viernes, 16 de mayo de 2008

Suave como las Dunas (y fin)

…Llegó el momento, teníamos que volver a ver al señor embajador y su imponente estampa de “gentleman”. Sorprendido, nos recibió en su despacho mientras terminaba de acicalarse aún más en el pequeño servicio que tenía dentro del despacho.

- Pasen, pasen y acomódense mientras termino. No contaba con verles tan pronto. Mañana sale su avión y creí que preferían descansar a pierna suelta.

Interrumpió para enjuagarse los dientes y en pocos segundos apareció con ese gesto que lleva uno recién se ha limpiado el rostro por la mañana. Nosotros mientras tanto nos mantuvimos serenos y en silencio observando cómo se enfundaba en su chaqueta y se sentaba al otro lado de la mesa.

- Muy bien, pues ustedes dirán.

Comencé mi discurso, ya llevaba unos cuantos monólogos últimamente y me estaba convirtiendo en un verdadero experto.

- La razón de esta visita tan temprana es simple y a la vez compleja. Hemos tomado la decisión de abandonar el servicio. Pero no a la llegada a Madrid, sino aquí mismo. Por ello quisiéramos que nos permitiese extenderle estas dos renuncias al trabajo que desempeñamos y que nos permitiera contactar a través de los sistemas de la embajada para transcribir el informe de nuestra misión desde la salida de Madrid hace ya más de dos semanas.

Aquel hombre no se esperaba semejante problema, cuando lo que estaba escrito en su agenda del día para esa hora era un café con bollos dulcemente servidos por su encantadora secretaria.

- Pero eso es imposible, han de volver a España, informar y luego largarse a donde les plazca. Esto no es una cafetería y ustedes unos simples camareros que cambian de bar. No les puedo permitir tal cosa y mi obligación es la de embarcar a ambos en el avión. Si luego lo secuestran y se van al País de Nunca Jamás eso ya corre de su cuenta.
- Lo comprendo, pero si nos permite una llamada al CNI estoy seguro que podremos acordar un arreglo. En el día de hoy podremos dejar listo el informe.
- Pero vamos a ver, qué más les da hacer esto en Madrid. Aquí no tenemos grandes problemas, vivo muy cómodo en este país y no quiero que las miradas desde Exteriores giren hacía este rincón del mundo. ¡No me jodan! Es normal que hayan descubierto el amor en diez días de tanta aventura, pero, créanme, se les pasará. Y en España hay un montón de lugares donde comenzar una nueva vida.

Aquel hombre era sincero al ciento, no quería problemas así que estaba seguro que podríamos negociar. Tenía un plan que se me había ocurrido. Le pedí que nos dejara media hora para comentar entre nosotros y seguidamente lo veríamos. Accedió. Mi plan no le gustó a Elvira, pero es que tampoco me gustaba a mí. Creo que era la mejor forma de lograr los deseos con el menor perjuicio para los tres. Al final Elvira accedió. Faltaba la respuesta de nuestro “gentleman”.

- Hemos pensado las cosas y creo que podremos llegar a un acuerdo. Mi compañera Elvira saldrá mañana para Madrid mientras yo me quedo aquí. El informe lo redactaremos los dos y ambos lo firmaremos. Ella será la que entregue este junto con nuestras cartas de dimisión. Es lo que hay y no tenemos intención alguna de negociar. Usted queda cubierto pues será en Madrid cuando ella comunique las “nuevas”.

Quedó pensativo aunque, por su gesto aquello le parecía bien. Nos despidió prohibiéndonos salir de la legación en tanto no le mostrásemos el informe listo y firmado, cosa que le prometimos entregar antes de la comida. Nos despedimos un poco apesadumbrados por el nuevo obstáculo, molesto, pero no determinante. Desde su despacho fuimos directos a la habitación de Elvira donde continuamos redactando el informe.

- Carlos, mañana nos separaremos, quizá cuando llegue a Madrid y pise mi casa, mi despacho, quizá cuando charle con mis amigas, mis colegas y vea que todo ha sido una bonita historia pero que la vida real esta ahí serena expectante frente a mi despacho, a mis sábados por la noche, a mis soledades cómodas y seguras frente a todo este abanico de sensaciones nuevas que desconozco donde terminarán. Quizá entonces decida regresar a ellas y abandonarte.

- Quizá... solo quizá, Elvira. Mi hermano y yo zarparemos rumbo a la Isla Reunión, son 3.000 millas para echarte de menos, para darnos cuenta que fuiste una bonita historia que recordar en las aburridas singladuras sin viento. Quizá al arribar a San Denis no vea tu silueta sino la de la historia bonita. Sea lo que sea habrá sido justificado.

Ella me miró algo sorprendida por la respuesta y se acercó casi piel con piel. No le debió gustar aquello que dije con tanta sinceridad y me cogió del cuello mientras con los labios casi rozando los míos me dijo

- No vuelvas a decir algo así. Estaré allí esperándote en un mes, ni un día mas, así que ya puedes cazar bien la escotas y ganar todo el barlovento que sepas.

Nos besamos, nos reímos, acabamos el informe y lo entregamos dejando tranquilo a aquel maldito engreído que nos representaba tan lejos. Por la tarde fuimos juntos a ver a nuestro hermano. Su aspecto era ya el de un crucero para surcar los siete mares de la ilusión. Supervisamos las reparaciones y azuzamos al sumiso capataz. Nuestra última noche juntos en Mascate fue así, como si fuera la última. Yo al menos lo creí así y de tal manera “lo di todo”.

Al día siguiente nos despedimos en la entrada de la legación. El gordo taxista se llevó a Elvira al aeropuerto, mientras yo esperaba otro que me dejara en mi nuevo hogar, entre las cuadernas de mi hermano. Aún tendría casi una semana de reparaciones, ajustes y compra de equipamiento pero tenía claro que cazaría todo el viento que Eolo me diera para arribar en San Denis y recoger el cabo de amarre de manos de Elvira...






“Sólo aquellos que se arriesguen a ir demasiado lejos podrán saber lo lejos que pueden llegar”

(T.S.Elliot)

4 comentarios:

Lúcida dijo...

Mil gracias por el relato Siendo yo cobarde me has hecho llegar lejos.

Besos

Armida Leticia dijo...

Elvira y Carlos vivieron una gran aventura, donde hubo de todo, lagrimas, risas, amor, suspenso...¡Gracias por tus relatos tan interesantes y por los sonetos!

Saludos desde México.

Silvia dijo...

Muchas gracias por el relato.
Ha sido una gozada y envidio mucho a Carlos y a Elvira por haberse encontrado mutuamente y haber encontrado a su hermano
Saludos

Alicia María Abatilli dijo...

Igual que Silvia, eso de la "gozada", palabra extraña por aquí, pero me gusta, Elvira, Elvira ¿EStará esperando?.
Damos por seguro que sí, o no y sería el comienzo de otra historia.
Fin de un relato genial.
FELICITACIONES.
AHORA A PUBLICARLO.
TE DEJO UN ABRAZO.