miércoles, 11 de junio de 2008

Buenos deseos, Buenos comienzos

Magnífico fue Goya en tantos aspectos, magnífico escritor con pluma de pincel que, mientras se dedicaba a embelesar los retratos de tantos condes y marqueses, mientras seducía con su arte a tantos “afrancesados” durante la invasión, mientras parecía pintar dulcemente durante esos seis largos años de duras represiones, batallas, luchas entre invasores y un pueblo cargado con el combustible incendiario que brota de la ignorancia e incendiado por las fauces de una Iglesia, nunca mas negra en sus garras por afianzarse al viejo régimen, a sus prebendas reales, a sus diezmos trasnochados, él, a solas con su conciencia, se encontró con la verdadera faz de la violencia, de la guerra fatal, de los Desastres de la guerra.

Por fin un pintor de renombre, de cámara pasó a reflejar la deshumanización, la barbarie, en definitiva la muerte. Hoy en día tenemos premios de periodismo, denuncias del hambre en fotos demoledoras. En los tiempos de Don Francisco era su pluma de pincel la que dictaba la denuncia. No hemos cambiado demasiado los humanos. La lucha entre religiones, países y economías sigue causando los daños similares que doscientos años atrás cuando los Franceses invadieron España, como es este el caso.

Propongo que metidos entre tanta violencia realmente inserta en nuestro código genético a través de siglos, donde los tiempos de paz tan sólo eran pequeños intermedios para coger algo de aire, propongo que retemos a duelo de florete a tal negra Señora. Nuestros movimientos certeros han de llevar el acero hasta alcanzar sus oscuros pensamientos, traspasando sin piedad sus mas negros instintos. Seamos humanos, seamos como Don Diego Alatriste, seamos pecadores pero con los escrúpulos suficientes para saber que la violencia no conduce a nada. Seamos como Don Francisco que retrató con realismo certero, cual el florete de Don Diego, siglo y medio antes, la verdadera cara de la violencia.

Llevemos la espada como la de Don Francisco, pero esta vez de Quevedo y Villegas, que su verdadero acero era el de la conciencia y el honor por tener escrúpulos y saber defenderlos a pesar de quien delante se pusiera. Hagamos que la maldita calle principal, ( de nombre hipocresía), que tan bien dejó definida en uno de esos sueños escritos de su puño se convierta en callejuela sin luz y acera. Que no sea un peligro tener razón, porque sea la justicia la que impere.

Pongamos el sudor sobre el esfuerzo que eso será el mayor paso de la Humanidad y no el hollar un satélite mareado de girar en torno a nosotros.


2 comentarios:

Armida Leticia dijo...

En México, hace poco se transmitió una serie sobre Goya, por TV abierta, en un canal cultural. Por acá gustan mucho las series españolas.

Saludos desde mi México lindo y querido.

Alicia María Abatilli dijo...

Coincido congigo por la admiración por Goya, también en tus valores y desvelos.
Buen comienzo.
Un abrazo. Se te extraña.
Alicia