miércoles, 23 de diciembre de 2009

No habrá montaña mas alta... (46)

... Pedro despidió a Daniel ya sobre el lanchón que de momento lo llevaría a la “Furiosa” donde lo esperaba su comandante con las nuevas de su destino. Con el corazón contraído por la separación Pedro poco a poco iba asumiendo a aquel sufrir como una pura constatación de tener ya una familia sin haber tenido hijos y, a pesar del dolor que sentía en esos instantes, en el fondo un destello de felicidad le llegaba por poder sentir tal cosa.


Al llegar solo María lo esperaba pues a pesar de no querer despedirse en el mismo muelle de su hijo, por no dejarle a este una imagen de puro sufrimiento, deseaba saber cómo había sido esta. Miguel, entretenido con Inés y entre tazones de más chocolate que con ternura hacia llegar sin límite Doña Aurora, fue asumiendo la tristeza de la separación que no podía evitar entre sonrisas de aquellas mujeres y la compañía de la pequeña Alicia de los Bracamonte, que ya era como su hermana pequeña, alguien a quien cuidar y de vez en cuando intentar que redujera su prolífica verborrea que parecía no tener fin.


Pedro y María se abrazaron sintiendo ambos de maneras diferentes la misma sensación de compartir un mismo deseo y un mismo sufrir por alguien querido. Fue el verdadero momento en que sus vidas se fundieron en un solo motivo. Comieron, quizá la desgana que produce la tristeza los llevó a los postres sin casi mediar alguna palabra. Era Don Arturo el que mantenía las miradas en alto con alguna pregunta y su propia respuesta a continuación para evitar el abismo del puro silencio que desmedido solo conduce al gris de la conformidad.

Al fin terminó la comida y Don Arturo se llevó a Pedro y a Fabián a su enorme despacho donde los regios ventanales, luminosos por recibir el reflejo del Caribe que el borde de las murallas al mismo filo visual de tales ventanales permitía sentir de pleno los deslumbró a ambos. Cuadros, algunos traídos de España y adornos recargados de mil procedencias desconocidas para un profano que no viviera del comercio abarrotaban la estancia. Sobre una bandeja de pura plata peruana Don Arturo les sirvió buen ron especiado mientras acometía su propuesta, anclada en su mente desde que apretó la mano de Pedro y Fabián.

- No se apuren por la graduación  de este buen ron, que para si quisieran los britanos e de la Jamaica  antes que su grog malparido, que tenemos toda la tarde y estos sillones han soportado siestas de cuerpos con pesos mayores que los que vuestras merceden portan. Ahora permítanme que les explique mis intenciones y mi propuesta para con vos Don Pedro y Don Fabián que creo les agradará.

- Don Arturo, permítame rogarle me retire el trato que me concede pues no es costumbre para un labriego el sentirse señor.

- Mire Don Fabián, señor solo es el que lo es, no el que lo recibe por mil motivos de desconocido origen. Desconozco vuestro origen como vos desconocéis el mío, tan solo hay apariencias y tales circunstancias no deben determinar el trato, sino el propio respeto entre los hombres como los que en este salón nos encontramos. Quizá si mantenemos esta relación mas allá en el tiempo descubramos quién es el señor y quién el siervo de falsedades, engaños o malas acciones. En este caso, mi respetado amigo, porque así deseo que sea será tan Don como yo lo soy.

Un mirada de aprobación de Fabián fue suficiente como respuesta, una mirada en la que se percibía claramente que había ganado también un amigo.

- Continúo con vuestro permiso. Como les relaté la pasada noche soy dueño de unas tierras en la villa de Magangué que tenía un destino frustrado por la guerra y la muerte que juntas siempre viajan. Es la hacienda de una superficie cercana a las 500 fanegas ( 32.000 Ha) y sus tierras son ricas para el cultivo y la ganadería. Se cultiva  el  algodón que bien valdría si se le une un buen ingenio con el que crear paños  de lo que vos, Don Pedro, sabéis sin duda más que este que os lo cuenta. No dispone más que de un pequeño edificio de dos plantas que necesita de su rehabilitación y de su ampliación pues la tierra puede dar también pastos para la ganadería y  para eso no hay la debida infraestructura dispuesta. ¿Qué les parece lo que les presento de partida, caballeros?

- Con el respeto por delante, Don Arturo. Lo que vos nos decís es el sueño de cualquier emigrante que recién llegado pueda pensar en encontrarse, mas esto no se regala ni siquiera se presta. Estáis vos hablando de un gran valor que nuestras posibilidades nunca podrían alcanzar en muchos años por muy afortunados que estos pudieran llegar a ser…

- Bueno, bueno, Don Pedro, que no lloren vuestros deseos antes de perder la posibilidad de lograrlos. Soy ya mayor como no es necesario demostrar, mi esposa no desea más riqueza que la que ya disfruta y nada nos va a devolver la alegría de nuestro hijos, ambos ya fuera de este reino mortal. Soy comerciante y se que la contrapartida a esta oferta es de elevado valor pero yo solo les demando que den vida a ese pedazo de tierra donde soñábamos ver correr a nuestros nietos,  que arreglemos un porcentaje de los beneficios cuando los obtengan y que nos  concedan la posibilidad de poder visitarles, poder compartir sus vidas y disfrutar de sus pequeños como si fueran unos lejanos nietos que los eternos “renglones torcidos” nos han mostrado  y permitido sentir. Aunque no os parezca un precio acorde, su valor no tiene cálculo posible. Quizá desconfíen de tanta amabilidad y sospechen de algún gato encerrado, algo que comprendo de forma cierta, pero como prueba les propongo que certifiquemos tal preacuerdo ante el escribano mayor del gobernador y tras esto se vengan vuestras mercedes a la hacienda para que su vista les ahuyente el miedo y la desconfianza que vuelvo a reitera entiendo les nazca de su  conciencia.

Pedro y Fabián se miraron. Fabián estaba decidido, pero nada haría sin esperar la opinión de Pedro al que consideraba más experimentado y con más visión en esto de los tratos con semejantes, que no era en lo que él hubiera tienido costumbre.

- Don Arturo, es una oferta muy provechosa para nuestras expectativas y no podemos negarnos ante las pruebas que nos propone previas a firmar un acuerdo con vos. Ha de comprender que debemos antes hablar con nuestra familias para que la decisión sea unánime y no conlleve  el doble riesgo de la equivocación y el posterior reproche eterno que supione el fracaso y la runia frente a quien en uno ha depositado su vida. A pesar de esto creo que debería preparar ya el viaje al que iremos Fabián y yo tras firma del preacuerdo con el escribano, que solo a la vuelta se verá confirmado con rango de ley privada entre nos.

- Estoy de acuerdo con vuestro razonamiento, es lo menos que puedo esperar y si nos les molesta voy ya a mandar preparar las caballerías para las 25 leguas de jungla que nos separan.

- Muy bien, Don Arturo que nosotros iremos a informar a nuestras familias y tener así una idea clara para poder acordar un buen contrato entre ambas partes si a todos nos es bien los por vos ofertado.

Y de tal guisa aquél 19 de febrero de 1723 de tal manera terminó pues de lo concluido será en otra entrega relatado, que por lo pasado estimo de rigor la espera sin más razón…

5 comentarios:

Menda. dijo...

D. Blas!!!! Pare usted, que estamos en fechas de descansar y disfrutar. Claro que, a los que nos gusta escribir disfrutamos así. En fin, que tengas buenas fiestas.

JoseVi dijo...

jajajaja, me rio con el comentario de Menda XD.

Creame vuestra merced que don Blas de Lezo no conoce tregua, mientras vida le quede y su corazon no pare de latir sangre XD.

Te admiro Blas de Lezo XD

Son estos momentos, en los que retaría las tormentas, en los que tejería leyendas, encerradas en mis hojas, sin querer mostrarlas nunca. Pero mis ojos de niño no pueden y mi corazón, prefiere pensar en ella. La recuerdo, al tiempo que mis suspiros hacen pactos con la soledad. Yo lloro y mis llantos dibujan fantasmas, los que nunca se van y solo existen en mi mente. Pero aguardo, aguardo recordando junto al fuego, recordando. Recordando dulces caricias, en que mis manos, perfilaban los rincones de su suave piel. Suave, suave como el musgo mullido, en las mañanas otoñales, cuando duerme aún en los bosques. Dulce, como dulces son sus labios y el silencio congela el tiempo, para olvidar la muerte y los desgarrados seres, que nos tientan desde las tinieblas.

Ha despertado en mi una pasion aventurera que me hace muy feliz XD y me inspira

Un fuerte abrazo

JoseVi dijo...

Va otro trozos de relato pero no mas que lo leen todos

Paso a paso, sigo mi camino, ante la corte del reino de los difuntos y vuelvo a la ermita para protegerme de los demonios, bajo sus muros de piedra. Me han visto por el camino, ahora no me protegen los guardianes del bosque. Gritan los demonios para darme caza. Quieren atrapar mi alma, coserla a sus corazones negros y esculpir torturas con mis miedos. Vuelvo a rezar en la capilla, bajo un crucifijo abandonado, esperando la luz de los santos, de los seres de un mundo invisible. Rezo, por cuanta gente amo y pido a los guardianes del bosque, que guíen a las almas perdidas, ellos son mis compañeros, se que son de mi sangre. Los rayos, iluminan las vidrieras quebrando rocas, al chocar con las montañas. Siembran la muerte de algún árbol, arrojando su cuerpo al suelo, azotado por un castigo, de manos de la tormenta. Mis ojos, de niño perdido, se mantienen en el crucifijo, esperando cumplir mis deseos, como quien desea besar la luna. Yo no puedo desearlo, yo soy hijo de la luna. Escribo deseos, entre paredes de una ermita, bajo la cruenta batalla de los cielos, la ermita me protege de mis demonios, aunque arañen las paredes. Los oigo gritar, pero me protegen los muros. Quisiera darte las gracias, vieja ermita, protegiste vidas durante siglos, ahora decides proteger la mía. Decido dormir esta noche aquí, acunado entre tus brazos, pues fuera me esperan las cadenas del infierno. No es que tema a la muerte, temo que atrapen mi alma los demonios. Un deseo te pido, que siempre estés aquí. Cuando muera, los guardianes del bosque me protegerán y hare el mismo camino, pero no volveré. Protege nuevas vidas, nacerán de vidas que ahora crecen y algún día se apagarán. En el bosque de los muertos yo estaré, con la doncella del bosque, viviré sin vida, viviré para siempre con ella.

Armida Leticia dijo...

¡¡Feliz y próspero año nuevo 2010, que llegue con mucha salud, dinero y amor, para ti y los tuyos!!!

Un abrazo desde México.

Lúcida dijo...

Esperaremos, ya sabes que así será.

Besos y próspero año nuevo.