viernes, 7 de diciembre de 2007

El Silencio

El silencio como mi única compañía,
el silencio como mi única melodía.
La paz de los muertos que alguien diría
la paz desde la que nace mi anónima reflexión,
seguro también es que esto alguien lo pensaría.

Me apoyo en el candelero oxidado
sobre la cubierta del navío de mi vida
observando el infinito fin que me espera.
Sin definirse nada, tan solo percibo una línea
que ni siquiera es real, sólo es un contraste
entre la real existencia de líquido creador
y la invisible presencia del aire vivificador

Nadie encuentro a bordo, todo funciona “per se”.
Sólo mi pensamiento sabe porqué vira el timón.
El silencio de la soledad reinante como única razón
sobre mi propia mar, océana, salina y bramante.
Miradas livianas que evitan hábilmente cruzarse
navegando en otras latitudes, derroteros letales
de turbias tormentas y recias tempestades.

El silencio como única compañía
El silencio como única melodía.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El silencio de la soledad puede ser bálsamo reparador del daño de la tormenta, ungüento fresco y aromático.
El silencio de la soledad, tal vez, infunda el preciado sosiego, tras tanta turbulencia que agita, para volver a definir el horizonte infinito que se abre ante tí, ante cualquiera de nosotros.
El silencio anhelado, será, quizás, entonces, la paz de los vivos, arrastrará todo el óxido acumulado y nos permitirá re-encontrar nuestra esencia.
Un texto precioso de mil caras de luz y sombra. De nuevo, gracias, por compartirlo con nosotros.


MLuisa

Alicia María Abatilli dijo...

Qué casualidad, antes de leerte, escribí mi post, hablando de alguna forma del silencio. Te dejo mi puente para él...
El silencio no siempre es sinónimo de muerte, puede llegar a serlo, pero puede ser bálsamo que restaña viejas heridas.
Bella tu poesía J.
Un abrazo.
Alicia.

Anónimo dijo...

Hay silencios que no son de odio, son de indiferencia. La que uno necesita para seguir manteniendo la mente "sana".
Hay personas que acumulan odio, sin mirarse dentro y buscar el origen del problema.

Marina

Shakespeare dijo...

Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras