viernes, 2 de noviembre de 2007

Borodin (y fin)

...Borodin estaba tumbado en su coy frente al porche de su dacha, el sol de junio calentaba sus mejillas. Mientras, Kristina tendía las sábanas en el tendal que él hacía dos días había montado en el exterior. Los niños correteaban entre ambos hasta que Joseph vino corriendo hacia él y comenzó a balancear el coy.
- ¡Joseph, estate quieto, que me caigo!, ¡Quieto...
Un golpe lo despertó de aquel sueño imposible de cumplir. Una enfermera dos veces mas grande que él, de un cachete lo sacó de aquel maravilloso letargo. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz se dio cuenta que su familia sólo estaba en su foto y en su recuerdo. Pero había sido la primera vez que soñó algo que no fuese tenebroso con su familia.

Un color sepia en las paredes, desconchones y ventanas rotas con papeles y cartones por cristales, eso y las nueve camas con camaradas en su misma o peor situación fue lo que vio. La enfermera, en un ruso medio inteligible le mandó quedar quieto mientras le pinchaba con una jeringa metálica algo que le resquemó todo el interior, cerrando los ojos casi podía dibujar sus propias venas mientras aquel extraño líquido iba recorriendo estas. Aquella masa femenina Le lanzó un trozo de trapo para taparse la herida y giró su enorme trasero para irse a “torturar” a otro herido.

Pasaban las horas lentamente, entre quejidos y agónicas demandas de auxilio. Borodin estaba bien, su costilla parecía ya en el sitio y la pierna no le dolía. Se preguntaba por Vorev, quizá le hayan destinado a otro avión. “Lástima”, pensó, “no lo conoceré ya nunca”, era otra oportunidad perdida que se conjuró a nunca repetir.
Por la tarde llegó la misma enfermera, como pudo intentó preguntar donde estaba pero antes de que terminase su frase aquel gigante con tobillos finos a punto de quebrar le espetó un, ¡silencio!, mientras comenzó a lavarle. Ni siquiera en medio de los ataques antiaéreos sintió un azote mayor a sus huesos.
Por fin, el vecino de la derecha, con las dos piernas colgadas, le dijo que estaban en Leningrado. Asustado, Borodin le preguntó cuantos días llevaba allí.
- Camarada Borodin, que ya sabemos casi todo de ti, llevas cincuenta días, de los cuales los primeros treinta desde que llegaste no paraste de delirar entre sudores y fiebres. Ahí donde la ves, Constantina te curó y te salvó la vida. Esta algo gorda y es muy bruta, pero acabas queriéndola.
Borodin quedó pensando, recordando cómo se había dormido, se encontraba deshecho, pero no peor que otras veces después de un combate. “Quizá perdí mucha sangre”, pensó.
Dos días después su recuperación se hizo más patente, comenzó a dar paseos por el patio del hospital que daba a una de las calles del centro de Leningrado o lo que quedaba de el. La primavera, aunque fría había tapizado todo de flores y los pájaros habían regresado. Entre tanto desastre la vida renacía.
Volvería a su casa, a lo que quedaba de ella. La guerra tenía los días contados y el no tendría tiempo de incorporarse así que se pondría a recuperar a marchas forzadas el tiempo perdido.
A lo lejos, doblando la esquina del Hospital vio a su salvador, Vorev que se acercaba. Agitó una de las muletas nervioso, su salvador había vuelto a verle.
- ¡Vorev!, ¡Aquí, soy yo, Borodin!
Vorev le devolvió el saludo y al instante tres personas aparecieron detrás de la esquina, una mujer y dos niños. “¿Será su familia?, nunca supe que la tenía”. Se fue acercando y cuando ya su vista pudo distinguirlos descubrió que no era su familia, la de Vorev, ¡era la suya!.
No pudo mas, cayo al suelo desmayado por la impresión. Las dos muletas le siguieron. Rápidamente llego Kristina que le cogió por la nuca besándolo, los niños se arrodillaron acariciándolo, Vorev trajo un poco de agua entre las manos de la fuente del patio arrojándola a su rostro.
- ¡Kristina!, ¡Joseph, Katiuska!, estáis vivos.
- Si, Borodin estamos bien y tu también, volvemos a estar juntos. No sabes lo que te hemos echado de menos. Sabíamos de ti pero tu no de nosotros. Sabemos todo lo que has sufrido, pero todo ha acabado ya.
- Si, esto no lo esperaba. Kristina, tengo todos los proyectos del mundo, la guerra acabará pronto, reconstruiremos nuestra Dacha, Joseph será el mejor piloto y Katiuska la mejor médico de todo Leningrado.
Lo incorporaron, Vorev desde una posición algo retrasada los contemplaba con nostalgia, el no tenía a su familia. Fueron paseando mientras Kristina le contaba su peripecia, cómo había llegado hasta allí, Borodin no la creía, gesticulaba intentando no aceptar toda aquella historia. El rostro de Borodin fue cambiando de expresión hasta que doblaron la esquina.
- Mi amado Borodin, compruébalo tu mismo.
El capitán Borodin miró hacia abajo y pudo comprobar como seguía ardiendo su avión y como su cuerpo yacía junto al de Vorev ametrallado por aquellos cazas, miró a Kristina y a sus dos hijos fundiéndose en un eterno abrazo mientras su mirada se emborronaba entre agua y sal...

jueves, 1 de noviembre de 2007

Borodin (3)

...De un golpe la mano rápida de Vorev lanzó la pistola de Borodin lejos del alcance de este. El bramido de los stukas se sentía cerca. Vorev arrastró a su capitán como pudo cien metros mas lejos de la enorme humareda que desprendía el avión.
- ¡Cúbrase capitán!
Cubrieron cada uno sus cabezas mientras el zumbido característico del bombardeo indicaba la inminente explosión. Varios robles les ocultaban del enemigo. Las explosiones los levantaron del suelo como pasos de un gigante cercano en plena carrera. Fueron segundos nada más y los aviones prosiguieron su persecución mas hacia el este.


No quedaba ya nada, solo cenizas de su avión. Makolev, el artillero de proa había quedado muerto atravesado por las ramas de un árbol y ya nada se podía hacer por él. Vorev le confirmó que llevaba al menos una costilla rota mientras le hacía un torniquete en la parte alta de la pierna derecha.

- Camarada Capitán, antes de saltar comprobé la posición y estoy seguro de que hemos caído detrás de nuestras líneas, Makolev ha muerto. Ya no necesitará sus ropas así que con ellas y dos varas haré una parihuela para salir de aquí. Iremos hacia el este hasta encontrar algún trasporte de los nuestros. ¡Saldremos de esta, no se preocupe capitán!.
- Vorev, no tiene por qué hacer esto, yo solo seré una carga para usted, déjeme morir en paz. Sálvese y siga luchando hasta la victoria final.
- Camarada, eso no es propio de un patriota como usted. Me da igual, será la única orden que le desobedeceré. Ahora descanse y haga lo que le dije con el torniquete en su pierna.


Vorev desapareció a preparar la parihuela mientras Borodin quedó allí, paralizado, con la mirada perdida entre las ramas de aquellos robles protectores. “Vorev”, pensó, “nunca le había mirado como persona, solo era mi navegante”, en aquella situación de inmovilización forzada comenzó a darse cuenta la ceguera que genera la ira, el dolor y el odio. Cuando no ves a nadie, no sientes por nadie mas que por ti. En esos momentos las personas que nos rodean son meros instrumentos útiles y los desprecias usándolos, o inútiles y entonces los desprecias abandonándolos de tu lado. Se percató que aquella situación de odio e ira tan solo había mantenido entre rescoldos humeantes las cenizas de su familia y ya habían pasado mas de dos años. Si salía de esta se prometió a si mismo cambiarlo todo.

Vorev llegó con su parihuela o lo que eso quería ser en la manos. Las dos varas eran ramas de roble algo retorcidas pero servirían. La ropas ensangrentadas de Makolev le daban un aspecto desgarrador al conjunto de Borodin y el ingenio de Vorev. Poco a poco, arrastrándolo con el mayor mimo que podía Vorev encontró una especie de carretera por la que pudo apurar mas la marcha. Sólo disponían de dos cantimploras de agua y la noche se aproximaba, aquel frio mataría a Borodin e incluso a Vorev en su calamitoso estado.

- ¡Vorev!, ¡Vorev!
Vorev no le oía. Borodin gritaba pero aquello era algo muy distante de lo que se podría definir como tal. Su garganta apenas era capaz de forzar las cuerdas vocales. Como pudo se movió de forma que cayó sobre la carretera
- ¡Qué le pasa Capitán!. Pero... ¡Sí!, ¡son de los nuestros!
Alguien desde alguna parte los había tocado con su varita y un transporte de heridos del frente retornaba a Varsovia. Vorev comenzó a agitar los brazos para detener aquel convoy, aquel primer camión ambulancia pasaría sobre su cuerpo si no se detenía.

Se detuvo, iba lleno de heridos, los quejidos, las voces lastimeras rebosaban entre las juntas de las lonas aturdiendo las caras de Vorev y el conductor. Este le indicó que en los camiones de más atrás habría sitio para ellos. Así fue, en el último camión, un transporte de material sin ningún tipo de preparación para ambulancia los echaron. Qué importaba ya, iban a Varsovia donde serían atendidos. Borodin sacó su foto arrugada, aquellas sonrisas de kristina, de su dos hijos ahora las veía con calor, algo había pasado en su interior. Miró a su navegante, ahora Vorev, su compañero, le sonrió y se durmió acunado por el traqueteo brusco, casi violento del camión mientras el atardecer se llevaba la luz natural dejando los destellos de las bombas, los gritos graves de los cañones de uno y otro bando disparando sin piedad.

El sol enrojecido de sangre y vergüenza lo despidió, en unas horas estaría en una cama de hospital...

miércoles, 31 de octubre de 2007

Borodin (2)

...
las explosiones cada vez se sentían mas próximas, el estruendo hacia temblar el aparato bandeándolo como si fuera un pelele. Borodin mantenía la tensión de sus músculos al máximo, el timón y él eran una misma máquina. Alcanzó los 1000 pies de altura.
- ¡Atención camarada artillero!, ¡Abriendo compartimento!
El artillero accionó la palanca liberadora y estas comenzaron a moverse. Una racha de aire helador inundó el interior del avión, como si la muerte entrase a saludarles como en cada misión anterior.
Se podían distinguir las casas, los edificios, iglesias, hospitales, unos enteros otros, los mas, en ruinas. Cada uno de ellos tenía su historia particular de sueños, proyectos y miserias que los escombros borraba en aquella uniformidad desordenada.
- ¡Bombas fuera!
El artillero accionó la segunda palanca de color rojo dejando caer aquellos racimos de enormes bombas con forma de semillas. Semillas que segarían los tallos ya crecidos de vida dejando la tierra yerma ya de frutos venideros.

El objetivo cumplido no produjo nada en ellos, las llamaradas de las bombas incendiarias semiocultas entre el humo que dejaban atrás no eran mas que otra exitosa misión de los cientos que llevaban en aquella maldita guerra. Borodin comenzó a coger altura entre los permanentes disparos de los antiaéreos, de pronto una explosión los zarandeó de forma brusca.
- ¡Nos han dado!
- ¡Varov, compruebe los daños!.
- Camarada capitán el motor de estribor esta ardiendo y perdemos altura.
Eso no aturdió a Borodin, cortó el combustible al motor y extinguió el fuego. Aumentó la potencia en lo admisible al motor de babor y fue perdiendo de forma gradual altura.

En aquellas condiciones sería complicado alcanzar la base pero había que alcanzar territorio amigo para tomar tierra. Varsovia estaba lejos, había que aguantar. Los Stukas podrían salir a devolver el daño en cualquier momento y en aquel estado no había defensa posible.
Como cualquier premonición bien fundamentada los Stukas aparecieron, el servidor del ametrallador de popa murió en la primera ráfaga, el de proa continuaba defendiendo. Los alemanes se dieron cuenta y atacaron por popa, el timón quedó hecho añicos, la suerte estaba echada.

- ¡Todo el mundo fuera!
Los dos hombres que quedaban con vida saltaron en paracaídas. Borodin cogió la foto de su vida perdida y la metió entre sus ropas tocando el pecho. Mantuvo lo mas estable que puedo la nave para lograr aterrizar con la nave. Sabía que iba a morir pero era una muerte mas honrosa el hacerlo al pie de su avión con su familia en su corazón.
El golpe fue brutal, durante mas de 600 metros Kristina arrasó todo lo que se le puso delante, si algún enemigo volara cerca de aquella zona era un objetivo fácil, sencillo de hacer blanco. Borodin quedó apoyado sobre el panel de mando semiinconsciente.

Como pudo, arrastrándose entre los restos del avió fue alejándose, el hedor a gasolina era sofocante, había que alejarse como fuera.
Varios minutos después uno de los motores cayo por su peso del ala de babor, la chispa que produjo provocó una terrible explosión que pasó por encima de Borodin, en ese momento se encontraba a unos setenta metros arrastrándose por el suelo boca abajo. Se salvó, una sonrisa mínima se podía adivinar en sus labios. Su avión había caído con honor. Ahora quedaba reponerse y escapar, sus heridas eran importantes, alguna costilla debía de estar rota y su pierna sangraba abundantemente. Se apoyó en un roble centenario que resistía los embates de aquella guerra, testigo de desmanes, gritos de victoria y lágrimas de derrotas.

Sacó la foto de los suyos manchada de sudor y sangre, era el final deseado, morir matando a sus verdugos. Las lagrimas hacían borrosa aquella imagen en blanco y negro, arrugada con restos de su propia sangre. Ya se escuchaban los sonidos de algún caza alemán, “por el sonido son stukas”. Borodin desenfundó su Tokarev apuntando la boca del cañón a su sien con la mano temblorosa. Su fin deseado llegó por fin
- ¡ No, camarada capitán!. ¡No lo haga!...

martes, 30 de octubre de 2007

Borodin


El piloto se aferraba a los mandos de su aeronave, un bombardero SB de la gloriosa aviación soviética. La primavera, que comenzaba mañana, era todavía un frío mes de marzo de 1945. El capitán Borodin comprobaba los datos de altitud y velocidad, mientras, su copiloto mantenía los ojos bien abiertos ante las posibles defensas antiaéreas del ejército alemán que defendía de forma encarnizada sus últimas posiciones en su propia tierra.
Desde que subió a bordo de Kristina, que así llamaba él a su bombardero, la foto de su familia iba con él pegada encima de los cristales de la cabina de mando. Lo bautizó, si en la Rusia Soviética se pudiese llamar de esa forma a dar un nombre, así el mismo.

Kristina, su esposa, Joseph y Katiuska, sus dos hijos de seis y cuatro años, le sonreían entre tanta vibración, ruido y olor a muerte. Eso era lo único que lo motivaba desde que le dieron el mando de su avión hacía ya un año. Esa pequeña foto era su todo, su ser, su vida, su razón para arrasar lo que hubiera delante con algún símbolo germano. Nunca llegaba a la base con un bomba sobrante, castigaba a sus artilleros si no hacían blanco en los aviones enemigos, en zonas de mala cobertura germana hacía pasadas en las aldeas obligando a utilizar aquellas ametralladoras para acabar con las vidas de cuanto inocente o culpable pasara cerca de su monstruo volador. Muchas veces ponía en peligro la integridad de su tripulación por hacer mas daño. El odio era su motor, la ira continua en su interior le mantenía con vida.

El Mando General del Ejercito Rojo le había condecorado ya tantas veces que había perdido la cuenta, además eso no le afectaba. Al contrario que sus camaradas, él no vivía la Gran Guerra Patria como cualquiera de ellos, solo deseaba destruir a su enemigo, esto era lo que realimentaba su espíritu. Sus hombres le tenían en medio del temor y la adoración, pero no deseaban estar muy cerca de él. Estaba solo y lo sabía, deseaba estarlo, solo aquella foto en medio de la nieve cerca de su dacha en las afueras de Leningrado le daba el calor que le faltaba, el bramar de los motores era su conversación y la apertura de las compuerta de bombas su alimento.

Aquella foto era lo que quedaba de su vida anterior, su pequeña dacha en Leningrado fue arrasada por las tropas alemanas en su avance relámpago hacia la toma de la ciudad. El llegó tarde para evacuar a su familia, pues su avión aterrizó con problemas y retraso en el aeropuerto de la ciudad. No lo consiguió, intento despegar para al menos defender su familia pero no se lo permitieron. Cuando las defensas de la ciudad consiguieron ganar algo de terreno, las noticias que le dio el comandante de su escuadrón a Borodin fueron terribles, desgarradoras, su dacha fue quemada, su familia murió torturada a manos de soldados finlandeses con ganas de cobrar sus deudas de Karelia. No le quedaba ya nada, ningún lugar al que poder volver, así que solicitó ingresar en el escuadrón mas arriesgado que hubiese, no le importaba morir. Pasó varios meses en los cazas de ataque hasta que le trasladaron de escuadrón según iba mejorando la situación de la guerra. Le asignaron este avión, en el que sus ansias de daño se saciaban mejor, aunque nunca lo hacían de forma completa. La ira y el odio nunca tienen bastante, residen en la mente del enfermo y nunca salen si no los echa él mismo.

Berlín estaba enfrente, comenzó a volar en un descenso prolongado, el atardecer plagaba de cañones de luz y se podían distinguir los pequeños destellos de las explosiones antiaéreas que luchaban sin conseguir defender lo poco que quedaba a aquel régimen sangriento...

domingo, 28 de octubre de 2007

El Ánimo y la Valentía

Hace tiempo que uno da bandazos en el estado de ánimo. Quizá desde que supo de la existencia de este. No sabiendo el por qué uno se nota extraño, sin ganas; es cuando te das cuenta que no sabes por qué y empiezas a cuestionarte la razón, pues si el ánimo es alegre, optimista, exultante no es necesario saber por qué, no te cuestionas semejante dilema, lo disfrutas y sobre todo lo compartes.
Yo creo que esto es un arma secreta de nuestro interior, aunque como arma a veces los tiros salen “por la culata”. Yo creo que cuando el ánimo se ve variar su rumbo rutinario de calma o moderada alegría por otro estado peor, si supiéramos la razón esto podría ser terrible.

Quizá descubrieses que la razón se basa en no desear hacer algo que se realiza de forma diaria. Algo que en su consciencia te justifica ante tus semejantes, pero que la verdadera conciencia, (sin “s”), te genera ese desánimo indefinido que tan sólo es una recriminación hacia sí mismo, como una alarma que destella suave pero machaconamente. ¿Qué hacer?, está claro, no saber el por qué y seguir hasta que se te pase.

Quizá simplemente tu alrededor es el que “debe de ser” pero no es el que deseas verdaderamente para el devenir entre tantos días aún pendientes. Puede haber múltiples razones para sentir desánimo y muchas de las veces, creo que en las mas de ellas, guardamos la valentía en el cajón y sacamos al aire ese abrigo que nos protege del frío real, con su calor muchas veces generado en la hoguera de la hipocresía social y personal.

Lo maravilloso para mi se produce muchas noches al acostarme, cerrar los ojos arropado por las sábanas del otoño diario. Mientras esperas a que Morfeo nos alcance en su carrera, imaginas sacar del cajón de ese armario imaginario la valentía para comprobar que es cierto todo lo que haces, que lo haces porque lo deseas hacer, que el paraguas lo llevas porque quieres y no porque llueve, que no te enfrentas a quien aborreces porque aunque no lo respetas no deseas hacerlo. Saberte verdaderamente libre porque todo es como tu lo modelaste sin aceptar ninguna influencia que tu no deseaste.

Horas después, Morfeo coge su mochila para seguir su eterna carrera hacia otro hemisferio que el sol abandona a los designios lunares y tu te despiertas igual que ayer, y que antes de ayer....

Hoy es un domingo de otoño, la hora oficial ha cambiado en Europa, todo es más oscuro y mañana es un lunes cualquiera.

viernes, 26 de octubre de 2007

Hay Árboles

Hay árboles que dan color al otoño
mientras los pájaros van haciendo sus maletas
para buscar refugio al sur de las islas
donde los cálidos colores alimenten sus retoños.

Hay árboles que todo lo muestran.
En ese desnudo integral casi impúdico
sus lágrimas acarician la tierra en su lento planear.
Mientras las ramas como esqueletos al frío se aprestan.

Hay árboles que caminan sin pensarlo
ampliando su horizonte hacia lo alto
esperando una ráfaga de viento retador
que le permita demostrarse fuerte y con vigor.

Hay árboles que arden sin quemar
que ya secos no aspiran a más
que una suave y fugaz brisa que los haga quebrar
para de forma final por fin descansar.

Hay árboles que cantan en grupo
pues les aterra la soledad.
En grupo se sienten seguros
que no les atrape la libertad.
La que si das entrada quizá te enseñe a amar
para descubrir que su raíz nunca le dejará escapar.
¿Y tu árbol?

miércoles, 24 de octubre de 2007

El Abismo, su Llave

Poca gente que la posea alcanzará buen fin.
Sus negras especulaciones y oscuras traiciones
acabarán por entrar a través de la puerta
abierta en la mente al girar su bombín.
Porque el abismo se esconde cerca de nos
ahí, dentro, oculto de nuestro pensamiento.

Girando la llave darás paso al helador viento
y empujando la puerta,
circularán sobre él tus pensamientos.
Caerán en picado, zambulléndose entre el cieno
colmatando de cuchillos, agujas afiladas,
cortando en tiras irrecuperables los brillos e ilusiones
que antaño viviste y ya no serán nunca recordadas.

Negros huracanes, jirones de vapor colgando
de huesudas manos que a la muerte acuden.
Miras al cielo oscuro, furioso Eolo bramando
tus ojos cegados por el brillo del perturbador relámpago

Encontré la llave, fue su extraño atractivo
lo que me atrapó, su dulce sabor a sal
su rojo verdor rebosante de esperanza
todo era como el imán y su polo mortal
la atracción del mal con su disfraz de bienaventuranza.

Ya son muchas lunas, alguna vuelta al sol
ya la tiré, allá donde el óxido, el orín, la herrumbre
la deshagan como el polvo del falso oro
se deshace ante la mirada del joyero capaz.

¿Sentirás tu eso ¿. ¿Quizá la poseas ya?. No lo dudes. ¡Lánzala!

martes, 23 de octubre de 2007

Traición

Ariadna, devuélveme el hilo,
el que le diste a tu amado.
Ese que era mío desde que nací.
¿Por qué fuiste capaz de hacérmelo a mí?,

Oscura traición mezclada de amor
que sofoca el interior ya sin pasión
devuélveme el hilo que con paciencia tejí
el que guardaba mi alma solo por ti.

Maldito Teseo, vulgar ladronzuelo
¿y tu?, mi lejano, mi bello consuelo
Te maldigo mientras te alejas,
Te maldigo mientras me dejas.





lunes, 22 de octubre de 2007

El Otro Lado


El caballo ascendía con lentitud entre riscos abruptos, su jinete lo golpeaba en la grupa violentamente, la sangre manaba de forma suave dejando un resto a modo de panecillos, como si de la fábula de pulgarcito el retorno se haría fácil. Pero no sabía si habría retorno, si la nueva mañana le iba a regalar con aquella oportunidad.

A lo lejos se divisaba la línea garabateada que dibujaba la muralla enorme que delimitaba dos mundos, la riqueza y la pobreza, la suerte honorable y el deshonor maldito. Se detuvieron ambos al abrigo de una roca que enfrentaba el duro viento norteño por los dos. El largomira extendido mostraba, en un semicírculo un paisaje inhóspito a este lado de la muralla, en el otro el verdor, los destellos de las cascadas que parecían poderse escuchar desde esa resguardada altura.

¿Cómo pasar?. Cómo llegar hasta el otro lado sin ser cazado por los guardianes del dolor y la pobreza, con sus largas capas grises y oscuras, sus inmaculados alzacuellos desde los que brotan sus tiroides bramando, preconizando a diestra y siniestra el camino del sufrimiento hacia la perfección .
Desde su altura y su resguardo era capaz de descubrir lo que había al otro lado. Quizá si lo mostraba a sus almas hermanas que malvivían en este lado, entre todos, derrumbarían las enormes puertas que bloqueaban la verdadera felicidad.

Era casi imposible, casi nadie lo escucharía entre los ruidos de las fábricas, el golpeteo del dinero sobre las tiendas, las angosturas reales causadas por la neblina que escondía sus porques entre sus propias deudas de vida.
Le tomarían por “el loco”, “el raro”, “déjalo, ya sabes cómo es” dirían casi todos. Además los administradores de aquellos lugares de seguro le marcarían algún diagnóstico de duro y difícil tratamiento y eso sería fatal. Para mas “INRI”, todos sus vecinos, con los que compartía desgracias y alguna alegría despistada tenían claro que aquello todos lo conocían como las puertas del cielo y allí se iba después de muerto. Era un lugar maravilloso donde la felicidad sería plena solo para los verdaderamente santos. Los demás purgarían antes de entrar.
No se daban cuenta que estaba ahí cerca, que era real y sólo había que tirar abajo las puertas, entre todos lo podrían lograr. Descabalgó, el caballo se separó unos metros hasta unos matos en los que la hierba tentadora le abrió el apetito. El hombre se acercó al borde del risco, estaba seguro de escuchar los cánticos de los pobladores de ese lado, miró hacía “su” lado y solo veía personas deambulando sin alegría aparente. Algunos salían de los templos algo mas alegres con los últimos sermones frescos sobre la futura caída de las enormes puertas, pero enseguida su alegría se tornaba en espera por el rutinario compás del tiempo.
Estaba claro. No se dejaría engañar otra vez.
Con sumo cuidado comenzó a descender desde la montaña hacía la muralla por aquellas peligrosas paredes de piedra, su caballo de vez en cuando, al rumiar la apetitosa hierba de aquellas alturas lo miraba embobado. De pronto un golpe de viento lo empujó. Cuando se veía perdido ese mismo viento suavemente lo posó al otro lado mientras una lluvia de pétalos de flores lo recibió y sus pulmones se fueron llenando de una aire reparador que lo hizo sentir pleno, saciado, realizado por primera vez.

Al día siguiente en los periódicos locales del “otro” lado aparecía su foto con el cráneo destrozado en un charco de sangre sobre el suelo a los pies de la montaña. El titular decía “... un hombre se suicida desde la ladera del monte Sarán, ya es la cuarta víctima en los últimos tres meses, las autoridades están valorando su cierre para evitar mas muertes innecesarias...”.
Mientras los gurús del futuro indemostrable, los políticos de lo inmortal continuaban conteniendo el ahora “otro lado”...

domingo, 21 de octubre de 2007

Gotas

Agua que reposas serena y dormida
soportada por la piedra tallada en el tiempo
testigo de siglos entre luchas perdidas,
pasos pensantes y triunfos ya borrosos.

Agua que viajas, subida, pegada en las suelas
de gentes que distinto esperan, distinto apuestan.
Mientras, las estrellas aburridas contemplan
tu vuelta, tu despegue sigiloso hacia ellas.

Cuantos secretos esconden tus gotas
Cuantas vidas reflejan tus ondas.
Sin querer, sin dolor las pisan sus botas.

Sin ellos saber, su vida ya la conoces
están en tu lista húmeda y hermosa
de vidas eternas, que ya no morirán.

viernes, 19 de octubre de 2007

Viaje

La noche en retirada aun permite ver las pequeñas luces anaranjadas de los pueblos que aprisionan la carretera. Luces pares, fugaces, nos pasan sin piedad. Sus pilotos saben que al final de su carrera hay alguien o algo que no la tendrá con ellos. Miro por el centro del pasillo de esta nave con ruedas a través del gran cristal cómo los cañones de luz azulada taladran con facilidad la noche vencida.
Primera parada en esta ciudad cercana a la de mi partida. El tráfico es agobiante, gentes que antes nos daban la espalda la observas ahora irritada frente a un cruce atascado respirando el aire viciado de sus propias máquinas. Aun no se si el esfuerzo que hago para observar a los solitarios conductores de cada isla rodante es debido a la suciedad de los cristales o a la propia contaminación producida por ellos mismos.

La puerta se abre, gentes con aspecto adormilado buscan sus asientos mientras un ansioso humano, ávido de nicotina sale a la dársena de la estación para darse el último cigarro antes de alcanzar la próxima estación.


Faltan aun 130 Km. hasta mi destino. Un color gris propio del otoño rodea el autobús conforme el amanecer avanza sin un sol fuerte y verdadero que disuelva tanta nube. Los recuerdos en esta soledad deseada se agolpan en mi mente, mientras las nubes como si fueran esos recuerdos van quedándose atrás según pasan. Es el otoño donde las nubes todo lo copan, esa época en la que se intensifican las sensaciones de espera perdida por lo no alcanzado o por volver a sentir los triunfos de alguna nube pasada.

Me he despertado al inclinarse la nave sobre la rampa que da a la estación subterránea. Hemos llegado. Silenciosamente unos recogemos nuestras pequeñas cosas para el día, otros llaman de forma apresurada a sus familiares, jefes o amantes para que sepan de su llegada. Paseo por la bahía de Santander, la mar en calma total hace que se aprecien las pequeñas olas sin espuma de un velero entrando en el puerto deportivo. Lo gris comienza a torna en un azul claro interrumpido por nubes en forma de cúmulos desplazándose con lentitud hacia el interior.

Ya terminé mi labor aquí. Gustoso encamino mis pasos hacia el puerto abrigado donde me espera otra nave rodante que me devuelva a casa. Todo se hace a la inversa. La noche en su sed de venganza devuelve su derrota por derrota de la luz. Aliada de su alfombra estrellada, va inundando el caminos de faros con destinos diversos. Muchos deseando alcanzar su casa, acelerando por alcanzar el bien de su interior. Ya justificaron su jornada en lugares muchas veces inhóspitos, otras bélicos y las mas anodinos.

Se acabó el viaje tal y como empezó,
entrando de noche en Gijón,
entre luces que con ella compiten.

Nada me importa, mis tres estrellas deslumbran la estación.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Pesadillas

Sueños injustos entre pliegues de sábanas
lágrimas gratuitas por afrentas vacías.
Cae la noche, debe ser la amarga luna
que oculta la razón desviando la luz.

Órbitas elípticas sobre centros fugaces
anulan la vista si hacia el mismo apuntas,
fuerzas centrípetas que luchan a muerte
contra fuerzas centrífugas que odian la mente.

Equilibrio inestable sobre tu almohada
la cabeza violenta se mueve entre trazos
del sudor frío que persigue las lágrimas
hasta unirse como salado río sobre la ardiente piel.

Ruidos estridentes como un pronto abren tus ojos
de flagrantes ojeras acampadas bajo sus cavas
mientras, el pálpito no se acelera tras la primera tos.

Todo te sabe duro, rancio, no sabes por qué
el cansancio insinúa maldad.
Mientras el día se perfila gris, sin fe
solo deseas volver, dormir, luchar contra ese sueño en verdadera igualdad.

A mi eterna y oculta inspiración

martes, 16 de octubre de 2007

Otros Mundos

Verdaderamente hay otros mundos, si, pero están en este. Muchos y tan distintos mundos.
Mientras recorro los pasillos del Caserón donde uno trabaja, mientras permanezco sentado en el despacho viendo a los pequeños mundos cercanos cómo evolucionan en sus respectivas órbitas, mientras paseas sobre la bicicleta a través del paseo que dibuja la playa de San Lorenzo, detectando mundos que ya solo quieren continuar girando, paseando sus achaques a este lado y otros mundos que sueñan ser observados al otro lado del mismo.

Mundos que se saludan mostrando su cielo amable o tempestuoso según deseen ser definidos. Mundos que por más que lo nieguen, por mas que fuercen sus modos para marcar diferencias ésta tan sólo reside en su corteza, pues su interior es del mismo magma común, ese que tras lunas reiteradas, órbitas planetarias conclusas no han logrado eliminar.

A veces te ves obligado a girar en sentido contrario a tu naturaleza “mundial”, pues el miedo a otro mundo amenazante, próximo, con rayos como sierras coloreando de azul metálico la faz de tu mundo te hace sentir ese aspecto negro de la sociedad . Otras veces chocas con mundos de atmósfera enrarecida haciendo saltar trozos de ambos mundos hacia el éter intemporal de las afrentas y las ofensas, espacio oscuro donde los haya en el que todo se pierde por falta de luz para ver los aspectos brillantes del mundo enfrentado.

Cuántas veces no exploraste por desidia, no contactaste con el mundo aquél que te llamaba desde su cielo vulgar, por desprecio, cuántas no contactases con su cielo arrebatador por timidez, con su cielo necesitado de compasión, de amor o simplemente de compañía en este universo de (mundos) solitarios; cuántas veces te arrepentiste de esto después de verlo absorbido por el sempiterno agujero negro que todo lo devora.

Hay otros mundos, mundos en los que merece la pena aterrizar, atravesar su atmósfera, muchas veces inhóspita como la neblina de una mar sin viento y verdadero calor.

Detrás de esa atmósfera esta tu mundo, y el mío, y el de...

domingo, 14 de octubre de 2007

Alejandretta (y fin)

... Ya hacía mas de dos horas que la noche había desbordado La Coruña, la cadencia regular del faro de Hércules los llamaba de forma continua. Pasaron desapercibidos entre parejas que deseaban pasar desapercibidas. Cogidos de la mano, haciéndose pasar por dos enamorados en busca de una escondida sombra que los liberase de las acusadoras farolas avanzaban hacía la imponente silueta del faro. Casandro no estaba seguro si realmente estaba haciéndose pasar por enamorado o el latir acelerado de su músculo vital era debido al tacto de Elisenda. Sacudió su pensamiento como alguien al despertar de un largo sueño. Sintiera lo que sintiera todo estaba decidido y no se debía plantear nada fuera de ello.

La Torre estaba allí, se sentaron en sitio justo donde hacia ya muchas lunas Casandro se encontró sin quererlo, saberlo, sin sentir nada mas que desconcierto en su mente y en su alma. Con mucho cuidado depositaron la leña en una línea continua formando la forma de la planta del faro Alejandrino. No había gente por allí, las parejas que se amaban preferían zonas más escondidas y protegidas de los vientos del Océano. Unir cada leño con el otro mediante la brea fue un trabajo verdaderamente duro pero la tenacidad, ayudada por la fe en el regreso hizo que ni el frío, ni el viento, ni el propio miedo pudiera paralizar su misión.

Terminaron y se tumbaron sobre la hierba, húmeda ya por el rocío salino que envolvía todo. La vista era inolvidable desde su posición, el tapiz de estrellas, la Polaris, Dubhe, Merak, las constelaciones casi empujándose unas a otras por ser mas vistosas a su mirada; todo aquello le hizo olvidar donde se encontraba, parecía poder sentir el olor del agua dulce mezclarse en las saladas olas del Mediterráneo.


Un golpe de mar mas violento que los demás sobre el acantilado le hizo despertar de su sueño. “Pronto será real”, pensó mientras Elisenda comenzó a encender la línea de madera y brea por un lado mientras él lo continuó por el otro.
- Ha llegado el momento Casandro, coge tu espada.
Ella le miró con lágrimas en los ojos. Esta vez no fue furtiva su mirada, quería mantener su imagen viva antes de perderlo para siempre. Casandro se sentía seguro y en calma. Se levantó, no quería una despedida así. Cogió con su mano derecha de su nuca y comenzó a besarla, lentamente, sintiendo cada punzada de su corazón sobre sus labios temblorosos. La antorcha agonizando su llama calló de las manos de ella; unos brazos que no se atrevían a abrazarle, robarle mas sin decirlo. El fogonazo sobre la brea al caer el fuego sobre ella hizo que todo comenzase a arder, crepitar de tal forma que ocultaba los gritos que su corazón lanzaban desde aquel pecho atormentado.

Lentamente se separaron, ella mantenía su mirada, decidió que ese iba a ser su castigo hasta el fin de la eternidad. Casandro se arrodilló con el pecho frente al acantilado que parecía bramar como si él también fuese parte de aquella ceremonia. Metió la punta de la espada corta en la brea ardiente y con una sonrisa dedicada a Elisenda se clavo sin dudar aquella espada sobre su esternón, mientras pronunciaba la frase ,

“ Ne avertas oculos a fulgure huius sideris si non vis obrui procellis”

- ¡Noooooooooooooo!.
Elisenda se arrodilló para coger aquella vida que se desvanecía. Las lagrimas no eran capaces de apagar el pequeño fuego de la espada clavada en su esternón, ni siquiera el que manaba de su propio corazón.
- Veo que has cumplido, bruja púnica
Manetón surgió de aquella oscuridad apagando todo el fuego.
- No se por qué lloras ahora. Tendrás tu Cartago, tu vida relajada y a los Barca comiendo de tu mano. Yo me llevaré a este hombre a su verdadero destino junto con nosotros en el Concilio de los Sabios Inmortales. Nuestra sociedad necesita que personas como él renueven su estadio.

- ¿Y a él, quién le ha preguntado?. Le sacasteis de su Alejandría, su futuro militar, su amor... Berenice. ¿Y vosostros os llamáis sabios?, ¿o sois solo poderosos con ansias de poder?.
- Ambas cosas, bruja, por eso fuiste sacada de tus dominios, nosotros no podemos engañar a nadie, pero tu si. El lo comprenderá todo y cuidará desde nuestro elevado castillo la vida de sus seres. De todos menos de ti a quien nunca recordará. Ahora vuelve a tu choza y espera que seas devuelta con el pago que nos exigiste.

Manetón desapareció entre la neblina, la bruma que ya anuncia el amanecer. Elisenda, derrotada y quemada por dentro por una brea incombustible regresó a su mísero hogar.
Varias lunas después recibió una señal y en la noche siguiente despertó ya en su Cartago. Pasaron los días , se fue recuperando aunque las punzadas aún le atormentaban el alma, aún así algo fue naciendo en ella. Aquel verdor del amor conocido, poco a poco consiguió destruir toda su vida pasada de malos augurios, ponzoña y maldiciones.


“Gracias, Casandro”.
Ese fue el pensamiento que la despertaba cada mañana junto con el sabor salado de sus labios.

viernes, 12 de octubre de 2007

El Tren



El tren se aleja lento y no quieres perderlo
necesitas atraparlo pero lento se va alejando.
Es una carrera ya sin vencedor
hasta el Sol se oculta como otro perdedor.

Quizá si te detienes frente al viento
si dejas que te limpie la mirada
de restos de sueños imposibles al ciento,
quizá de derrota vespertina pases a plena alborada

Rezo, lloro, suspiro, añoro, más no vale, no lo merece
porque no se detiene, pero yo sigo en mis trece.
No es ya posible, tan sólo es aceptable
Adiós maldito tren, adiós alma indeformable

Con mi mágica alfombra en la que vuelo libre
sobre la que veo el pasado en lo presente de lo que vendrá
sobre la que alcanzo lo inexplicable, lo inalcanzable
En ella vuelo, navego, confío, sueño, vivo...



jueves, 11 de octubre de 2007

Alejandretta (4)

... ¿Dónde estoy?- Casandro aún veía borroso, poco a poco se fue recuperando... ¡ah!, ya recuerdo, la taza y tu... tu eres Elisenda.
- Veo que conoces mi nombre igual que yo el tuyo. Te desvaneciste. No pensé que esta infusión de hierbas fuera tan fuerte. Mis disculpas, Casandro. Al menos habrás descansado, así será más sencillo lo que tengo que contarte.
- No será necesario, os he visto a ti y Manetón...
Casandro comenzó a referirle su sueño consciente en el que vio y observó la conversación de ella con el mago. Le señaló la espada corta deslumbrante de forma inusual, pues el metal usado en este tipo de armas nunca fue de gran reflejo ya . Ella asentía mostrándole un rostro de asombro. Realmente no necesitó referirle nada pues lo sabía todo. Eso ayudó a Elisenda en su misión de convencer a Casandro. Este ya casi estaba con una pierna fuera de la pequeña choza y una mano en la empuñadura de la espada.
- ¡No te vayas, Casandro!. Antes de irte permíteme ofrecerte mi ayuda. Tengo algún poder y podría ser de gran necesidad en medio de este mar de soledad humana en el que algún desalmado nos ha dejado.
- ¿Por qué habría de fiarme de ti?.- Casandro sólo deseaba irse, alcanzar el Faro de Hércules en el menor tiempo posible y volver a su añorada Alejandría, navegar sobre aquellos canales del propio delta, sus fondos arenosos en los que poder pescar con aquel hijo que quizá ya pueda andar después de tanto tiempo perdido e indefinido para él.
- Porque yo te puedo proteger con mis poderes, porque si no es por mí nunca hubieras soñado con salir de este lugar.
Casandro se rindió a sus argumentos y se sentó mansamente sobre el suelo. Se miraron, fue una forma de rebajar la tensión entre los dos, ella entonces se aproximó lo suficiente para acariciarle el rostro mientras le besaba en los labios delicadamente, de forma prolongada, ralentizando el tiempo en separarlos. Irían juntos.

Caminaron juntos desde su choza, el valle quedó atrás en pocas horas. Hasta la Torre de Hércules había mas de cien km. después de dejar el valle. Elisenda, gracias a los años de observación llegó a saber como moverse fuera de sus dominios en la montaña. Conocía un pequeño andén de carga cerca de allí en la que muchas veces se detenían algunos trenes largos cargados de mercancías. Aprovecharon un tren que se dirigía hacia Ferrol cargado de bobinas metálicas.

Aquel tramo fue sencillo, en un día llegaron hasta la estación de la ciudad, pero ahora debían de cruzar la ría, una distancia aproximada de cinco millas y media. En aquella situación Casandro era el experto, no podía recordar el número de veces que había cruzado el Delta del Nilo, muchas veces en un tronco medio preparado para ello, otras en el navío real, otras pescando con su hermano mientras su padre estaba en Grecia haciendo la guerra.
- Ahora es mi turno. ¡Sígueme!
La cogió de la mano con el ímpetu y la fuerza de quien se sabe vencedor adentrándose en un bosque que casi besaba la ría. Casandro buscó metódicamente, unas veces cogía algún robusto trozo de tronco o palo grueso, otras encontraba restos de cuerdas, ramas frescas con poco tiempo de haber brotado, etc.
Construyo una rudimentaria balsa al uso persa, la forma de rombo lo delataba. Con otros dos palos mas secos fabricó dos remos fijando uno como timón en el costado de estribor. Estaba exhausto de trabajo y exhausto de placer por volver a sus orígenes.
Comprobó que su espada siguiera en su funda de cuero atada al pecho, que las cuerdas y ramas estuviesen perfectamente apretadas y ayudó a subir a bordo a Elisenda. Oscurecía en la Ría, el trafico de buques mercantes y de los navíos militares de la base naval cercana había cesado. Casandro se conducía zizzagueando entre unos extraños elementos flotantes de planta cuadrada; eran bateas para la cría del mejillón, pero eso ellos no podrían saberlo. Algún pescador nocturno y solitario en su pequeña chalupa los llamó al verlos pero ellos aumentaron el ritmo de las estropadas alejándose en silencio. Durante todo aquel trayecto la tensión se veía reducida progresivamente conforme la luz de aquel faro se agrandaba. No era tan grande como la del que conocía en Egipto pero seguía siendo también impresionante.
Al fin arribaron a la otra orilla, casi amanecía, podría ser más de las cuatro de la mañana. Había que buscar un lugar para ocultarse durante los próximos cuatro días hasta que la luna por fin pasara a su fase de Luna Nueva. Con lentitud y mucho sigilo alcanzaron la orilla de la playa de las Margaritas donde descubrieron un centro comercial que en aquel momento estaba en plena ebullición horas antes de abrir. Con sigilo se introdujeron escondiéndose en la sala de calderas. Era pleno verano y estaba claro que no sería un lugar de mucha actividad. Así permanecieron en él durante los cuatro días. Les sirvió de mucho pues podían comer y dormir sin grandes problemas y además encontraron la leña necesaria en pequeñas bolsas que los hizo sonreir doblemente.

- Es la hora, levántate Casandro,
Casandro se desperezó de aquella siesta y de un salto se puso de pies. Se cruzaron miradas furtivas, evitando leer sus ojos. Casandro por los nervios debido a la gran prueba, Elisenda por...

miércoles, 10 de octubre de 2007

Alejandretta (3)

... Háblame gran mago, discípulo del gran Manetón, tú que pueblas los espíritus circundantes de la vida durmiente. ¿Es este como imagino el gran Casandro?.
- No Elisenda, es el hijo de él, aquel que fue uno de los grandes diádocos. Aunque él no lo sabe todavía, quizá sea el momento de que se lo comuniques al despertar.
- Ambos seguimos atrapados aquí en esta época. Pero habla por favor, hazlo y tu sabiduría será la que defina lo que ha de llegar a ser.
Aquel hombre difuminado entre humo y lumbre, con pinta de sabio algo deslucido fue disertando su designio en el que hablaba de las cosas que sobrevendrían a la época en la que sobrevivían. A mi aquello realmente no me importaba, pues la sensación de muerte, de estar desaparecido de mi verdadero mundo hacia que la muerte verdadera careciese de relevancia. Continué escuchando hasta que pronunció la palabra regreso y, justo después, nombró la ciudad mas maravillosa del mundo, Alejandría. El sueño continuaba en medio de aquella consciencia onírica, por lo que agudicé mis oídos. Manetón continuaba.


-... habrá Casandro de volver al Faro en el que se apareció al ser expulsado de Alejandría. Al llegar al lugar no podrá ser visto por ningún mortal desde el mismo instante en el que la noche abra el periodo de la fase de Luna Nueva.
Escuchaba embebido de aquel néctar de esperanza, tantas cosas tenía allí, su amada Berenice con la que esperaba su primer vástago, ese prometedor futuro bajo las órdenes de Ptolomeo II. ¡Tenía que regresar de aquel sueño horrible!


- Cuando esto ocurra habrá de acumular la mayor cantidad de leña y material combustible de origen natural, nada que provenga de la negligencia humana en la que vive valdrá para que este conjuro surta efecto. Rodeará la base del faro con la misma forma del cuadrado del faro al que desea regresar. Encenderá el fuego alimentándolo a base de brea para que la lumbre se mantenga constante y pueda así pronunciar solemnemente la frase que aquí diré, una y solo una vez:



Ne avertas oculos a fulgure huius sideris si non vis obrui procellis”



Acabó de pronunciar aquella frase en un idioma initeligible para Casandro, aunque le sonara a la Itálica y en el mismo momento el fuego se detuvo, las llamas parecían las de un cuadro y ni siquiera el humo que se me pegaba y abrasaba se movía. Un gesto con su mano derecha me atravesó el corazón.




- Aún hay algo más, Elisenda. Habrás que convencerlo de que, para volver a su anterior vida deberá acabar con la que aquí tiene. ¡Coge ese palo que arde en la lumbre, mujer!
Elisenda se agachó y con la mano temblorosa le acercó lentamente la vara ardiente. Manetón la cogió desde uno de su extremos y mientras su pupilas se dilataban de forma extraordinaria volvió a conjurar a su dioses convirtiendo aquella vara casi ya ceniza, en una espada corta como la de los antepasados de Casandro cuando vencieron a Persia.
- Deberá clavar esta espada entre sus costillas hasta atravesarse el corazón pues no es el suyo ya que el verdadero aun reside en Egipto. ¡Solo su valentía le dará su libertad!.

Después de aquella ultima exclamación se desvaneció y casi en la misma forma mi espíritu cayó en picado sobre mi cuerpo yacente sobre la piel de oso...

martes, 9 de octubre de 2007

Alejandretta (2)

... “Al fin llegaste, te estaba esperando desde ayer”, Elisenda, que así se llamaba le hizo un gesto señalando el interior de su mísera cabaña. Un pequeño círculo presidido al fondo por la chimenea ardiente y varias pieles de oso sobre el suelo. Elisenda era una mujer joven, atlética, de mirada triste oculta entre su larga melena castaña. Vivía de los frutos de la montaña y siempre esperando por algo o por alguien que le diese forma de cumplir sus deseos.
Me senté sobre una de las pieles frente al crepitar de la hoguera, fue como recobrar parte de mi calma y de mis antiguas costumbres. Estaba harto de artilugios extraños que daban calor de forma invisible. La miré con agradecimiento, era bella como las mujeres de mi época, agreste y ruda por la vida real, pero emitía sensualidad recordándome a mi oriente persa.
Me acercó un tazón de algo parecido a una infusión de hierbas aromáticas, la miré extrañado, aunque casi vencido.
- No temas, solo te aliviará por fuera y por dentro. Bebe, Casandro.
- ¡¿Sabes como me llam....
Al los pocos segundos del primer sorbo había caído en un profundo sueño en el que permanecía extrañamente despierto, pues lo viví desde su inicio hasta el fin.


Comencé a ver como un espectador ajeno mi final bajo las piedras que soportaban el Faro, nuestro Faro, el orgullo de Alejandría. Alguien me amenazaba con su espada mientras otro hombre con aspecto de monje leía en voz suave, umbrosa, algunos versos en griego mientras agitaba su mano izquierda hacia mi. La punta de la espada me estaba penetrando en mis costillas pero no continuaba, era como si deseara mantenerme inmóvil para aquella especie de monje, mago o brujo griego.

Creo que no llegó a brotar sangre cuando de forma fulminante este me hizo desaparecer en una fogonazo propio de los rayos que deslumbran las noches dividiendo su oscuridad como una sierra. El guerrero que me presionaba con su arma lo vi yacer muerto en el suelo, mientras yo volaba sobre el Heptastadio hasta salir del Gran Puerto hacia el interior de nuestro Mar.


Como otro fogonazo la imagen cambió, me vi flotando como un espíritu justo bajo la techumbre de la cabaña. Podía oler el humo de leña húmeda y a Elisenda haciendo conjuros sobre la hoguera bailando frente a ella, mientras mi cuerpo físico descansaba sobre la piel del oso. Lanzó algo entre las llamas y el chisporroteo de estas subió de tono hasta que una imagen del mago o brujo que me echó de mi Alejandría apareció débilmente definido entre la luz, el humo y un extraño vapor.
Todo se hizo silencio salvo la voz de aquel mago al que esta vez entendía...

lunes, 8 de octubre de 2007

Alejandretta (1)

Debía volver, sabía que no me quedaba ya tiempo en este lugar. Acabarían por descubrirme y ser pasto de los científicos. Con sus terroríficos aparatos por el “bien de la ciencia” serían capaces de destruir mi cuerpo insignificante entre tantos millones de anónimos humanos. Yo ni siquiera me podía considerar eso, humano. Lo fui hace ya varias centurias, varios miles de años. Desde mi falsa muerte en Alejandría y mi aparición frente a la Torre de Hércules hace pocos años, he vivido sobreviviendo, adaptándome a este lugar crudo, de gentes violentas que nada respetan si no es por algún vano interés personal.


Pero ya se hace tarde, mis pulmones no pueden respirar tanto aire cargado de hollines extraños que salen de tubos maléficos, a los que estos humanos de hoy llaman chimeneas. No hay donde descansar sin que alguien con uniforme estrafalario te eche de forma brusca porque eres un vagabundo. Si los tuviera frente a mi en mi tiempo, mi daga no tendría piedad.
La única persona que conoce la real situación de mi vida y cuerpo, vive escondida por loca en la montaña perdida de Isiltrandi. La encontré una vez vagando a su vez en el paso de Ilargantus, fue verme y reconocerme al instante. Me ayudó en aquellos años instruyéndome sobre la época en que caí, regalándome paciencia y comprensión. Ella me contó cómo era otra “viviente” del pasado, su época era y es la del gran Aníbal Barca y aún no ha llegado “su hora”.


Sentí que mi hora estaba allí, al menos que los humanos estos tan simples, aunque tan bien formados, sospechaban de mi y al segundo acoso de un periodista de programas extraños de fingidas cuartas dimensiones, decidí ir a pedir ayuda atravesando el paso de Ilargantus.
Ella me estaba esperando y me recibió sin sorpresa alguna. Una pequeña sonrisa de superioridad y una mirada en la que destellaba algún brillo de envidia por mi situación me demostraron que ya sabía a lo que venía...

domingo, 7 de octubre de 2007

Aqaba, Julio de 1917

Nieva a través de la pegajosa bruma
escondiendo al Desierto huérfano en vida.
Suelo pedregoso entre cráteres sin fondo
por valles que amansan la imponente luz solar.
Cañones de aire caliente empujan la espalda
empapada de sudor errante.

Los ojos ciegos por el reflejo cristalino
de tanto cuarzo esparcido sobre la soledad
de cada uno entre los lazos invisibles del grupo.
La confianza en el fin, su consecución
ese acicate que brota frente a la nada
esa bruma, nieve y arena que oculta la traición.

El avanza, con ellos
ellos avanzan, con él
Aqaba aguarda,
la luz de los incrédulos ya no luce
oculta frente a su brillante oscuridad.

viernes, 5 de octubre de 2007

Mis Pilares (7)

Por fin arribamos al final de la serie, un final que siempre será el principio de algo, lo que sea, una propuesta de mejora, un arranque con buena base o simplemente poder continuar perfeccionándonos nosotros y con los demás, que es el fin de nuestras vidas.

Como cuando Lawrence y Feisal entraron en Damasco, como cuando la India alcanzó la independencia. Todos ellos fueron finales de sueños que se cumplieron y que durante los cuales la lucha ya era una victoria en sí. Estoy seguro que después de la consecución de estos todos, los
triunfadores, conforme se les alejaba la época del sacrificio y las privaciones anímicas, físicas y hasta económicas, se les iba acercando progresivamente de la misma forma la época de la nostalgia por ella.
Por eso creo que el único momento en el que podemos y debemos echar de menos lo pasado es en la corta, muy corta, recta final de nuestra vida, cuando ya vislumbramos el posible final y no queda nada por conseguir, nada que no hayamos conseguido nos espera delante. Este trayecto, estoy seguro, hay que hacer que sea el más corto de la vida. Así lograremos que toda la vida sea lucha por algo y eso ya es una victoria, lo decía Gandhi y estoy de acuerdo con él al ciento.

Digo esto porque quizás tenga algo de nostalgia al terminar esta pequeña serie de Pilares de la Sabiduría personales. Nostalgia por haber revivido, repasado interiormente parte de mis principios, algunos cumplidos al máximo posible, otros en continua mejora a veces difícil por lo duro del pilar. La Duda, la Justicia, la Imaginación, la Generosidad, la Esperanza e Ilusión, la Flexibilidad; todos ellos son pilares definidos, sólidos, seguros, resistentes en el interior de uno mismo; pero sin el verdadero plano de distribución, el verdadero pilar que define sus posiciones, su forma de estructurar el fondo del corazón, sin este considero que no es posible alcanzar la mínima altura de edificación. Y ahí esta este plano de ruta pilar indiscutible y soporte de todos los demás que es la Libertad.

Por libertad entendemos tantas cosas tan diferentes que yo me voy a ceñir a lo que a mi me sugiere. Libertad para elegir los pilares en su grado, libertad para dejar de lado lo que no sirve para vivir cercenando ilusiones y esperanzas, libertad para poder denunciar en el marco que uno pueda la falta de justicia, libertad para ser generoso en la cantidad que uno desee y sienta en cada momento, libertad para ser flexible o no si encuentras al inflexible por decreto. Poder dudar de cada cosa libremente sin perjuicio de creer en esa cosa. Lo que nunca deberá ser la libertad es una ilusión.

Libertad, con ella a nuestro lado, en nuestro pensamiento, las cosas serán más brillantes, las personas que se encuentren a nuestro lado serán valiosas, se sentirán infinitamente valiosas.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Los Hilos que Tejen

Siempre hay un hilo que nos salva,
que nos pierde, que nos corta, que nos ata.
Siempre encontramos el hilo
aunque se vea algo deshilachado entre tanto olvido.

Hay mujeres que nos hacen perder el hilo
mientras otras nos ayudan a tejer con él.
Qué decir de los malditos anuncios de TV
cómo rompen el hilo musical de tu canción
hablando de caldos caseros entre pantallas TFT.

¿Cuantos hilos hace falta cortar para lograr romper contigo?
¿Con cuantos podría acercarte mis labios sin rechazo?
Es el hilo el que en su frágil alma lleva el todo necesario.
La vida, el sentido y la comunicación, el odio con el amor.

Como la gran tela de araña, geométrica, serena, así se tejen los hilos que forman la vida según pasa.

Según hagamos nuestros hilos así será como cacemos
los triunfos y derrotas en los que al final descansaremos

martes, 2 de octubre de 2007

Mis Pilares (6)

Hace ya tiempo que había escrito mi propuesta del quinto pilar de la sabiduría. Algunos quizá creyeron que había abandonado, pero ya veis que no. Voy por el que considero sexto pilar. Algo muy fundamental para poder sobrevivir entre tanto temporal bramante de orígenes inesperados.

Hay muchas personas de carácter estricto, vehementes en sus convicciones e intransigentes en sus ideas. El ser eso, estricto, vehemente y hasta intransigente es algo aceptable, bueno intransigente sólo con los intransigentes.
Pero se puede cumplir con ese perfil basando todo en la Flexibilidad. Como la de ese junco que decía el oriental, el que se plegaba a los vientos y era capaz de superar los mayores temporales mientras el enhiesto árbol, el más poderoso, quebraba sin remisión, despareciendo su orgullo y presencia por no tener la flexibilidad suficiente ante la tempestad.





Muchas veces somos como la ventisca para nuestros semejantes. Pura agua echa hielo como piedra que golpea sus caras con la intransigencia ante sus comportamientos. Eso hace que se refuercen defensivamente ante nosotros, que su relación real o potencial desaparezca o se vea reducida a un simple hola y adiós. Nos resistimos a aceptar al diferente por su ser, proceder o simplemente físico y esa falta de flexibilidad nos acaba quebrando ante los días venideros, frente a los viejos conocidos, frente a las nuevas amistades, frente a la vida en general.



Es muy difícil ser siempre flexible, es como un arte en el que el hacerlo mal puede dar la sensación de ser alguien sin “sangre”, sin criterio frente a la discrepancia. Me temo que el que suscribe necesita muchos cursillo a veces de esos instantáneos para recuperar la flexibilidad ante determinadas cosas y personas.

Flexibilidad ante los retos, ante las personas, ante las situaciones adversas.

lunes, 1 de octubre de 2007

Romper las Cadenas

Ese Dragón verdadero que se aloja en tu corazón
el que hace fuego en el cielo de tu mirada
el que con un oscuro y siniestro sentido planea
entre cumbres de roca agreste y violenta.
El que se posa sobre los hombros de la inocencia
trayendo rumbos inciertos que queriendo la ocultan
entre los árboles del Olvido.

Tú, pequeño pesquero de temblorosa luz
navegas pegado a la indefinida costa
de la inseguridad, el hastío y la sinrazón.
Tus miedos te impiden alejarte sin más.

Rompe esas cadenas formidables
que dan y definen la poca fe en ti.
Aléjate de ella, acaba con el Dragón
antes de que se apodere de tu poco,
atráelo hacia ti y que de la costa se aleje
para así morir ahogado en el mar de la desolación

Aléjate, adentrándote entre el bendito chaparrón intenso
dejando que arrase con todo lo que resulte
falaz, fatal, final, mortal.

sábado, 29 de septiembre de 2007

La Nada

Me quiere echar de sus fronteras
mientras el Sol aquí me calienta
y me devuelve el son.

Las fronteras las guarda mi ilusión
de esa Nada que ¿sueña? con entrar
deseando violar esta inmensa intimidad.

Lugares comunes de universos privados
lugares donde lo real no es posible cumplir
pues ha vencido la luz fantástica de la estrella fugaz

Que nadie se atreva robar luces secretas
que solo tus ojos pueden gozar
que nadie suba al bajar, ni corra hacia atrás

Allí donde el alma se une con el cerebro
donde todo es cierto, todo es real
para quien sueña, quien vive,
de quien quiera aunque no pueda.

Resiste, lucha, no dudes pues lo que ves no es.
Que no te mienta la duda que lucha por entrar.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Etruria

Aquel electricista entró decidido en la oficina. Sus ojos brillaban extrañamente, la secretaria se quedó mirando sorprendida aquella expresión. Mientras dejaba los partes de trabajo sobre la pequeña mesa gris que tenía en una esquina de la oficina la secretaria se incorporó acercándose hasta él. Sus ojos cruzaron una mirada de interrogación que no encontró respuesta en aquellas dos calderas bramantes de fuego real. Ella se retiró, siempre lo sintió y lo tuvo mas cerca que los demás. Su timidez y su nobleza hacía que todo lo que de él llegara, ella lo agilizara, lo gestionara mas deprisa, mientras un café bien dulce como a él le gustaba lo esperaba en la mesa.
Quedó solo, la cabeza apoyada sobre sus manos como si estas quisieran taparla del mundo exterior. El reflejo de su mirada sobre la mesa le aturdía. Parecía que incluso los papeles sobre esta acabarían ardiendo. ¿Por qué le había ocurrido eso a él?. Al fin y al cabo el encargado estaba allí cuando sucedió y ni siquiera se dio por enterado, aunque también hay que reconocer que no es que fuera una persona demasiado sensible para darse cuenta. Daba igual, tenía que hacer algo antes de que aquello lo quemase o simplemente enloqueciese.
Decidió volver a la obra. De forma violenta cogió su chubasquero y salió de precipitadamente hacía la calle. La secretaria estaba cada vez mas preocupada. Miró compulsivamente el reloj de plato que colgaba frente a su mostrador. Eran las doce y media, aun faltaba media hora para marchar a comer. ¿Qué hacer?, pensaba de forma ansiosa. De un golpe cerró la carpeta de facturación y salió disparada detrás del electricista. Sabía donde le tocaba trabajar ese día así que se fue directamente hacia la obra.
Fue acercándose lentamente, se podía ver sin esfuerzo, la luz era tremendamente fuerte pero permitía distinguir una silueta, las formas y los volúmenes. Justo donde había hecho el agujero para meter un cuadro eléctrico se le aparecieron aquellas imágenes que lo lanzaron al suelo como la andanada de un cañón horas antes todo permanecía estático, inmóvil, como esperando que regresara.
La secretaria como pudo alcanzó la puerta del Museo Arqueológico Nacional, mintió al guarda para que le dejase llegar a la obra de reforma en los salones de la época Visigoda para su ampliación donde trabajaba su empresa. Pasó a través de la exposición temporal sobre la civilización etrusca. No sabía a que se debían los temblores en sus piernas que comenzaron en esas salas mientras se entremezclaba por los grupos de visitas guiadas del museo.
Por fin lo encontró, estaba allí, pero una extraña luz casi lo ocultaba entre su resplandor. El resto de los obreros seguían en sus cometidos sin ver nada. Ella intentaba distinguir lo que parecía decir el electricista.
Frente a él la imagen de un arúspice con sus manos aun sanguinolentas por los hígados utilizados en las predicciones que le apuntaba con su índice siniestro. “¡Tú, mísero mortal que aquí nos traes!”, El hombre no sabía nada, no entendía nada. “ yo..., yo no os he traido” consiguió balbucear. “ De un gesto lo hizo callar. Detrás de aquel arúspice de malas pulgas se veía ahora la hilera de columnas paralelas y al final el foso donde le señalaba el altar. “Habrás de pagar con tu vida si no eres capaz de darme la que te pedí tal y como la premonición auguró”
Mientras, ella se acercaba hasta poder escuchar los balbuceos llorosos de aquel hombre al que por fin comprendió amar profundamente.
“ Vengo para cumplir la maldición de Arimnestos, ¡y ya tu sabes cual es, Tarquino!”
“¿Tarquino?, pero si creo que se llama Carlos. Aunque nunca fue muy claro en el nombre, por eso le llamábamos chispas”. Ella estaba alucinada y sorprendida, de tal forma que el miedo se había evaporado, el amor reconocido lo había hecho trizas. Aquel arúspice comenzó a recitar frases con toda la apariencia de proverbios mágicos y la luz sobre Tarquino fue poco a poco aumentando. Sin darse cuenta se interpuso su espalda entre el arúspice y su chispas al que lo vio convertido en un guerrero parecido a los de la era romana, el pecho hinchadi, salido como esperando el golpe final.

Pero el golpe no llegaba, justo le dio tiempo a abrir los ojos para ver como aquella mujer a la que él amaba pero no podía desear desaparecía desmoronándose como un reloj de arena. Sólo pudo gritar mientras el arúspice le decía adiós con un gesto en el que le confirmaba que las cuentas estaban saldadas.
La luz despareció y entonces apreció el de rodillas en el suelo rodeado de sus compañeros que lo intentaban tranquilizar pues los gritos y sus lágrimas ahora sí eran perceptibles.
Perdió su vida y perdió su amor

Dedicado a Jose Angel en su 37 cumpleaños.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Mis Pilares (y 5)


Esperanza e Ilusión, Ilusión y Esperanza, otro dúo magnífico. Julieta y Romeo, Romeo y Julieta, dos amantes que se necesitan para vivir. Y como en toda relación siempre se acaban repartiendo las tareas.
La Esperanza es la base, el soporte de la Ilusión , la que hace que esta no se arruine porque ella siempre esta al final dando esas razones propias, a veces del mismo Kafka, que demuestran de la forma que sea que lo que estás proyectando, soñando, esperando o viviendo se puede realizar al completo.
La ilusión es el aire fresco que entra al despertar cada mañana, el que anima el hogar donde Esperanza simplemente espera porque cree en Ilusión.
Estos dos pilares hacen su propio trayecto encontrándose en un tronco común que se añaden a los cuatro anteriores.
Hay quien carga mas en Esperanza pues es de una carácter mas tranquilo y confiado, en cambio hay quien se embarca sobre la desbordante Ilusión, que lo hace volar sobre las crestas pétreas de la desesperanza y sólo puede ser frenado casi de forma imperceptible por la brisas generada en suspiros de Esperanza.

¿Qué sería del uno sin el otro?
Sin esperanza la ilusión sería algo mas parecido al fanatismo que se lanza hacia algo en lo que no se cree. Pues, ¿qué haría alguien ilusionado por un amor en el que no cree?. Absurdo, ¿no?.
Y para qué sirve la esperanza sin no se tiene verdadera ilusión. De esperanza pasaríamos a espera simplemente, una espera por alguna dádiva o pero aún, un temor a que algo no suceda por negativo.

Romeo y Julieta en Verona,
Juan y Segura en Teruel,
Esperanza e Ilusión en todos.

martes, 25 de septiembre de 2007

Soñar despierto

Soñar es algo que se asocia a estar dormido, unas veces se recuerda y otras no. Pero las más de las veces se sueña despierto y además eso sí que se recuerda porque se vive. Nadie puede negar que algo así se produzca en su mente. Intentamos cubrirlos tras capas y capas, algunos de cebolla, lágrimas incluidas, otros de mantas de esparto y algunos, sin más, dejan que el polvo se acumule sobre ellos, para así olvidar que es posible vivir sorteando la realidad entre estos pequeños oasis que nos regalan descanso frente a la tantas veces temida “cruda realidad”.



Podemos soñar entre los insomnios del día
en los que deseas dormir pero despierto estás
intentando soñar sin poder hacerlo
cayendo rendido, sin poderlos cerrar.

Cruzas tus ojos con su triste mirar
quieres hacerlos callar, los quieres cerrar
que no pidan, que no lloren jamás.

Sueña despierto que el triunfo ahí esta,
sueña despierto que al fin llegarás,
sueña despierto y tu luz brillará,
sueña despierto y por fin dormirás.


Sueña

lunes, 24 de septiembre de 2007

Mis Siete Pilares (4)

Hay un pilar que solo depende de uno. En los anteriores puede afectarte el entorno con sus maldades o bondades del instante mismo. Puedes reflexionar de forma apresurada, estar deprimido y con ello bloqueada tu imaginación, incluso vivir el momento mas abrupto en el que la ira te ciega y seas la persona más injusta que hayas podido ser en el correr de tu tiempo.
En este pilar el patrimonio de ejercerlo es de uno, podrás hacerlo en mucha o poca cantidad, pero siempre será lo mismo. La generosidad del cuerpo junto con la del alma es un valor absoluto, repito, en baja intensidad o en la más elevada, pero absoluto. Si eres generoso no te equivocarás nunca. Lo que des será tuyo para siempre. Te hará libre, te unirá a tu enemigo aunque continúes siéndolo.

Quizá en un primer momento la educación tan judeo-cristiana que llevamos impresa a fuego en nuestro interior nos haga sentir que el haber dado, algo nos ha quitado, que nos falta algo. Eso se soluciona haciendo pasar los segundos. Quizá si occidente esta muy presente en ti serán minutos, horas, pero llegará ese momento en el que te sientas libre y seguro, alegre y orgulloso, solo por ser generoso. Entonces sabrás que has recuperado lo que diste con creces.








domingo, 23 de septiembre de 2007

Esmeralda

Me parece estar frente a ese lejano Caribe surcado hace ya mas de quince años pero no, estoy aquí, en el frío Cantábrico. Con los lazos deshechos del envoltorio que casi cubre a este otoño recién estrenado. De color esmeralda lo percibo bajo un manto lejano de cúmulos azulados por su parte baja y de un blanco anarajado por el sol en franca retirada.


Apoyado sobre una húmeda roca que tiene su perpetua condena ya trazada por su dios Poseidón, observo el rudo golpear de la inmensa ola sobre las desperdigadas rocas que salpican esta playa, a mi espalda puedo escuchar el salivar de los cangrejos, quisquillas y crustáceos de todo tipo al sentir que ya se acerca el agua empujada por la Luna cargada de alimento y de vida.

La bruma lo desdibuja todo, esa mezcla de sal agua y aire con la que me deleito al inspirarla con profundidad, intentando llegar a esa sima oculta donde se esconden los tesoros que habitan en la mar. Con cada bocanada, con cada bombeo entran en mis pulmones miles y miles de millas recorridas, de puertos imaginados, de sueños por cumplir.


Playa de “La Espasa” (ver Google earth)

sábado, 22 de septiembre de 2007

Mis Siete Pilares (3)

Imaginación, fresca o refrescada, es mi ensoñación,
pero imaginación, como la caldera en ebullición.
Imaginación ante los problemas que tuvieran solución;
pues los que no tienen solución ya nunca serán problemas.

Imaginación “para salir del paso”
Imaginación para que me hagan caso
Imaginación en cualquier caso.

Imaginación para ablandar los dolores del corazón
como un simple chiste directo entre tanto desierto
que destruya durezas, que destruya incomprensión.

Imaginación para trazar puentes en tu mala relación
la que valoras y sueñas con quien la puedes perder.
Imaginación para bajar del pedestal en tu triunfo
con digna actitud, y amigable adaptación.
Imaginación en lo que haces, para inventarlo mejor.
Imaginación y así regalar sueños inventados al dormir el sol






Imaginación, necesario pilar para resistir el temporal diario de cruzar el mediodia y alcanzar sin daño la noche reparadora.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Los Siete Pilares (2)

Mi primer pilar posible estaba compuesto de dos, Duda y reflexión. Este segundo es sólo uno pero su nombre causa pavor a algunos, ilusión y esperanza a otros y desazón mezclada de un pasotismo a la mayoría que la acepta porque el dominio de su respuesta simétrica no le roza de forma alarmante.
Justicia.
Realmente no me refiero a esa, a la establecida por los humanos para dominar a unos sobre los otros con justificaciones que a menudo no son mas revoltijos que anulan el efecto ideal dejando solo el real. Me refiero a la Justicia como algo aplicable a uno mismo y a los demás.
Esta claro que entro en algo afectado por lo personal, pues lo que nos parece justo para nosotros normalmente ya no lo es tanto para nuestro alrededor. Es entonces cuando añadiría un instrumento muy eficaz y que la representa en muchos símbolos, una balanza sin trampa y con certificado de calibración en regla. Es una balanza para medir las dos justicias. Una balanza con el poder enorme capaz de paralizar la vida de uno si el fiel no se encuentra en su punto intermedio. Que el saber que nos apropiamos de la justicia nos bloquee nuestra vida como si existiese una cuña clavada en la rueda de los pensamientos.


Esa balanza es la que ha de entrenar nuestra conciencia y esta, como el aprendiz con el lápiz apoyado en al oreja y la goma en la mano, comience a borrar las cuentas mal hechas a los clientes que nos vienen reponiendo las cosas bien para ellos y, en consecuencia, para él mismo.
Soy consciente que la justicia entendida desde uno mismo es el primer paso para, sumado a tantos granos de arena mas, lograr el entorno justo, el país justo y la sociedad justa.


Cuantas veces habremos pedido justicia sin comprobar el fiel de nuestra balanza interior.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Mis Posibles Siete Pilares de la Sabiduria (1)


Ando leyendo y releyendo, no se si cuatro o cinco veces cada párrafo de ese libro sobre la gran epopeya de Lawrence de Arabia, titulado “Los siete Pilares de la Sabiduría”. Esta mañana, en uno de mis últimos paseos por la bahía de San Lorenzo que mira siempre a la mar, pretendiendo quedarme con todas las sensaciones sonoras, visuales, intentando grabarlas a fuego para después desinfectar la herida con el agua salada de este Cantábrico que no se amilana ante el Océano más al norte y su presión entre temporales y vientos, me vinieron a la cabeza una y mas frases escritas por este hombre tan especial para mí desde que mi padre me llevara a ver la película hace mas de treinta años (¡puf! Ya son).
Recuerdo el cine oscuro, pocas imágenes, pero lo que de verdad recuerdo es la sensación de deslumbramiento interno y externo. Supongo que ver aquellos desiertos terribles, su convicción, su compañerismo; todo aquello me impactó. Muchos años mas tarde vi la película y no era lo que yo tenía en mi recuerdo, sin embargo el deslumbramiento ya era imposible de eliminar de mi pensamiento.
Es un libro denso, enorme y en el que su opinión sobre los árabes como cultura, su relación con las tres religiones monoteístas de occidente, todas ellas nacidas en su cuna, tantas cosas tan bien expresadas, definidas, que casi no importa si estuviesen equivocadas ( dudo que lo estuvieran aunque es la opinión de una persona).
El caso es que todo me llevo a pensar en cuáles serían los verdaderos siete pilares que habrían de darnos la sabiduría a unos humanos como el que suscribe o similar. Y me he puse a ello entre caricias de la mar sobre mis pies.
Considero que el primero es un tamdem de dos. Duda y Reflexión.
Duda de forma sistemática, duda positiva sobre lo que se plantea uno, nunca por miedo, sino por hacer lo correcto. La duda elimina los dogmas de un plumazo pues estos no existen aunque parezca que sí (¿dudas?). La duda hace replantear las cosas, ver otros puntos de vista, reflexionar sobre lo hecho o a punto de hacer, lo decidido o a punto de decidir. César esperó frente al Rubicón, dudó, valoró y al final lo cruzó. Quizá era la primera decisión, pero antes dudó y reflexionó.
Pero duda no es desconfianza, nunca debe de serlo. La desconfianza es algo negativo y lo negativo nunca podrá ser un pilar fiable de nada, menos de la sabiduría. Duda es plantearse si algo se hace bien o si es mejor otro repaso para mejorarlo.

Lo dicho, mi primer pilar para edificar el edificio de la Sabiduría desde el fondo profundo del valle donde corre el arroyo de nuestro pensamiento es la Duda y su Reflexión




martes, 18 de septiembre de 2007

Se nos ha adelantado

Es luz y es destino cuando el tiempo de los logros se apresta
es muerte en el camino la llegada del viento sobre la tierra.
Hojas secas, leves, cayendo como planos sin motor entre la floresta
su majestad otoñal se acerca, sedientos sus caballeros de impía guerra
vencerá como tantas veces ya hizo, será vencido por el gran General.

Mientras tanto las capas harán su aliño posándose sobre pieles de cristal
que huérfanas al cielo miran esperando una señal, algo que los guíe por el árido arenal
que no llega, que no alcanza, que ver no se deja, ilusos siempre como la espera
de inútiles cielos que de azul se disfracen para esconder un instante la perenne tristeza
.






Su majestad otoñal ha llegado a estas latitudes, nadie podrá evitar lo que en los rostros que me cruzo al bajar desde Atocha a la Soledad me encuentro. La inminente invasión de rutinas disfrazadas de fin de fiesta y rebajas en las tiendas, de uniformes colegiales bajo paraguas abiertos.

lunes, 17 de septiembre de 2007

La Lluvia es Sueño

Vuelve a llover entre tejados pues ya escucho el golpear
de las gotas sobre el cristal y la cubierta retejada.

Me acompaña su sonido al intentar conciliar mi sueño
entre propuestas múltiples de aventuras con victorias sonoras
todas deseando ocupar el próximo cuarto de hora,
ese que me entregará a Morfeo como su convicto numero mil
donde el héroe que no soy seré, donde el malo caerá al fin.


Quizá el trueno inesperado me sorprenda cabalgando veloz
para clavar los 30 cañones rusos en medio de su estepa,
quizá un salto de Luna me descubra salvando de hundirse la patera
repleta de otros tantos sueños irreales de fortunas falsas
oscuras de piel y presagios entre crueles crestas blancas.

Despertaré en el mismo lugar, el sueño concluido,
el río recorrido mientras las orillas intactas de mi
volverán a esperar que algún día mi balsa vare allí
para no regresar y poder así hacer real lo que nunca ha sido.

Buenas noches.

domingo, 16 de septiembre de 2007

La Metereología y Los Abrazos

La verdad es que hacen un dúo que nada tienen que ver entre sí. En principio parece que sí pues si refresca te arrebujas y los abrazos pueden hacer que uno explote entre tanto roce y si el cielo brilla azul ofensivo el ánimo sube sólo y te apetece abrazar a todo lo que amas cerca de ti, eso es lo que uno cree de forma inmediata. Yo estoy seguro que no.


Es decir, para mí no tiene relación alguna el abrazo con la presión barométrica; quizás la presión a secas si tenga que ver en sentido contrario; la presión del trabajo, la de los planes que no sean completos, la de un día perdido entre pasillos del centro comercial o la del programa de la tarde dominguera frente al televisor.


¿Cuántos abrazos se habrán perdido en cada una de las situaciones?. Caricias abandonadas por un motivo razonable, cansancio insulso de formación latente por la inactividad profunda de nuestras mentes.
¿Por qué no esforzarse en activar el pensamiento con la meta del futuro abrazo al final de tanto esfuerzo?.

Sólo es necesario levantarse del lugar donde tu mente se haya dormido, hay sofás estupendos y tentadores como Mata Hari, partidos de fútbol que tras el éxtasis prepartido te demuestran tu error al dejar dormir allí el pensamiento, tumbonas playeras que de tanto usarse ya no aportan nada, rutina laboral que solo activa el pensamiento al dar la hora de salida, telenovelas que no avanzan en sus centenares de capítulos pero que detiene la mente sin piedad.



Sólo hace falta levantarse y descubrir las estrellas que nos enseñan la luz que alumbraba en su piel centenares de años luz atrás, o el paseo sobre la orilla intentando que los besos de las moribundas olas sobre esta sean sobre tus dedos, o la lectura de un libro de forma intermitente para poder revivir la historia cientos y cientos de veces intentado cambiar lo que no debería ser.
Estoy seguro que ejercitándose de tal guisa multiplicaremos los deseos y aumentaremos en este mundo el actual número escaso de abrazos. Dejando de lado si llueve, nieva, o el sol se atreve a salir.

Un abrazo virtual a todos. (Que por algo hay que empezar)

viernes, 14 de septiembre de 2007

A Eduardo Rejduch de la Mancha



El ciclo ha concluido, mas de tres lustros han girado sobre sí
Barcelona está ahí mismo, sin embargo hace ya tiempo que se fue.
Había parado el mundo, sin pensarlo me había bajado de él,
soñé despierto entre Las Marquesas y sorbiendo el te del Raja en Timor me reí.
Quién no se acuerda de Trinidad, Vanuatu, “la Paella” en Tonga,
los albinos pseudobritánicos de Australia y su pseudoaparheitd.
Quién no sueña con flotar entre los suaves vientos del Indico y sus piratas.
Quién no recuerda el sabor del agua rancia en Sudán, del circo Pim Pam Pum en Tonga,
La exactitud de aquel reloj de mareas especial, flotante, hinchado y descompuesto.
Quien no dejaría este Occidente para encontrar lo que sólo leo
como Eduardo, Claudia, el viento, la proa suave abriendo la mar

Gracias por permitirme navegar a bordo del Charrua.

La mirada del niño

Aquél pequeño avión saltó empujado por la fuerza de un oculto y robusto resorte. Sus alas y el timón de popa reflejaban ilusión en el brillo del niño que apretó del gatillo que lo empujaba. Ascendía, subía en círculos mientras su también pequeña hélice giraba. Los segundos contaban y la corriente de aire cálido no aparecía. Caería sin remisión sobre la alfombra verde que tapizaba la zona de juegos solitaria a esas horas en aquella tarde fría de puro septiembre cantábrico.

Pero la Esperanza no se retira nunca; ni que fuera nieta de algún Tercio de los que luchaban en el Flandes del XVII. Podría faltar paga, comida, ropa, hasta pólvora para el arcabuz, pero no se retrocedía, la meta estaba delante, el fracaso a su espalda. Los ojos brillantes del niño seguían empecinados, tenía que subir, ¿por qué si no tenía alas?.

Como el viejo Tercio, subió, y subió, se alejó, parecía no querer aterrizar, los tirabuzones eran cada vez más precisos, planeaba sobre las mesas de madera con el viento a su popa exhausto. La pequeña hélice ya no giraba, la corriente ascendente no estaba allí, había ascendido, ¿o es que debía esperar?.

¿Quién o qué movía y hacía volar aquel avión tan frágil?.



miércoles, 12 de septiembre de 2007

Bombas Verdes

Bombas ecológicas, lo último en tecnología. Ante todo el Medio Ambiente. Así se podrá matar sin esos odiosos "efectos colaterales" que tanto molestan dañando a insignificantes árboles o cadenas de ADN de inocentes niños que estan por crecer, ya se sabe que en cuanto pueden estos periodistas te sacan una foto que te hunde en las encuestas.


No entiendo casi nada últimamente, pero escuchar esto sin que ni siquiera el locutor del informativo haga un chiste, aunque fuera sólo por compasión, hace que acabe de echar de menos al inocente pez que nadaba esta mañana con otros de su especie en el puerto entre los yates y las pequeñas barcas. Al menos, a él, su nula capacidad auditiva le permite echarse a llorar entre agua salada sin motivo.



No estamos libres ya de nada. Corrijo, nunca estuvimos libres de nada pero es que ahora hasta parece que es una bomba buena, mata pero no contamina. Y nos quedamos así. Está claro que es porqué sabemos que la solución no existe y para los que si existe son los de la fe con "f" de falta de razón.


La verdad es que los que tiene fe de verdad estarán tranquilos, los de los Psiquiátricos también, yo no, cada día me parece que la cuenta atrás de algún final no planeado se aproxima al cero.



En fin tendré que estudiar esto de la resignación cristiana y aprovechar cada minuto porque como yo no tengo pasaje en ningún cielo, pues me quedaré aqui abonando la tierra que deje.


¡Reirse, reirse! que en cuanto saquen la bomba que lava mas blanco y deja unos cadáveres guapos, otros sonrientes y hasta te envia por e-mail tu defunción a los familiares que hayas dejado en algún registro de esos que rellenamos a tontas y a locas, en cuanto anuncien eso por el informativo, me da que declaro una guerra a los vecinos de calle y no pienso acabar aquí.

martes, 11 de septiembre de 2007

Septiembre de 1936

Lucha Santiago, entre olas que le ocultan el reto,
sus deseos de venganza por la sangre vertida
se acumulan por la que se verterá.

Sin sentido, sin razón, esa es la locura de los cuerdos
la que les da el motivo, el falso argumento
para enfrentar de lleno miradas partidas por la cerrazón.

Oscuros atardeceres, riscos agudos que esperan,
una mala maniobra y el Cabo se los devorará.
Mientras, el gran dragón marino espera con sus bocas encendidas
presto a disparar y acabar con su mirada partida.

Eugenia, Santiago, Ignacio, Alba, todos y nadie
sueltos, rotos, separados, la pólvora hermana los arrasa
devolviendo sus cuerpos inertes sin razón que defender
flotando entre desorden fiero y orden impuesto
por bayonetas macabras que anulan la imaginación
para dejar la vida entre el si o el no de un señor.

¡Huye Santiago!, ¡aproa al oeste Ignacio!, la proa del Eugenia ya ha virado.
Equivocarse es no hacer lo que se piensa después de pensado.
Siempre desearás volver atrás, pero allí ya nunca volverás.

lunes, 10 de septiembre de 2007

El Rey de Tonga

Acabo de arribar a Tonga. Me dicen dos locos españoles que me he encontrado en la orilla de esta inmensa isla de 300 metros de largo que se llama Tapana. Bueno, seré sincero, la verdad es que acabo de abandonar la isla para llegar a este lugar de conexión con la civilización frente al ordenador y poder contaros mi experiencia.


Hace varios minutos en Tonga me veía con mi pequeño velero "Alatriste" bien fondeado entre corales, mientras yo me sentaba alrededor de la hoguera en la que estos dos "iluminados" secaban algo de pulpa de coco y me contaban su "monótona" vida y sus ojos interrogantes hacia mi, por mi extraña llegada a tan aburridos lugares.


Ellos no pueden entender que alguien se aproxime a ese reino donde la nada es el objetivo. Quien la encuentra se da cuenta que el todo lo llevas puesto, que no podrás perderlo pues todo es algo indivisible.

Buscamos la nada perfumada y disfrazada por enormes brillos de luz robada. Tanta nada nos deslumbra sin darnos cuenta que es nuestra propia luz la que se refleja en lo que podamos comprar, construir, escribir o contar para alcanzar el todo que se nos plante a proa.


Allí, en su playa de arena blanca, su destartalada cabaña que no resitiria ni siquiera un viento suave de nordeste, allí el brillo es el que ellos tienen. Si no lo tuvieran, lo que percibiríamos sería una mísera vida en un mísero hogar por muy azul que fuera el cielo y la mar que los circunda. El brillo de ellos lo convierte en un verdadero vergel donde los arbustos son manjares y el tiempo corre a favor del que allí vive.


Saludos del rey de Tonga.


domingo, 9 de septiembre de 2007

Libertad, de nuevo

Es un sonido libre el que escucho alcanzando el nivel de mi piso,

vibra alto pero suave al disfrazarse en mis oidos.


Son las quince singladuras que ya diviso

pequeñas pero inmensas de momentos inolvidables, inmejorables.

Polvo del camino que apetece respirar,

que dentro se me atasque la grava,

que el sudor y la paciencia luchen entre si por dominar

la tarde entre juegos, metros recorridos y hasta sueños cumplidos.


La melodía de la libertad, condicional y vigilada,

libertad reencontrada entre dias que huyen del verano

para ocultarse bajo tantas hojas parduzcas y secas

que alfombrarán suelos repletos de nostalgias

que solo consolará el tiempo que llegará,

sin inmutarse, sin detenerse, sin piedad.





(En algún punto de la senda costera el sábado)

jueves, 6 de septiembre de 2007

Nordeste

Nordeste rudo y voraz que frustras con tu tozudez los deseos más escondidos, bramando desde la seca Europa, llevándote la humedad hacía tu hermano Océano mientres este,
enfadado, nos castiga con inviernos tupidos de agua y toses empecinadas.

Nordeste haz de tu fuerza tu destino y arrastra contigo tanta idea perforadora de paz que inunda nuestros pensamientos. Déjanos subir a la torre más alta para sentir tu frío poder y sácanos de este pantano falto de agua y sobrante de lodo que nos paraliza. Sigue soplando sin piedad si eso hace que todo se vaya y si no, retírate dejando que el suave manto de la fina lluvia desmorone lentamente las montañas maléficas de esta tundra estéril que nos rodea.


Algo tan fuerte como quien es capaz de anular la fuerza de Sol radiante es capaz de anular también a la luna negra que nos atenaza.

Confío en ti nordeste, siempre.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Desparpajo

Este sábado después de una maravillosa tarde noche regada de chimichurri, buen rioja y mejores botellas de sidra, alcancé los últimos escalones de mi casa en Cimavilla para dar con mis huesos en ese sufrido sofá, a veces confidente, a veces relajante. Hago lo que hacemos todos y pulso el mando de la TV. Esperaba ver algún episodio soez rosa o similar de esos que arrojan las noches de los fines de semana, pero ¡no!, por una vez veo a alguien que, aunque bajito y muchas veces escuchado hablaba de forma pausada e interesante cada una de las frases que salían por su boca. Un hombre que nunca me gusto como cronista deportivo, pero tengo que reconocer que me ha encandilado como hombre ya curtido y desengañado después de cruzar su "Mar del Tártaro", y hacerlo con vida.
Las cosas que dijo sobre el manejo de los medios, cosas que todo el mundo ya sabe o se imagina; el desparpajo con que hablaba de la censura real existente en cada medio, aunque estos la llamen “línea editorial”, escuchar todo eso en calma con normalidad me produce asombro y desencanto el que no movilice las mentes y los sentimientos del personal en el que me incluyo. ¡Fue cojonudo!

Nos conformamos con saber o intuir que todos los políticos son “lo mismo”, cada uno pensando en el de "enfrente" y algunos en todos. Sabemos que el voto en blanco no sirve de nada, sabemos que todo esta en función de ganar las elecciones, sabemos tantas cosas...
Ellos, ( aún no me atrevo a acotar), sí que saben lo que han de hacer para tenernos así.
Leed el artículo de Pérez Reverte de “El semanal” del este domingo. La definición perfecta esta al final.

http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=2367&id_firma=4551