- ¿Y bien Doña María? Usted dirá lo que desea conversar.
María, roja de vergüenza por el trago que sentía que debía pasar ante aquél hombre de doble rasero comenzó sin dilación.
- Padre, mi familia no puede más, con las demoras en los

- Bien, bien pero en verdad que no habéis de encontrar muchas posibilidades donde elegir tal y como se ciernen vuestros destinos, pormto los pagos se harán efectivos y vuestra casa será lo primero que perdáis. Hay otra posibilidad para vuestro hijo Daniel que con sus diez años podría aprovechar. La familia de los Aller y Suardíaz viajarán el mes de Abril hacía Sevilla, pues cumplimentan el despacho del Rey como séquito administrativo del Virrey partiendo con destino a La Habana. Necesitan un criado y qué mejor que alguien conocido y paisano de ellos. Sé que son buena gente y darían una oportunidad en el otro hemisferio a vuestro hijo. La manutención un mínimo sueldo para él y una válida compensación que podríamos compartir la Iglesia y vos por cederle a vuestro hijo.
- Padre, os doy las gracias por vuestros encomiables esfuerzos. Si me permitis tras la celebración del domingo os daré respuesta de esa última propuesta cuando sepa si tal compensación salda mis deudas y el dolor de mi hijo por la separación es humanamente asumible por él.
Se despidieron y con la dignidad de quién fue alguien en la villa, María salió de la Iglesia de San Pedro con Miguel de la mano dando pequeños saltos de alegría por el tiempo de juego extra que tuvo aquella mañana de regalo con el monaguillo de Don Román.
La voz del patrón era clara, mientras unos arranchaban el aparejo de pesca, otros estibaban aquel tesoro aún vivo y los restantes enfilaban al proa contra el cerro de Santa Catalina. Daniel estaba orgulloso, no esperaba mucho de la ganancia pero sabía que sería más de lo que había conseguido en las singladuras pasadas. A pesar de la panza repleta de jurel, el pesquero cazaba el viento como fragata cazadora y la protección del Cerro enseguida los obligó a sacar los remos para abarloar el pesquero junto al pequeño cabañón a modo de rula donde sacar la pesca.
Con orgullo vació la bolsa con cinco monedas de dos escudos. La efigie de Don Felipe el quinto parecían sonreír en medio de la escena. María orgullosa por él los recogió en silencio y con un gesto los sentó alrededor de la mesa. Aquella noche la sopa sería el preludio de dos jureles frescos y de un sabor que no podrían envidiar la cocina del Palacio Real.
- Daniel, el domingo es el cumpleaños de Miguel y haremos una fiesta especial gracias a tu esfuerzo.
Miguel lo celebró golpeando la cuchara de madera sobre la mesa mientras María besaba a Daniel. Hacía muchos meses que no sentían el calor familiar junto a la sensación de bienestar y aquella era la primera vez desde tanto tiempo. Terminaron de cenar, ella los besó y Daniel se llevó a Miguel a la cama mientras le iba contando contaba el gigantesco tamaño de las olas y la red cargada de jureles contra la que se hizo tantos cortes en las manos. Ella los miraba y se retorcía de dolor al imaginar verlos separados.
