jueves, 10 de marzo de 2011

No habrá montaña mas alta... (99)


Abrazos  en el reencuentro de dos amigos que se sentían hermanos de mar.  Aquél 1 de junio el círculo de nuevo volvió a cerrar sus trazos  anudando los destinos de  esos dos hombres sobre la madera  silenciosa,   pulida  testigo de  combates, encuentros y muertes  entre derrotas y victorias de sus  humanos servidores. No tuvieron más  que la noche  y el  siguiente día para celebrar y compartir sus historias vividas  desde su separación meses atrás. Segisfredo fue  sincero en sus sentimientos relatándole  su  estado y el de su  amada Mª Jesús a la que sentía  como ya  perdida en la villa y corte sin  que el destino tuviera a bien  brindarle la chanza  de encontrarse con su piel de nuevo  tan cerca como para permitirse el  lujo verdadero de  seguir a su corazón  abandonando la razón  como motor de su destino.


Daniel le  devolvió a la realidad de su destino a bordo, donde todo estaba supeditado y  dirigido a la partida para combatir al   turco  enmascarado de pirata argelino.

-          Mi querido teniente, estamos a una orden de partida  por parte de nuestro teniente general Don Francisco de Cornejo y  su segundo en el “Santiago”, Don Blas de Lezo. Llevamos una formidable escuadra  con una dotación que no podrá rechazar el moro si es que se atreve.  Te necesito para poner orden a bordo, no puedo ni debo descabalgar de  su puesto a  mi segundo a bordo, Don José Cienfuegos y por eso quiero que te hagas con  la artillería y todo lo que signifique pura guerra a  boca de cañón y si se tercia un buen  combate a toca penoles  serás tú mi  aguerrido quien lleve la voz cantante, que tengo a un encopetado  teniente de fragata, futuro duque de no sé qué  orilla de rio, al que he acogotado con que deberá  hacer lo que no  sabría hacer ni  con la mitad de la guardia real  sobre  el enemigo. Hazte con semejante  grande de España y me lo cuentas después.
-          Vaya como me lo pones. Aunque creo que saldremos  bien de esta con semejante liebre de los mares. Salvo por el padre de Mª Jesús  que me  proporcionó todo lo necesario para  hacer del “Santa Rosa”  el bergantín mas lustroso de toda la Real Armada, creo que tienes  a la “Minerva” para recibir a su majestad católica en plena coronación.
-          Cosas del duque este que buenos  caudales  e influencias tiene y con un poco de miedo  desde  este que te  habla hace que fluyan cabos, pintura, velamen y hasta pan de oro para las balaustradas y barandales. Pero bueno  dejemos al futuro duque y  preparemos el  trabajo que quiero  una dotación propia de plantar cara al inglés sin más temor que  el de morir antes de  clavar andanada a lumbre de agua y  no poder ver como se hunde   su gallardete britano  frente a nuestra amura de babor o estribor…

La conversación fluyo por  infinitos derroteros de  mar, amor y guerra con la libertad y la confianza que dos verdaderos amigos pueden llegar a portar como contrapeso y  benigno lastre que hace de sus naves  buenos artificios en el arte de la navegación sobre el océano vital.  

Maniobras, duros entrenamientos hicieron de la Minerva un  buen referente de aquella escuadra que se aprestaba a zarpar  en pocos días  hacia el sur del Mediterráneo.  Como así tenía que ser, el 12 de junio 
de 1732   desde el navío del teniente general Don Francisco Cornejo se llamó a consejo a los comandantes de navíos, fragatas y galeras  al navío “Santiago”, pues Don Francisco era en verdad el jefe de la escuadra, mas era  consciente que  la figura de su segundo en la escuadra, Don Blas de Lezo, era quien en verdad llevaba el liderazgo de aquella empresa en lo tocante a tema naval.     

La cámara del comandante del  navío “Santiago” era amplia aunque en aquellos instantes no cabía un alfiler, se encontraban reunidos los comandantes de las galeras, bombardas, galeotas, los doce navíos y por supuesto los de las fragatas, donde orgulloso aunque comedido  se mantenía algo retrasado  nuestro Daniel. El consejo de comandantes fue como  se esperaba un perfecto decálogo de  responsabilidades a cada uno de los  capitanes en sus diferentes navíos según sus portes y sus  capacidades. Llego el turno a Daniel y como bien sabía por mandar lo más  parecido a la mar pura vestida sobre madera con forma de nave su misión sería la de largar velas  y volar sobre las rastreras a la búsqueda de enemigo o  de aviso de  combate, pura confusión con la mar mientras  la tensión de sus bocas de fuego mantenían en porte seguro y orgulloso ante cualquiera que pretendiera detenerla. El sueño verdadero de marino con  deseo  real de serlo. Don Francisco Cornejo como deseando remarcar quien era el jefe de escuadra tras las órdenes navales  dadas por Don Blas de Lezo  largó el discurso propio de militar  antes de un combate que aún podría demorar lo que los vientos y los dioses de la mar  decidieran interponer. Palabras que acabaron tal que así:

-          …caballeros, nuestro segundo jefe de escuadra les ha dejado claro sus respectivos cometidos,  a estos  soy yo como su supremo comandante el que les dice que ha llegado el momento de demostrar nuestro valor como miembros de la  Real Armada. Confío en que todos los que aquí estamos combatiremos con honor frente a semejantes bastardos hijos del turco amamantados por  el oro robado a nuestros compatriotas en la mar y en nuestra propia tierra. Por todo eso, por  nuestro Rey y  bajo su bandera  aniquilaremos ese nido y los ganaremos para nuestro  reino. Luchad con orgullo y honor  a proa siempre de vuestros hombres sin  siquiera mostrar las arrugas del miedo que  detengan a  quienes por jefes os consideran. ¡Viva el rey!

Con el viva a la Real Armada  todo el mundo retornó a su navío  quedando alistados y a la espera de la señal de partida desde la nave almirante.

Al fin  tras la señal de partida con la pleamar del siguiente día 15de junio de 1732 la escuadra, enorme y orgullosa levó anclas con destino a Orán y su castillo de Mazalquivir donde plantar el valor y la pólvora del rey en las mismas perneras del bey argelino. Con algunas horas de adelanto  y cumpliendo las órdenes dadas en el consejo la “Minerva” zarpó para  patrullar  el cuadrante sur sureste varias leguas avante de la escuadra en busca de espía o enemigo que pretendiera dar aviso   o cortar el paso con insolencia suicida a semejante muestra de poderío naval y militar. Un  viento contrario del sur suroeste  parecía combatir contra la escuadra, no pudiendo con la “Minerva”, que  aproada al sur sureste, con su través plantado a este viento daba los  casi siete nudos pintando una estela propia de estrella fugaz con la felicidad dibujada en la sonrisa  de infante de su comandante. La batalla aún estaba por arribar…


1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

¡Regresaste!
¡Qué bueno!
A completar tu próximo libro.
Tu próximo sueño.
Tu próximo puerto.
Un abrazo, Josu.
Alicia