martes, 3 de agosto de 2010

No habrá montaña mas alta...(76)



…El humo no permitía distinguir con claridad lo que ocurría a más de tres millas de donde el Santa Rosa se encontraba. Estaba claro que aquello era un combate aunque no se podía distinguir banderas aún. La comisión del Capitán del bergantín no era otra que la de llevar con seguridad y eficacia las comunicaciones entre las capitales de los departamentos marítimos, pero estaba claro que aquellas aguas eran de control hispano y no se podía dejar sin al menos supervisar cualquier incidente que se plantara frente a su roda. Tan claro tenía esto último Daniel que ordenó poner proa hacia el penacho de humo que despuntaba sobre su amura de estribor

- ¡Rumbo este sur este! ¡Segundo, toque zafarrancho y prevención para el combate! Vos, doña Elvira, lamento interrumpir nuestra conversación de manera tan abrupta, mas la situación así lo impone. Os ruego que os guardéis en la cámara con vuestra familia hasta que pase esta situación. Le prometo que acabaremos lo que empezado dejamos.

- Me quedo con su promesa. Por favor, cuidad de vuestra vida que es una y de gran interés para cualquiera que os conozca.

- No temáis más que por la vuestra, que la de este humilde capitán no podrá acabarse hasta que su se vea cumplida y no esta ese cumplimiento muy cercano. ¡Izad nuestro pabellón!

El objetivo estaba a barlovento del bergantín lo que les dejaba en clara desventaja ante un eventual enfrentamiento, pero eraesa  la única vía para aproximarse y comprobar lo que estaba ocurriendo. Daniel confiaba en que el entrenamiento de sus hombres, aunque hubiera sido realizado sin fuego real, le diera ventaja ante la desconocida situación. Desde el puesto de vigía en lo alto del aparejo del trinquete iban cantando cualquier novedad y poco a poco se iba descubriendo el pastel que no era en verdad de dulce.

- ¡Dos corsarios atacando a una polacra semiartillada Capitán!

- Parecen un jabeque y una goleta de poco porte, capitán.

- Si, Segis. Pero el poco porte lo llevan hasta arriba de hombres. Prepara la artillería y disparad al jabeque con la banda de babor a mi orden.

Daniel deseaba atraer para sí al navío de mayor porte para dejar a la polacra que se bregase con la goleta; era un combate en condiciones inferiores por la posición y el armamento pero confiaba en que la suerte pusiera algún efecto de su parte en la balanza del arrojo y la razón. Don Antonio surgió del interior del bergantín con el gesto de la ira intentando superar al propio del terror.

- Capitán, debemos retornar el rumbo y dirigirnos a Cádiz, nosotros nos somos navío propio para el combate de piratería. Sus órdenes son las de llevar a mí y a mis hijas a Cádiz. Me veré obligado a informar a sus superiores en caso de que no recupere su rumbo y…

La mirada de Daniel era lo suficientemente elocuente para cerrar de tal guisa las voces del miedo de Don Antonio.

- Con el respeto que vos merece, Don Antonio, podría ser vos y sus dulces hijas los que podrían haber estado en ese barco de trasporte y estoy seguro que su agradecimiento sería infinito en caso de ser rescatados hasta por chalupa de tritones. Quizá sea esta el primer y último combate que vos podáis observar porque nos fulminen esos hijos de Satanás, así que quedaos a observar cómo se bate un navío de nuestro Rey Católico o refugiaros en la cámara a la espera de la calma que deseamos nosotros y seguro sus compatriotas en la polacra atacada. Haced una de las dos cosas pero cerrad la boca o me veré obligado a encerraros en la sentina mas profunda del “Santa Rosa”.

No hizo falta más, Don Antonio lentamente y en silencio se retiró varios pasos hacia la cámara aunque la curiosidad venció al miedo quedando a cubierto pero con posibilidad de contemplar lo que depararía aquella situación.

El combate, mientras tanto continuaba entre la polacra y la goleta algo más parejo, pues el jabeque sabedor de la situación de superioridad enfiló desde su barlovento al Santa Rosa que con mucho esfuerzo ganaba algún nudo sin superar los más de 5 que ya llevaba su enemigo contra ellos. Desde la banda de babor la confirmación de los cañones listos al menos tranquilizó a Daniel en siquiera una ínfima medida. Los seis mejores tiradores con los mosquetes listos se encontraban encaramados sobre el aparejo a la espera de hacer blanco sobre los cabecillas del jabeque, mientras varios hombres con hondas a modo de lanzadores tenían las frascas incendiarias también listas para hacer blanco sobre el enemigo si se pusira a tiro.

Las dos naves iban a encontrarse en pocos cables, parecía que el abordaje iba a ser claro.

- Capitán, nos van a abordar, son más que nosotros, no aguantaremos mucho.

- Lo sé Segis, mantén el rumbo y queda pendiente de mi orden de fuego. ¡Piloto! A mi orden, maniobra a estribor. Nostromo, mantenga a sus hombres listo para la maniobra y que nuestro Señor tenga a bien repartir la suerte.

Con un cable de distancia sobre el que el viento permitía ya escuchar los bramidos y rugidos de odio y sangre que en el jabeque se producían a modo de celebración por la victoria anunciada,Daniel bramó la orden única que podía dar.

- ¡Orzar a estribor!

- El silencio del Santa Rosa roto por los gritos del jabeque argelino se mantuvo mientras la maniobra se ejecutó de forma rápida y con el orden esperado mientras las oraciones al santo de cada uno destilaban como susurros de entre los dientes de quien estuviera a bordo del bergantín. Justo cuando la cara de babor daba plena con el jabeque la orden y la detonación de los pequeños cañones apuntado al aparejo corsario dieron con éste, casi al mismo tiempo desde este en su maniobra contraria hacia lo propio con sus cañones.

La humareda no permitía ver si el daño sobre los argelinos era el esperado, mientras tanto los daños de la andanada corsaria había tocado el trinquete que peligraba sobre su fogonadura. Carpintero y calafate ayudado por varios marineros aparejaban cables de fortuna y descargaban parcialmente el velamen mientras los tiradores a salvo de aquel palo iban como diablos hacia la balconada de popa donde esperaban en cualquier momento sentir el bauprés del jabeque clavado sobre el bergantín.


Eolo tuvo a bien disipar la pólvora gastada en forma de humo descubriendo al jabeque a menos de 50 yardas de su balconada. Los daños de la andanada habían sido menores en el aparejo y el abordaje estaba decidido.

- ¡Preparados para ser abordados! ¡Lancen las frascas incendiarias en cuanto nos aborden! ...



1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Contigo tengo que buscar en el diccionario ciertos términos, como por ejemplo jabeque, pero eso hace más rica la lectura.
Un abrazo.
Alicia