martes, 16 de noviembre de 2010

No habrá montaña mas alta...(95)


… La madrugada  de la primavera   de abril aún no portaba su luz tan pronto como en  sus últimos meses pero  la hora de la separación tocaba en  el aún oculto reloj que ahora sí acompasaba el pálpito del teniente  como pura navegación de un sentimiento ya “en conserva” arrumbado a la rendición de la realidad. Su sentimiento no comprendía la serena y  decidida elección de quien decía amarlo como algo absoluto. No asumía la diferencia de significados de una misma palabra para diferentes  pensamientos en teoría tan cercanos  en todo lo demás. La persona, de nuevo oculta tras capa y embozo esperaba a Segisfredo al otro lado de la puerta entreabierta. Segisfredo entre tinieblas tanto reales como de pensamiento no atinaba a decir palabra temblándole la voz como el timón sobre las cabillas cuando la nave recibe buen viento y  navega  con buen andar. Era ella la que mantenía el tipo  con sorprendente frialdad.

-          Segisfredo, no sufras  más de lo que te permita la vida como ese océano sobre el que mantenerte a flote. No permitas que esto te hunda. Nuestra  vida va pareja a nuestras obligaciones por nuestra clase y  destino en la sociedad. Tú has de alcanzar el grado máximo  en la Real Armada, yo debo de llevar a  mi familia  con la honra de entroncar con los grandes del reino.  Esa así, así ha sido y eso es lo que debemos aceptar. Será el futuro, el destino el que depare  nuestros caminos y nos permita volver a encontrarnos.
-          Pero Mª Jesús…
-          No te esfuerces, aunque  me creas fría y sin sentimientos, has de tener por cierto que eres la persona a la que amo, lo que llevo como sentimiento puro y sin posible cambio. Que nadie te podrá suplantar entre tanta mediocridad humana. Pero  debemos separarnos. Ahora deja que te acompañe  quien te recibió hasta la puerta y  que  nuestro Señor te guíe y te otorgue la estrella  de la suerte y el triunfo por siempre.

Un último beso   aún de pasión pero con  andanadas cargadas con la pólvora de la tristeza unió sus bocas, sus labios  donde el regusto salado de sus lágrimas les recordó como el amor es  rosa de pétalos tempranos y  eternos espinos que desangran por siempre. Lentamente la penumbra fue invadiendo el espacio entre ellos conforme Segisfredo  se alejaba hacia la estancia  de salida de la granja.  El candil en la mano ahora de quien acompañaba  a Segisfredo permitió distinguir una mirada de orgullo y  pena en los ojos de esta  mujer, que tal  género tenía sobre la imagen estática y  a cada momento más distante y altiva de Mª Jesús.

-          Salga con sigilo y tras rodear la granja por el este, encontrará su  montura en la parte trasera. Que Dios lo acompañe, teniente.

La voz le resulto familiar en aquél momento, quizá porque  ya no forzaba su entonación.

-          ¡Elvira, sois vos! ¡Por favor, rogadle a vuestra hermana que recapacite sobre su decisión!   
-          Teniente. Es esa la decisión por tal  cosa precisamente. Ahora regrese a su  barco y  trate de hacer de la mar su destino. Estoy segura que habrá en cualquier derrota  un refugio donde tratar de borrar lo que ya lleva grabado.

La puerta se cerró, la luz era escasa entre la fina lluvia pertinaz y sin clemencia a más de dos horas del alba. Mecánicamente  siguió las indicaciones de Elvira  encontrando su montura a cubierto y  entretenida con buen  pasto. Si mediar entre los mil vericuetos que le trajeron hasta allí, partió a uña de caballo hacia su otra vida, hacia su nave que  debía  reparar y alistar para  seguir  sobre  su cubierta surcando la mar.

Pasó casi un mes entre duros esfuerzos  que casi provocan un motín sin cubierta sobre la que protagonizarlo con el Santa Rosa  varado sobre los guijarros próximos a muelle de desarmo. El comandante Cefontes  se había cerrado  en la reparación, su obsesión  era  reparar su nave como verdadero ejercicio para olvidar  a Mª Jesús. Era tal su apartamiento de la realidad que mientras sus hombres descansaban en unos barracones   cedidos por Don Antonio para ellos él prefería descansar en el bergantín sobre los mamparos ahora en funciónes de suelo por la varada. Entre  sus límites y su silencio  amortiguado por los sonidos del viento o la lluvia lograba dormir  y ganar al tiempo un resquicio de olvido  que valía su peso en oro real.

El 14 de mayo el bergantín estaba alistado, pertrechos  completos, víveres para tres meses, todo gracias a Don Antonio, y por supuesto orden de salida hacia Cádiz  para la  mañana siguiente con la pleamar de las 11 del mediodía. Don Antonio llevaba mas de una semana sin visitarlo, el teniente sabía con claridad por qué, era la misma razón por la que  una presión del tamaño de su mano lo oprimía entre su esternón y su estómago.  la mañana siguiente, 15 de mayo, partirían  las mujeres de la familia por delante hacia a la villa y corte para preparar la boda que encumbraría su estatus social al nivel de sus caudales y prestigio ante el monarca. Aquella tarde el carruaje  de don Antonio se detuvo sobre el muelle de desarmo. La plancha  con sus candeleros y  lucía orgullosa por dar paso a un bergantín que en nada tenía que ver con el que arribó a Ferrol  un mes atrás.

-          Capitán, un civil desea subir a bordo
-          ¿Un civil? ¡Don Antonio!
Rompiendo ceremonias que sobraban entre ambos hombres fue Segisfredo quien  salió a recibirle.

-          Don Antonio. ¡Suba a bordo de su bergantín!
-          ¡Ja, ja! Gracias, capitán. Me encanta el olor a recién pintado.  Ha hecho usted un magnífico trabajo, teniente.
-          Nada de ello sin su apoyo, Don Antonio. Como sabe tengo las órdenes ya en mi poder. Mañana zarpamos con la pleamar hacia Cádiz.
-          Lo sé, lo sé y me  alegra mucho por vos aunque hubiera deseado  haber disfrutado de su presencia más a menudo en nuestro hogar. Pero acepto sus razones y su estricto celo por su barco. Me han pedio que os trasmita los mejores deseos para vos y vuestro  barco de parte de mi señora y mis dos hijas.
-          Deles las gracias y   haga lo propio además de mostrarle a su hija Mª Jesús mi mayor deseo de felicidad en su nueva vida como  señora de Marchena, futura de duquesa de Monleón.
-          Así lo haré. Y ahora  comandante, muéstreme su nuevo barco  de quilla a perilla.

Almorzaron a bordo con profusión de buenas viandas y mejores caldos alcanzando las casi tres horas largas   de ingesta  hasta que con bandazos propios de huracán  caribeño se despidieron  a pie de carruaje. Segisfredo se retiró como un verdadero  soldado abatido tras derrota  sufrida a su cámara donde la ayuda del orujo le permitió coger el sueño a la espera del alba de la mañana siguiente.

No le dejo llegar a la pleamar de las 11 para largar amarras de ese muelle amargo. Lentamente y en silencio el bergantín orgulloso comenzó a ganar en su andar abriéndose   al oeste en cuanto  salió de la ría. Un viento fresco del  noroeste cargado de humedad  encarriló su andar  rasgando de nuevo la mar que tan sencilla en su crudeza  permitía al alma humana  vivir en libertad. Segisfredo,  confiado en el  piloto Rafael Toscano mantenía su mirada en la boca enorme de la ría que poco a poco iba quedando difuminada por  la distancia, que era esta el único recurso que tendría para rehacerse  de nuevo mientras su pensamiento se perdía dentro las Tierras de Castilla…  



 

3 comentarios:

Menda. dijo...

Oiga.... me sigue gustando lo que leo...Me aventuro a decir que mucho, y no miento.

Alicia María Abatilli dijo...

No sé cómo regresarte tanta belleza.
Un simple "Gracias" no alcanza.
Que tengas una excelente vida.
Un abrazo.
Alicia

~ Rodrigo Malaventura ~ dijo...

He pateado el fuerte de San Sebastián y el baluarte de Isabel II,... he rodeado la línea de costa por la Caleta hasta el Castillo de Santa Catalina,... luego,... por el parque Genovés hasta llegar al baluarte de Candelaria, desde donde toda la bahía se ve,... me dicen en Cádiz, mi Señor, que suba a Torre Tavira, que es la torre más alta de la ciudad,... me dicen que mire al Oeste, que si algún Bergantín viene de Galicia, es por ahí por dodnde ha de aparecer,... miro a poniente, mi Señor,... y espero.

Gestos confiando en el piloto variados.