jueves, 8 de septiembre de 2011

No habrá montaña mas alta... (112)


…Con casi 24 horas de  espacio entre la partida de Ginés de La Cuadra a  Madrid la escuadra partió orgullosa hacía su última escala en el puerto de Barcelona. El 23 de octubre  arribó a puerto, donde el  Conde de Bena Masserano inició el embarco de los 5.000 hombres que debían romper el cerco de la fortaleza junto al fuego  de la escuadra. Aun permanecieron por varias semanas en la ciudad hasta  dar por terminada la carga y aprovisionamiento  de material. De nuevo los retrasos en la logística que tan crítico hace cualquier operación  en la que los dos brazos armados del reino han de conjugar esfuerzos dieron al traste con la partida en breve tiempo prolongándose  la estancia  en el puerto de Barcelona mas de los deseos propios del Almirante. Con amargura por saber de la situación de defensores  en tierra y mar se pasaron las fechas  de la natividad hasta que la orden de partida se confirmó al fin. El 9 de enero de 1733 la escuadra al fin parte con los honores recibidos. Sus  rodas  dibujaban bigotes de espuma sobre las amuras mientras sesgaban el eterno Mare Nostrum en bordadas frente a  un viento del sur que,   como señal de  bendición divina  en la futura victoria, roló en pocas horas de este nordeste convirtiendo las estelas  en líneas de recta trazada norte sur verdadero donde esperaban sus compatriotas sitiados.  Habían pasado dos meses desde que el Teniente Cefontes había recibido  el último golpe de cañón sin  cuaderna maestra que  lo protegiera, andanada cargada de bala roja que redujo a cenizas un corazón incapaz de reaccionar ante semejante realidad. Pero como ya dije en anteriores renglones, un castigo por duro que pudiera ser siempre apareja el trapo que ofrece cazar el viento de la superación. Viento esta vez escrito en el mando del bergantín, en la navegación y el combate a los enemigos del Rey.



Viento constante, fresco  que daba alas a la escuadra  deseosa de alcanzar el objetivo como galeotes a boga de ariete.  Tal era el andar de los navíos  que se hizo necesario recoger velas para mantener la navegación en conserva de todo el inmenso convoy.

Era ese mismo viento fresco el que  daba alas a  todo el trapo que podía cargar la "Minerva" de Daniel Fueyo que a fe las llevaba, sacando los 12 nudos  aproada sobre las nueve galeras furiosas que trataban de cercar  por enésima  vez a la fragata que tanto las  hostigaba.

-          ¡Teniente Escolar! ¡A  mi orden  la misma maniobra, esta vez  fuego por babor y hacia el castillo!
-          ¡A la orden! ¡Capitán, corremos el riesgo de que nos cierren el paso si enfilamos el castillo!
-          ¡Lo sé, pero ya no queda mucha munición y no sabemos nada de los nuestros! ¡Demostremos a que sabe la pólvora de un navío del Rey y Dios reparta su suerte!

La apuesta era arriesgada pues los hombres ya estaban agotados. Las dos galeras mayores ya no podían defenderse siquiera por los daños  recibidos y junto con la corbeta como escolta comandada por el teniente Alonso Hierro, navegaban por orden de Daniel Fueyo hacia Alicante y  de esta forma también dieran aviso de la desesperada situación. Sus hombres nada sabían de esto y se aprestaban a descargar la ración diaria de pólvora, metralla y balerío sobre las galeras  del bey. Mientras este reyezuelo  acababa de arribar sobre Orán en su navío de 60 cañones  en la jornada anterior. Afortunadamente no eran los piratas buenos marinos sobre naves de gran porte por lo que Daniel estimaba verse libre de nuevo o morir acabando con el mayor  número de galeras antes de que  los cañones del navío Argelino estuvieran a su alcance.

Pero la suerte es esquiva y caprichosa. Vestida de ocasión,  se presenta sin aviso, como el rayo  que nadie es capaz de cazar y si embargo  tras él  siempre se espera con miedo o expectación el trueno como una consecuencia ya sin luz ni  energía por la que luchar. La maniobra fue la oportuna, el viento fresco del este nordeste daba buena arrancada  a la fragata,  aunque un detalle de suma importancia iba a trastocar la situación, quizá por la larga campaña ya  encima de los hombros de todos, quizá por el abandono que se abalanza sobre uno cuando ese mismo sentimiento se percibe desde los que espera lo contrario. La "Minerva" debía de hacer una virada por redondo con el cambio de viento por su popa y eso conllevaba una virada más larga y con ello el riesgo de verse cazado.

-          ¡¡¡Todo a babor!!!

La virada  fue por redondo y poco a poco redujo la marcha de la fragata mientras el viento trasluchaba  en la popa de amurarse a babor para hacerlo por estribor. Daniel se percató del error cometido segundos antes del resto de su  dotación, pero no quedaba  ya otra que fundir  a muerte hombres, armas y navío.

-          ¡¡¡Fuego!!!

 El estruendo de las bocas de la fragata dieron paso a la intensa humareda que de forma lenta pero bien llevada por el viento del este nordeste fue hacia varias galeras que trataban de apuntar con sus  cañones de caza a proa sobre La Minerva.

-          ¡Atención  los mosquetes! ¡Apunten seguros,  no dejen uno  sobre cubierta!¡Todo el mundo libre de maniobra preparado para repeler el abordaje!

“Vamos, vamos Minerva, dobla hacia el norte por el manto de la Virgen del Rosario” Mordía entre dientes aquellas palabras mientras veía como lentamente cuatro galeras estaban ya a menos de un cable de distancia   a punto de  lanzar todo lo que las aferrase sobre su  odiada pesadilla de los últimos meses, al fin iban a despellejar vivo a su comandante. Una segunda andanada desde la misma amura de babor ya un poco forzada por la virada que poco a poco aproaba hacia el norte dañó poco a las galeras, pero  azuzó como estímulo del puro diablo a los sarracenos a bordo de estas. La Minerva ya cazaba el viento para poder ganar  espacio entre ellas y su popa cuando  más de 20 garfios aferraron la aleta de estribor de esta con tres de las cuatro galeras. El combate no se hizo esperar.

Las frascas incendiarias lanzadas desde la fragata   prendieron, las más afortunadas en  la cubierta de una de ellas mientras los argelinos  ya pisaban cubierta del Rey. Ordenados  los pocos infantes de que disponía la fragata  hacían fuego desde las cofas y las galletas en lo alto de la nave. Mientras el combate cuerpo a cuerpo  ya tiznaba la arena   de cubierta  de rojo sangriento. La derrota estaba asegurada, eran  presa segura sobre las galeras que ya lo rodeaban, a las que las  casi destrozadas por la cercana andanada también se aprestaban a  ganar parte de su botín. Sería una derrota segura para ellos, pero un castigo verdadero para los argelinos, tal cosa estaba en la mente de los que  batían sus aceros  sobre su barco. El espectáculo estaba servido, desde la playa unos y desde la ciudad y el castillo de Mazalquivir los otros se preparaban para presenciar semejante carnicería. Pero caprichosa y esquiva es la fortuna y  no estaba por dejar que todo fuera tan cruel y sencillo.



De pronto las galeras averiadas que se aproximaban a por su parte  comenzaron a virar hacia  la playa y desde las otras se  gritaba sobre la fragata a la vez que cortaban los  cables que la unían a la “Minerva”. Mientras  en el fragor del combate nadie se hacía a aquellos extraños  hechos,  una salva de buena pólvora del Rey se  pudo escuchar  más al norte.  El griterío que todo lo envolvía a bordo no permitía distinguir  cual era de terror y cual el que alcanzaba a llegar con la fuerza de su júbilo desde  Oran y Mazalquivir.

-          ¡¡¡Capitán!!! ¡¡¡Los nuestros, están aquí!!!

Con el  hombro ensangrentado por un  golpe de sable argelino, Daniel se abrazó a su segundo, Jose Antonio Escolar mientras sus hombres acababan con los  que no se habían arrojado a las aguas de la bahía en un ajuste sangriento de cuentas. Aquella mañana inesperada de enero en el que la Fortuna ya todo parecía dictar como final certero,  con el único consuelo del honor y el orgullo de defender lo  se siente, Ella de nuevo en su capricho tuvo a bien demostrar a Daniel Riera lo acertado de seguir hasta el final pues es un hecho que siempre hay una última jugada.

La escuadra de Lezo ya estaba frente  a Orán para las armas españolas…

      

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Hola Josu.
¿Cómo andas?
Aquí todo bien.
Entre tus capítulos te encuentras enfrentado a algo más, no lo descifro bien. Esa Fortuna, Ella, la búsqueda de un mar que en alguna parte está, quizás como último movimiento o jugada.
Alicia