jueves, 10 de abril de 2008

Suave como las Dunas (2)

...Con la resaca de la “cena para uno” en mi propio restaurante frente al televisor, eso sí, cena de cinco tenedores, a saber: de menú un buen lenguado “salvaje” regado de un Tinto Valbuena nº5, postres variados y un generosa copa de Lepanto al lado del café solo, este último en solidaridad con mi propio estado desde sus posos mas profundos. Pues lo que decía, con la resaca propia de haberme acostado tarde y algo “cargado”, encaminaba mis pasos a la sala de reuniones con diez minutos de retraso, los justos para evitar escuchar las mejores jugadas de la jornada liguera del pasado domingo.
- Buenos días y perdón por el retraso, pero es lo que tiene las sábanas limpias, que se pegan mas.
- No seas guarro, Carlos. Venga, ya estamos todos, así que comencemos la reunión. Jorge, los procedimientos, ¿terminados?
- Si, jefa, no hay escuchas ni nada que temamos.

Jorge era nuestro “electrónico”, responsable de seguir los procedimientos antes de cada reunión para detectar posibles escuchas o sistemas que captasen información de las reuniones. Era un genio de los “chips”, aunque algo pardillo cuando le sacaban de “la casa”. En su última misión en Malabo casi nos fríen los guardaespaldas de Obiang por un descuido de Jorge con los transmisores. Menos mal que no eran muy duchos en la electrónica aquellos gorilas. Victoria era nuestra coordinadora, la llamábamos “la jefa” con cariño. Ya no salía de “la casa”, pero era una flecha encontrando información, detectando el objetivo del problema cuando los demás nos dedicábamos a revolotear entre los papeles, videos, archivos como las mariposas sin saber que flor libar. Debió ser un gran agente, lástima que su época transcurriese cuando los usos del CNI no eran lo “políticamente correctos” que deberían ser.

La reunión transcurrió con los temas de rigor, el problema palestino como primer punto, en el que nosotros éramos meros peones en un tablero donde los alfiles, con domicilio en otras latitudes, marcaban la cuestión. Decidimos varias acciones a tomar en el Líbano para proteger más a nuestros muchachos y preparamos la “huida” de Kosovo del todo y con el sigilo que fuera posible. A la hora de entrar con los Afganos la cosa se puso tensa, no había solución de continuidad. Nuestro presidente se empeñaba en no enviar a ningún soldado más y la cosa se estaba poniendo cada vez más fea. Nuestra jefa comenzó con las fotos enviadas desde Herat por los satélites y el avión espía que habían enviado recientemente después de pasearlo en el desfile de la Fuerzas Armadas.

- Como veis la zona esta cada vez mas despoblada. En esta foto sacada con el avión espía se puede ver esa pequeña mancha gris, es un afgano apostado al otro lado de la duna en la pista de acceso a nuestra base. Cada vez se acercan mas y casi sin ocultarse, no tengo que recordaros las dos bombas que pusieron al paso de un convoy hace un mes.
- Vale, jefa. Pero con la política del gobierno de estar sin estar, pues como que creo que nada vaya a mejorar. Hace falta material y más soldados en la zona y me da que lo que quieren es seguir aguantando para contentar a unos y que no se enfaden en el parlamento. La cosa pinta fea, Victoria
- Gracias por descubrirnos la pólvora, Carlos. De esto va la reunión hoy. Todo lo demás no da para mucho como os habréis dado cuenta. Las cosas se están poniendo muy negras y desde “arriba” nos piden informes, propuestas, soluciones y todo lo que sea, que luego venderán como sus grandes proyectos.
- Pero Sellán acaba de llegar con una bala en la pierna derecha y los de su equipo están “recogidos” en la zona verde de Bagdag, que no sé qué es peor. O sea, que no hay nadie, es decir que…
- ¡Exacto, Jorge! Es decir, que hay aquí dos valientes que van a preparar el neceser en menos que canta un gallo para unirse a una tercera persona que nos hará falta en la primera zona de operaciones.
Un silencio oscuro nos envolvió a todos. Con cara de resignación, mirando a nuestra “jefa”, quedamos a la espera de los nombres, aunque el enorme gafe que anda pegado a mi sombra desde mi separación de Adela, me susurraba al oído que tenía las papeletas de uno de uno de los dos, todas en mi bolsillo. Victoria se encargó de aseverar el susurro que crei escuchar de aquel demonio que se llamaba Adela.

- Uno será Jorge Besteiro y el otro Carlos Buenaparte, así que, si no tenéis nada más que comentar, el resto nos vemos mas tarde. Vosotros dos, acompañadme a mi despacho, que ya hace diez minutos que nos espera vuestra compañera para poner todo en marcha.
Nos apresuramos detrás de Victoria, a sus 47 años mantenía sus líneas en perfecto estado de revista, como diría Jorge Besteiro en una de sus charlas excelsas sobre su dominio del sexo opuesto acodado sobre la caoba de un buen bar de embajada. No me dio tiempo de plantearme la posible compañera de viaje.

- Hola Carlos,
Creo qu el desierto había empezado a devorarme, era ella…

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Que no lo devore el desierto ... ni Adela. Carlos, la historia del eterno retorno. Sin final por ello.
Déjalo ser
Un abrazo.
Me gusta cómo va este relato, un capítulo de tantos que nos harás leer. Los esperamos, mejor dicho desesperamos por ellos.
Alicia