps montaban entre cureñas para comer el rancho no era Daniel partícipe, teniéndose que sentar entre baldes y tablones a comer el suyo en solitaria compañia. En los navíos como en la vida siempre hay escalones que hay que superar, superaciones en muchos casos injustas y de ley en otros tantos, pero que escalones al fin son y el esfuerzo junto con los deseos de superarlos son los que darán a Daniel y a cualquiera el salvoconducto para librarlos. Este era uno de ellos y en el “Estrella del Mar“, como en la propia vida ese esfuerzo hay que hacerlo a largo, sin prisa pero sin pérdida de tiempo. Daniel respetuoso con aquel orden establecido mantuvo su distancia cuando esta era convenida por su pequeña “compañía” de artilleros. Un paje de pólvora como él aunque algo más añejo en su devenir vital se juntó a sus soledades en aquella cubierta con la escusa de ayudarlo en semejante trance voluntario, estado que no podía entender quien en él se había visto obligado por la necesidad.

- No te apures, chaval que no son tan duros como parecen. Gánatelos y serán tus escudos durante el combate.
- Gracias por el consejo. ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Daniel Fueyo…
- Si, si, el "criado". Déjate de apellidos, que aquí los nombres que tenemos son los que ellos nos pongan. El mío es Pulga. Como verás no tienen una gran imaginación, que ya sé que soy pequeño pero sin así no lo fuera no sé lo que hubieran tragado en el último temporal que nos cogió a pocos días de Canarias tras salir de La Habana. Si no logro salir por entre dos baos machacados por un cañón destrincado que de un golpe abrió, nadie hubiera sacado a esos que ahí ves vocear con vida cuando quedaba menos de tres palmos de agua entre sus gaznates y la cubierta de la 2º batería. Desde entonces a este Pulga lo tratan con un poco de más respeto. Asi que, ya lo sabes, criado. Si algo necesitas no tienes más que pedírmelo.


- Gracias Pulga.
- No las merece, a bordo todo se acaba devolviendo.
Su nuevo compañero le instruyó en todas las artes, las buenas y las malas, que debían saberse en aquel inframundo para poder sobrevivir sin atreverse a preguntarle los motivos por los que había renunciado a las cómodas y en comparación regaladas labores de lacayo de oficial.
- ¡Señales de Tierra desde la capitana! ¡Por la amura de babor!
De manera sosegada por saberse inminente tal aparición Don Carlos Grillo extendió su largomira hasta confirmar con su segundo Don Francisco tal cosa. El navío “Catalán” como nave capitana avanteaba alguna milla más sobre la flota lo que le permitió ser el primer componente en divisar la isla Alegranza, que por tal cosa así se ganó su nombre de boca de las gentes del mar.
- Don Francisco, ordene a nuestra fragata que de aviso a Santa Cruz de nuestra arribada en dos jornadas. Son 150 las millas y no creo que este viento nos abandone. ¡Ay! ya tengo ganas de comer fresco. ¡Don Francisco, dejemos a los más jóvenes que lleven la flota a Tenerife! ¡Vamos, le convido a un buen tinto que guardo para celebrar cada recalada!
Mientras desde las antenas se trasmitían las órdenes para la fragata con el código de banderas y la Isla Alegranza dejaba poco a poco ver tras de si la isla madre de Lanzarote flanqueada por la Graciosa y Montaña Clara a su derecha y el pequeño Roque del este a su derecha desde su posición todo el mundo continuó con su tarea con el humor de saberse pronto con el rumor de la vida terrestre cercana ellos y quién sabe alguno hasta podrían descender a tierra a sentir su tacto y hasta su sabor.
Daniel desde la 1º cubierta llevaba su alegría por aquello contenida atento a la maniobra de destrincar varios cañones que se encontraban abatiportados por seguridad. Había órdenes expresas de Don Carlos el comandante de presentarse frente a San Cruz con las portas arriba y los cañones para revista. La alegría continuó en medio de aquella actividad frenética por disponer del navío a punto a una jornada de la recalada.
A media jornada de Santa Cruz se redujo la marcha para que la flota entrase en línea y lo más uniforme posible, así con menos de tres cables entre cada nave sonó el cañón de aviso por parte de la nave capitana y la misma respuesta desde el puerto canario. La muchedumbre se agolpaba ante aquella visión de tantos navíos que poco a poco iban devolviendo el orgullo perdido de su propia nación. Y por qué no decirlo, no había nadie que sobre los muelles y laderas de las montañas cercanas no estuviera, que de una forma u otra algún escudo real iba a lograr llevar para su boldisllo gracias al arribo de aquella flota.
Mientras tanto, a bordo de la Urca "Virgen de Valbanera", María, Pedro y todos los demás observaban con gesto de asombro el recibimiento en medio del decorado de aquel paisaje distinto en el que poco a poco, con la lentitud de la flota iban sintiendo que los iba engullendo hasta que la voz del piloto rompió el hechizo.
- ¡Fondo Ferro!

El sonido refrescante del propio golpe del ancla al romper el agua para acabar prendida sobre el tenedero y con ella la urca y el posterior borneo sobre el cable de esta hasta quedar la nave segura fueron las últimas maniobras de aquella primera parte de la travesía desde Cádiz. María quedó observando la misma operación del “Estrella de Mar” imaginando que alguna de aquellas cabezas que podía distinguir en azorado movimiento podría ser la de su hijo Daniel. No sabía que era Daniel el que observaba a su vez desde la porta de su cañón a la urca donde también se resignaba a imaginar lo mismo.




Pocas horas después un lanchón cubierto zarpó desde los muelles con la proa en la nave Almiranta a recoger a Don Carlos Grillo. Mientras, la consigna desde esta fue la de que todas las dotaciones permanecieran a bordo de cada navío a la espera de la reunión que al día siguiente se celebrase en la nave almiranta con todos los capitanes de la flota. Antes esto solo quedaba esperar y descansar al abrigo de Santa Cruz...

5 comentarios:

Teresa Cristina flordecaju dijo...

O homem caminha
Nem sempre certo de seus passos...
Mas segue...
Aqui fico olhando "teu mar"...
... Querendo ser o vento...
Para dar asas a meus versos...

Um cheiro em teu coração...

Menda. dijo...

Ahhhh!!! Tenerife......A ver si les trataron mejor que a Nelson....

José Luis dijo...

Y aquí sigo...
Montado en el barco que juntos abordamos en algún tiempo.
Usted, Capitán, yo simple marino....Aquí sigo navegando contra el oleaje de la tempestad...
Un beso mi blaz, un abrazo para los tuyos.

Desde Monterrey, México.

marea@ dijo...

Yo intent colarme de polizón... como siempre... me gusta vivir esas aventuras.... un abrazo amigo.

Lúcida dijo...

Poquito a poco me voy poniendo al día.