viernes, 30 de julio de 2010

No habrá montaña mas alta...(75)



…Se podía percibir el insano olor atravesando como chuzo de abordaje los cuerpos de los presentes sobre cubierta durante la maniobra de desatraque. El 9 de febrero de 1730, el bergantín Santa Rosa partía remolcado por una vieja galera que ya no servía para más hacia la bocana del puerto milenario de Cartagena. Una leve ventolina del mismo sur al que apuntaba el rumbo de la nave impedía la salida de ésta hacía mar abierto con rumbo a Cádiz. El olor de pútrida suciedad llegaba a veces mezclado del grito inhumano del cómitre mientras chasqueaba el rebenque ora sobre la madera de la podrida cubierta, ora sobre las espaldas abiertas de condenados cristianos o prisioneros capturados en combate.

Preparado el aparejo, listos los hombres para el izado del trapo sobre este, el nostromo esperaba la orden del segundo, atento este al capitán. El leve viento continuaba extrañamente de sur con lo que fue preciso abrir el bergantín un poco mas sobre la bocana del puerto hasta dar con distancia segura para coger ese débil impulso y ganar millas de forma lenta sobre la línea costera. Al final con casi dos millas sobre esta largaron los cabos de remolque de la galera que triste, sucia y quejosa retornó con el propio impulso de quienes allí seguramente acabarían sus vidas. Con menos velocidad pero mayor alegría el “Santa Rosa” fue ganando en su andar con rumbo Este puro la búsqueda de buenos vientos que le permitiesen enfilar el cabo de Gata con velocidad.

Horas antes de la salida, Daniel había mantenido una corta reunión junto con Don Antonio y Segisfredo para clarificar la situación y rebajar los ánimos de aspecto poco halagüeños en una travesía que podría durar mas de cinco días. Antes con Segisfredo había preparado ésta para evitar encontrarse con sorpresas, que el amor se entienda como se entienda puede llevar a resultados tan maravillosos como terribles y era vital tener todas las bitas de aquel navío bien marcadas. En este caso, sin creer en ello, Daniel le vendió a Don Antonio la historia del malentendido y el enfado injustificable de su segundo por una descortesía de aquél otro teniente sobre su hija. Algo que no supieron si llegó a creer el padre, pero que si aceptó como moneda para poder mantener la compostura y las reglas de comportamiento a bordo sin perder esa honra tan dañina que los humanos se plantan delante como escudo de sus miserias ante los mismos escudos de los demás.

- Segundo, mantenemos rumbo Este hasta nueva orden. No hay viento y no parece que vaya a haberlo en las próximas horas. Mantenga la vigilancia ante cualquier vela que se dibuje sobre el horizonte.

- A la orden, Capitán.

Mientras quedaba marcado el rumbo y el mando sobre el segundo, Don Antonio salía de la cámara con su hija Elvira tratando de estirar las piernas sobre cubierta tras la maniobra de salida. Daniel encaminaba sus pasos sobre el costado de babor inspeccionando el estado de su nave, el orden era algo que aprendió con su mentor y maestro Enric Grifols durante aquella primera travesía a bordo de la presa hecha a los piratas al salir de las Canarias rumbo a la Cartagena de las indias. Sabía Daniel que el orden era casi la mitad de una victoria en la situación que fuera. Don Antonio y Elvira apretaron el paso.

- ¡Capitán!

- Buenos días tengan a bordo del Santa Rosa. ¿Tomando un poco el aire? Si gustan les acompañaré.

- Con gusto si no es molestia nos unimos a su compañía. Perdone mi ignorancia, navegamos hacia el sol y si no me equivoco nuestro destino nos daría rumbo sur.

- Buen observador. Simplemente estamos ganando mas millas mar adentro hasta buscar algo de viento que nos lleve hacia Cabo de Gata pues con este suave sur solo haríamos balances y cabeceos sin rentar tal malestar en millas ganadas. Vale mas mantener este rumbo a la espera de que Eolo tenga a bien rolar su caprichoso viento.

El caminar alcanzó el castillo de proa donde la conversación también rolaba hacia situaciones políticas que a Don Antonio le encantaba mantener como tema, pues sin decir nada le permitía sentirse importante. Daniel en cambio guardaba en lo posible argumentos sobre los que mandaban en el reino no fuera a encontrar puñal en su espalda por decir lo que pensaba. En esto alcanzó uno de los criados el lugar donde disfrutaban de aquellos momentos de calma.

- Mi señor, Doña Marie requiere de vuestra presencia en la cámara.

- Está bien Juan, vayamos a ver que se le ofrece a mi santa esposa. Discúlpeme Capitán, pero el mando en el barco de la vida  estoy seguro que vuestra merced bien sabe dónde y quién lo sostiene. Elvira, os dejo en buena compañía.

- No se preocupe Don Antonio. Permitidme aconsejar a vuestra esposa e hija que se mantengan fuera de la cámara el mayor tiempo posible para evitar mareos indeseables que sospecho por tal motivo os reclaman.

- Así se lo haré llegar.

Quedaron solos mientras el padre de Elvira tambaleante por el vaivén del navío se alejaba hacia popa. El viento mantenía constante su tozuda enfilación.

- Suena poético cuando decís que buscáis un mejor viento, como si buscarais otra vida u otra suerte. Decidme, ¿lo encontraréis?

- Quizá avanteando una docena de millas mas encontremos vientos favorables. Esta Señora es muy caprichosa y a veces buscas en su profundidad y solo encuentras silencios y soledad, otras en cambio sin desearlo su furia desata mortales castigos que pueden llegar a destruirte.

- ¿Insinuáis que las damas podemos ser de tal calidad? Os agradezco el cumplido por pareceros de tan inmenso poder, mas considero que nuestro sino no es mas que daros camino para vuestro propio destino si de océano y navío mantenéis la comparanza.

Un poco azorado por la respuesta se avino Daniel a considerar a Elvira en su mismo porte de navío vital, con lo que decidió hablar como de iguales sin más.

- Bueno, no quiero ofenderos a vos ni a vuestra condición femenina. Pero si que siento la compleja relación entre los tiempos naturales en la mar y los de la mujer en su fluir incógnito. A veces creo que nuestros exploradores, ganadores del inmenso imperio ultramarino tuvieron en su empeño mas éxito que nosotros como hombres en el descubrimiento de vuestro ser innato. Aunque si me dejáis…

- Os dejo, os dejo, continuad

- Que vale mas no saber donde esta lo que uno desea encontrar y dejarlo como en la misma mar al arbitrio de los vientos, que sean ellos los que decidan donde se ha de recalar…

- ¡¡¡Velas por estribor!!! ¡¡¡Humo y velas por estribor!!!

Quedó la conversación interrumpida con aquél incierto aviso desde la galleta de la mayor…

 

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