sábado, 18 de octubre de 2008

Entre Alarcos y Las Navas (8)

…tarde brillante para un pequeño corazón por edad vivida, mas grande en deseos y sueños abuhardillados entre sus paredes en franca expansión. Miradas temerosas que sin querer lanzaba hacia la princesa, devueltas eran, unas sin aprecio, otras con algún gesto quizá solitarias en el imaginario de Tello, que valían por todas las que no eran.

Fue un otoño de los que llenan los corazones en el recogimiento y la calidez que propician los fuegos en los hogares, mientras el frio con sus invencibles mesnadas poco a poco va invadiendo pacíficamente las veredas castellanas. Mas de una vez acudió Don Tello a las Huelgas, al principio para ayudar en el traslado de su madre al monasterio como muchas damas, que allí optaban por quedarse al lado de las monjas, otras tan sólo era una mera escusa para poder ver a la princesa, sabedor de que aquello no era sino plato de mayor comensal.

Transcurrió el otoño con el invierno y la pascua navideña en Burgos, la familia real, con Don Alfonso entre ellos, allí habían decidido pasar aquellas fechas de recogimiento y celebración. Don Diego hacía dos semanas antes de Natividad que había partido con Tello y un grupo de hombres a rendir visita al señorío que ostentaba con orgullo. Vizcaya le rindió los honores propios en obediencia y especie y sin más regresaron a Burgos para celebrar la pascua y recibir el nuevo año del señor de 1196, que tan gris como el que moría amenazaba con presentarse.

Así era y Don Alfonso empeñaba hombres, recursos y los escasos apoyos de su aliado aragonés en resistir los embates de un desleal Alfonso IX, que combatía junto a los infieles para arañar y debilitar al reino de su tío castellano. El Infantado, las tierras de la Extremadura castellana, cualquier linde que viera en ciernes de ser tomada, caía como halcón sobre ella. Había que plantarse y combatir y para eso habían nacido los Pérez de Carrión.

- Caballeros, sabemos por nuestros informantes aún en pie en el Castillo de Urueña que hay tropas almohades y leonesas acantonadas en Toro preparadas para darnos un golpe letal, que creen ellos será entre Castrodeza y Tordesillas. Tenemos a todas las fuerzas en guardia y listas para resistir, pero considero que debemos darles un golpe de gracia en algún lugar que ellos no esperen. Por ello os he convocado a todos mis fieles guerreros. Quiero que dividamos nuestras fuerzas en dos, la mas ruidosa será la que yo encabece hacia la zona de Urueña, mientras otra, menor y de mas fácil secreto, deberá partir y saquear la comarca entre el Cea y el rio Valderabuey, perdida hace pocos meses. Desde Melgar hasta Castroverde no quiero un huerto, árbol frutal, villa o castillo que sea útil a la vista de las grupas de vuestras cabalgaduras.








Castillo de Urueña


Don Manrique, de los Lara, avanzó un paso al frente ofreciendo sus fuerzas para hacer tal razia.

- Don Manrique, vos y vuestro hermano Don Nuño, junto con vuestras fuerzas son de sobra conocidas entre tanto espía leonés que merodean Burgos. La fuerza de los Lara vendrán junto a los reales. Necesito que sea este golpe algo verdaderamente inesperado para los hombres de Don Alfonso de León.

El paso esta vez lo dio Don Diego


- Majestad, tengo la solución mas adecuada a vuestros planes. Don Tello Pérez de Carrión, hijo de nuestro leal Don Guzmán conoce aquella comarca como la palma de su mano, pues bien sabéis que fue su difunto padre Tenente del ha poco perdido castillo de Villavicencio. Tenéis referencias directas de su valñentía al frente de las mesnadas y de su bravura en vuestra defensa durante la jornada de Alarcos. Por ello or porpongo que parte de mis hombres cabalguen bajo su mando, mientras otra parte de ellos junto a mi caminaran con vos hasta Ampudia, desde donde me desviaré a cerrar la razia entrando por el sureste de la comarca. Si deseáis dañar de la mayor forma esta es la mejor solución.

Don Alfonso pensó tal propuesta, para ello se retiró con sus dos apoyos mas firmes desde su infancia, Don Álvaro de Lara y su hermano Don Nuño, mientras esperaban en el salón de aquel palacio, frío por el crudo invierno aposentado ya en todo el realengo castellano. Tello vibraba una vez más, volvería a las tierras en las que tanto tiempo atrás cabalgó junto a su padre, volverá como hombre de armas con el beneplácito de don Diego y la confirmación del Rey. Pero había algo que faltaba para cerrar aquél círculo de oro.

- Don Diego, os agradezco la enorme confianza que depositáis en mis brazos y a fe divina que no seré yo quien os defraude ante nuestro rey. Más hay un detalle que es necesario para que esto se pueda llevar a buen fin…


- No habéis de preocuparos, joven Tello, que de eso ya estoy al punto preparado y tan sólo será preceptiva la aceptación de tal plan por su majestad.

No hubo más cruces, mas conversaciones, todos los caballeros mantenían un discreto y tenso silencio a la espera de la salida de aquellos tres hombres, de los que la vida del reino era justificación vital. Y más de una hora después las puertas giraron sobre sus goznes. Don Alfonso, con la mirada en Don Diego y Tello que juntos estaban comenzó a hablar.

- Hemos analizado vuestro plan y nos agrada la intención; nos valoramos sus posibilidades como muy cercanas al éxito. Más creemos que debéis llevar vos el grueso de la mesnada siendo Don Tello, el alférez de una corta caballería. Cuando este haya alcanzado las cercanías de Cisneros, enviará correo en busca nuestra para que entréis por el sudeste como vos habéis sugerido acertadamente. Mientras, nos con nuestro ruido y volumen mantendremos el tiempo necesario entretenido a nuestros enemigos cristianos y sarracenos que juntos van. ¡Que la cólera de Dios se cebe sobre sus almas! Con el alba naciente del día de mañana 25 de enero de 1196 iniciaremos la marcha.


Don Alfonso se retiraba cuando Don Diego presto y al quite de la situación se acerco al Rey

- Majestad, con el debido respeto necesito hablar con vos sin retraso.
- ¡Caramba Don Diego! ¡Pasad a mi cámara, os escucho!

Tello quedó fuera departiendo con los demás caballeros departiendo sobre las dificultades y retos que les depararía la partida y la postrer lucha contra el ejército leonés ayudado por el almohade; realmente no les prestaba mucha atención, pues su ser solo respiraba por saber lo que hablarían su tutor y el rey. También esta vez tardaron tiempo que fue menor aunque Tello lo sintiera eterno. Como en todo lo que tiene comienzo el final le alcanzó y salieron ambos nobles caballeros.

- Don Tello, acercaos y arrodillaos ante vuestro rey.

Tello se arrodilló ante su rey con la sangre queriendo salir por cualquier poro que diese la posibilidad de hacerlo en aquél instante.

- Yo, Don Alfonso VIII, rey de Castilla y Toledo os convoco mañana antes del alba para ser armado caballero por el poder que ostento y con la gracia de nuestro Señor. Por ello, esta noche debéis velar vuestras armas en la capilla de la Asunción de Santa Maria la Real hasta que os sea dada la orden de caballería por mi autoridad. Id, pues y preparaos para tal celebración.

Tello seguía incrédulo, caballero a los 17 años recién cumplidos, antes que nadie de los que en la estancia se encontraban. Raudo como el viento acudió a cortar su pelo y bañarse como las costumbres exigían para recibir tal grado. Una larga noche le esperaba en aquella capilla que tan cercana estaba de su hermana y la hija de Don Alfonso…

2 comentarios:

JoseVi dijo...

Eres un herudito de la historia XD. Vamos... me incleno ante vos XD. Esto pasaría rotundamente con novela historica, impresionante :)

No cambies, lastima que no tenga tanto tiempo como para pasar mas por tu blog :)

Un fuerte abrazo

Lúcida dijo...

Enganchada a tus historias, aunque pasen los días sin poder aparecer por aquí.

Saludos