jueves, 1 de noviembre de 2012

Trazando Mi Derrota



Navegamos perdidos en océanos idénticos para todos, quizá los vemos diferentes pues somos diferentes, pero ellos son idénticos sin dudar.  La diferencia solo estriba en la nave vital forjada en los astilleros  donde cruzamos la infancia hasta botar nuestra nave adolescente sobre su ensenada  para ser allí armada y tras ello, con el mejor viento posible abandonar el abrigo de los brazos donde nos forjaron.

Es la mar hirviente tratando de besar al viento furioso


La mar, ese océano vestido de soledad en su inmensidad  ya no nos dejará nunca; será nuestro compañero de tortura, de fortuna, de diversión, de dolor, de honor y de desgracia. 

Con nuestra mano imaginaria firme al timón  vestido de piel y osamenta será con la que  logremos de semejante travesía en solitario el  conjunto de sensaciones que sumen positivo  antes del fin marcado entre las mareas por llegar, fin que no es otro que el ser engullido por  ese eterno oleaje en el momento más débil de nuestra embarcación.

Mano firme, corazón sereno, morderse el labio superior y dar avante cazando el viento cuando este se deje o dejando pasar su furia cuando este solo desea destruir y cobrarse el pacto de su deuda frente a Poseidón.

Paz en el corazón, serenidad y  firmeza  ante el barómetro de la realidad, caprichoso  elemento sin argumento ni razón pero verdadero anuncio de lo que pueda llegar. 


 Navegando donde la esperanza se corta en pequeñas dosis
por los viejos vientos prohibidas, como polvo maldito de muerte lenta
sobre la mar gruesa de mares tenebrosos en los que el alma se lamenta
por no encontrar cálida señal alguna que me salve,
 ya del bajo traidor, ya marcando el canal seguro
que ahuyente  la Némesis del pálpito de mi sien.

Errante búsqueda del faro solitario, eterno sirviente,
 verdadero ejemplo de combate  frente a mares impíos,
 mientras es golpeado por el mismo tenebroso mal.
Luz bañada de sal alumbrando sin demanda el camino sin retorno
donde derrotarte sin llegar a ver,  sin poder encontrar
la verdad que ya tienes y no deseas tocar.



Navegando  en el deseo de  ir hacia donde no vas
por cobarde, por guardián del miedo revelador.
Silente ante los quejidos de la jarcia al cortar el viento desolador
empujandote sin cuartel sobre crestas hirvientes de olas
como montañas de palabras, rompientes sin sentido
sobre las amuras pujantes de tu corazón.

Las luces del faro encadenado  se apagan o quizá se alejan
como agua de río que poco a poco seca su caudal generoso
esclavo de nubes que no son, que nunca serán
mientras se pierden y descomponen entre vientos de libertad.

Nacido, desde tal ya pegado a la caña del timón propio
almirante de mi vida, dueño de la misma nave,
tan solo como el deseo me permita estarlo
frente a vientos, olas, corrientes, rompientes
frente  a naves en vuelta encontrada
 o pidiendo “navegación en conserva”.

Así navego,
aferrado a mi propia esperanza por vencer en el eterno pulso
entre el miedo y mi pura decisión.


Josu Jiménez Idoeta, 1/XI/2012





1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Una manera de victoria, el enfrentarse día a día con la derrota.
Saludos.
Un abrazo