jueves, 12 de agosto de 2010

No habrá montaña mas alta... (79)



…El trueno sonó lejano y rotundo. El maltrecho bergantín mantenía el rumbo hacia el corsario que trataba de llevarse la presa lo que hacia que su velocidad fuera menor que la del Santa Rosa al que sus hombres encabezados por el carpintero habían afianzado con seguridad el trinquete dañado al inicio del combate. La visión mas al sur predecían que todo iba a terminar pronto.

- ¡Velas al sur en nuestro rumbo, Capitán!


Mientras esto se gritaba desde lo alto del bergantín el rumbo se mantenía contra la proa de la polacra corsaria. Había que evitar que escapase con el trofeo por el que habían entregado vidas y casi el mismo bergantín. Los Mendoza habían salido ya de su encierro. Don Antonio se dirigió hacía Daniel

- Capitán, mi familia y yo estamos bien y quedamos a su disposición para lo que ordene.

- Gracias Don Antonio. Seguimos en situación de zafarrancho así que les ruego que no entorpezcan las maniobras. Dudo que deseen esos malnacidos plantar combate pero no renunciarán a su presa si nos los cazamos o los acosamos.

- ¿Y aquellos navíos?

- Parecen de los nuestros, desconozco su destino aunque parece que navegan hacia esta posición. Su cañonazo de aviso ha sido claro.

- ¿No deberíamos dejar entonces la caza?

- No mi querido Don Antonio pues aquellas naves están alejadas y escaparían con las desafortunadas almas que nos les quedaría ya mas que el cautiverio y la tortura.

- No veo a su segundo, ¿cayó en la lucha? Si es así lo lamentaría toda mi vida pues a él le debemos estar vivos…

- Mi segundo tiene la piel como el cuero del rinoceronte además de ser demasiado presumido para hacerlo en un simple combate con miserable piratas, él espera algo más grande por  que luego escriban loas con su nombre clavado en cada verso. Si observa aquél pequeño esquife por nuestra aleta de estribor podrá ver a tres hombres, uno de ellos, el de la cabeza vendada es él. No solo salvó a vos y vuestra familia, este barco y quienes aquí nos mantenemos con vida a él también se lo debemos.

- ¡Gracias al señor por permitirme volver a verlo!

- Si todo se cumple como espero, la polacra soltará a su prisionero y podremos recoger a mis hombres, ahora si me disculpa les agradecería se guardaran en prevención de cualquier daño inesperado.

Tal y como esperaba Daniel, la polacra corsaria largó los cabos de remolque tras reembarcar a la tripulación que había trasladado a su presa y dio alas a su aparejo para ganar distancia y salvarse de un final que no deseaba. Un grito de júbilo estalló en el bergantín que no tardó nada en ponerse al pairo junto a la polacra mercante.

Con el lanchón restante del bergantín Daniel Fueyo subió a bordo de la presa liberada, la visión era la propia de la guerra como en tantas ocasiones, ojos cargados de pánico que aun no habían desterrado su terror por verse ya como galeotes en alguna galera argelina o esclavo cautivo a la espera de rescate que arruinaría su familia. En sus ojos se reflejaba el rojo pintado en la cubierta de su propia sangre. Un hombre con restos de lo que sus ropas podrían distinguir como el capitán del mercante se acercó a Daniel.

- Bienvenido a bordo del “Gamo”. Gracias por vuestro arrojo y valentía, nos habéis devuelto a la vida

- Es nuestra obligación, Capitán. ¿Han tenido muchas bajas?

- De los 80 hombres que teníamos como tripulantes quedamos 36. Lo peor es que no sabremos los que van a bordo de su nave ya como esclavos o quién sabe si torturados hasta morir en pago por su derrota. Estamos haciendo el recuento de los cadáveres a bordo y recogiendo los que flotan sobre la mar para al menos darles la despedida que merecen.

- ¿Cuál era su destino?

- Salimos de Palma hacia Málaga con calzado. Así continuaremos si no tiene otra intención vuestra merced.

- Así será, aunque hemos de esperar a la flota que se aproxima para dar cuenta de lo ocurrido y si en su grado de mando tiene otra orden para con nos.

Se aproximó lo necesario la escuadra compuesta de seis navíos  con las distancias propias de la seguridad que requería tales monstruos del mar para evitar averías entre cada uno. Entretanto Daniel había regresado al Bergantín en previsión de la llegada de aquella escuadra. Al mismo tiempo el esquife donde Segisfredo había sido recatado se abarloaba al costado del Santa Rosa un lanchón de buen tamaño se aproximaba sobre el mismo bergantín. Media hora después el teniente de fragata que comandaba la embarcación accedió a la cubierta del bergantín.

- Teniente de fragata Gerardo Herrero de la nave almiranta del general Don Blas de Lezo y Olavarrieta. ¿Vos sois el comandante de esta nave?

- Teniente de navío Don Daniel Fueyo para servir al Rey y a vuestro General.

- Mi general requiere su presencia a bordo de su navío.

- Con orgullo me trasladaré a su nave. Segundo, complete la valoración de daños y ponga a la tripulación sobre ellos.

Con el orgullo de su triunfo sobre los corsarios y la posibilidad de conocer a quien ya era el mayor estratega naval de la historia, la misma que le reservaba todavía la mayor gloria inimaginable atravesó los pocos cables de distancia que había entre ambos navíos…

Don Blas de Lezo y Olavarrieta
 

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Hombre de viajes profundos debes ser para escribir de esta manera.
Un abrazo.
Alicia