sábado, 29 de septiembre de 2012

En Blanco y Negro



Como cuando uno se siente triste o nostálgico, como cuando todo se escucha en una sintonía lejana, perdida por la  estela de trazo ya indefinible por el paso del tiempo, como cuando te apetece quedarte en casa por no poder comprender que la vida está repleta de cosas increíbles por descubrir, redescubrir, pulsar, coger, atrapar, devorar, es entonces cuando todo se percibe en Blanco y Negro. Los colores solo son una escala de grises con las que tratar de  respetar la “amenazante” vida real refugiado tras ese tono.

Pero es el Blanco junto al  Negro lo que te permite salvar el oleaje de una realidad que  golpea con su  imprudente poderío los costados de tu  piel, la crujía de tu mente. Sus grises anodinos sin temor te protegen a cada ola que barre la cubierta mientras ganas algún cable, alguna milla esperando que el sol blando de la realidad corregida por el tiempo te regale el descanso de dejarte llevar por la brisa de la comodidad.

Tantas veces  vives en blanco y negro, las mismas en las que crees ver otros navíos humanos  que como tú  navegan  al mismo rumbo dibujando su vida de colores radiantes siempre a tu parecer; sabiendo o queriendo saber tú mismo entre grises que ellos estarán así más pronto que tarde y , derrotado, sin tratar de alcanzar su gama de colores e incluso golpeando el timón por  evitar su brillo tratas de alejarte con una mueca de desprecio. Error verdadero, error terrible, pero cómodo  hecho al fin y al cabo como consuelo sin brillo ni luz como dice el refrán.

Si pudiera dar color al negro, quitar color al blanco, si pudiera devolver al gris el  infinito grupo de colores robado por este  gobierno, por esta  hipócrita sociedad cargada de razones  contables, de castigos ejemplares hijos de la virtud judeo-cristiana transformada en consumo como trampa para crecer junto a Adam Smith.  Si pudiera, ¿lo haría? Cuántas veces he/hemos pensado  tal cosa mientras permanecemos  escondidos en el blanco y negro protegidos del océano real de las posibilidades; creyéndonos  en la oportunidad falsa de ganarle la mano al Destino criminal de los poderosos mientras nos creemos privilegiados protegiendo esos privilegios en un paso más al pozo  de ese Destino tan detestado.

Pero todo tiene que tener  su fin, tanto  consenso, tanta vida ordenada por el sentido común, tan falso como común. Políticos mentirosos, perdidas organizaciones que pretenden defendernos tras una subvención de los mismo políticos que permiten sus colores mientras  te  mantienen en gris, cálidas asociaciones que sin tumbar lo establecido lo parchean  para que dejes este mundo de forma tierna sin perder al menos algo del dolor real, poderes democráticos en los que su diferencia estriba en el origen de su poder mientras llegan a él, pues a partir de su alcance su gestión se sirve como la de la dictadura del vecino, la gleba de antaño, trayendo y protegiendo al amigo mientras la vida del  honrado se consume en la espera por algo que le han dicho que le  conseguirán.

Sigo escribiendo en blanco y negro, no hay otra, quedan las historias imaginadas que perviven en el fondo de cada quién y permiten vivir soñando  mientras “los importantes” nos siguen engañando, nos siguen culpando por nuestra ruina, que es SU ruina y solo suya por  permitir lo que les parece y sin embargo prohibir con grandes aspavientos lo que no les interesa que bien se ocupan de  que no  sean nuestras ideas nuevos caminos, ideas de seguro de subversión.

No estoy descubriendo pólvora alguna que no  sepa quien piense, incluso quien no esté de acuerdo. Simplemente ya estoy harto de tanto convencionalismo, de tanto “cogérsela con papel de fumar” para determinadas  protestas, ideas alternativas y sin embargo tanta libertad para  que uno se encadene.



¿Al final  lo único que nos quedan son las cadenas? Las que uno se  suelda a sus tobillos en forma de consumo desaforado promovido por “sus señorias” o las que ellos nos clavan en nuestras muñecas por no aceptar su sistema de alienación.



2 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Más se tiene, más cadenas, Josu.
Es así.
Por eso, los españoles sufren tanto la crisis, aquí vivimos en crisis, al menos desde que tengo uso de razón, miseria, tras miseria, corrupción, tras corrupción, jamás tuvimos nada, así que nada extrañamos.
Creo que con el viento y el mar a los dos nos sobra.
Abrazo.

Ines de Valdivia dijo...

No hay rendicion posible. Los corazones de fuego nunca se enfrian. Puede que hibernen para retomar fuerzas cuando suceden cosas que les superan, pero siempre existira alguna chispa para la verdadera polvora.

No surrender, Captain Teach