jueves, 21 de febrero de 2008

El Eclipse y su Mirada (2)

... El clérigo la verdad es, que muy valiente y aterrador con los campesinos parecía, pero no deja de mirar bajo hacia la empuñadura de la espada mientras Don Fadrique lo está poniendo “curioso”.
- ¡ Todos mis siervos a sus labores!¡Ya basta de profecías absurdas! ¡A quien vea cuchicheando le mandaré mis perros para que no deje ni las malditas lenguas que algún día tendré que cortaros!¡Fuera!


La verdad es que mucha debe de ser la ignorancia y el miedo que de ella se alimenta para que un solo hombre pueda tratar de esta manera a otros seres humanos...


... Perdón, perdón parece que de un golpe con varias ramas mientras cabalgaba con Don Fadrique hacía el castillo ha debido averiar la cámara. Bueno, os contaré lo que ha ido pasando en sucesivas misivas si no os parece mal. Ya son mas de las ocho de la noche y estamos expectantes por lo que vaya a suceder. Pero antes os relataré lo más fielmente posible lo que ha ocurrido entre la bronca tan cruel de antes y ahora que estamos a punto de subir a la colina de las Tres Gracias. No esta muy lejos de aquí y el clérigo ha convocado a toda la gente de la comarca.

Don Fadrique no soltó una palabra más en un largo periodo de tiempo, supongo que aquel hombre inculto, pero dotado del poder que le daba calzar la vestimenta de la Iglesia por muy raída que fuera, le exasperaba. Le amargaba sobre todo el tener que respetar sus prerrogativas por representar a la poderosa Iglesia. Poco a poco, según aumentaba el tamaño de aquel castillo, fue inundándonos el frescor del olor al musgo que habitaba entre sus piedras. Poco a poco aquello le fue alegrando aquel carcomido espíritu y me volvió a dirigir la palabra mientras fanfarroneaba al mostrarme sus dominios.




A pocas varas del foso, el puente levadizo comenzó a bajar con aquel sonido hueco y mecánico que producía cada eslabón al golpear sobre las enormes poleas interiores que lo sujetaban. Sobre las dos almenas que coronaban la puerta se percibía la excitación por la llegada del señor. Al entrar nos recibieron con la misma muestra de respeto que cuando pasamos por la aldea, aunque de forma mas elegante y pomposa. Desde allí, la torre del homenaje parecía un enorme altar frente a nosotros, debía de tener mas de ocho plantas de las actuales en altura y estaba cubierto de troneras por encima del nivel de las murallas que nos rodeaban.

Minutos después seguí a mi anfitrión hasta el salón principal del castillo en el interior de la torre. Comimos, creo que el mejor lechazo que había probado nunca, los caldos no fueron de gran calidad, pero entraron bien. Mientras, charlamos de muchas cosas aunque el tema de conversación acababa por morir en ese “terrible” eclipse que lo traía por el camino de la amargura. ¿Miedo, quizá? ¿Un hombre con tanto poder local podría tener miedo? Si, era puro miedo a lo desconocido y lo que más le dolor le causaba era que aquel miserable encantador de serpientes, fanático y exaltado, fuera el que se lo causara con aquella facilidad.

- Don Rodrigo, usted que proviene de la dura meseta, del peligroso páramo leonés, seguro que no tiene que soportar a hechiceros disfrazados con ropas de clérigos. Pequeños monstruos que abusan de su poder sobre las mentes del pueblo.
Vacilé antes de contestar. Desde luego el nombre me gustó, Don Rodrigo, pero tenía que estar a la altura.
- Mi respetado señor, están las tierras de nuestro Reino pobladas de falsos profetas frustrados por no haber cumplido la profecía del fin del mundo hace ya ocho años. Creo que El rey, nuestro señor, deberá tomar medidas antes de que acaben mandando tales bestias con piel de santo. Por cierto, habéis de decir a vuestro cocinero que no salga de vuestros dominios no sea que sea capturado.

Una risa aligeró aquella conversación que unos oídos mal ubicados podrían hacer que trajeran consecuencias negativas para Don Fadrique. Nos retiramos a descansar a la espera la “prima vigilia”, como ellos llamaban a la entrada de la noche. A esa hora subiríamos a la colina de las Tres Gracias, así que me eché a descansar para estar lo más despierto posible; iba a ser todo un espectáculo tanto el eclipse, como el escenario que prometía el clérigo entre los temblores de Don Fadrique...

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Te adelantas al eclipse, premonición magnífica la tuya Josu.
Me atrapaste con tu relato, haces que uno quede con ganas de seguir leyendo el después.
Te dejo un abrazo.
Alicia