domingo, 13 de abril de 2008

Suave como las Dunas (4)

...Fuimos los tres juntos en un taxi esta vez mas “vip” que el que nos trajo a la embajada, para eso estábamos en el área diplomática. Seguimos a Elvira, que después de una semana en la legación se conocía al dedillo el edificio. En la última planta, atravesamos una enorme terraza que daba al sur bajo un enorme toldo que la defendía del incisivo sol pakistaní hasta llegar una sala de amplias cristaleras y con una temperatura perfecta de 21ºC. La mesa era la típica de todas las salas de juntas, con su proyector en el techo frente a una pantalla blanca dispuesta a recibir todo lo que saliese por aquel ojo eléctrico. Lo que no dejaba de ser irritante tan lejos de esta Europa decadente y tantas veces volteada sobre si misma, es que los cuadros fueran los mismo desgarros contra el buen gusto que acostumbraban a colgar en las oficinas del viejo continente. Cualquier pintor de brocha gorda del bazar mas céntrico de Islamabad, tendría algo mejor entre sus lienzos que enmarcar para admiración de los que por allí pasaran, gente no dudaría de la autoría de algún excelso pintor chií o suní. Esta globalización solo exporta lo malo.

Allí nos esperaba nuestro informador, Luis Gago, era conocido por todas las legaciones como “el sierpes”, era un tipo bajito y de moreno castellano, entrado en huesos, “tocado por Dios” en su coronilla y con una mirada indefinible, pues no era capaz de mantenerla mas de un milisegundo frente a la de uno. Nos saludamos y, sin excesivos preámbulos, entramos en lo que nos llevaba tan lejos de casa.
- Os presento, Luis Gago, Carlos Buenaparte y Jorge Besteiro
- Un placer. Bueno, la misión que tenemos por delante es la de recabar la información precisa sobre la ubicación de las células de Al Qaeda que están empezando a hostigar de manera mas intensa a nuestros muchachos. La razón de que estéis aquí es que desde un sector del gobierno Indonesio se está apoyando a esa gente. La embajada es su sistema de comunicación y su mayor valedor es nada mas y nada menos que Amien Sanit.

- ¡El embajador! Pero...
El semblante de Elvira mudó a un blanco nunca antes visto por mí. No sabía la razón, pero este “sierpe” me lo iba a descifrar en pocos segundos.
- Si Elvira, Amien, tu Amien. Es un fanático captado a través de sus hijos y esas madrasas que los retrotraen a oscuros mundos del medievo. Bueno, pues este hombre es el que mantiene su soporte en armas y dinero. Sabemos que mañana tendrán una reunión en su despacho con algunos miembros nuevos que van a enviar a la zona noroeste. Mañana es 18 y celebrarán la recepción con motivo de la independencia de los Holandeses, así que tú Elvira irás de la mano de Buenaparte, mientras desde fuera, Besteiro controlará la situación y se mantendrá en contacto con vosotros. Entablarás contacto con Amien para ralentizar su acceso al despacho, así darás tiempo a Buenaparte para colocarse en posición de escucha y recopilar fotos de los mapas en cuanto localice la ubicación de estos. Cuando sepáis a donde se dirigen los nuevos enviados, los seguís y os los cargáis. Tú, Elvira te vuelves a la legación y vosotros os cogéis un taxi a la dirección que encontraréis en la guantera del coche. Allí os estarán esperando…



Escuchamos atentamente las explicaciones de Sierpes, Elvira no daba crédito a que aquél hombre, con el que parecía que había vivido alguna historia especial en Bankgok, pudiera estar con aquellos iluminados sacados de la mismas entrañas de la madre de Yusuf Ibn Tasufin hace mil años ya. Sierpes continuó con sus explicaciones.
- … en el garaje de la embajada tenéis el coche preparado, es un Volvo 550 y estas son sus llaves. Besteiro, todos los equipos que encontrarás allí son conocidos por ti, así que me ahorro dar explicaciones. Mucha suerte y hasta pronto.

Como llegamos nos fuimos, Sierpes por la puerta que daba al norte y nosotros a través de la terraza que en aquel mes de agosto y ya con el sol de retirada, quemaba nuestros zapatos. Bajamos a ver el coche, comprobamos que todo se encontraba en orden, Elvira, mientras tanto quedó absorta en sus pensamientos apoyada sobre el Volvo. La vi débil, sin esa tensión muscular que nos imponía tanto miedo a cualquier pretendiente que la rondase, me apetecía abrazarla sin saber por qué, tan solo para transmitirle mi energía positiva sin ninguna otra intención.

- ¿Estás bien, Elvira?
- Si, gracias Carlos. Solo es la impresión de volver a escuchar su nombre. Sabía que mi venida aquí estaba relacionada con él, pero no de esta forma.
- No sé quién es ese Amien, no hace falta que me cuentes nada, pero estoy aquí por si te hace falta. Anda cojamos un taxi y vámonos al restaurante que hay debajo de los apartamentos los tres. Os invito a cenar mientras nos reímos de todo esto frente a una tortilla de patatas pakistaní.

Me sonrió, cogió mi brazo y con Jorge caminando detrás de nosotros con sus pupilas dilatadas por aquella visión nunca imaginada de una mujer agarrada a mi nos fuimos a cenar. No sé si estábamos en fase de luna llena, nueva o estaba nublado, solo sé que su brillo quedó tatuado en mi recuerdo aquella noche. Cenamos los tres unas pizzas algo chamuscadas entre sorbos de cerveza helada que nos hizo entonar el final de aquel duro día, sobre todo a Elvira que parecía menos “tocada” desde aquel jarro de agua fría vomitado por el Sierpes. Para mi fue una cena inolvidable,




- Carlos, te invito a desayunar
La expresión estúpida de mi cara, en medio de una parálisis facial la hizo reír a carcajadas
- Carlos, solo a desayunar después de dormir cada uno en su apartamento.
Nos reímos todos de aquella situación, mientras el camarero nos miraba con la duda de llamar a la policía o al servicio de salud mental...

3 comentarios:

Smartphone dijo...
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Alicia María Abatilli dijo...

Bueno, lástima que Elvira hizo la explicación previa, no había necesidad... La historia es fascinante, es extraño pero ya me la imagino en cine.
Te dejo un abrazo gigante.
Alicia

Armida Leticia dijo...

¡Qué misión tan peligrosa!¡Qué relato tan interesante!
¡Me encanta tu narrativa!

Saludos desde México.