viernes, 11 de abril de 2008

Suave como las Dunas (3)

...aquella falda ajustada que, por mucho esfuerzo, no alcanzaría nunca sus rodillas, la blusa escotada orbitando sobre su piel morena en contraste tras el colgante de oro con la figura de la rosa de los vientos, me hicieron bajar la mirada por una mezcla de timidez, de temor a que descubriera lo que ella ya sabía. Creo que la hemorragia aumentaba por momentos al olor de inminente aterrizaje en mi pituitaria de su perfume cuando me senté a su lado. Ni con la sangre de una vaca tendría litros para salvarme. “La misión, la misión, concéntrate Carlos”, por mas que me golpeaba rítmicamente la cabeza con esa frase, nada podía con este corazón necio y ansioso que quería salirse de entre mis costillas para pedir asilo entre las suyas. Nos sentamos alrededor de la pequeña mesa de reuniones que tenía Victoria en su despacho. Sobre ella un mapa de la zona lleno de cruces rojas y azules, varias zonas rayadas y dos banderitas españolas, las de las bases españolas en el área.

- Bueno, no creo que sea necesarias las presentaciones, como sabéis ella es Elvira Vallina y hasta ahora ha estado haciendo diversos trabajos de asesoramiento a nuestras embajadas de la zona sur asiática.

Mientras decía esto, que yo ya conocía al dedillo, me preguntaba qué pintaba una diplomática de rango creciente con aspiraciones a medio plazo a alguna embajada, en un operativo arriesgado en medio del Islam mas radicalizado desde la invasión del país. No había problema, tenía a mi maravillosa jefa que, de un momento a otro, iba a “desfacer tal entuerto”.

- Elvira no es de nuestro equipo y no esta preparada para actuar en campo. La razón de que la introduzcamos en él es su conocimiento personal y buena relación con el actual embajador de Indonesia en Pakistán. Por ello, el plan a seguir ira en dos caminos paralelos. Vosotros dos partiréis a Islamabad como agregados a la embajada en calidad de técnicos para las instalaciones. Elvira será la nueva secretaria del embajador, por enfermedad de la actual mientras dure su “convalecencia”. Las demás instrucciones os llegarán en la propia embajada por los métodos acostumbrados. De momento eso es todo. Preguntas.

Aquí estaba el preguntón, o sea yo, con un tono de cierta seguridad algo chulesca me atreví a decir sin mirarla,

- Entiendo lo de ir a Islamabad, pero no la relación con la señorita Vallina.
- Carlos, no seas ciego. Si tienes que aclarar algo con Elvira. Pregúntaselo directamente a ella.

Cerré mi estúpida bolsa de dientes, la situación me podía en ese momento, por una vez yo era el líder frente a ella y la volvía “a cagar”.Ella sin inmutarse nos dio un apretón de manos mientras aquellos labios dejaban salir un lacónico, “nos vemos en la embajada, Ma’a elSalama””, o sea, adiós pringaos, y encima tenía razón en lo último, al menos por mi cara de embobado en el brillo que sin ganas destilaba su escueta sonrisa.


No volví a verla hasta que aquel taxista, con sus gestos amanerados y ese eterno vaivén en la cabeza que tiene todos los hindis de la India o del Pakistán, nos despidió con la baba en riesgo de caída al sentir el tacto la propina en dólares que le dejamos al bajarnos frente a nuestra embajada en el Enclave Diplomático de la capital. Tres horas antes, al bajar en Faisalabad del agotador viaje desde Zurich con la KLM, el golpe de calor y el olor distinto me hizo darme cuenta que volvía a mi hogar, a la casa sin paredes de la pura soledad física, mi segundo pensamiento fue para ella, Elvira estaba en mi casa esta vez, veríamos si no la volvía a “cagar” de nuevo.

Nos recibió el embajador, Elvira había llegado una semana antes y su casto beso me sorprendió frente al rugiente apretón de manos en Madrid. El embajador no levantaba mas de dos cuartas del suelo, habían cambiado al que yo conocí en mi último viaje, para los amigos Paco, una fiera escondiendo el clandestino alcohol en su estómago, “por seguridad” decía él. Este otro me parecía un burócrata de los que se adivinaba su estancia de paso, de los que no desean problemas y enredos, hasta conseguir un destino con mas “glamour” en la “ilustrada” Europa.

- Bienvenidos Señores Buenaparte y Besteiro, a Doña Elvira ya la conocen. Su alojamiento será en los apartamentos de la embajada dos calles mas abajo. Esta tarde se pondrán en contacto con ustedes Luis Gago, nuestro mejor hombre en el país. A partir de ese momento no quiero saber nada de los tres hasta que les expida los billetes a España, con sus pasaportes de salida. ¿Alguna pregunta?

Estaba todo realmente claro, solo era un burócrata mas puesto por el partido de turno, algo muy tradicional. No hubo preguntas

- Muy bien, en ese caso les acompañaré a la salida, donde Carolina les buscará un transporte para llevarles a sus alojamientos. Adiós y buena suerte.

Elvira nos acompañó para mostrarnos los apartamentos, nos despedimos quedando para la tarde en la embajada. La cosa mejoraba, había perdido esa seguridad insultante de la tercera planta, la notaba mas cercana a nosotros, pobres terrícolas con ansias de mujer. Solo quedaba que, de “cercana a nosotros” pasase a “cercana a mi”. Bueno y la misión, claro...

2 comentarios:

Armida Leticia dijo...

¡La carne es débil, señor Buenaparte...la carne es débil!

Alicia María Abatilli dijo...

La misión en segundo plana, lo de cercana a mí" parece ser para Carlos algo importante. Bien por él. Va caminando sobre terreno seguro.
Ésta es una historia diferente, pero apasionante. Me acerco más a ella. Reconozco mejor las palabras, los gestos en estos relatos que los anteriores.
Esperanzador y cautivante.
Bien, espero a por el próximo capítulo.
Un abrazo.
Alicia