lunes, 27 de enero de 2014

No, Gracias









Parece hundido este, mi navío,
mientras triste el granizo sobre el dispara
su hielo sobre las aguas del alma
perdiendo su fuerza cuanto más se adentra.

Todo refulge de gris plomizo
sin cuentas que ver sobre papel mojado.
Compañeros eternos, perdidos en la espuma abatida,
de un fuego amigo sobre el oscuro panteón.



Tras la batalla el hedor se percibe;
no hay paz  entre los muertos,
solo silentes conciencias sin pundonor,
ocultas a ojos y oídos de su deshonor.

Pasa el tiempo, trasciende el profundo hacedor
palpita el alma, azuza el corazón
y el Principio revive como ariete vencedor.
Es lo que queda, lo que engolfa el trapo,
las alas de quien las vio perdidas sin razón
sintiendo lo que en verdad existe,
lo que aturde al de espíritu escaso:
Amor y Amistad verdadera,
Apoyo, Solidaridad entera,
cuando crees que ya nada queda.


Un beso por todo lo que queda.



lunes, 30 de septiembre de 2013

Sintiendo



Escuchando el romper de  su proa sobre la mar  tendida, mientras la música leve desde el tambucho trata de  sobreponerse sobre el rasgar de  la mar  como tela infinita sin remiendo que la cubra.

25/IX/13
Reposando al vaivén, al balanceo, al cabeceo de nuestro Audaz con mi testa sobre el candelero mientras la de Diego lo mismo emula sobre mi sin serlo; al tanto, Hernán ajustando su brazo sobre la caña, enfilando  al deslumbrar ya marchito de un sol que trata de huir mientras nosotros nos vemos grandes, nos sentimos capaces de alcanzar.

Al viejo sol vestido como ese sueño de ser libre por un instante infinito donde la paz del desapego a tantos muertos vestidos de pegas, problemas, losas, miedos, rencores y deudas de ánimo nos  recubra de su pátina incolora que refulge sin  tiempo, sin control, sin poder atraparla, pues será la recalada y el amarre el que nos devuelva sobre sus nidos ocultos entre cada recodo de acera, muesca de asfalto o de tierra sin mal aparente.


Contemplando viejas pinturas  bajo la tenue luz de una linterna vestida del saber que siempre alumbra  y por tanto deslumbra sin la vista perder. Miles de años sobre piedras que nunca nos demostrarán su significado, pero si nos enseñarán que nada es eterno aunque permanezca quedo y guardado  entre arrullos de agua perdida, que nunca es la misma, que nada sabe la que escuchas de la que otros escucharon, aunque parezca que lo mismo son.

Sintiendo  que es el instante fecundo entre pieles, sonrisas, abrazos y verdades absolutas sin más duración que ese segundo para ser ya el recuerdo al que acudir en cada golpe mal dado por el  Destino  crudo sin memoria ni futuro. Para ser con lo que avantear siempre en cada átomo temporal consecutivo.

Sintiendo, cómo la mar en espuma convierte
gracias al viento que a tu estrella enfurece
y a nuestras alas las gobierna y crece
llevando en volandas, anulando a la muerte.

Sonriendo,  sobre el Audaz al que la mar acuna
mientras, escota, obenque y driza gimen en danza
por un viento sin madre, sin destino ni andanza
que acaricia pieles, llevando  las tres almas en una.

Y la mar  por un día descubre su manto
postrándose sin golpear, ni pedir su pacto
entre hombre, nave y muerte de facto.

Nos deja suspirar por alcanzar ese sol ya escaso
estrella que  creyéndose imperio en el orto

no es mas que derrota vestida de rojo en el ocaso.

Juntos, no hay mar que no se allane

lunes, 2 de septiembre de 2013

Tal y como lo contaron



Tal y como lo contaron nuestros, padres, nuestros abuelos, nuestros amigos, nuestros compañeros…

“Tal y como”. Quizá no fuera así, quizá fuera de otra manera; quizá fuera  también de otra lo que pueda ser aunque parezca que realmente fuera imposible que así lo fuera.

Leemos las historias tal y como quienes  han vencido y gobernado nos las han contado. Con esfuerzo logramos tantas veces encontrar resquicios a la verdad donde  aparecen rasgos de vidas distintas a las que se nos han dibujado durante décadas.

Pasa el Tiempo y  este, triunfante vencedor, eterno  y sin más límite que su propia fracción entre islotes del mismo Tártaro nos va dejando pequeñas migajas de realidad oculta entre la lluvia de destellos de ópalos entre los que se disfraza la realidad de quien  vence. Poco a poco somos capaces de descubrir que nada puede ser lo que parece aunque así tenga que ser.

Pero, ¿nadie se ha propuesto adelantarse? Quizá sea la realidad que está por recalar entre nuestros sentidos la que no tenga porque ser la dictada por  la consciencia de un río sin siquiera meandros que permitan recodos de reflexión y posible cambio  entre desbordamientos sin control que abran nuevos caudales sin el control férreo de unas leyes  sin más sentido que  lo conocido, lo marcado, lo seguro, lo estudiado, lo decidido. ¿Por quién?

Vayamos al Tártaro, en una emboscada capturemos a los gigantes de Cien Manos y devolvamos  la hoz a su Titán y padre de los tiempos para que en justa alianza nos permita adelantarnos sin  siquiera dar el paso en tal sentido, y desde nuestro interior percibamos que lo que viene no será como  se cree, sino como nosotros queramos que sea. Acabemos con el infierno que nos pretenden, devolvamos a la ilusión el sentido de la esperanza y anulemos su significado aislado de la realidad.

Hagamos lo correcto porque simplemente es lo correcto, porque mientras sacamos lo que tenemos dentro eso nos haga descubrir que tras la sacudida, esta nos libere y nos devuelva a nuestro ser primigenio en el que podemos combatir lo que parecía invencible cual inexpugnable fortaleza, donde  su deslumbrante reflejo obsidional nos paralizaba permitiendo que la realidad siguiera estática con el poder de quienes se saben seguros por nuestra propia inseguridad para caer caiga y rinda sus baluartes.



 Quizá la derrota sea el destino, pero amarga o dulce siempre será nuestra y  no será suya entonces la victoria aunque la  tengan de mano. Quizá así lo visto y contado deje ser un dictado del vencedor y quizá también nos permita  en nuestro imaginario el cambio  de lo que venga. Sera como de la resignación pasemos a la continua pasión por lo que siempre ha prevalecido  en nuestro interior y no habíamos sido capaces de sacarlo  como bandera de combate.

No hay futuro si no se cree en su posible cambio y en la posible victoria sobre el imposible vestido de rutina y determinación del que ostenta su razón sin otro sentido que su propio interés.




domingo, 1 de septiembre de 2013

Nieve

Libre, Oblicua, sin pudor,
libre, blanca, sin pecado.
Precipitas , brillante, sin cuidado,
y nos ocultas sin mácula ni dolor.

Así, su manto aún leve nos cubre,
nos adorna, y silente protege
de un astro rey fatuo y sin fleje
que nada puede, pues la vanidad es breve.



Y de tal manera permaneces, alistado y presto
 corazón, mente y fuerza en su justa medida
expectante por la Luz y la Verdad pretendida.

Expectante a que Esta se digne altiva
para al fin derretirla entretanto nos alienta

mientras serena rebrota nuestra eterna fuerza irredenta.




lunes, 8 de julio de 2013

Perfilando entre brumas


La bruma va apoderándose lentamente de la costa hoy  recalentada  por un sol  al fin poderoso quien, como todo el que así se cree, sin valorar lo que  significa tiempo y razón,  ve pasado su tiempo desbordado por el verdadero rey  del mundo conocido desde  que el hombre ha tratado de volar a ras del agua para engañarse sobre los límites de su capacidad. Alguien tan sereno y fiero como solo él puede sentirse; el Viento.

Con sus manos invisibles  y la  seguridad de saberse eterno, aprovechándose  en silencio de la bravuconería de un astro que se cree rey porque así se lo regalan, con su calor y la propia fuerza va poco a poco tupiendo de bruma este  lugar desde donde escribo, tapando las formas, igualando destinos hasta que  el tapiz de estrellas trate de hacerse ver sin éxito por separarnos  en su arbitrio el rey  en este caso del este, más propio del estío, pues su hermano de mayor tronío por estas latitudes volverá para aturdir  con la bruma convertida en mar volante más cerca de las puertas del otoño.  

La vida sigue su curso, las luces se agotan y son sustituidas por otras que lo mismo tratan de aportar. La calma a bordo de este hogar encontrado por casualidad se vuelve paz sobre tanta locura provocada sin sentido. Un año cada vez mas estrecho en sus posibilidades, mas duro en sus realidades; donde las personas  que podías contar como cercanas, como la esperanza debida con quien contar entre semejante travesía
propia de Ulises   en su regreso, desaparecen traslucidos por motivos imaginables pero que nunca podrías  suponerlos contra ti. Viejos espectros ya más parecidos a la broma de los viejos navíos de la Real Armada que se aferraban a su casco de teka, caoba y roble donde alimentarse hasta desprenderse cuando ya no había donde comer o quizá otro navío se apareciera más apetecible.

Aquellos viejos navíos  encontraron su defensa cuando el cobre como forro en su obra viva les devolvió la seguridad de navegar sin ese parásito tan detestable. En este caso de vida actual y poco ensoñadora en comparación a la de los viejos mares del sur, quizá sea la misma actitud de siempre la que emule al cobre y salve la obra viva, con un cobre imaginario compuesto por la lealtad, la navegación avante y por derecho sin más corrección que la del viento, señor verdadero de nuestras vidas, un viento que teniendo la última palabra siempre se podrá capear aunque la meta se alargue, que lo importante siempre ha sido el viaje vital, nunca la meta, pues a ella se arriba seguro.

Hoy descanso abarloado al pantalán de este puerto temporal, muy cerca del Muelle de La Osa, lugar de recalada de mi primera singladura a bordo del “Lekeitio” aquel verano del 88 con las ilusiones cargadas y las esperanzas plenas. Aquel buque de 190 metros, con 10.000 BHP y sus  25 años de historias no es este, con sus 4 toneladas, sus 9 BHP y sus 37 años,  pero ambos llevan el mismo alma dentro; las ilusiones ya no existen pero permanecen los proyectos, las esperanzas y el deseo de rasgar los mismos mares, recalar en infinitos parajes conocidos o por descubrir. Nadie puede ser capaz de perder si cree en ello, solo seguir adelante sin tener miedo a nada, tan solo temiendo  al propio miedo cuando se avisten sus palos con las velas negras cargadas y entonces huir  a trapo vivo, a boga de ariete, como sea cerrando los ojos a su paso para no ser hipnotizados por su poder paralizante. Huir del miedo y confiar en tus propias posibilidades.

Saber que   a cada milla recorrida sobre la Realidad, como en la mar, cada viento que tercie dibujará la  derrota, saber que no se puede navegar siempre sobre "vientos portantes" porque entonces ya no serás dueño del rumbo de tu Destino y tu corazón se empequeñecerá poco a poco, que debes enfrentar tus amuras para capear y resistir con la paciencia aferrada a tus dientes mientras, mordiendo tu labio inferior, te convences de que es posible  y tragas mas aguas de la que tantas veces puedes digerir, sabedor de que eso engrandece tu alma y fortalece tu corazón.

Desde aquí, abrigado por los diques  que nos protegen del caprichoso y tantas veces furioso Golfo de Vizcaya, mecido por los rescoldos de su mar tendida que pretende tocar los costados del “Audaz”, se siente la vida más cerca y la mentira más lejos. Mañana seguramente  el viento de la mediocridad, el silencio de la deslealtad y la hipocresía tratará de hundir las esperanzas, pero todo eso es temporal falso y baldío pues solo es  un medio, nada mas; lo real aguarda meciéndose y a la espera de largar amarras para volver a navegar, para ganar en cada partida una milla mas, una bordada con mejor tino, un golpe de mar leal y quizá letal, pero  que como en la vieja canción dará pecho a mi valor.

La vida continua, la imaginación retorna para volver a traer nuevos sueños a mis personajes. Quizá alguno decaiga por saberse ya menor y sin más arrojo que el que le deparen esos vientos que ya denominé antes “portantes”, quizá la victoria nunca exista, pero mientras pervivan los reyes de Oeste y del Este, que tan bien los definió Conrad en El espejo del mar, la vida seguirá su curso y solo quedará la derrota que uno elija de manera soberana frente a ellos a veces y con ellos otras.



¡Volvemos!
A bordo del “Audaz”, a 7 de julio de 2013





domingo, 17 de marzo de 2013

La caja escondida



La buscas,

Frente a vientos secos cargados de polvo sin  semilla combates buscando esa caja escondida donde residen tus sueños, perdidos, abandonados, caídos sin remedio por  ese embate sin tregua que parece tener la razón del misterio entre falsos trazos de oportuna realidad.

La buscas,

Al lado de naves que  a  tu rumbo se mantienen en conserva por no saber, por no querer, por simplemente  saberse seguros al largar  en el tedio de la rutina una maroma con la que aferrar su vida a tu riesgo y salir indemnes de cualquier otro embate  del que ya se ve  su ánimo sabedor.



Pero esa caja solo es tuya mientras ellos creen que esa misma es la  que los llevará a  su meta sin esfuerzo. Ilusos… o quizá lo seas tú sin saberlo. Nada importa si no saben ellos y tú que  en la derrota marcada por quien tenga semejante valentía, tal cosa será la que perdure, aunque  puede que solo te dejará. Entre tal curso y camino esto es lo que vivo te mantendrá:

La Lealtad, como puro cumplimiento sin razones, sin recompensas sin medida,  verdadera forma de ver y de arrumbar la rueda de tu timón al sentir de tu conciencia.

El Empuje que da tu propia fe sin esperanza en otra verdad que ella misma.

Los Sentimientos que corren y se desbordan  mientras ya no te busca el pensamiento por los resultados sino que ellos se agolpan en él  por tí ser fecundados.

El Dolor propio por lo pasado, por lo encontrado, que aunque esperado, duele como si nunca hubiera sido avistado, como si la luna ennegrecida tapase tu sol por ese instante que pareciera eterno. Momento eterno infecundo que una vez doblado ya será un ingrediente mas que agranda tu nave en la misma derrota cursada.

Lo Vivido por sentido y sufrido, lo que  dé por vivir a pleno pulmón por saberlo sentido, pobre, maltrecho o enriquecido, sin tacha, sin mancha al ojo de tu alma que vive fundida de tu propio pensamiento, donde no hay dios, ni santo  con mitra que tenga categoría para bendecir si no es tu interior el que lo haga.

La Victoria real de seguro vestida de aparente derrota, sin engaño para ti mientras de tal vencimiento se disfraza para tanta mirada  agónica por su abandono.

No hay sentido oportuno,
no hay otro camino que sentir de verdad.
Todo lo demás nada serán más que mentiras
entre falsos rostros de amistad mientras el brillo perdure,
mas de abandono se tornarán cuando todo torne en perenne oscuridad.



"No, gracias"

                                                             A bordo del “El Holandés”,  
                                                                                                        43º 32´31´´ N
                                                                                                        5º 39´  6´´ W

miércoles, 2 de enero de 2013

A sus Majestades






Aquí esta mi carta a sus majestades, regias, reales como lo son quienes imperan en el corazón, con la ilusión al límite de su punto de ignición. Como digo, esta  será la misiva que demando  a  Melchor, Gaspar y  Baltasar, eternos andantes por un mundo perdido antes ya de su partida tras la estrella polar de cada universo vital.

Con la venia de vuestra grandeza me atrevo a pediros viento, mucho viento, de todas clases para poder soñar mientras navega este cuerpo  como saco  de un alma que cada día  libera mas cadenas  sobrantes.

Viento suave para poder acariciar a quien quiero sin estridencias ni golpes de ánimo bruscos de timón a que tanto se acostumbra este brazo sin explicación. Viento que engolfe las velas dando la marcha justa para sentir  las caricias que produce el roce de quilla y mar como pieles hermanas, que nunca  sientan deseos de  separar su devenir. Viento suave que permita maniobrar ante la inquina y evitar sus afilados bajíos  con los que la nave, mi nave, tu nave  acabaría por zozobrar en la procelosa oscuridad profunda del fracaso por tu propia voluntad.

Viento  sin viento, calma total cuando  la turbación  amenace  a proa de la derrota trazada, o por cualquier costado  y que  en su exceso trate de desarbolar la nave, donde tras la furia de la batalla desigual por desconocerse a uno mismo volvamos a nuestro navío con la rabia de la derrota por motivo propio, sin otra explicación que el desconocimiento de nosotros mismos. Calma donde poder olvidar la responsabilidad, los rumbos y pasos a dar, para pensar en libertad, para reencontrar lo perdido  durante la brega y ajustar de nuevo  el correcto rumbo y su oportuna velocidad.

Viento fresco, furioso y creciente para correr  firme el temporal. Ajustados trapo, jarcia, timón y nave, dando alas y poder para enfrentarse sin recelo al daño, a las pruebas que se planten;  que a fe cierta se plantarán, sin explicaciones, sin tregua,  casi siempre como un frente  unido con el que golpearnos sin la piedad pía que pretenden los dioses de unos y otros sin conseguirlo. Viento fresco, frescachón, razón contraria que por un lado aviva el dolor  del mal en forma de temporal, pero por otro agranda la pasión y las posibilidades de al mismo vencer, doblegarlo con paciencia y tesón.





Viento, majestades, solo eso de mil formas y maneras, tantas como la Vida se plantea, siempre dulce y al mismo tiempo violenta en su  cometido  por mantener nuestro pálpito en ritmo y sin parada. Vida como el océano imaginario que nos circunda en  la solitaria derrota que  trata de partirlo, donde encontrar  otras naves para hacer   esta  derrota "en conserva”, abarloándose a sonrisas inesperadas,  jorrando a quienes sin vida se consideren al perder su ánimo frente a la furia real de tanta ola sin final, combatiendo a quienes  se apresten al mal cuando con la propia vida en su forma de inmensa mar  ya nos basta  para  continuar.

Majestades, vos sabéis de sobra lo que significan los deseos, los sueños por los que plegar otros sueños, los motivos a los que aferrar ilusión para no perderla; por ello, humilde os pido viento para  poder mantenerlos y siquiera aproximar si cabe mi nave hacia ellos para no dejar de avistarlos mientras navego  y  en su busca  todo lo entregue, recalando entre islas  al amanecer de paz  dando el ferro a fondo en sus  surgideros, islas  al atardecer de pasión a barlovento de sus montañas, donde el viento se crece inútil y mis ojos descansan sin quebraderos.

Ya  escrito este manifiesto, sin súplica por saber de vuestras grandezas, me despido, sabiendo de mi juramento que defender  y con el que poder enfilar  mares donde esta escuadra de naves  en número cada vez mayor se apreste a disfrutar de  la vida que solo es la mar  con esquinas que doblar.

Una isla... mas allá la mar.

Siempre vuestro


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Desmayarse, atreverse...



Al galope, sin limites.

Furioso entre olas de tus vientos animosos,
venturoso en la espera dulce de tu piel hermosa
abrazada entre cada poro por el vuelo de la mariposa
que desde mi estómago ansioso vuela en busca de tus ojos.

Eterno combate donde derrotado observo la mirada
cual lluvia brillante empapada  de lleno en su victoria;
por tus brazos, por mis labios perdidos y empapados de gloria
al fin perdidos,  atrapados, conscientes  de tu pasional celada.

Rayo sin muerte, bocanada de luz y bien,
desmayo entre una tormenta de silencios a voces
bajo nieblas que esconden del mal sus hoces.

A golpe de ariete boga mi corazón sin resuello
rasgando decidido y sereno tu mar sin temor, sin freno
hasta varar exhausto en la dulce orilla de tu amor pleno.



viernes, 30 de noviembre de 2012

Esperando por un día soleado. (A mi señora del Rayo)



Hay días
En que te sorprende  la brisa suspirando en tu zozobra
por no poder, por no saber,
cuando  tu alma dice si, cuando tu ser es capaz,
digno de avanzar hasta el fin,
sin duelos, ni dolor, sin mas deseos que los de vivir.

Hay días
En que amanece un dia duro, tras otro ya difunto hermano de su dolor,
donde no encontrar como salir es  el motivo por el que sufrir.
Mas no existe motivo, no  se avista razón que te prohíba huir
desde esos  campos grises tan falsos como virtuales,
hasta tu propio, tu vibrante corazón.

Eowyn o Pilar, Pilar o Eowyn. La misma fe en la mirada
No dejes que ese suspiro se  vuelva contra tu ojos en huracán,
no permitas que tu Bien, tu luz cargada de brillo y corazón
la devoren vientos que no existen si miras profundo a tu alrededor.

Desde mi nave os brindo humilde hombro, verdadero brazo,
a vos mi señora del rayo, mi pilar verdadero.
Ese motivo por el que creer que los días duros no lo serán ya
pues uno por otro, otro por uno sabremos  defendernos sin miedo.



domingo, 25 de noviembre de 2012

Fuerza 7





No sé si fue queriendo cruza este mar deseado, si estaba despierto o fue un sueño donde los deseos se confunden con la emoción, o si fue el Destino queriendo demostrar su dictado, tratando de mostrar su camino o  simplemente  esperando   en las indefinibles esquinas del océano  temporal. No lo sé y nunca lo podré saber, pero siempre quedará el momento de la verdad donde solo queda demostrar  de qué están hechos los corazones, los sentimientos, las ganas de seguir  sin malgastar cada segundo dorado de su presente.

Con  un sur fresco, dos rizo en la mayor sin más que navegar, doblar el cabo San Lorenzo hacia el este sin medida.  Ella a la caña, tan segura como su corazón le  daba pálpito, su piel ya con la propia de “El Holandés”, rumbo de aguja de 60º, viento de través o a un largo,  el sol cosquilleando las espaldas, demoras, marcaciones correctas, velocidades, dominando mar y viento, o eso parecía hacernos creer. Un juramento que defender ya para siempre mientras la luz sonriente certificaba todo ese instante, ese tesoro de agua y sal, ese dorado de sentimiento sin dudar.

Pero el Destino se sabe rey, se sabe cargado de bastimentos con los que dar todo a probar cuando la vida parece real. Pero ese mismo Destino, disfrazado en cada instante de lo que su arbitrio le dicte, de lo que sus inconfesables deseos nadie nunca será capaz de descifrar, dijo no. Vestido de viento y sin traición, aliado por Eolo y Poseidón se tomó su desquite por nuestro desafío y golpeó.

Cinco millas al suroeste una nube de polvo enorme sobre el mausoleo del nuevo puerto de El Musel nos plantó su marca y sin casi llegar a verlo se plantó sobre nosotros tres. La mar, poco antes apenas nada más que unas suaves olas se plantó  cargada de mistral sobre los 20 nudos primero, de 30 y al fin superando los 35 a los 40 sobre la fragilidad de nuestro “Holandés”  y nuestras pieles bajo los que los corazones comenzaron a palpitar  sin medida.  Sin explicación alguna las olas se convirtieron en  jaurías de blanca espuma sobre muros de 3 y 4 metros impulsadas por la furia de ese Mistral como pura furia del Destino.

Los quince caballos del motor con “El Holandes” aun con el foque a proa flameando como un fantasma anunciador del desastre traban de mantener el barco digno enfilando  la recalada tan lejana en aquellos momentos de zozobra. Como en una cascada de un rio  por abrirse camino a la calma de su fin parecía querer destruir sin piedad la fragilidad de un sueño. Pero la rendición no existe cuando se cree poder lograr tu deseo. Begoña al timón aproando El Holandés contra ese Mistral maldito aliado del blanco mortal de la mar enfurecida sin motivo y sin aviso fue capaz de darme el tiempo de aflojar garruchos del foque entre turbonadas de agua, viento y sal para, arrastrándome, lograr salvar la vela sobre la cabina. Escora que superaba la mar sobre el  simple motor que trataba de no sacar su  hélice salvadora de la misma mar que trataba de hacerlo.

Viejo León

La caña soldada a este humilde brazo mientras la furia del destino en forma de mareas de mar sobre nuestros cuerpos tan juntos como permitían nuestros chubasqueros inundados. Los cuarenta nudos de viento, aliados con las masas de agua golpeando trataban de llevarnos con ellos al este, pero cabalgando sobre las crestas, patinando hacia el fondo de sus valles hasta volver a partir la ola siguiente media sumergida la proa de nuestro barco tratábamos de que el sol  agrandase su sonrisa sobre nuestras mentes, aferrando la concentración, tratando de que la calma fuera la que diese al traste con la condena que trababa de ejecutarse.  Parecía que el cabo de San Lorenzo no deseara separase de nosotros como si nos dijera que ya nada nos liberaría.

Pero el Destino, viejo sentido que solo existe en nuestro entendimiento, como un dios  que todo lo desea probar hasta nuestro fin, era tal cosa lo que deseaba sin complicarse con dañar más de lo que nosotros le permitésemos. Muy lentamente el cabo quedó doblado  quedando como una voz terrible adormecida que poco, muy poco a poco iba quedando  por la aleta de babor. A cada golpe terrible la mano se aferraba a la caña, verdadero sentido con el que marcar tu propio rumbo aliada con el minúsculo motor que trataba de resistir  como un verdadero hermano de vida. Gijón parecía ese lugar inalcanzable al que habíamos de arribar para que la vida fuera entera. Paciencia, paciencia era la palabra, junto  ¡ola! cuando se acercaba otro muro de mar brava que superar. Miradas, golpes en la espalda, mano aferrada a mi pierna con dolor de ambas mientras el frio de la humedad al  vendaval que no cejaba en su furia.

Soñando con alcanzar el abrigo del  dique nuevo así lo ganamos para descubrir que la mar de viento no  ceja en su empeño cuando como tal es el Destino quien lo comanda. Cabos arrastrados de estribor a babor sobre la mar, Begoña sobre la cubierta  echada sobre la amura de babor logró rescatarlo sobre  cascadas de mar salvando la hélice de  apagarse. Al fin la punta de Sacramento se plantó sobre  nuestra visión como la  recompensa a la lucha sin vacilación. Eso parecía, pero  el viento seguía necio contra nuestro costado y las rompientes humanas  en forma de dique a babor no daba para ganar la recalada con ese rumbo.

Empapados, temblando sin  posibilidad de entrada enfilamos  casi a la entrada contra el viento alejándonos de esta. El Destino  creyó haber ganado la partida al fin, no había entrada. Cambio de rumbo hacia el este para buscar la salida. Una milla ganada al viento fue lo justo para con una voz de aviso dar virada en redondo y aprovechando la furia de un viento impío por la popa ganar la  velocidad suficiente para doblar la punta de Sacramento justo  con su enhiesto faro verde, imperturbable a tantos años y temporales, a menos de lo que la cordura permite, doblarlo y entrar en los brazos artificiales de un puerto solitario.

Amarrados, empapados, secándonos con un minúsculo calentador a bordo, y el pálpito aun retumbando sobre los castigados mamparos de “El Holandes” recuperamos el resuello mientras podíamos escuchar la carcajada de ese  Destino que nos demostró  como los juramentos  se cumplen y ya nunca se pueden olvidar.

Viejo Destino al que nunca es de ley seguir pues  es él quien dicta las normas y a él es al que hay que demostrar que se es digno de las decisiones que se toman.

Esto sucedió el sábado 24 de Noviembre de 2012, un día, un momento que fue eterno en su  trance que será eterno en nuestra existencia.

Otro Momento, la misma mar

“El Holandés”, Begoña y Josu; sin más ya nada nos podrá demostrar que  algo sea imposible si se desea con la  convicción de creer en ello.    

jueves, 1 de noviembre de 2012

Trazando Mi Derrota



Navegamos perdidos en océanos idénticos para todos, quizá los vemos diferentes pues somos diferentes, pero ellos son idénticos sin dudar.  La diferencia solo estriba en la nave vital forjada en los astilleros  donde cruzamos la infancia hasta botar nuestra nave adolescente sobre su ensenada  para ser allí armada y tras ello, con el mejor viento posible abandonar el abrigo de los brazos donde nos forjaron.

Es la mar hirviente tratando de besar al viento furioso


La mar, ese océano vestido de soledad en su inmensidad  ya no nos dejará nunca; será nuestro compañero de tortura, de fortuna, de diversión, de dolor, de honor y de desgracia. 

Con nuestra mano imaginaria firme al timón  vestido de piel y osamenta será con la que  logremos de semejante travesía en solitario el  conjunto de sensaciones que sumen positivo  antes del fin marcado entre las mareas por llegar, fin que no es otro que el ser engullido por  ese eterno oleaje en el momento más débil de nuestra embarcación.

Mano firme, corazón sereno, morderse el labio superior y dar avante cazando el viento cuando este se deje o dejando pasar su furia cuando este solo desea destruir y cobrarse el pacto de su deuda frente a Poseidón.

Paz en el corazón, serenidad y  firmeza  ante el barómetro de la realidad, caprichoso  elemento sin argumento ni razón pero verdadero anuncio de lo que pueda llegar. 


 Navegando donde la esperanza se corta en pequeñas dosis
por los viejos vientos prohibidas, como polvo maldito de muerte lenta
sobre la mar gruesa de mares tenebrosos en los que el alma se lamenta
por no encontrar cálida señal alguna que me salve,
 ya del bajo traidor, ya marcando el canal seguro
que ahuyente  la Némesis del pálpito de mi sien.

Errante búsqueda del faro solitario, eterno sirviente,
 verdadero ejemplo de combate  frente a mares impíos,
 mientras es golpeado por el mismo tenebroso mal.
Luz bañada de sal alumbrando sin demanda el camino sin retorno
donde derrotarte sin llegar a ver,  sin poder encontrar
la verdad que ya tienes y no deseas tocar.



Navegando  en el deseo de  ir hacia donde no vas
por cobarde, por guardián del miedo revelador.
Silente ante los quejidos de la jarcia al cortar el viento desolador
empujandote sin cuartel sobre crestas hirvientes de olas
como montañas de palabras, rompientes sin sentido
sobre las amuras pujantes de tu corazón.

Las luces del faro encadenado  se apagan o quizá se alejan
como agua de río que poco a poco seca su caudal generoso
esclavo de nubes que no son, que nunca serán
mientras se pierden y descomponen entre vientos de libertad.

Nacido, desde tal ya pegado a la caña del timón propio
almirante de mi vida, dueño de la misma nave,
tan solo como el deseo me permita estarlo
frente a vientos, olas, corrientes, rompientes
frente  a naves en vuelta encontrada
 o pidiendo “navegación en conserva”.

Así navego,
aferrado a mi propia esperanza por vencer en el eterno pulso
entre el miedo y mi pura decisión.


Josu Jiménez Idoeta, 1/XI/2012





sábado, 29 de septiembre de 2012

En Blanco y Negro



Como cuando uno se siente triste o nostálgico, como cuando todo se escucha en una sintonía lejana, perdida por la  estela de trazo ya indefinible por el paso del tiempo, como cuando te apetece quedarte en casa por no poder comprender que la vida está repleta de cosas increíbles por descubrir, redescubrir, pulsar, coger, atrapar, devorar, es entonces cuando todo se percibe en Blanco y Negro. Los colores solo son una escala de grises con las que tratar de  respetar la “amenazante” vida real refugiado tras ese tono.

Pero es el Blanco junto al  Negro lo que te permite salvar el oleaje de una realidad que  golpea con su  imprudente poderío los costados de tu  piel, la crujía de tu mente. Sus grises anodinos sin temor te protegen a cada ola que barre la cubierta mientras ganas algún cable, alguna milla esperando que el sol blando de la realidad corregida por el tiempo te regale el descanso de dejarte llevar por la brisa de la comodidad.

Tantas veces  vives en blanco y negro, las mismas en las que crees ver otros navíos humanos  que como tú  navegan  al mismo rumbo dibujando su vida de colores radiantes siempre a tu parecer; sabiendo o queriendo saber tú mismo entre grises que ellos estarán así más pronto que tarde y , derrotado, sin tratar de alcanzar su gama de colores e incluso golpeando el timón por  evitar su brillo tratas de alejarte con una mueca de desprecio. Error verdadero, error terrible, pero cómodo  hecho al fin y al cabo como consuelo sin brillo ni luz como dice el refrán.

Si pudiera dar color al negro, quitar color al blanco, si pudiera devolver al gris el  infinito grupo de colores robado por este  gobierno, por esta  hipócrita sociedad cargada de razones  contables, de castigos ejemplares hijos de la virtud judeo-cristiana transformada en consumo como trampa para crecer junto a Adam Smith.  Si pudiera, ¿lo haría? Cuántas veces he/hemos pensado  tal cosa mientras permanecemos  escondidos en el blanco y negro protegidos del océano real de las posibilidades; creyéndonos  en la oportunidad falsa de ganarle la mano al Destino criminal de los poderosos mientras nos creemos privilegiados protegiendo esos privilegios en un paso más al pozo  de ese Destino tan detestado.

Pero todo tiene que tener  su fin, tanto  consenso, tanta vida ordenada por el sentido común, tan falso como común. Políticos mentirosos, perdidas organizaciones que pretenden defendernos tras una subvención de los mismo políticos que permiten sus colores mientras  te  mantienen en gris, cálidas asociaciones que sin tumbar lo establecido lo parchean  para que dejes este mundo de forma tierna sin perder al menos algo del dolor real, poderes democráticos en los que su diferencia estriba en el origen de su poder mientras llegan a él, pues a partir de su alcance su gestión se sirve como la de la dictadura del vecino, la gleba de antaño, trayendo y protegiendo al amigo mientras la vida del  honrado se consume en la espera por algo que le han dicho que le  conseguirán.

Sigo escribiendo en blanco y negro, no hay otra, quedan las historias imaginadas que perviven en el fondo de cada quién y permiten vivir soñando  mientras “los importantes” nos siguen engañando, nos siguen culpando por nuestra ruina, que es SU ruina y solo suya por  permitir lo que les parece y sin embargo prohibir con grandes aspavientos lo que no les interesa que bien se ocupan de  que no  sean nuestras ideas nuevos caminos, ideas de seguro de subversión.

No estoy descubriendo pólvora alguna que no  sepa quien piense, incluso quien no esté de acuerdo. Simplemente ya estoy harto de tanto convencionalismo, de tanto “cogérsela con papel de fumar” para determinadas  protestas, ideas alternativas y sin embargo tanta libertad para  que uno se encadene.



¿Al final  lo único que nos quedan son las cadenas? Las que uno se  suelda a sus tobillos en forma de consumo desaforado promovido por “sus señorias” o las que ellos nos clavan en nuestras muñecas por no aceptar su sistema de alienación.