miércoles, 2 de diciembre de 2009

No habrá montaña mas alta... (39)



…Mares como esos eran con los que soñaban todos los que sobre las tablas de cualquier cubierta manejaban días y noches propias en íntima soledad. De las Damas era su nombre, pues así decían ellos que eran condiciones propias para que una frágil dama pudiera hacerse con la navegación del navío hasta Tierra Firme. Tras el duro combate las jornadas fueron de mares  de suaves marejadas junto a Alisios constantes que permitieron a los sufridos tripulantes de la Furiosa convertir a la corbeta en algo que tal nombre pudiera llevar. Antes de que venciera el plazo dado por el Duque de Grillo la reparaciones principales estaban listas y, aunque el palo de mesana no era tal sino una verga sobrevenida de mástil, la corbeta era capaz ya de dar más nudos que los mercantes escoltados y  su imberbe comandante con el propio orgullo de tal lampiña condición, hasta se permitió comunicar a la Almirante su estado de revista y presta a las órdenes que sean menester. La otra, de nombre Tenaz, a partir de la segunda jornada ya patrullaba el cuadrante mas a popa de la fragata que comandaba Don José Moyano.


Recuperado el andar cansino pero más rápido que el pactado durante las reparaciones, la flota puso rumbo y andar decidido hacia el Caribe.

Casi 2.500 millas hasta Puerto Cabello, un mes entre unas cosas y otras fue trascurriendo en el que Fabian, con la fuerza propia de un campesino acostumbrado al sol y a las duras tierras a las que sacar el brote de la vida que suponía su bienestar, fue recuperando su vitalidad y con ello la felicidad de su esposa y su pequeña. Como recuerdo en su cabeza le quedó una pequeña hendidura donde el golpe había sido más violento sin otras consecuencias, orgullo futuro ante sus nietos por el origen heroico de semejante "muesca". Aquella experiencia unió a los León y a los Bracamonte para siempre. Los unos campesinos con deseos de prosperidad, los otros tejedores en su misma dirección sellaron sin falta de lacre sobre real sello su alianza y llevaron a los León a dirigir sus miradas hacia Cerritos del Cocorote, pequeña villa que pujaba frente a la ciudad de Barquisimeto por ser como ella pues el cacao daba para todos y los que allí vivían deseaban ser sus propios dueños frente a la que ciudad que los deseaba bajo su bastón. Será unos pocos años después del momento en nos vemos cuando el Rey Don Felipe V haga de sus deseos y sus intereses los suyos, dando carta de ciudad con el nombre de San Felipe en honor al mismo rey católico.

A bordo de la Furiosa la actividad continuó siendo frenética aunque fueron descargando las labores de reparaciones y acopiando la actividad sobre las maniobras de mar y sobre todo guerra. Una semana después en que tanto la tripulación como la nave ya se habían hecho los unos a la otra, maridaje mas santo y necesario que el propio bendecido por nuestro Señor sobre dos almas que se amen, el capitán Grifol comunicó a la Almiranta su intención de hacer pruebas de fuego para la practica en el tiro y  el aumento en la rapidez de carga tras cada salva. Desde la almiranta se concedió permiso y en la segunda y tercera semana ganaron barlovento cada jornada para hacer las prácticas de fuego real para tras estas recogerse al abrigo del navío “Catalán” como así había ordenado el Almirante Don Carlos. Daniel dobló sus guardias en tanto el oficial Artime se vio inmerso en las reparaciones vitales en su importancia, respondiendo de forma sobresaliente a todo lo que surgió en su presencia; algo que le valió el respeto del nostromo que hasta pocos días lo tenía por un innoble criado de oficial, manso como todos y blando para la brega en la mar. Su conocimiento de la “aguja” y familiaridad con los demás instrumentos y su capacidad de reconocer los signos sobre la carta de marear en algunas ocasiones tan rápido como él le abrieron la puerta al respeto de toda la tripulación.

Entre bordadas que tan pronto orzaban proa al viento o trasluchaban para ganar este de una aleta a la otra, las salvas y los gritos de carguen y fuego se hicieron un hueco en la vida de aquel niño que ya era hombre pues soledad, sangre y pólvora aliñadas con agua de mar como compañía dan la hombría a cualquier alma de niño que ose saltar  al vacío de semejante abismo.

- Daniel, hemos dado por babor hace ya varias horas la isla de Tobago y la Margarita nos espera sin demora. ¿Has escrito a tu madre? Has de tener presente que sin  esta no será conmigo con quien volverás a Cádiz para cumplir un sueño que ya sientes como tuyo. Ha de ser Doña María la que de o quite razones a tus deseos.

- Tenéis razón, Capitán. La carta esta ya escrita y la tengo entre mis pertenencias junto al coy donde descanso. Si me permitís al finalizar mi turno de guardia os la entregaré Es mi mayor aspiración alcanzar  esa plaza de Guardiamarina y no será por alguna falta que desde mi se produzca. Capitán ¿a qué distancia nos encontramos de Puerto Cabello, Capitán?
-  A unas cuatrocientas millas, es decir que entre cuatro o cinco días recalaremos en su abrigado puerto. Pero vamos a seguir con nuestros  ejercicios. Vamos Daniel. Antes de que anochezca, calcúlame nuestra posición sobre esta carta suponiendo que…

Poco a poco un lazo se fue tejiendo entre ambos que la travesía dio por revalidada gracias al carácter de ambos y el paralelismo de sus vocaciones. Nunca hubiera imaginado Agustín Delgado lo poco que hizo falta la “dote” que había entregado al teniente Grifol para que tratase adecuadamente a Daniel.

Pasaron los cuatro días y al mediodía del quinto un cañonazo desde la capitana dio aviso del avistamiento de Puerto Cabello. El 8 de febrero del año de nuestro Señor de 1723 la flota largó el ferro entre los brazos de aquella ensenada que parecía querer apoderarse de ellos con avaricia, cerrada por el norte y dando un estrecho pero seguro paso al hueco de lo que podía ser su corazón. Puerto ansiado por britanos y flamencos donde la tradición decía que una nave podía  mannerse con el pelo de un cabello, en los últimos años usado para el contrabando que nuestro rey Don Felipe fortificará pocos años más tarde  y que el empuje de la compañía Guipuzcoana la convertirá en un importante centro económico y naval. Don Carlos, con la calma y el orgullo de haber logrado la arribada decretó consejo de guerra para la siguiente jornada.

Una vez la Furiosa aseguró el ferro al compás taciturno del atardecer, como todas las naves comenzó a bornear hasta presentar su proa al viento en aquél momento  un terral cálido y seco que los recibía desde tierra, mientras las naves con sus proas  atierra por ese mismo efecto parecían postrar reverencia al nuevo continente al que tanto deberá siempre el viejo reino hispano.

La noche cerraba para Daniel una travesía ganada a pulso y con el valor del que todo lo espera y no ceja en conseguirlo…




3 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Soledad, sangre y pólvora, un niño hombre, cambiamos la sangre y la pólvora por dolor y silencio y estás hablando de tantos.
Un abrazo, Josu.
Alicia

Menda. dijo...

Bornear.........ahora mismo voy a buscar el significado. Por cierto, este puente terminaré de leer algo muy interesante que aún ( por motivos de tiempo) no he tenido el placer de acabar.

Armida Leticia dijo...

Saludos desde México, la música, el texto...es un placer, como siempre, pasar por aquí. El "slide" merece 5 estrellas!!