martes, 12 de junio de 2007

SOÑANDO CON SUEÑOS

Un sueño, como el mismo nombre dice, es algo difícil de alcanzar, imposible de realizar. Dejaría de serlo en caso contrario. La realidad lo habría destruido o es que nunca habría sido un sueño verdadero.
Todos tenemos sueños, pero todos sabemos en nuestro laberinto interno cuando son sueños y cuando proyectos difíciles. Mi sueño, más bien proyecto muy difícil, lo he encontrado reflejado de forma real en una página de esta red, que nos une a todos los que queremos estarlo.
Se llama www.proyectojara.com. En ella podéis ver a unos locos que creyeron que los sueños se han de cumplir y con menos de ocho por tres metros de apoyo inestable, largaron velas al infinito, que no es otra cosa que aquel lugar al que nunca arribarás y que además suele encontrarse en tu mismo interior.
Ese sueño, es en mí mas sueño que proyecto difícil, me ha recorrido durante años, durante meses he soñado los puertos de arribada, los malos pasos, las calas recogidas donde tomar un respiro, la soledad y el terror ante los embates de incansables olas de gran envergadura, la nostalgia del hogar bajo un cielo gris plomo que parece querer hundirse sobre nuestra pequeña nave, el cansancio del continuo duermevela, los minutos perdidos, los aprovechados para recuperar el tiempo regalado en prisas y preocupaciones sin valor.
Tantas veces imaginado, tantas veces soñado despierto y tantas veces postergado. Estos tres locos me han demostrado que no hay muros insalvables frente a los sueños siempre que los tengas despiertos. Ya lo decía T.E. Lawrence “son los que sueñan despiertos a los que habréis de temer pues ellos pueden cumplir eso que ven de forma consciente”.
Sueños son sueños pero son algo más, son manantiales de fe y vida para poder lograr sobrevivir con el alma fresca y el ánimo en danza. Sin sueños no hay nada mas que rutinas y falsas expectativas, normalmente de fácil consecución y poca satisfacción al alcanzar.
Seguiré soñando, esperando a ese pequeño velero que nos de la posibilidad de arribar al Estrecho, y luego a Cabo Palos, y luego a la Berbería, y luego..., y luego...


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Blas:
Las rutinas de cada día me impiden dar justo valor a lo que me rodea.
Ese CD, gastado ya, de tanto uso y que de repente contiene una melodía nueva y espléndida, no escuchada; ese camino mil veces recorrido y al abrir los ojos, desconocido; miro sin ver a personas que están a mi lado, cotidianas, desconozco su valía, estoy ciego a su talento, pendiente más de mi propio valor. En un resquicio de sensatez y fortuna por mi parte, vislumbré tu talla como persona y ahora, estoy descubriendo tu talla como escritor. Mi reconocimiento y agradecimiento por sembrar sueños e inquietudes.
¡Gracias por tu fantasía tan bien narrada!!
Javier

Blas de Lezo dijo...

Javier, por lo que veo me conoces aunque yo a ti no por ese nombre. Creo que los sueños no se siembran, vuelan sobre nuestras cabezas, se cruzan frente a los ojos de cada uno. Ellos están ahí, tan sólo hay que darles esa oportunidad para que se apoderen de nosotros, al principio de forma tímida y de progresión lenta pero enseguida prenderán en uno como una llama en un bosque seco por falta de esa misma lluvia.
Disfruto escribiendo y sobre todo disfruto compartiendo con los que quieran.
Seguiremos soñando. Es lo único que nadie puede prohibir, va en nuestro pensamientoy ese será libre siempre.